domingo, 22 de julio de 2012

DESEMBARCO DE LOS MAYUS EN SEVILLA AÑO 844


DESEMBARCO DE LOS MAYUS EN SEVILLA AÑO 844

Por Elisa Simon
  
La historia que les quiero contar transcurre en el siglo IX de al-Andalus, durante  el Emirato Omeya de Abd al-Rahman al- Awsat II (822 – 852). De educación sólida, heredó un territorio casi pacificado, provisto de cuadros administrativos suficientemente organizados, con una hacienda próspera y una actividad económica en pleno desenvolvimiento.
En ese período se embelleció Córdoba y se amplió la extensión de la mezquita de su mezquita.  
Dicen, que el emir era un hombre tranquilo, amante de la sabiduría y el arte. Le gustaba el fasto, la caza y las mujeres. Según cuentan, su aspecto físico, era el de un hombre alto, moreno, de ojos grandes y negros, nariz aquilina, los párpados morenos y larga barba, que solía teñirse con henna y ketem (alcatam). 
Bajo el emirato de Abd al-Rahman II llegó a la corte el músico y cantor de origen persa Ziryab, quien terminaría revolucionando las costumbres en al-Andalus. Junto a Ziryab conforman la corte, el ya mencionado ´Abbas Ibn Firnás o Yahya al-Ghazal entre otros hombre ilustres.

En aquella época, Sevilla seguía un proceso de crecimiento y cambios. Se estaba produciendo la reconversión lenta, pero constante a la nueva cultura. Elementos arquitectónicos preexistente, se reutilizaron. Se construyeron nuevos edificios, sobre los visigodos, que a su vez estaban situados sobre el original romano. De esta manera, sobre el antiguo foro y una Iglesia visigoda, se construyó la mezquita aljama y el zoco. El trazado urbano de Sevilla se fue “arabizando”: casas con patio, baños públicos o hammam, zocos y edificios oficiales, todo ello enmarcado dentro de un entramado laberíntico y amontonado de calles, callejas, adarves, plazas y plazuelas. La ciudad estaba salpicada de pequeños brazos del gran río, que iban confluyendo en otros brazos más grandes hasta unirse al gran río que muere en el mar. El wadi el-kebir (Guadalquivir), permitía la navegación en embarcaciones de gran calado hasta unas millas más arriba de la aglomeración urbana. Según los expertos, el puerto pudo haber estado entre las llamadas puertas del Carbón y del Arenal  (Bab Abul-Qalis y al-Faray). Esta ciudad formaba parte de la vía comercial tanto marítima como terrestre. Gracias al río, Sevilla se comunicaba con el Estrecho, por la vía de Algeciras. Sin embargo, esta populosa ciudad, sólo estaba protegida por la vieja y precaria muralla romana y carecía de destacamento militar.     
En líneas generales, este era el aspecto de Sevilla del 844, cuando de repente, un batallón de “hombres del norte” irrumpieron en la paz y prosperidad sevillana. ¡Eran los vikingos!

Los andalusíes los llamaban al-Mayus – adoradores del fuego, magos o al-Urdumaniyyun (nordmanni – hombres del norte). Los mayus protagonistas de esta historia procedían de Jutlandia y las islas que la rodean (Dinamarca).
Este pueblo era gente ruda, valientes guerreros, magníficos marinos y constructores de drakkar. En su tierra eran agricultores y ganaderos. Pasaban los fríos inviernos encerrados en sus casas con hogar, donde ocupaban el tiempo en trabajos manuales, mientras que las mujeres tejían, los hombres hacían pequeñas y grandes obras de arte en madera y metal.
Los hombres juraban fidelidad a su rey, que era elegido en Asamblea. Sentían un fuerte arraigo a la familia y posición social, defendiendo su honor y el de los suyos, incluso con la muerte. Solían ser polígamos, aunque el ama de casa era solo una, que se diferenciaba de las concubinas, porque llevaba colgado al cinturón el manojo de llaves de su casa y granja. Los hombres del norte contribuyeron a mejorar las técnicas de construcción de barcos, así como las de la navegación.


La primera aparición de los mayus en las costas Atlánticas de la Península, fue en el 844. La razón de su llegada, fue fruto de la casualidad. Estos rudos hombres de mar estaban azotando el país de los francos, cuando fueron sorprendidos por un fuerte viento del norte que los llevó hasta las costas peninsulares. Tanto los asturianos como los gallegos les ofrecieron resistencia, por lo que decidieron continuar su viaje hacia el sur, bordeando el Atlántico.  
Hasta que encontraron la desembocadura del río Tajo, en la ciudad de al-Usbunna (Lisboa) ¡Los mayus habían entrado en tierras de al-Andalus!

El miércoles 20 de Agosto 844 los musulmanes de al-Usbunna (Lisboa), se sorprendieron cuando vieron llegar al estuario del Tajo a unos 54 bajeles normandos y otras tantas embarcaciones más chicas. “Se podría decir que llenaban el océano de pájaros de color rojo oscuro, del mismo modo que llenaban los corazones de pena y tristeza.” – comentó ibn Idhari.

¿Quiénes eran esos hombres? La población aterrada salió corriendo, cuando aquellos hombres de piel blanca y cabellos largos rojos gritaron “¡Berserkers!”, al tiempo que alzaban sus hachas al cielo y corrían hacia tierra firme. Los andalusíes nunca habían visto hombres de semejante estatura y tan fornidos. Llevaban unos chalecos de cuero y enfundados en piel de oso, provocaron el pánico en la ciudad. No menos aterrador eran sus embarcaciones. Az-Zuhri nos dice: “tienen la proa y la popa altas, de modo que pueden moverse en cualquiera de las dos direcciones por el agua, y las velas son cuadradas.”
El Gobernador de al-Usbunna, Wahb Allah ben Hazm, envió de inmediato mensajeros a Córdoba para advertir al Emir Abd al-Rahman II de esta presencia amenazadora en tierras de al-Andalus. 
al-Usbunna tuvo que soportar muchos días de saqueos, muertes y violaciones. El Emir Abd al-Rahman II, envió emisarios con instrucciones a todos los walíes o gobernadores con mando en las provincias costeras para que estuvieran alerta.
Los mayus, por su parte, después de arrasar al-Usbunna, continuaron su travesía, exhibiendo los drakkar, a lo largo de las costas andalusíes, buscando un nuevo río que remontar.

Fue entonces cuando encontraron la desembocadura del río Guadalquivir. “A 60 millas de la ciudad de Sevilla, la marea llegaba hasta ella, gran río en el que entraban las embarcaciones de gran tonelaje (al-sufun al-kibar).” – relató un cronista.
Una parte de la expedición continuó algo más al sur, saqueando Cádiz y Medina Sidonia, mientras que el grueso de los drakkar se adentraron en el estuario del río.
Mientras remontaban el gran río, los guerreros del norte, se sorprendieron de las fértiles tierras y de las marismas con islas fluviales, entre Sevilla y el mar. El río cruzaba una región pantanosa y cubierta por buenos pastos. Luego, su curso se dividía en dos brazos a lo largo de una quincena de kilómetros para unirse otra vez formando así una isla, llamada Yazira Qabtal - Captel (Isla Menor). En esta isla establecieron su cuartel general, donde anclaron 80 drakkar, el 29 de Septiembre de 844. Desde allí realizaron continuas incursiones en los alrededores, aprovechando los caballos que en dicha isla se criaban.


Al día siguiente, cuatro drakkar realizaron un viaje de reconocimiento 4 millas río arriba hasta llegar a Qawrah (Coria del Río). Allí se situaba el  puerto fluvial de Sevilla, a unas 12 millas de la ciudad. Los habitantes de Qawrah, sorprendidos, huyeron como pudieron mientras que otros murieron defendiéndose. Cuando estas terribles noticias llegaron a la ciudad de Sevilla, la población huyó despavorida, incluido su Gobernador. Unos pocos hombres decidieron quedarse, para defender la ciudad, que no contaba con un destacamento militar y sus murallas eran precarias. Tres días más tarde, a comienzos de Octubre, la flota normanda al completo se preparó para continuar su navegación río arriba. Llegaron a Sevilla, ya de noche, tal como era habitual en las tácticas vikingas. A la mañana siguiente aparecieron en primer lugar junto a al-fajjarin (arrabal de los alfareros).
Unos pocos valientes salieron a su encuentro, pero fueron atacados por flechas incendiarias. 
Comenzaron siete largos y angustiosos días, de intensos saqueos y luchas desiguales. Las lagunas y brazos del río permitieron a los mayus llegar con rapidez hasta el corazón de la medina. La mezquita aljama fue pasto de las llamas por las flechas incendiarias, al igual que muchos otros edificios. La gente corría despavorida pero eran alcanzados por las espadas y hachas de los nórdicos. En una mezquita pequeña, donde  se habían reunido unos pocos ancianos para rezar, murieron calcinados y la mezquita casi destruida. Más tarde, una vez reconstruida recibió el nombre de mezquita de los Mártires (masyid ash-shuhadá).
 “Fueron tantos los muertos y cautivos que resulta imposible contarlos, nadie quedó con vida, fueran mujeres, hombres, niños, bestias, ganado o aves y todo lo que alcanzaban sus espadas y sus flechas”. – dijo un cronista. La ciudad quedó desierta, silenciosa, destruida.      
Los mayus, exaltados, llenaron sus drakkar con el botín obtenido y se llevaron a los cautivos a su isla Yazira Qabtal. 
Los días y las semanas fueron pasando, mientras el emir Abd al-Rahman II se afanaba en organizar la estrategia de defensa. Movilizó todas las tropas del territorio andalusí, mientras los hombres del norte hostigaban Sevilla sin piedad. Cuando en la ciudad ya no quedaba botín alguno,    
decidieron adentrarse en sus alrededores, en dirección a Córdoba. En esta ocasión emplearon los caballos de Yazira Qabtal, demostrando su destreza en tierra, cabalgaron a sus anchas.
Durante todo el mes de Octubre, los mayus divididos en grupos, se dispersaron por la campiña y el Aljarafe, sembrando el terror, destruyendo y obteniendo un buen botín y prisioneros. No fue hasta comienzos de Noviembre, cuando el emir logró reunir a todos los contingentes andalusíes.
Ordenó salir hacia Sevilla un cuerpo de caballería con sus mejores generales: ´Abd Allah ben Kulayb, ´Abd al-Wahid al-Iskandaraní y Muhammad ibn Rustum.

¡Por fin las tropas del emir llegaron a Sevilla! Tomaron  posiciones en la zona alta del ash-Sharaf (Aljarafe). A este gran ejército se unió pronto un cuerpo de infantería.
Córdoba, por su parte, no podía quedar sin soldados. De ahí que el Emir ordenó que vinieran los destacamentos de las provincias del interior para defender la capital del Emirato. Estos contingentes estaban a las órdenes del hombre de confianza del emir, el eunuco Nasr.

Pronto entablaron contacto con los mayus, que a su vez habían recibido refuerzos. Se sucedieron emboscadas, ataques y batallas donde los andalusíes mostraron su capacidad defensiva en tierra. 
El eunuco Nasr  organizó una gran emboscada contra un contingente de mayus que marchaba a Morón, donde murieron muchos de ellos.
Esta noticia llegó a Sevilla provocando preocupación entre los hombres del norte y una fuerte energía de ánimo entre la menguada población, suficiente como para enfrentarse a ellos mientras llegaba el grueso del ejército andalusí. Ante esta nueva situación, los mayus pusieron tierra de por medio y se retiraron a Yariza Qabtal.


El día de la gran batalla fue el día 11 de noviembre 844, un poco al sur de Sevilla a dos millas, en Tablada. En esta zona vasta y llana, el ejército andalusí al mando del general ibn Rustum y los contingentes de Nasr, atacaron por los cuatro costados. Arqueros y lanceros, infantería y caballería marchaban al ritmo de los atabales. Banderas y estandartes con alabanzas a dios, ondeaban en el aire. En frente, los mayus que ya habían desembarcado en masa, agitaban sus espadas y hachas al cielo, cubiertos con cascos que les protegían la nariz y los escudos redondos parecían no temer al ejército oponente. Al grito de “Allah hu Akbar” y “Berserkers” se enfrentaron los valientes guerreros. El campo de Tablada se convirtió en un enmarañado y sangriento campo de muerte. Golpes de sables chocaban unos contra otros, los arqueros hincando sus rodillas oscurecían el cielo con cientos de flechas. Los corpulentos mayus tiraban de los caballos a los soldados del emir. La lucha cuerpo a cuerpo era un esperpento de violencia. Hachas, lanzas, dagas, sables, sangre, polvo, sudor, gritos, rabia, lágrimas, se sucedían sin tregua. En lo más trágico de la batalla ibn Rustum, ordenó a un grupo de su caballería que se interpusiera entre las naves y los normandos. Los mayus no pudieron refugiarse en sus drakares. Quedaron acorralados. Murieron cerca de 1000 y unos 400 fueron hechos prisioneros, muchos de los cuales fueron ejecutados y exhibidos, tal como era costumbre. La derrota de los mayus fue proclamada por todos los rincones de al-Andalus. Los grandes héroes de esta historia fueron el general ibn Rustum y el eunuco Nasr.
Los fugitivos que lograron embarcarse en sus drakkar, pusieron rumbo al sur. Durante esta travesía de huida, fueron recogiendo a los demás que se encontraban a su paso. La gente de los pueblos costeros del río les tiraraban piedras con hondas desde la orilla, mientras los maldecían y lloraban a sus muertos. Los mayus decidieron entonces negociar con el  Emir. Ellos liberarían a los prisioneros a cambio de ropa y víveres, ya que les quedaba un largo camino de regreso al norte. Abd al-Rahman II no se fió y envió a los héroes de la batalla de Tablada a un nuevo combate. Los hombres del norte no se esperaban esta reacción. Desprevenidos, fueron perseguidos y acorralados. En aquella ocasión, el líder de los mayus fue muerto, mientras muchos otros huían hacia sus barcos. Un grupo de los hombres de ibn Rustum lograron abordar unos cuantos bajeles. Las saquearon y las incendiaron. Los drakkar restantes con su tripulación huyeron. Intentaron regresar a Yazira Qabtal, pero fue en vano. Quince embarcaciones andalusíes (sufun) ya los estaban esperando. Enfurecidos partieron en sus temibles barcos hasta la desembocadura del río Odiel, donde se detuvieron en la isla de Saltés. Como represalia, los hombres del norte asaltaron y arrasaron la ciudad de Niebla y otras localidades cercanas. Siguieron las costas del Algarve, arribando nuevamente a Lisboa, donde fueron vistos por última vez…ese año.  


No todos los normandos abandonaron al-Andalus, hubo un reducido número que se quedó, se dispersó al este y sudeste de Sevilla, por tierras de Carmona y Morón. Adoptaron el Islam, se dedicaron en el valle del Guadalquivir a criar ganado y a la industria lechera. En lo sucesivo esta pequeña colonia de muladíes de origen normando había de surtir a Sevilla y Córdoba de unos exquisitos quesos que fueron muy reputados en al-Andalus.

La consecuencia de este ataque normando, fue el refuerzo y construcción de nuevas murallas en las grandes ciudades. En Sevilla se construyó unos astilleros, llamados dar al-sina´. El emir se ocupó de mandar construir una red de defensa del litoral andalusí. Fue así como las costas de al-Andalus se llenaron de tala´i (atalayas) o torres vigías, ribats(fortalezas costeras) donde vivían monjes-guerreros que llevaban tanto una vida ascética como militar. En la campiña se construyeron qal´a(fortalezas situadas cerca de las grandes ciudades). Las imponentes alcazabas comenzaron a otear, desde la parte más elevada de las ciudades para adelantarse al enemigo.  

Esta historia de los mayus tiene continuación. Al año siguiente del ataque vikingo, el Emir envió a tierras de los hombres del norte al poeta y diplomático, apodado al-Ghazal junto con un selecto séquito para sellar la paz entre ambos pueblos. Pero esta es otra historia…
  
Nota:

Drakar: embarcación de mercancía y de guerra, propia de los hombres del norte. 
A los pocos años de vivir en Sevilla, creo recordar que se encontraron restos de un drakar en la zona de la Plaza Nueva, cuando se estaban haciendo unas obras. 

Fotos:

Tapiz de Bayeux: Lienzo bordado del siglo XI, que relata la conquista de Inglaterra por los normandos (batalla de Hastings). El tapiz se exhibe en Bayeux (Normandía)

Bibliografía:

- Historia de España tomo IV  - Menendez Pidal

-“Los vikingos en España”  - A. Machado y Alvarez , traducción de la obra de Dozy “Recherches” II. Polifemo – Madrid 1987.

-“Los vikingos, reyes de los mares” - Yves Cohat- Aguilar Universal – Madrid 1989

-“El poder naval de al-Andalus en la época del Califato Omeya”
Jorge Lirola Delgado  - Universidad de Granada – 1993

-“Tratado de Arquitectura hispano-musulmana II
  Ciudades y fortalezas – de Basilio Pavón Maldonado – CSIC

-“Sevilla Islámica” 712 – 1248  de Jacinto Bosch Vilá - Universidad de Sevilla 

-“Sevilla en la Baja Edad Media”  - Antonio Collantes de Terán 
Excmo. Ayuntamiento de Sevilla 1984

6 comentarios:

  1. Simplemente , llanamente, increiblemente y de hecho te lo dice un demente lúcido, MARAVILLOSO. Sabes que soy un fan incondicional de tu blog.
    Decidle a los que quieran comentar al igual que este humilde seguidor, que el perfil deben poner el de Google.
    Como comentario añadir solo que los restos del Drakar vikingo son parte de los cimientos del hotel Inglaterra. ¿Bulo o verdad? Como tu bien dices, eso es otra historia. Besos y ¡Felicidades por transportarnos a tu mundo!

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  2. Muy interesante, algo había escuchado, todo un descubrimiento.

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  3. Hola Elisa. Me llama la atención la cuestión de los atabales que mencionas en esta frase: "El día de la gran batalla fue el día 11 de noviembre 844, un poco al sur de Sevilla a dos millas, en Tablada. En esta zona vasta y llana, el ejército andalusí al mando del general ibn Rustum y los contingentes de Nasr, atacaron por los cuatro costados. Arqueros y lanceros, infantería y caballería marchaban al ritmo de los atabales." Estoy investigando sobre el tema. ¿Recuerdas tu en qué fuente antigua aparece el registro sobre el uso de estos tambores en la batalla descrita? Saludos desde México.
    Damián Báez

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  4. Muchas gracias por tan interesante narrativa. No conocía esa parte de la historia andaluza. Saludos desde Chile.

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  5. De Portugal, graciss y saludos lo por tu articulo.

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