lunes, 11 de agosto de 2014

Un paseo por Córdoba 1ºparte

UN PASEO POR CORDOBA

Por Elisa Simon

 “Joya brillante del mundo, ciudad nueva y magnífica, orgullosa de su fuerza, celebrada por sus delicias, resplandeciente por la plena posesión de todos los bienes.”  - monja Hroswitha, siglo X.



Sin lugar a dudas, Córdoba es una de las ciudades más hermosas del mundo. Situada a orillas del Guadalquivir y al pie de Sierra Morena, guarda tesoros únicos de las diferentes civilizaciones que la habitaron. No cabe duda que una huella imborrable e impregnada en el ADN de la ciudad es la historia de al-Andalus. 

El cronista al-Razi, habla de ella así: “ es la metrópoli y el ombligo de al-Andalus, la sede real en la antigüedad y en la actualidad … su río, que es el mayor de al-Andalus nace en las montañas de Segura … también destaca Córdoba por su mezquita aljama, la mayor del mundo islámico.”

noria califal, puente romano y torre de la calahorra,
Córdoba 
Fue capital de al-Andalus, sede del gobierno emiral primero y califal después, que la embellecieron a lo largo de los siglos. La zona del río era una de las favoritas de los cordobeses, que paseaban a la sombra de los olmos, mientras la madera de sus norias crujían alzando agua para la medina y las huertas. Córdoba recibió con gran hospitalidad a las embajadas de la reina Toda de Navarra, a la delegación del emperador de Bizancio y  la delegación alemana del rey Otón I, entre cuyos miembros se encontraba la monja Hroswita, que quedó encantada con la ciudad.

Los cronistas, la describen de esta manera:

En una descripción anónima de al-Andalus, dice:

“Córdoba es la sede de al-Andalus … residencia de los califas …ciudad de la ciencia y asilo de la sunna … se alza a orillas del Guadalquivir y se encuentra en el centro del país, entre el Levante y el Poniente … es una ciudad grande, fundada e tiempos remotos por los antiguos, de buen agua y agradable clima; la rodean por todos lados huertos, olivares, aldeas, castillos, aguas y fuentes … “

Al-Dawlabi en su obra dice: “ Córdoba es sede real de los omeyas y antes lo fue de Rodrigo el cristiano; es ciudad agrícola y ganadera, productora de innumerables especies frutales; el interior de la ciudad es agradable, su entorno, maravilloso y vasto, su aspecto, hermoso y radiante y su forma, extraordinaria y admirable; su agua es dulce y su clima templado … “

calleja de la hoguera, Córdoba 

La dimensión de la ciudad, quizá más ajustada, la ofrece al-´Udri, diciendo que el perímetro de las murallas alcanzó 1.900 codos de norte a sur (sería el equivalente a unos 1.000 m) y de 1.400 codos de este a oeste. La ciudad constaba de siete puertas y extramuros se alzaban veintiuno arrabales con sus mezquitas, zocos y baños.


El geógrafo ceutí al-Idrissi en el siglo XII, dijo acerca de la gente de Córdoba:
“las excelentes cualidades de sus habitantes son muy numerosas y muy conocidas. Poseen en el más alto grado la elevación y el esplendor. Dominantes intelectuales … son renombrados por la pureza de su doctrina, la exactitud de su probidad y la belleza de sus trajes y sus monturas … la elevación de sus sentimientos que manifiestan en sus reuniones y en sus sociedades … y están dotados de un carácter amable, de las maneras más distinguidas. Jamás en Córdoba han faltado sabios ilustres ni personas notables.”

Prosiguen los cronistas describiendo maravillas de la capital de califato, relatando que Córdoba fue creciendo desde el momento de la llegada del Islam.
De la mano del Inmigrado, abd ar-Rahman I, el príncipe omeya huido de Damasco, se estableció en Córdoba la capital del recién creado estado de al-Andalus, que por aquel entonces dependía del califato abbasí en Bagdad. Sobre vestigios romanos y visigodos se levantó a lo largo de los siglos IX y X la ciudad más sorprendente del mundo conocido. Los emires y califas omeyas la fueron mejorando, embelleciendo y mimando hasta convertirla en la novia de al-Andalus. Córdoba era el centro administrativo, político, religioso y cultural de al-Andalus, lo cual supuso la construcción de una serie de edificios tanto para los emires como para el aparato administrativo así como la gran mezquita. A partir del siglo X esta ciudad se convirtió en la más imponente del mundo medieval. Según dicen los cronistas tenía más de mil mezquitas, más de ochocientos baños públicos, un comercio variado y potente, una alcaicería que ofrecía los productos más selectos del mundo mediterráneo, un sistema de canalizaciones de agua, bibliotecas públicas que nunca cerraban sus puertas al conocimiento, sus calles principales eran iluminadas de noche con antorchas, contaba con la mezquita más hermosa y más grande del Islam de occidente y Madinat az-Zahra brillaba como un diamante. Tras las fuertes murallas del alcázar omeya se distribuían palacios, jardines con albercas, baños para los califas, huertas y hasta un cementerio. En las afueras de la ciudad abundaban las almunyas o palacios de recreo para el deleite de los magnates cordobeses.

calleja del Pañuelo

La medina giraba entorno a la gran mezquita y el alcázar omeya, situados junto al río. A partir de ahí se desparramaba un entramado de callejas, adarves, plazas con sus zocos, mezquitas, baños, bibliotecas, funduq, alcaicerías, protegido por una muralla con siete puertas. Convivían en este espacio los andalusíes musulmanes, sefardíes y mozárabes, al igual que muchas otras ciudades.

El alcázar omeya, según las excavaciones arqueológicas, ocupaba el espacio del actual Alcázar de los Reyes Cristianos, el palacio arzobispal y la plaza de los mártires.
Se trataba de un edificio imponente amurallado, junto al río y frente a la mezquita, que comprendía tres partes distintas; zona administrativa, la residencia emiral y  califal y zona de jardines y huertas, además de los talleres califales.

baños de Leonor de Guzmán en el alcázar de Córdoba

Sabemos  los nombres de algunos de los palacios, que fueron construidos a lo largo de los siglos, gracias a los acontecimientos históricos ocurridos en ellos, como el salón perfecto “mashlis kamil “ donde Abd ar-Rahman III recibió el título de califa.
El califa Abd ar-Rahman III mandó construir dar al-rawda o la casa del jardín, que era el cementerio de los califas.  

Alcázar de los Reyes Cristianos,
Córdoba 

El historiador andalusí del siglo XII Ibn Bashkawal nos describe el alcázar omeya:

“ … en él hay construcciones antiguas y monumentos maravillosos de los griegos, de los romanos, de los godos y de otros pueblos aún más antiguos, que son indescriptibles. Luego los emires construyeron en su alcázar verdaderas maravillas; levantaron monumentos extraordinarios y bellos jardines que regaron con aguas traídas desde la serranía de Córdoba … “
En la poesía hallamos algunas descripciones de estos palacios omeyas de Córdoba:

El poeta al-Hasan ibn Hissan, que nos describe el palacio de al-Munif

“son recintos por los que el cielo protesta a la tierra firmemente;
a causa de unas habitaciones en las que hay arcos
que parecen los apretados rizos de los aladares de las vírgenes.
Y de unas columnas que brillan con el agua de sus adornos
a la que fluyen las miradas que se elevan,
Les rodea la claridad como los rayos del sol
rodean la hoja de una espada pulimentada. “

El famoso Ibn Firnas, aquel que en el siglo IX voló por unos instantes los cielos de Córdoba, dejo este poema:

“Arcos que parecen figuras de lunas crecientes,
montadas sobre columnas  que se asemejan al aljófar de la luna llena.
Es como si sus cabezas fuesen jacintos,
colocados sobre varas peladas de azufaifo.
Verás palmeras que extienden sus ramas,
pavoneándose de sus frutos amontonados,
Como si un hábil artesano hubiese hecho de oro diáfano,
Racimos de dátiles entre sus ramas;
Parecen perlas, luego se transforman en esmeraldas y
Antes de que los recojan como dátiles frescos,
Se vuelen de oro.”

Córdoba andalusí fue testigo de la vida de los más grandes personajes de la historia de España. Algunos nacidos en esta ciudad como el gran polígrafo Ibn Hazm, y los más grandes sabio Ibn Rush, castellanizado Averroes y Ben Maimón, castellanizado Maimónides. En esta ciudad nacieron los poetas Ibn Dhayd, que inspiró a Dante para la Divina Comedia, Abu Bakr Ibn Quzman padre del zejel y Ibn Hammud al-Qabrí inventor de la moaxaja.
En esta ciudad vivieron el gran Ibn Firnas, al-Gafiqi realizó aquí la primera operación de cataratas, Hasday ibn Shaprut vivió su época de máximo apogeo como hombre de confianza del califa. El gran cirujano Abulcasis, nacido en Madinat az-Zahra que es nada menos que el padre de la cirugía moderna. Yahya b. Hakam al-Gazal, poeta y diplomático, que viajó al país de los vikingos. En esta ciudad fue recibido con los brazos abiertos Ziryab, en el siglo IX, que se convirtió en el personaje más influyente del momento, renovó la música y se puede decir que es el padre de las nubas andalusíes. Gracias a Ziryab se abrieron conservatorios de música en Córdoba, tanto para la música, el canto y la danza.
Seguramente me dejo en el tintero a muchos más poetas, científicos y filósofos, sin embargo pienso que los mencionados pueden servir como ejemplo del altísimo nivel de desarrollo intelectual y artístico que alcanzó la ciudad de Córdoba cuando en el resto del mundo conocido se vivía en la penumbra y la capital de al-Andalus brillaba con luz propia como el más hermoso diamante.   

BIBLIOGRAFIA:

-      -   Andalucía de cerca – Edilux
-      - Una descripción anónima de al-Andalus – CSIC Madrid 1983
-       - La arquitectura en la literatura árabe – María Jesús Rubiera – libros Hiperión

-       Poesía y arte de los árabes en España y Sicilia – Adolf F. Von Schack – libros  Hiperión


lunes, 28 de julio de 2014

MEZQUITA-CATEDRAL DE CORDOBA

UN RECORRIDO POR LA MEZQUITA CATEDRAL DE CORDOBA




Desde que visité, por primera vez la mezquita-catedral de Córdoba, con mi padre no puedo dejar de pensar en él, cada vez que entro en ella. Recuerdo su expresión de emoción contenida nada más flanquear la puerta, se quedó clavado en el suelo sin poder articular palabra y cuando quise hablarle me hizo una señal de silencio.




Luego, comenzamos a caminar entre aquel bosque de columnas y creo que permanecimos en el edificio unas dos horas o más, la verdad, habíamos perdido la noción del tiempo.
Una vez que mi padre hubo asimilado dónde estaba, comentamos acerca de los diferentes emires y califas que habían pisado este suelo y la destreza de los alarifes que habían trazado tanta belleza.
Comenzamos, mi padre y yo, un recorrido por la mezquita como si fuera un viaje en el tiempo, retrocediendo hasta ….

 … cuando llegó el Islam a la Península y a Córdoba concretamente, los nuevos gobernantes utilizaron como sala de oración, la mitad de la basílica visigoda de San Vicente, compartiendo de esta manera el culto cristiano y musulmán bajo el mismo techo.

Hacia mediados del 700, cuando arribó a las costas granadinas el príncipe de la dinastía omeya de Siria, que se salvó de la muerte, decidió comprar la otra mitad del templo a los cristianos, previa recompensa económica, y fue entonces cuando se fraguó la construcción de la primera mezquita en la ciudad de Córdoba.
Estamos hablando del príncipe heredero al califato omeya de Damasco, Abd ar-Rahman I, apodado el Inmigrado. A partir del 786 comenzaron las obras de la mezquita en el emplazamiento de la basílica visigoda, al mismo tiempo en que se comenzaron a asentar los inicios de un nuevo Estado llamado al-Andalus, bajo las directrices de Abd ar-Rahman I.



Para la construcción de la mezquita de Abd ar-Rahman I, se aprovecharon las columnas y capiteles romanos y visigodos de los edificios preexistentes. Al utilizar material de acarreo, los arquitectos debieron uniformar la altura de las columnas y para dar más ligereza y luz al ambiente, los constructores se las ingeniaron para colocar sobre los capiteles unos cimacios y sobre éstos unas pilastras, desde las cuales arrancaban los dos arcos superiores de medio punto. Estos arcos están decorados con dovelas en piedra blanca y ladrillo rojo y así construyeron once naves, perpendiculares al muro de la quibla. Quedó así establecido el modelo que siguieron los demás emires y califas cordobeses, guardando respeto y honrando a aquel Inmigrado de Damasco.
El siguiente emir, Hisham I, concluyó las obras de esta primera mezquita y añadió el alminar de 40 codos de altura y forma cuadrada.

A medida que el Estado andalusí se iba afianzando, el número de población musulmana aumentaba, de ahí la necesidad de una ampliación de la mezquita, bajo el emir omeya Abd ar-Rahman II (822-852), quien mandó añadir, en el siglo IX, más naves  en dirección sur, hacia el río Guadalquivir. Los alarifes siguieron la estructura de la mezquita primitiva, reutilizando también material de acarreo, si bien 17 capiteles fueron labrados en los talleres cordobeses. Dentro de esta etapa de ampliación se vieron implicados varios emires, que realizaron obras de restauración y añadiendo nuevos elementos.



Mi padre, que era un amante de la historia, y yo seguimos avanzando en nuestro recorrido, fijando la mirada en los detalles de las hojas de acanto de los capiteles y lo extraordinario de los arcos de medio punto.  Mi padre le sorprendió, que el gran Abd ar-Rahman III no hubiera realizado ninguna ampliación, aunque sí se amplió el patio de forma considerable, quedando el alminar algo desplazado, de ahí que mandara construir uno nuevo y magnífico, en el siglo IX.

Sentados en un pequeño banco para descansar un rato, le cuento a mi padre que Abd ar-Rahman III se proclamó, aquí en esta mezquita, califa de al-Andalus en el año 929. Para aquel entonces ya había silenciado los focos rebeldes que había en la Península. Comenzó así un período de paz y bienestar en todas las facetas, desde política hasta cultural y artística. Al-Andalus se ganó el respeto de los países mediterráneos y europeos, recibiendo en Madinat az-Zahra a las embajadas bizantinas, navarras y alemanas.

La monja sajona Hroswitha, que acompañaba la embajada alemana, dijo así cuando visitó Córdoba:

“ Joya brillante del mundo, ciudad nueva y magnífica, orgullosa de su fuerza, celebrada por sus delicias, resplandeciente por la plena posesión de todos los bienes.”



Proseguimos nuestro recorrido, llegando a la zona más espectacular de la mezquita, aquella ampliada por el gran califa al-Hakam II, quien había heredado un Estado sólido y fuerte. Mi padre buscó un ángulo para intentar fotografiar aquellos hermosos arcos lobulados y entrelazados con dovelas decoradas con estuco de forma alterna. Esta ampliación de al-Hakam II, en el siglo X, también se realizó hacia el sur, por lo que no tuvo más remedio que derribar el muro de la quibla y la zona del mihrab.



Nos encontramos en la parte central de la antigua mezquita, donde la mirada nos lleva hacia arriba para admirar la perfecta cúpula nervada, que se conservó del primer mihrab, hoy llamada cúpula de Villaviciosa. Mi padre me indica que mire justo al lado, donde hallamos una pequeña capilla decorada en estilo mudéjar y con una cúpula también nervada. Nos quedamos un momento pensando, miramos el plano y nos percatamos que estamos entre la primera y la segunda ampliación de la mezquita y donde los cristianos levantaron la primitiva Iglesia después de la conquista en 1236. Nos encontrábamos delante de la capilla real de época cristiana entremezclada con los hermosos arcos lobulados del califa al-Hakam II. Permanecimos un rato largo entre aquellas cúpulas, columnas y arcos, buscando el enfoque y midiendo la luz para que la foto no saliera oscura.

La zona de ampliación de al-Hakam II es la más exquisita y exuberante, donde se emplearon muchos artesanos, que labraron estas columnas y capiteles en los talleres califales. Mármoles de la zona de Cabra en colores rosado y negro con vetas blancas, uniforman las naves que nos llevan hacia el área del muro de la quibla.
Nos imaginamos la grandeza del califa y su gusto por lo sofisticado, cuando quedamos boquiabiertos delante del mihrab. Mi padre me dijo, que habiendo él viajado por casi todo el mundo, en muy pocas ocasiones había sentido semejante impacto por la belleza de una obra de arte.



El mihrab, la maqsura y la cámara del Tesoro tienen sus fachadas adornadas con hermosos mosaicos bizantinos formando motivos vegetales y trazando inscripciones en árabe. Mi padre había leído que el califa había enviado una carta al emperador de Bizancio, solicitando teselas de vidrio multicolores y un maestro en mosaicos. El señor de Constantinopla respondió enviando 320 quintales de diminutos mosaicos en distintos colores y un experto en el trabajo de las teselas.

A la izquierda se encuentra la puerta de la macqsura con un gran arco de herradura también ornamentado con mosaicos que miden alrededor de 1cm2 y a la derecha la puerta de la cámara del Tesoro guarda la misma similitud. Las tres cúpulas que anteceden estos espacios suponen una delicia para los amantes de la geometría, parecen lazos que se entrecruzan buscando la simetría para sostener una pequeña cúpula de ocho gajos de naranja.

Proseguimos nuestro recorrido, cuando de repente, nos topamos con la catedral del siglo XVI construida en el corazón de la antigua mezquita. En su momento fue motivo de gran polémica, hasta que intervino el emperador Carlos V y dio luz verde para que el obispo Alonso Manrique pudiera llevar a cabo su idea de construir una catedral renacentista, contratando para ello a los Hernán I y II.
Mi padre quedó sorprendido por esta combinación y valoró, eso sí, el trabajo artístico de los artesanos que trabajaron en su construcción.

Llegamos al último tramo de nuestro recorrido, en la zona ampliada bajo el gobierno de Almanzor, hacia finales del siglo X. El hayib Abu ´Amir Muhammad ibn Abi ´Amir, llamado al-Mansur (el victorioso) es un personaje clave en la historia de al-Andalus, un hombre ambicioso, valiente y gran guerrero, que dominó al-Andalus a la sombra del califa Hisham II. 



La ampliación realizada bajo Almanzor fue la más grande y en este caso hacia el este, para lo cual tuvo que derribar el muro de levante de la mezquita, salvando milagrosamente algunas portadas de acceso a la mezquita de al-Hakam II las cuales quedaron integradas en esta última ampliación. Mi padre, se volvió a sentar un rato y mira a su alrededor y me comentó que esta zona parece la más pobre desde el punto de vista de la ornamentación. Le dí la razón y buscamos cuales pudieron haber sido los motivos y llegamos a la conclusión, que podría haber sido porque el dinero que entraba en las arcas del Estado se destinaban más bien para fines militares y que Almanzor, deseó quizá emular a los califas omeya, pero sin llegar a su grado de sofisticación.

Mi padre y yo nos encaminamos a paso muy lento hacia la puerta de salida, nos paramos, nos giramos, guardando en la memoria cada momento de este recorrido. Nos miramos a los ojos y sonreímos …

Por Elisa Simon


NOTA INFORMATIVA:

Recordemos muy brevemente cuales son los elementos básicos de una mezquita.  
El alminar, que es la torre desde donde el almuecín llama a la oración
El patio o sahn, que suele disponer de una fuente o aljibe para el ritual de las abluciones de los fieles antes de acceder a la sala de oración
La sala de oración o haram, el espacio sagrado donde se celebran las oraciones, compuesto diferentes naves separadas por columnas.
Las mezquitas están orientadas hacia La Meca, dirección en la cual los fieles deben rezar.
Muro de la quibla, es el muro de la mezquita que indica esta dirección.
En el centro de dicho muro se encuentra el mihrab, un nicho abierto en la qibla desde donde el imam dirige la oración, a uno de sus lados, se encuentra la maqsura, lugar reservado sólo para el califa y su séquito cuando éste asistía a la oración y la cámara del Tesoro o bayt al-mal, donde se custodian las donaciones y limosnas, que los fieles aportan. 

BIBLIOGRAFIA:

-        - Andalucía de cerca – Ed. Edilux
-        - Una descripción Anónima de al-Andalus – CSIC Madrid 1983


martes, 22 de julio de 2014

MIHRAB DE LA MEZQUITA CATEDRAL DE CORDOBA

LA FACHADA DEL MIHRAB DE LA MEZQUITA-CATEDRAL DE CORDOBA

 Una obra de arte exuberante y una sublime expresión del arte al servicio de la religión.



En la ciudad de Córdoba se encuentra uno de los monumentos más hermosos y sorprendentes del mundo: la mezquita-catedral. Nada más acceder al interior de este edificio, el corazón se encoge ante tanta belleza, luego comienza a latir con emoción, mientras paseo alzando la vista, para admirar las dovelas rojas y blancas y los capiteles romanos del bosque de columnas. A medida que avanzo pienso en los emires y califas omeyas andalusíes, que han realizado esta obra monumental para que hoy podamos admirar su grandeza. Entre foto y foto imagino los artesanos y alarifes creando belleza, según los deseos de aquellos gobernantes de los siglos VIII, IX y X. El pulso se acelera cuando vislumbro la suntuosidad que se muestra en los arcos lobulados y columnas con capiteles de los talleres califales. Sigo adelante en mi recorrido hasta llegar a la máxima expresión del arte, justo en el momento en que me paro delante del mihrab de la antigua mezquita. No hay palabras … se siente admiración, asombro, hechizo.


interior mezquita de Córdoba, llegando al mihrab

Me sitúo delante del mihrab, (1) que se mandó construir en el silgo X por el gran califa al-Hakam II, cuando éste decidió ampliar la mezquita de sus antepasados. Qurtuba, en aquel tiempo, era la capital de un gran estado, sólido y fuerte, con una economía y un comercio boyantes. El califa al-Hakam II había recibido una exquisita educación, era un erudito y amante de las artes y las ciencias. Probablemente su status y el aumento de población musulmana, lo llevó a ampliar el espacio de la mezquita, fijando especial atención en la ornamentación del mihrab.

fachada del mihrab de la mezquita-catedral 
Es éste el espacio más significativo y sagrado de una mezquita, desde donde el imam dirige su oración. La forma semi-esférica o poligonal hace que la voz del religioso se prolongue y resuene así en todo el recinto.  Intento enfocar con el zoom los detalles del nicho, que tiene ocho lados y está coronado por una cúpula en forma de gran concha marina, que representa la fuente de la vida. Distingo un friso de arcos de herradura trilobulados con finas columnillas y una inscripción conmemorativa de las personas que intervinieron en su construcción.

“… este trabajo se realizó bajo la dirección del visir Ya´far ibn ´abd ar-Rahman y con la inspección de Muhammad ibn Tamlij, Ahmad ibn Nasr y Jald ibn Hashim, jefes de la policía y de Mutarrif ibn abd ar-Rahman, el secretario … en la luna de du-l-hiyya 354 (diciembre 965)”

Había leído que, el califa al-Hakam II se involucró personalmente en esta empresa, reuniéndose insitu con maestros alarifes y arquitectos que lo aconsejaban y exponían sus proyectos. Los talleres califales se emplearon a fondo para esculpir columnas de mármol de la zona, en tonos rosados y negro con vetas blancas, labraron estucos, con la técnica del cincelado blando, para decorar los frisos, tallaron madera para cubrir los techos.  

 Al-Hakam II quiso guardar la línea arquitectónica del edificio, amplió la mezquita once naves en dirección sur, por lo que el muro de la qibla se desplazó y no hubo más solución que derribar el mihrab preexistente, construido por el emir abd ar-Rahman II. El muro de la qibla, es el que muestra la orientación en la que los fieles deben rezar y que suele estar en dirección a La Meca, en el centro de dicho muro se sitúa el mihrab, que el califa no pudo salvar al desplazar el muro de la qibla hacia el sur.  Conservó de aquel mihrab de abd ar-Rahman II las cuatro pequeñas columnas con fustes y capiteles. Exigió a los arquitectos, que el nuevo mihrab se realizara siguiendo el modelo del que debió derribar.


Me quedo absorta observando las teselas que decoran la fachada.  ¡Son mosaicos bizantinos!  El califa redactó una carta al emperador de Bizancio, Nicéforo Focas, en la cual le pidió el envío de teselas multicolores, mosaicos de vidrio, típico del arte sacro bizantino.  De esta manera,  el omeya cordobés imitó a su antepasado sirio, cuando éste realizó la misma petición al emperador de Constantinopla para decorar la mezquita omeya de Damasco.

bayt al-mal o sala del Tesoro, con decoración de mosaicos
de la mezquita de Damasco, Siria (2007)

fachada de la puerta de la mezquita de Damasco,
decorada con teselas bizantinas 
La respuesta no se hizo esperar, según Ibn ´Idari, el emperador cristiano mandó hacia la capital de al-Andalus un maestro artesano bizantino y 320 quintales de teselas o mosaicos de vidrio de distintos colores, en especial, azules cobalto, rojo y dorados. Todo ello pensando en la decoración de la fachada del mihrab.  Aquel maestro bizantino enseñó a los artesanos andalusíes en los talleres califales el arte de las teselas. Cuando los hubo formado, regresó a Constantinopla colmado de regalos y bendiciones del califa. Mientras tanto los artesanos se afanaban en seguir las enseñanzas del bizantino e incluso algunos de ellos lograron superarlo en habilidad.


La fachada y la cúpula que antecede al mihrab es la obra de arte más impresionante de la antigua mezquita, los minutos pasan y sigo ahí delante sin pestañear. Una foto más, a través del visor me fijo en los detalles, hermosos motivos vegetales realizados con esmero y en aquella esquina descubro unas piñas y racimos de uvas.

El arco de herradura compuesto por dovelas, es una maravilla y está encuadrado dentro de un alfiz.  Un friso de teselas azules y doradas rodean el alfiz con alabanzas a Dios. Por encima de este friso, enfoco la cámara hacia uno de los siete arquitos ciegos con decoración floral. Es magnífico ver aquellos diminutos mosaicos de no más de 1 cm2.  Advierto una inscripción en árabe, muy pequeña, que nos informa de la fecha de terminación de esta fachada en el año cristiano de 965. 


inscripción conmemorativa 
inscripción conmemorativa 









Me fijo especialmente en las dos pares de columnitas con basa y capiteles procedentes del mihrab anterior que flanquean el acceso al nicho.
Si la fachada es cautivadora, no lo es menos la cúpula que antecede al nicho del mihrab. Es una delicia para los amantes de la geometría. La cúpula es perfección, armonía y simetría. ¡Es deslumbrante! 


Ocho hermosos arquitos sobre pequeñas columnas se entrecruzan creando un espacio octogonal, donde descansa una cúpula de gajos, ocho delicados gajos de naranja. Cuatro ventanitas con arcos de herradura aportan luz, para que podamos disfrutar de esta sublime obra, decorada con mosaicos bizantinos que dibujan atauriques y una inscripción en árabe bordea la cúpula.

Cuesta desprenderse de este entorno del edificio, poco a poco me voy alejando guardando en mi retina y en mi corazón aquel trozo de historia andalusí.

Elisa Simon



BIBLIOGRAFIA:

-      -  Andalucía de cerca, editorial Edilux 2001
-       - Cuadernos historia 16, la mezquita de Córdoba , Alfonso Jiménez Martín
-       - http://cvc.cervantes.es/actcult/mezquita_cordoba/fichas/generales/

NOTA:

(1) El mihrab es un nicho abierto en el centro del muro de la qibla, es decir que el muro hacia donde los musulmanes deben orientar sus oraciones y que suele estar orientado a La Meca. En al-Andalus, junto al mihrab se solía situar la maqsura, que era un espacio privado reservado para el califa y su familia.
Del otro lado del mihrab estaría situado bayt al-mal o Sala del Tesoro, donde el qadí guardaba bajo llave y custodiaba las donaciones pías.

Un elemento fundamental situado junto al mihrab es el almimbar, se trata de un púlpito movil tallado en madera desde donde el imam realiza la jutba o sermón los viernes al mediodía.


lunes, 30 de junio de 2014

Ibn Nagrella, visir de los ziríes de Granada

SAMUEL IBN NAGRELLA HA-NAGID
El hombre de confianza de los ziries de Granada

Por Elisa Simon

Samuel ibn Nagrella, Abu Ibrahim, para los musulmanes, fue unos de los personajes clave del siglo XI en la taifa de Granada.

paseo junto al río Darro, Granada 
Su familia provenía de Mérida y se asentaron en Córdoba en tiempos del califato, donde nació Samuel hacia el 993. Sus padres le dieron una educación con los mejores maestros, tanto musulmanes como judíos, como el rabí Moshe ben Hanok y el “padre de todos los gramáticos” Yehudah ben David, llamado Hayyuy de Fez.  Dominaba varios idiomas,  el árabe, el berberisco, hebreo, latín, romance, arameo y griego. Su cultura árabe y hebrea le dieron una amplia visión de su mundo. Como dijo Abraham ben David en su Sefer ha-Qabbalah “ era experto en los libros de los ismaelitas y en su lengua..” Durante sus años de estudio coincidió con eruditos como Yishaq ibn Jalfun, poeta con quien trabó una gran amistad.

Hacia el 1013 comenzaron los disturbios en Córdoba y la lucha por el poder del califato, por lo que pronto Samuel se vio forzado a dejar su ciudad y marchó a Málaga. Allí abrió una pequeña tienda en el mercado, sin dejar sus estudios tanto del Talmud como de otras ciencias. Gracias a su esmerada educación contaba con un don para la grafía y el arte de la retórica.

Dicen que su tienda se situaba en las inmediaciones del palacio del secretario del visir del rey de Granada, el zirí Habbus ibn Maksan. Este secretario que se llamaba Abu al-Qasim Ibn ´Arif, supo de las grandes cualidades de Samuel para redactar cartas en árabe y pronto empezó a solicitarle encargos. De esta manera, comenzó la carrera de Samuel Ibn Nagrella que le llevaría hasta la cumbre jamás soñada por él.

La exquisitez y belleza tanto de la grafía como de la expresión de las cartas, llamó pronto la atención del visir, quien lo mandó llamar, para presentarse en Granada, en la alcazaba al-Qadima. Fue nombrado secretario personal del visir, quien pronto se dio cuenta de las grandes cualidades con que contaba Samuel como consejero.  Las circunstancias políticas lo llevaron a involucrarse en las intrigas de palacio, permaneciendo fiel a los ziríes. Con el paso del tiempo y las acciones de Ibn Nagrella, fue ganando más y más confianza con el visir, al mismo tiempo que se fue fraguando más y más enemigos entre los miembros de la corte.

aljibe del Rey, del siglo XI - 

hammam del bañuelo, siglo XI - 

Hacia el 1027 falleció el visir y Samuel ocupó su puesto, convirtiéndose en el visir del rey Habbus de la taifa de Granada. De esta manera había escalado un poco más hacia la cima, ya que gracias a sus consejos y buen hacer en las finanzas, la taifa de Granada vivía en la abundancia. Las responsabilidades de Ibn Nagrella se incrementaron al mismo tiempo que aumentaban sus detractores. Su fortuna fue en aumento, se dice que poseía un palacio de lujo y llevaba ropas valiosas. Su hijo Joseph se crió en esta opulencia y su familia gozó de gran prestigio en Granada. Fue entonces cuando fue nombrado ha-Nagid o príncipe de las comunidades judías de la taifa de Granada, pero no sólo se ocupó del bienestar de las aljamas andalusíes, sino que se preocupó por las situaciones de las juderías del Magreb, de Sicilia, de Egipto y mantuvo correspondencia con los rabinos de las más importantes aljamas, como la de Qairuan. Ibn Nagrella mantuvo buenas amistades con los poetas más sobresalientes, como Ibn Gabirol, Yehudah ha-Leví, Yishaq ibn Gayyat, Moshe ibn Ezra, entre otros.  

El rey Habbus murió en 1038 y se inició una lucha encarnizada por el poder entre los hermanos, Badis y Bullugin. Samuel se posicionó del lado de Badis y se enfrentó no solo a los miembros de la corte, sino a gente de su misma comunidad. Finalmente esta pugna fraticida la ganó Badis quien pasó a ocupar el trono de la taifa de Granada. Gracias a su lealtad y fidelidad Badis mantuvo a Ibn Nagrella siempre a su lado y lo nombró general del ejército granadino. Bajo su mandato Badis se ganó el respeto de los demás reyes taifas, por las victorias que le brindó Ibn Nagrella, como la toma de Málaga o los ataques a Sevilla, contra el rey al-Mu´tamid, gran enemigo del zirí.

calle del Albaycín, Granada

Esta época de gloria acabó cuando falleció Ibn Nagrella en el 1055/56, y su hijo Joseph, aquel que se había criado en la opulencia, heredó el puesto de visir de su padre, sin llegar a alcanzar su prestigio. El destino de Joseph corrió una suerte completamente diferente, ya que pereció ejecutado durante los grandes disturbios contra la judería de Granada en el año 1066, donde muchos sefardíes perdieron la vida y el barrio fue arrasado.

En cuanto a su producción literaria, se conservan unos mil poemas de temática en su mayoría profana, agrupados en tres grandes bloques: Ben Tehillim, que engloba sobre todo los poemas de su juventud. Ben Mishle, con poemas de su madurez y Ben Qohelet que incluyen poemas de su vejez.  Ibn Nagrella empleó la métrica y temática árabe para componer. Entre los poemas que he leído, me llamó la atención los versos escritos desde el campo de batalla, ya que no es frecuente este tema entre los sefardíes andalusíes. El siguiente poema fue escrito hacia 1038 sobre la batalla contra los de Almería:

“Se alzó el enemigo, y se levantó la Roca contra él;
¿cómo puede erguirse lo creado al alzarse la Roca?
Los ejércitos estaban alineados, cada escuadrón
Frente a un escuadrón del adversario;
Los hombres pensaban, que en día de cólera, violencia
Y envidia, la muerte era un premio;
Todos trataban de conseguir la fama,
Vendían su vida para lograr su anhelo.
La tierra temblaba desde sus cimientos,
Al igual que Gomorra estaba arrasada;
Bellos y resplandecientes rostros
Se tornaban como el fondo de una olla.
Era un día de oscuridad y tiniebla,
El sol, lo mismo que mi corazón, ennegreció;
El griterío de las tropas era como el de Shadday,
Como el fragor de las olas del mar al rugir la tempestad.
Al amanecer, la tierra estaba sacudida
Sobre sus columnas, como ebria;
Los caballos corrían y se revolvían
Cual víboras sacadas de su cubil,
Como si los venablos arrojados fueran
Rayos que llenaban el aire de luz,
Las flechas como gotas de lluvia,
Y los escudos, cribas;
Los arcos eran serpientes en sus manos,
Cada una escupía abejas por su boca;
Las espadas sobre sus cabezas eran antorchas
Que al caer perdían su brillo;
La sangre humana corría sobre la tierra
Como la de los carneros por los costados del atrio.
Varones valientes perdían el gusto
Por la vida y elegían la muerte.
Los guerreros pensaban que las heridas abiertas
De sus cabezas, eran coronas;
De acuerdo con su fe, lo recto era morir,
Seguir viviendo les estaba vedado.
¿Qué podía hacer yo, si no había refugio, ni sostén,
ni apoyo, perdida la esperanza?
Los enemigos vertían sangre como agua
Aquel día angustioso, yo vertía mi plegaria
Al Dios que a los inicuos abaja y arroja
A la fosa que ellos excavaron,
Y que, en la batalla, la espada y las flechas devuelve
Al corazón del enemigo que las prepara y lanza.”

(Literatura hebrea en la España Medieval – Ángel Sáenz-Badillos)  

BIBLIOGRAFIA:

-      -  El siglo XI en primera persona. Las memorias de abd Allah, último rey zirí de Granada. Traducidas por E. Leví-Provençal y Emilio García Gomez. Ed. Alianza Tres
-       - Sefarad, los judios de España de María Antonia Bel Bravo, Ed. Silex
-       - Literatura Hebrea en la España Medieval de Ángel Sáenz-Badillos. Fundación Amigos de Sefarad, Universidad Nacional de Educación a Distancia – Madrid 1991
-       - Judíos Españoles de la Edad de Oro (siglos XI-XII) de Antonio Antelo Iglesias. Fundación Amigos de Sefarad, Universidad Nacional de Educación a Distancia – Madrid 1991

-       - Sefer ha-Qabbalah de Abraham ha-Leví ben David, traducción de Jaime Bages Tarrida, Granada 1922