lunes, 26 de noviembre de 2012

PERSONAJES ANDALUSÍES EN RUTA POR ORIENTE



PERSONAJES ANDALUSÍES EN RUTA POR ORIENTE

Por Elisa Simon


El presente artículo le sigue a uno publicado anteriormente llamado “los viajeros andalusíes”. Ambos forman parte de una charla, que ofrecí hace un tiempo en la Asociación Amigos del Legado Andalusí, asociación cultural a la cual tengo el orgullo de pertenecer. 

En esta ocasión, nos vamos de viaje, concretamente a Oriente. Así que relájense y disfruten de la travesía. 

A lo largo y ancho de la historia las personas se desplazaron por motivos diversos, como el comercio o las colonizaciones. 
Los viajeros andalusíes musulmanes, los motivaba a viajar la religión islámica, y los andalusíes en general, se sentían atraídos a viajar por la cultura de Oriente, los estudios, el comercio, el afán del conocimiento.   

Estos “trotamundos” medievales, solicitaban una serie de servicios, que eran suministrados a lo largo del Mediterráneo y Oriente. Funduq, caravansares o khan son edificios con un gran patio central en torno al cual se albergaba a los comerciantes o peregrinos tanto en ciudades como a lo largo de las rutas. Cuentan con una zona de almacenaje de mercancía, otra de establos y la parte superior habitaciones para el descanso de las personas. Según la zona geográfica este tipo de alojamiento se denomina de forma distinta, funduq en el Magreb, khan o caravansar en Oriente.  
Los establecimientos de comida, los vendedores de los zocos, todos los recibían con los brazos abiertos. Solían viajar a solas o en grupos grandes o pequeños,  formando lo que se conoce como caravanas, que las formaban aquellos que mediante un pago determinado, compartían ruta y una serie de servicios ofrecido por el dueño de la caravana. Era una forma de viajar bastante segura. La hospitalidad y la solidaridad son algunas de las costumbres preislámicas, por el origen nómada de los beduinos arábigos.      
Muchos de estos viajeros no poseían grandes fortunas, por lo que solían  organizarse y alojarse en morabitos y rábitas, donde vivían los monjes y estaban subvencionadas con fondos públicos o donaciones piadosas, que cubrían las necesidades mínimas de alimentación y vestido a viajeros y necesitados.

Desierto de Merzouga, Marruecos. Febrero 2007. 
Imagen tomada por mi desde el segundo camello desde la izquierda.

Hacia el siglo VIII, cuando el Islam se había extendido por gran parte de Oriente y seguía su expansión hacia el Mediterráneo, el califa o sucesor del Profeta, desde su sede enviaba a gente para que explorara las nuevas tierras conquistadas. El califa necesitaba obtener información  geográfica, geológica, antropológica, ect. Entre los datos obtenidos por estos exploradores se encontraban los itinerarios, las vías y los caminos terrestres y marítimos, con el fin de poder establecer rutas de comunicación. No sólo para los transeúntes o comerciantes, sino para el movimiento de las tropas, los mensajeros, los espías, las embajadas diplomáticas. Los libros con las descripciones de países y sus gentes se convirtieron en un artículo fundamental para el desarrollo de las rutas por Oriente.
En el caso de los jóvenes andalusíes y magrebíes un motivo de viaje fue los estudios. Aquellos que disponían de medios y ávidos de saber, atravesaban mares y montañas para asistir a las clases magistrales de los grandes maestros tanto en las ciencias profanas como en las ciencias religiosas. Se creó así una especie de plan de estudios que exigía un recorrido cultural por diversas ciudades, donde los estudiantes eran formados y obtenían la licencia necesaria para ejercer la profesión que habían elegido, tales como la medicina, jurisprudencia, poesía o cualquier tipo de arte o ciencia. Hasta el siglo X los andalusíes acudían a Oriente para formarse, si bien, bajo el esplendor de la dinastía Omeya en al-Andalus, las tornas cambiaron, ya que muchos de esos grandes maestros se establecieron en Córdoba bajo la protección del califa. De esta manera se fraguó una excelente generación de maestros andalusíes que hacían innecesario el viaje a Oriente para obtener la licenciatura.

Otro motivo para emprender un camino lleno de aventuras y peligros era la religión. Los musulmanes deben cumplir ciertos preceptos, entre los que se encuentra la peregrinación a La Meca, al menos una vez en la vida. La situación geográfica de al-Andalus, en el extremo occidental del mundo islámico medieval, imponía un largo desplazamiento a quienes deseaban cumplir con el precepto de la peregrinación a La Meca o bien iban en busca del saber y de la ciencia.
Los andalusíes,  que quería ir hacia Oriente debían pasar por Egipto. Durante toda la historia de al-Andalus se ha mantenido una buena, fluida relación a todos los niveles. Tanto como lugar de llegada de los peregrinos andalusíes, como los comerciantes, especialmente entre Almería y Alejandría. Los continuos flujos de migraciones sobre todo después de la toma de Toledo (1085), cuando gran cantidad de andalusíes toledanos encontraron refugio en aquel país, también emigraron artistas, artesanos, maestros, etc.
El perfil del viajero andalusí, es el de un hombre que ya había recibido una formación intelectual en al-Andalus, con un nivel económico medio y alto, con idea de continuar sus estudios en el Magreb, en ciudades culturales de primer nivel como Fez, Trípoli, Qayrawán, Túnez, Alejandría, El Cairo, etc. 
Otra escala en su formación era la visita a la Península Arábiga, concretamente las ciudades de Medina y La Meca, no solo para cumplir el precepto religioso, sino para contactar con los sabios y maestros que hasta allí se acercaban desde sus respectivos lugares de origen.
Finalmente, no era raro que el viajero andalusí, antes o después de cumplir con los ritos religiosos, prosiguiera su andar para continuar sus estudios en Siria, Yemen o Jurasán. 

Los andalusíes usaban las siguientes rutas para efectuar sus viajes:
Ceuta solía ser la primera escala, desde allí continuaban por vía terrestre o marítima  hacia ciudades como Fez, Trípoli, Qayrawán, Túnez, Alejandría y El Cairo antes de cruzar hacia la Península Arábiga.

-          la ruta marítima:

Algeciras-Ceuta, desde donde seguían paralelamente a la costa de África, hasta llegar a Alejandría. Más tarde, durante las Taifas y sobre todo bajo los almorávides, desde Denia o Almería, pasando por el estrecho de Messina hacia Alejandría. El faro de Alejandría fue una de las razones de la fama de esta ciudad, en época de los Mamelucos.
  
     -  la ruta terrestre:

A través de los territorios del Magreb hasta Alejandría, pasando por Gabés, Tremcén, Tiaret, Túnez, Qayrawan, Trípoli, siguiendo el itinerario paralelo a las costas del Mediterráneo y algunas veces, los oasis del desierto occidental egipcio hasta la ciudad de Qus, en el Alto Egipto.

Con idea de transmitir las experiencias vividas, se creó en al-Andalus y el Magreb, un tipo de literatura muy demandada, llamada en árabe Rihla, que significa viaje. Si bien en sus inicios el desarrollo fue lento, alcanzó un gran auge en el siglo XII. Época en que el occidente musulmán se unificaba bajo los almorávides y más tarde los Almohades. Por otro lado, el avance cristiano a partir del siglo XI produjo una gran inseguridad en la población y provocó numerosas migraciones de sabios andalusíes, que decidieron abandonar sus ciudades. Toledo, Zaragoza, Valencia, Córdoba o Sevilla quedaron huérfanos de sabios y maestros. Muchos de ellos encontraron mecenazgo y se instalaron en países norteafricanos, como Marruecos y Túnez, pero también en ciudades como Alejandría o El Cairo y un poquito más allá, Damasco, Aleppo, Bagdad, etc.
Podemos decir que la Rihla o los relatos de viaje, es una aportación andalusí y magrebí. Estos libros son auténticos documentos históricos, llenos de información de primera mano, con un toque personal del viajero en cuestión. Hubo muchos viajeros andalusíes y magrebíes, pero los más destacados fueron: IBN AL-QALLAS (s. IX-X) ´ABD ALLAH B. AL. ´ARABI (s. XI-XII) IBN YUBAYR (s. XII-XIII) IBN RUSAYD (1º mitad s.XIII) IBN SA´ID AL-ANDALUSI O AL MAGRIBI (s. XIII) IBN BATTUTA (s. XIV) IBN AL-JATIB (s. XIV)

El siguiente artículo Ibn Yubayr nos llevará por lugares hermosos, seremos casi testigos de acontecimientos históricos, veremos a través de sus ojos ciudades hermosas como Damasco o Bagdad.

BIBLIOGRAFIA:
CSIC: ABU HAMID. ANA RAMOS, UNIVERSIDAD MADRID.
Ibn Yubayr: A través del Oriente. El siglo XII ante los ojos. Rihla (ed. Felipe Maíllo Salgado). Barcelona: Eds. del Serbal, 1988, pp. 25 
NOTA:
Sobre Ibn Battuta hay una magnífica serie documental. De Tim Mackintosh.
INTERNET http://www.saudiaramcoworld.com/issue/196107/ibn.battuta.traveler.from.tangier.htm
http://www.saudiaramcoworld.com/issue/200504/the.traveler.ibn.battuta.htm
http://www.mackintosh-smith.com/
  
 
  

1 comentario:

  1. Elisa, en tu línea, me encanta, muy informativo, acercándonos historias muy diferentes de Al Andalus; me estoy dando cuenta que mis conocimientos sobre el tema son muy generales.
    Enhorabuena, sigue por favor.
    Elena

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