lunes, 28 de julio de 2014

MEZQUITA-CATEDRAL DE CORDOBA

UN RECORRIDO POR LA MEZQUITA CATEDRAL DE CORDOBA




Desde que visité, por primera vez la mezquita-catedral de Córdoba, con mi padre no puedo dejar de pensar en él, cada vez que entro en ella. Recuerdo su expresión de emoción contenida nada más flanquear la puerta, se quedó clavado en el suelo sin poder articular palabra y cuando quise hablarle me hizo una señal de silencio.




Luego, comenzamos a caminar entre aquel bosque de columnas y creo que permanecimos en el edificio unas dos horas o más, la verdad, habíamos perdido la noción del tiempo.
Una vez que mi padre hubo asimilado dónde estaba, comentamos acerca de los diferentes emires y califas que habían pisado este suelo y la destreza de los alarifes que habían trazado tanta belleza.
Comenzamos, mi padre y yo, un recorrido por la mezquita como si fuera un viaje en el tiempo, retrocediendo hasta ….

 … cuando llegó el Islam a la Península y a Córdoba concretamente, los nuevos gobernantes utilizaron como sala de oración, la mitad de la basílica visigoda de San Vicente, compartiendo de esta manera el culto cristiano y musulmán bajo el mismo techo.

Hacia mediados del 700, cuando arribó a las costas granadinas el príncipe de la dinastía omeya de Siria, que se salvó de la muerte, decidió comprar la otra mitad del templo a los cristianos, previa recompensa económica, y fue entonces cuando se fraguó la construcción de la primera mezquita en la ciudad de Córdoba.
Estamos hablando del príncipe heredero al califato omeya de Damasco, Abd ar-Rahman I, apodado el Inmigrado. A partir del 786 comenzaron las obras de la mezquita en el emplazamiento de la basílica visigoda, al mismo tiempo en que se comenzaron a asentar los inicios de un nuevo Estado llamado al-Andalus, bajo las directrices de Abd ar-Rahman I.



Para la construcción de la mezquita de Abd ar-Rahman I, se aprovecharon las columnas y capiteles romanos y visigodos de los edificios preexistentes. Al utilizar material de acarreo, los arquitectos debieron uniformar la altura de las columnas y para dar más ligereza y luz al ambiente, los constructores se las ingeniaron para colocar sobre los capiteles unos cimacios y sobre éstos unas pilastras, desde las cuales arrancaban los dos arcos superiores de medio punto. Estos arcos están decorados con dovelas en piedra blanca y ladrillo rojo y así construyeron once naves, perpendiculares al muro de la quibla. Quedó así establecido el modelo que siguieron los demás emires y califas cordobeses, guardando respeto y honrando a aquel Inmigrado de Damasco.
El siguiente emir, Hisham I, concluyó las obras de esta primera mezquita y añadió el alminar de 40 codos de altura y forma cuadrada.

A medida que el Estado andalusí se iba afianzando, el número de población musulmana aumentaba, de ahí la necesidad de una ampliación de la mezquita, bajo el emir omeya Abd ar-Rahman II (822-852), quien mandó añadir, en el siglo IX, más naves  en dirección sur, hacia el río Guadalquivir. Los alarifes siguieron la estructura de la mezquita primitiva, reutilizando también material de acarreo, si bien 17 capiteles fueron labrados en los talleres cordobeses. Dentro de esta etapa de ampliación se vieron implicados varios emires, que realizaron obras de restauración y añadiendo nuevos elementos.



Mi padre, que era un amante de la historia, y yo seguimos avanzando en nuestro recorrido, fijando la mirada en los detalles de las hojas de acanto de los capiteles y lo extraordinario de los arcos de medio punto.  Mi padre le sorprendió, que el gran Abd ar-Rahman III no hubiera realizado ninguna ampliación, aunque sí se amplió el patio de forma considerable, quedando el alminar algo desplazado, de ahí que mandara construir uno nuevo y magnífico, en el siglo IX.

Sentados en un pequeño banco para descansar un rato, le cuento a mi padre que Abd ar-Rahman III se proclamó, aquí en esta mezquita, califa de al-Andalus en el año 929. Para aquel entonces ya había silenciado los focos rebeldes que había en la Península. Comenzó así un período de paz y bienestar en todas las facetas, desde política hasta cultural y artística. Al-Andalus se ganó el respeto de los países mediterráneos y europeos, recibiendo en Madinat az-Zahra a las embajadas bizantinas, navarras y alemanas.

La monja sajona Hroswitha, que acompañaba la embajada alemana, dijo así cuando visitó Córdoba:

“ Joya brillante del mundo, ciudad nueva y magnífica, orgullosa de su fuerza, celebrada por sus delicias, resplandeciente por la plena posesión de todos los bienes.”



Proseguimos nuestro recorrido, llegando a la zona más espectacular de la mezquita, aquella ampliada por el gran califa al-Hakam II, quien había heredado un Estado sólido y fuerte. Mi padre buscó un ángulo para intentar fotografiar aquellos hermosos arcos lobulados y entrelazados con dovelas decoradas con estuco de forma alterna. Esta ampliación de al-Hakam II, en el siglo X, también se realizó hacia el sur, por lo que no tuvo más remedio que derribar el muro de la quibla y la zona del mihrab.



Nos encontramos en la parte central de la antigua mezquita, donde la mirada nos lleva hacia arriba para admirar la perfecta cúpula nervada, que se conservó del primer mihrab, hoy llamada cúpula de Villaviciosa. Mi padre me indica que mire justo al lado, donde hallamos una pequeña capilla decorada en estilo mudéjar y con una cúpula también nervada. Nos quedamos un momento pensando, miramos el plano y nos percatamos que estamos entre la primera y la segunda ampliación de la mezquita y donde los cristianos levantaron la primitiva Iglesia después de la conquista en 1236. Nos encontrábamos delante de la capilla real de época cristiana entremezclada con los hermosos arcos lobulados del califa al-Hakam II. Permanecimos un rato largo entre aquellas cúpulas, columnas y arcos, buscando el enfoque y midiendo la luz para que la foto no saliera oscura.

La zona de ampliación de al-Hakam II es la más exquisita y exuberante, donde se emplearon muchos artesanos, que labraron estas columnas y capiteles en los talleres califales. Mármoles de la zona de Cabra en colores rosado y negro con vetas blancas, uniforman las naves que nos llevan hacia el área del muro de la quibla.
Nos imaginamos la grandeza del califa y su gusto por lo sofisticado, cuando quedamos boquiabiertos delante del mihrab. Mi padre me dijo, que habiendo él viajado por casi todo el mundo, en muy pocas ocasiones había sentido semejante impacto por la belleza de una obra de arte.



El mihrab, la maqsura y la cámara del Tesoro tienen sus fachadas adornadas con hermosos mosaicos bizantinos formando motivos vegetales y trazando inscripciones en árabe. Mi padre había leído que el califa había enviado una carta al emperador de Bizancio, solicitando teselas de vidrio multicolores y un maestro en mosaicos. El señor de Constantinopla respondió enviando 320 quintales de diminutos mosaicos en distintos colores y un experto en el trabajo de las teselas.

A la izquierda se encuentra la puerta de la macqsura con un gran arco de herradura también ornamentado con mosaicos que miden alrededor de 1cm2 y a la derecha la puerta de la cámara del Tesoro guarda la misma similitud. Las tres cúpulas que anteceden estos espacios suponen una delicia para los amantes de la geometría, parecen lazos que se entrecruzan buscando la simetría para sostener una pequeña cúpula de ocho gajos de naranja.

Proseguimos nuestro recorrido, cuando de repente, nos topamos con la catedral del siglo XVI construida en el corazón de la antigua mezquita. En su momento fue motivo de gran polémica, hasta que intervino el emperador Carlos V y dio luz verde para que el obispo Alonso Manrique pudiera llevar a cabo su idea de construir una catedral renacentista, contratando para ello a los Hernán I y II.
Mi padre quedó sorprendido por esta combinación y valoró, eso sí, el trabajo artístico de los artesanos que trabajaron en su construcción.

Llegamos al último tramo de nuestro recorrido, en la zona ampliada bajo el gobierno de Almanzor, hacia finales del siglo X. El hayib Abu ´Amir Muhammad ibn Abi ´Amir, llamado al-Mansur (el victorioso) es un personaje clave en la historia de al-Andalus, un hombre ambicioso, valiente y gran guerrero, que dominó al-Andalus a la sombra del califa Hisham II. 



La ampliación realizada bajo Almanzor fue la más grande y en este caso hacia el este, para lo cual tuvo que derribar el muro de levante de la mezquita, salvando milagrosamente algunas portadas de acceso a la mezquita de al-Hakam II las cuales quedaron integradas en esta última ampliación. Mi padre, se volvió a sentar un rato y mira a su alrededor y me comentó que esta zona parece la más pobre desde el punto de vista de la ornamentación. Le dí la razón y buscamos cuales pudieron haber sido los motivos y llegamos a la conclusión, que podría haber sido porque el dinero que entraba en las arcas del Estado se destinaban más bien para fines militares y que Almanzor, deseó quizá emular a los califas omeya, pero sin llegar a su grado de sofisticación.

Mi padre y yo nos encaminamos a paso muy lento hacia la puerta de salida, nos paramos, nos giramos, guardando en la memoria cada momento de este recorrido. Nos miramos a los ojos y sonreímos …

Por Elisa Simon


NOTA INFORMATIVA:

Recordemos muy brevemente cuales son los elementos básicos de una mezquita.  
El alminar, que es la torre desde donde el almuecín llama a la oración
El patio o sahn, que suele disponer de una fuente o aljibe para el ritual de las abluciones de los fieles antes de acceder a la sala de oración
La sala de oración o haram, el espacio sagrado donde se celebran las oraciones, compuesto diferentes naves separadas por columnas.
Las mezquitas están orientadas hacia La Meca, dirección en la cual los fieles deben rezar.
Muro de la quibla, es el muro de la mezquita que indica esta dirección.
En el centro de dicho muro se encuentra el mihrab, un nicho abierto en la qibla desde donde el imam dirige la oración, a uno de sus lados, se encuentra la maqsura, lugar reservado sólo para el califa y su séquito cuando éste asistía a la oración y la cámara del Tesoro o bayt al-mal, donde se custodian las donaciones y limosnas, que los fieles aportan. 

BIBLIOGRAFIA:

-        - Andalucía de cerca – Ed. Edilux
-        - Una descripción Anónima de al-Andalus – CSIC Madrid 1983


martes, 22 de julio de 2014

MIHRAB DE LA MEZQUITA CATEDRAL DE CORDOBA

LA FACHADA DEL MIHRAB DE LA MEZQUITA-CATEDRAL DE CORDOBA

 Una obra de arte exuberante y una sublime expresión del arte al servicio de la religión.



En la ciudad de Córdoba se encuentra uno de los monumentos más hermosos y sorprendentes del mundo: la mezquita-catedral. Nada más acceder al interior de este edificio, el corazón se encoge ante tanta belleza, luego comienza a latir con emoción, mientras paseo alzando la vista, para admirar las dovelas rojas y blancas y los capiteles romanos del bosque de columnas. A medida que avanzo pienso en los emires y califas omeyas andalusíes, que han realizado esta obra monumental para que hoy podamos admirar su grandeza. Entre foto y foto imagino los artesanos y alarifes creando belleza, según los deseos de aquellos gobernantes de los siglos VIII, IX y X. El pulso se acelera cuando vislumbro la suntuosidad que se muestra en los arcos lobulados y columnas con capiteles de los talleres califales. Sigo adelante en mi recorrido hasta llegar a la máxima expresión del arte, justo en el momento en que me paro delante del mihrab de la antigua mezquita. No hay palabras … se siente admiración, asombro, hechizo.


interior mezquita de Córdoba, llegando al mihrab

Me sitúo delante del mihrab, (1) que se mandó construir en el silgo X por el gran califa al-Hakam II, cuando éste decidió ampliar la mezquita de sus antepasados. Qurtuba, en aquel tiempo, era la capital de un gran estado, sólido y fuerte, con una economía y un comercio boyantes. El califa al-Hakam II había recibido una exquisita educación, era un erudito y amante de las artes y las ciencias. Probablemente su status y el aumento de población musulmana, lo llevó a ampliar el espacio de la mezquita, fijando especial atención en la ornamentación del mihrab.

fachada del mihrab de la mezquita-catedral 
Es éste el espacio más significativo y sagrado de una mezquita, desde donde el imam dirige su oración. La forma semi-esférica o poligonal hace que la voz del religioso se prolongue y resuene así en todo el recinto.  Intento enfocar con el zoom los detalles del nicho, que tiene ocho lados y está coronado por una cúpula en forma de gran concha marina, que representa la fuente de la vida. Distingo un friso de arcos de herradura trilobulados con finas columnillas y una inscripción conmemorativa de las personas que intervinieron en su construcción.

“… este trabajo se realizó bajo la dirección del visir Ya´far ibn ´abd ar-Rahman y con la inspección de Muhammad ibn Tamlij, Ahmad ibn Nasr y Jald ibn Hashim, jefes de la policía y de Mutarrif ibn abd ar-Rahman, el secretario … en la luna de du-l-hiyya 354 (diciembre 965)”

Había leído que, el califa al-Hakam II se involucró personalmente en esta empresa, reuniéndose insitu con maestros alarifes y arquitectos que lo aconsejaban y exponían sus proyectos. Los talleres califales se emplearon a fondo para esculpir columnas de mármol de la zona, en tonos rosados y negro con vetas blancas, labraron estucos, con la técnica del cincelado blando, para decorar los frisos, tallaron madera para cubrir los techos.  

 Al-Hakam II quiso guardar la línea arquitectónica del edificio, amplió la mezquita once naves en dirección sur, por lo que el muro de la qibla se desplazó y no hubo más solución que derribar el mihrab preexistente, construido por el emir abd ar-Rahman II. El muro de la qibla, es el que muestra la orientación en la que los fieles deben rezar y que suele estar en dirección a La Meca, en el centro de dicho muro se sitúa el mihrab, que el califa no pudo salvar al desplazar el muro de la qibla hacia el sur.  Conservó de aquel mihrab de abd ar-Rahman II las cuatro pequeñas columnas con fustes y capiteles. Exigió a los arquitectos, que el nuevo mihrab se realizara siguiendo el modelo del que debió derribar.


Me quedo absorta observando las teselas que decoran la fachada.  ¡Son mosaicos bizantinos!  El califa redactó una carta al emperador de Bizancio, Nicéforo Focas, en la cual le pidió el envío de teselas multicolores, mosaicos de vidrio, típico del arte sacro bizantino.  De esta manera,  el omeya cordobés imitó a su antepasado sirio, cuando éste realizó la misma petición al emperador de Constantinopla para decorar la mezquita omeya de Damasco.

bayt al-mal o sala del Tesoro, con decoración de mosaicos
de la mezquita de Damasco, Siria (2007)

fachada de la puerta de la mezquita de Damasco,
decorada con teselas bizantinas 
La respuesta no se hizo esperar, según Ibn ´Idari, el emperador cristiano mandó hacia la capital de al-Andalus un maestro artesano bizantino y 320 quintales de teselas o mosaicos de vidrio de distintos colores, en especial, azules cobalto, rojo y dorados. Todo ello pensando en la decoración de la fachada del mihrab.  Aquel maestro bizantino enseñó a los artesanos andalusíes en los talleres califales el arte de las teselas. Cuando los hubo formado, regresó a Constantinopla colmado de regalos y bendiciones del califa. Mientras tanto los artesanos se afanaban en seguir las enseñanzas del bizantino e incluso algunos de ellos lograron superarlo en habilidad.


La fachada y la cúpula que antecede al mihrab es la obra de arte más impresionante de la antigua mezquita, los minutos pasan y sigo ahí delante sin pestañear. Una foto más, a través del visor me fijo en los detalles, hermosos motivos vegetales realizados con esmero y en aquella esquina descubro unas piñas y racimos de uvas.

El arco de herradura compuesto por dovelas, es una maravilla y está encuadrado dentro de un alfiz.  Un friso de teselas azules y doradas rodean el alfiz con alabanzas a Dios. Por encima de este friso, enfoco la cámara hacia uno de los siete arquitos ciegos con decoración floral. Es magnífico ver aquellos diminutos mosaicos de no más de 1 cm2.  Advierto una inscripción en árabe, muy pequeña, que nos informa de la fecha de terminación de esta fachada en el año cristiano de 965. 


inscripción conmemorativa 
inscripción conmemorativa 









Me fijo especialmente en las dos pares de columnitas con basa y capiteles procedentes del mihrab anterior que flanquean el acceso al nicho.
Si la fachada es cautivadora, no lo es menos la cúpula que antecede al nicho del mihrab. Es una delicia para los amantes de la geometría. La cúpula es perfección, armonía y simetría. ¡Es deslumbrante! 


Ocho hermosos arquitos sobre pequeñas columnas se entrecruzan creando un espacio octogonal, donde descansa una cúpula de gajos, ocho delicados gajos de naranja. Cuatro ventanitas con arcos de herradura aportan luz, para que podamos disfrutar de esta sublime obra, decorada con mosaicos bizantinos que dibujan atauriques y una inscripción en árabe bordea la cúpula.

Cuesta desprenderse de este entorno del edificio, poco a poco me voy alejando guardando en mi retina y en mi corazón aquel trozo de historia andalusí.

Elisa Simon



BIBLIOGRAFIA:

-      -  Andalucía de cerca, editorial Edilux 2001
-       - Cuadernos historia 16, la mezquita de Córdoba , Alfonso Jiménez Martín
-       - http://cvc.cervantes.es/actcult/mezquita_cordoba/fichas/generales/

NOTA:

(1) El mihrab es un nicho abierto en el centro del muro de la qibla, es decir que el muro hacia donde los musulmanes deben orientar sus oraciones y que suele estar orientado a La Meca. En al-Andalus, junto al mihrab se solía situar la maqsura, que era un espacio privado reservado para el califa y su familia.
Del otro lado del mihrab estaría situado bayt al-mal o Sala del Tesoro, donde el qadí guardaba bajo llave y custodiaba las donaciones pías.

Un elemento fundamental situado junto al mihrab es el almimbar, se trata de un púlpito movil tallado en madera desde donde el imam realiza la jutba o sermón los viernes al mediodía.


lunes, 30 de junio de 2014

Ibn Nagrella, visir de los ziríes de Granada

SAMUEL IBN NAGRELLA HA-NAGID
El hombre de confianza de los ziries de Granada

Por Elisa Simon

Samuel ibn Nagrella, Abu Ibrahim, para los musulmanes, fue unos de los personajes clave del siglo XI en la taifa de Granada.

paseo junto al río Darro, Granada 
Su familia provenía de Mérida y se asentaron en Córdoba en tiempos del califato, donde nació Samuel hacia el 993. Sus padres le dieron una educación con los mejores maestros, tanto musulmanes como judíos, como el rabí Moshe ben Hanok y el “padre de todos los gramáticos” Yehudah ben David, llamado Hayyuy de Fez.  Dominaba varios idiomas,  el árabe, el berberisco, hebreo, latín, romance, arameo y griego. Su cultura árabe y hebrea le dieron una amplia visión de su mundo. Como dijo Abraham ben David en su Sefer ha-Qabbalah “ era experto en los libros de los ismaelitas y en su lengua..” Durante sus años de estudio coincidió con eruditos como Yishaq ibn Jalfun, poeta con quien trabó una gran amistad.

Hacia el 1013 comenzaron los disturbios en Córdoba y la lucha por el poder del califato, por lo que pronto Samuel se vio forzado a dejar su ciudad y marchó a Málaga. Allí abrió una pequeña tienda en el mercado, sin dejar sus estudios tanto del Talmud como de otras ciencias. Gracias a su esmerada educación contaba con un don para la grafía y el arte de la retórica.

Dicen que su tienda se situaba en las inmediaciones del palacio del secretario del visir del rey de Granada, el zirí Habbus ibn Maksan. Este secretario que se llamaba Abu al-Qasim Ibn ´Arif, supo de las grandes cualidades de Samuel para redactar cartas en árabe y pronto empezó a solicitarle encargos. De esta manera, comenzó la carrera de Samuel Ibn Nagrella que le llevaría hasta la cumbre jamás soñada por él.

La exquisitez y belleza tanto de la grafía como de la expresión de las cartas, llamó pronto la atención del visir, quien lo mandó llamar, para presentarse en Granada, en la alcazaba al-Qadima. Fue nombrado secretario personal del visir, quien pronto se dio cuenta de las grandes cualidades con que contaba Samuel como consejero.  Las circunstancias políticas lo llevaron a involucrarse en las intrigas de palacio, permaneciendo fiel a los ziríes. Con el paso del tiempo y las acciones de Ibn Nagrella, fue ganando más y más confianza con el visir, al mismo tiempo que se fue fraguando más y más enemigos entre los miembros de la corte.

aljibe del Rey, del siglo XI - 

hammam del bañuelo, siglo XI - 

Hacia el 1027 falleció el visir y Samuel ocupó su puesto, convirtiéndose en el visir del rey Habbus de la taifa de Granada. De esta manera había escalado un poco más hacia la cima, ya que gracias a sus consejos y buen hacer en las finanzas, la taifa de Granada vivía en la abundancia. Las responsabilidades de Ibn Nagrella se incrementaron al mismo tiempo que aumentaban sus detractores. Su fortuna fue en aumento, se dice que poseía un palacio de lujo y llevaba ropas valiosas. Su hijo Joseph se crió en esta opulencia y su familia gozó de gran prestigio en Granada. Fue entonces cuando fue nombrado ha-Nagid o príncipe de las comunidades judías de la taifa de Granada, pero no sólo se ocupó del bienestar de las aljamas andalusíes, sino que se preocupó por las situaciones de las juderías del Magreb, de Sicilia, de Egipto y mantuvo correspondencia con los rabinos de las más importantes aljamas, como la de Qairuan. Ibn Nagrella mantuvo buenas amistades con los poetas más sobresalientes, como Ibn Gabirol, Yehudah ha-Leví, Yishaq ibn Gayyat, Moshe ibn Ezra, entre otros.  

El rey Habbus murió en 1038 y se inició una lucha encarnizada por el poder entre los hermanos, Badis y Bullugin. Samuel se posicionó del lado de Badis y se enfrentó no solo a los miembros de la corte, sino a gente de su misma comunidad. Finalmente esta pugna fraticida la ganó Badis quien pasó a ocupar el trono de la taifa de Granada. Gracias a su lealtad y fidelidad Badis mantuvo a Ibn Nagrella siempre a su lado y lo nombró general del ejército granadino. Bajo su mandato Badis se ganó el respeto de los demás reyes taifas, por las victorias que le brindó Ibn Nagrella, como la toma de Málaga o los ataques a Sevilla, contra el rey al-Mu´tamid, gran enemigo del zirí.

calle del Albaycín, Granada

Esta época de gloria acabó cuando falleció Ibn Nagrella en el 1055/56, y su hijo Joseph, aquel que se había criado en la opulencia, heredó el puesto de visir de su padre, sin llegar a alcanzar su prestigio. El destino de Joseph corrió una suerte completamente diferente, ya que pereció ejecutado durante los grandes disturbios contra la judería de Granada en el año 1066, donde muchos sefardíes perdieron la vida y el barrio fue arrasado.

En cuanto a su producción literaria, se conservan unos mil poemas de temática en su mayoría profana, agrupados en tres grandes bloques: Ben Tehillim, que engloba sobre todo los poemas de su juventud. Ben Mishle, con poemas de su madurez y Ben Qohelet que incluyen poemas de su vejez.  Ibn Nagrella empleó la métrica y temática árabe para componer. Entre los poemas que he leído, me llamó la atención los versos escritos desde el campo de batalla, ya que no es frecuente este tema entre los sefardíes andalusíes. El siguiente poema fue escrito hacia 1038 sobre la batalla contra los de Almería:

“Se alzó el enemigo, y se levantó la Roca contra él;
¿cómo puede erguirse lo creado al alzarse la Roca?
Los ejércitos estaban alineados, cada escuadrón
Frente a un escuadrón del adversario;
Los hombres pensaban, que en día de cólera, violencia
Y envidia, la muerte era un premio;
Todos trataban de conseguir la fama,
Vendían su vida para lograr su anhelo.
La tierra temblaba desde sus cimientos,
Al igual que Gomorra estaba arrasada;
Bellos y resplandecientes rostros
Se tornaban como el fondo de una olla.
Era un día de oscuridad y tiniebla,
El sol, lo mismo que mi corazón, ennegreció;
El griterío de las tropas era como el de Shadday,
Como el fragor de las olas del mar al rugir la tempestad.
Al amanecer, la tierra estaba sacudida
Sobre sus columnas, como ebria;
Los caballos corrían y se revolvían
Cual víboras sacadas de su cubil,
Como si los venablos arrojados fueran
Rayos que llenaban el aire de luz,
Las flechas como gotas de lluvia,
Y los escudos, cribas;
Los arcos eran serpientes en sus manos,
Cada una escupía abejas por su boca;
Las espadas sobre sus cabezas eran antorchas
Que al caer perdían su brillo;
La sangre humana corría sobre la tierra
Como la de los carneros por los costados del atrio.
Varones valientes perdían el gusto
Por la vida y elegían la muerte.
Los guerreros pensaban que las heridas abiertas
De sus cabezas, eran coronas;
De acuerdo con su fe, lo recto era morir,
Seguir viviendo les estaba vedado.
¿Qué podía hacer yo, si no había refugio, ni sostén,
ni apoyo, perdida la esperanza?
Los enemigos vertían sangre como agua
Aquel día angustioso, yo vertía mi plegaria
Al Dios que a los inicuos abaja y arroja
A la fosa que ellos excavaron,
Y que, en la batalla, la espada y las flechas devuelve
Al corazón del enemigo que las prepara y lanza.”

(Literatura hebrea en la España Medieval – Ángel Sáenz-Badillos)  

BIBLIOGRAFIA:

-      -  El siglo XI en primera persona. Las memorias de abd Allah, último rey zirí de Granada. Traducidas por E. Leví-Provençal y Emilio García Gomez. Ed. Alianza Tres
-       - Sefarad, los judios de España de María Antonia Bel Bravo, Ed. Silex
-       - Literatura Hebrea en la España Medieval de Ángel Sáenz-Badillos. Fundación Amigos de Sefarad, Universidad Nacional de Educación a Distancia – Madrid 1991
-       - Judíos Españoles de la Edad de Oro (siglos XI-XII) de Antonio Antelo Iglesias. Fundación Amigos de Sefarad, Universidad Nacional de Educación a Distancia – Madrid 1991

-       - Sefer ha-Qabbalah de Abraham ha-Leví ben David, traducción de Jaime Bages Tarrida, Granada 1922   


jueves, 26 de junio de 2014

La mezquita de Ibn Adabbas de Ishbilya (Iglesia del Salvador)






LA MEZQUITA DE IBN ADABBAS DE ISHBILYA

Por Elisa Simon

En este artículo les quiero mostrar la desaparecida mezquita de Ibn ´Adabbas de Sevilla, permítanme que me tome la licencia de hacerlo a través de un personaje imaginario, llamado Hamid.

Me encuentro en el antiguo patio de abluciones de la mezquita, en cuyo centro hay una fuente y me llama la atención los destellos caprichosos que trazan los rayos del sol en el agua. Me acerco, me asomo a la fuente, acaricio el agua con una mano y algo sucedió … como por arte de magia apareció un hombre vestido con chilaba marrón y con un gorro cónico rojo en la cabeza, parecía mayor, pero su mirada era viva.

-- Ahlan wa sahlan – me saludó con una leve inclinación

-- ¿pero? … ¿quién? … ¿cómo? … ¿de dónde? … - pregunté perpleja, moviendo la cabeza hacia todas las direcciones.

-- No temas, amiga, me llamo Hamid, soy un viajero del tiempo. Al mover el agua, has abierto la llave de la fuente de la historia. Y aquí estoy para servirte - me dijo con voz calmada y grave.

Hamid, hombre alto de suaves modales, se acercó a mi y me preguntó:

-- ¿deseas conocer la vieja mezquita de Ibn ´Adabbas?

Sin mediar palabra asentí con la cabeza.

-- entonces, cierra los ojos, respira y concéntrate en mis palabras …

 Hipnotizada seguí sus instrucciones hasta que pude volver a abrir los ojos y de repente, me encontré rodeada de tenderetes, gente que pasaba a mi lado con prisa, burros con su carga, el suelo de tierra que levantaba polvareda y ahí estaba en medio del bullicio del zoco, la mezquita de Ibn ´Adabbas. El alminar (1) cuadrado sobresalía de los demás edificios y la silueta de la mezquita me pareció un pequeño tesoro frágil al devenir de los tiempos. Me embargó la emoción, boquiabierta dejé que mis pies me llevaran hacia la entrada. El atrio que rodea el templo está repleto de vendedores ambulantes que compiten entre sí vociferando el mejor precio.

Levanté la mirada hacia Hamid, quien me regaló una sonrisa y me aclaró:

-- Estamos en el siglo XII, en tiempos del gran califa almohade al-Mansur (2), en Sevilla se están llevando a cabo grandes obras arquitectónicas. Debes tener en cuenta que nadie puede verte, ni oírte, tú solo puedes observar y llevar en la memoria lo que están viviendo. Es un obsequio de la fuente de la historia.

Enseguida comencé a sentirme más relajada y pregunté a Hamid si podíamos acceder a su interior, a lo que él respondió afirmativamente y con gusto accedió a enseñarme el edificio.

Entramos por el sahn o patio de abluciones, donde justo había llegado el encargado de acarrear el agua desde el río con la ayuda de una mula. El sahn rodeado por galerías porticadas con arcos de herradura sobre columnas romanas y visigodas reaprovechadas. Los naranjos daban un aire íntimo y fresco al pequeño patio con una fuente en el centro.

Una vez en el interior, me llamó la atención que el haram o sala de oración es más ancha que larga, las naves están separadas por columnas coronadas con capiteles romanos y visigodos sobre los cuales descansan los arcos de ladrillo en forma de herradura de traza sencilla. La techumbre, algo más elevada en la parte central, compuesta por un artesonado de tirantes de madera de alerce. El suelo está repleto de esteras con flecos sobre un simple suelo de tierra. El mihrab (3), esbelto y sencillo, está decorado con un alfiz en cuyo interior se encuentra un arco de herradura, me recordó al de Almonaster la Real (4)…

-- Lo primero que te voy a mostrar es una inscripción en árabe que se encuentra  en la columna de la segunda nave de la parte oriental, frente al mihrab – me indicó Hamid, señalando con el dedo índice la inscripción que reza así:

“Dios tenga misericordia de ´abd ar-Rahman b. Al-Hakam, el emir justo, el bien guiado por Dios, el que ordenó la construcción de esta mezquita, bajo la dirección de ´Umar b. ´Adabbas, qadí de Sevilla, en el año 214 de la hégira ( 830 de la era cristiana). Y ha escrito esto ´abd al-Barr b. Harun”

inscripción fundacional de la mezquita de Ibn Adabbas

Había muy poca luz y la columna es de mármol grisáceo, por lo que me costó mucho identificar las cinco líneas de la inscripción.

columna donde se encuentra dicha inscripción, conservada
en el Museo Arqueologico de Sevilla

-- Parece que la inscripción fue grabada estando la columna tendida en el suelo – le indiqué a Hamid.
Mientras caminamos entre las naves, los encargados del mantenimiento de la mezquita se encargan de barrer, de volver a colocar las esteras, otro está limpiando las lámparas de aceite. Algunas personas están reunidas en el patio manteniendo conversaciones en voz baja, un hombre está leyendo el Corán apoyado en una columna de la nave central y en una esquina unos estudiantes rodean a su maestro mientras escuchan con atención sus enseñanzas. Su voz fuerte retumba en la pequeña mezquita.  
Comento con Hamid, que una vez más se repite la teoría de que una cultura construye sobre la anterior sobre todo cuando se trata de templos religiosos. Según dicen esta zona pertenecía al foro romano y parece que habría aquí una Iglesia visigoda.

-- Hamid, cuéntame una anécdota ocurrida en esta mezquita – le pregunté con curiosidad.

-- Aquí se produjo un milagro – me dijo abriendo sus ojos negros y alzando sus brazos al cielo.

Cuenta mi amigo Ibn al-Qutiyya, que en el año 844, cuando los mayus (5) atacaron la ciudad, intentaron destruir esta mezquita lanzando flechas incendiarias, como no lo lograron, apilaron madera y gran parte de las esteras para que prenderle fuego y entonces surgió del mihrab un joven valiente, que se enfrentó a ellos y los echó sin que pudieran destruir la mezquita y este joven la defendió durante los tres días que los hombres del norte hicieron estragos en la ciudad. Desde entonces, la gente le guarda devoción a su mezquita y sienten un cariño especial por ella.

-- ¿No fue destruida durante un terremoto? le pregunté a Hamid

-- No, sólo se destruyó la parte superior del alminar, durante el seísmo del año 1079. En aquellos tiempos gobernaba el gran rey-poeta al-Mu´tamid ibn Abbad (6). Gracias a su generosidad e intervención el alminar fue restaurado de forma inmediata, tal como indica esta placa conmemorativa que puedes ver aquí junto a la torre.

“ …Baslama, tasliyya. Ha ordenado al-Mu´tamid ´ala Allah, al-Mu´ayyad bi-nasri Allah, Abu-l-Qasim Muhammad, hijo de ´Abbad - ¡que Allah preste ayuda continua a su imperio y contribuya a su fuerte victoria! – la construcción de la parte más elevada de este alminar - ¡que nunca se interrumpa en él la invocación islámica! – cuando acababa de ser derribado por un gran número de sacudidas sísmicas que tuvieron lugar la víspera del domingo, al comienzo de rabí I del año 472 (1º Septiembre de 1079). Y esto se terminó, por el poderío y la asistencia de Allah, al finalizar el mismo mes. ¡Que Allah se digne aceptar por esta obra sus ocupaciones generosas del rey y le colme de sus favores construyéndole, por cada piedra que ha empleado, un palacio, en su paraíso, por su gracia y su bondad!”

placa conmemorativa del rey al-Mu´tamid

detalle de la placa 


-- El alminar fue construido con grandes bloques de piedra colocados de forma un tanto desordenados, pero lo singular de esta torre, es que el interior es circular. Una escalera de caracol estrecha lleva al almuecín hasta arriba, el cuerpo central de la torre es un grueso pilar cilíndrico – me explicó Hamid con entusiasmo.

-- Querido Hamid, tengo una duda, ¿esta mezquita tiene ocho, nueve u once naves?

-- Vamos a contarlas, esta es una vieja discusión entre los eruditos.  

Para ello nos situamos frente a la puerta principal, frente a la nave central un poco más ancha que las demás y al fondo está el mihrab. Una, dos, tres, cuatro ….

-- yo cuento nueve …  – le digo a Hamid

-- Es correcto, esta disposición sigue el modelo en T de las mezquita andalusíes, siendo la nave central algo más ancha y contando con una nave a lo largo del muro de la qibla (7). A lo largo de los siglos, nos científicos no se ponían de acuerdo, pero finalmente, se comprobó que efectivamente son nueve las naves perpendiculares al muro orientado al sur – sur-este … - me aclaró Hamid con paciencia, antes de proseguir ...

-- Con el paso del tiempo, la población musulmana fue en aumento y se produjeron algunos cambios para ampliar el espacio de los fieles. El almimbar (8) fue traslado desde la derecha del mihrab hacia el muro occidental. La maqsura (9), cerramiento de madera reservado para el dirigente, indicó mi amigo Ibn Sahib al-Sala que fue eliminado y se repartió por las naves de los pórticos norte y oriente. Con el paso del tiempo esta mezquita había quedado ya muy pequeña. Mira, observa … - me indicó señalando con la mano izquierda hacia el sahn de la mezquita. 

El almuecín subió por la estrecha escalera de caracol hasta lo más alto del alminar y comenzó su canto para que los fieles acudan al rezo del mediodía. Poco a poco se van congregando, después de realizar la purificación y descalzarse, los hombres van situándose uno al lado del otro. En la sala de oración o haram, ya no cabe más gente, los fieles siguen acudiendo y deben encontrar un hueco en el patio, otros en el atrio y casi en la calle delante de la mezquita. Tanta gente no tiene ya espacio para la oración del viernes.

-- El alfaquí Ibn Abdún ya había indicado la necesidad de varios almuédanos para que se coloquen junto a las puertas y al final de la nave central y vaya anunciando en voz alta lo que hayan de hacer los que rezan en el patio o en las galerías y están demasiado lejos para oír la voz del imam – explicó Hamid

-- Ah, claro, para saber cuando los fieles deben inclinarse o prosternarse

-- Nuestro califa, Abu Yusuf Yaqub al-Mansur, Dios le otorgue larga vida, decidió la construcción de una nueva mezquita aljama de dimensiones acordes a su vasto imperio, al mismo tiempo esta realizando grandes obras para mejorar las infraestructuras de la ciudad además de embellecerla con una torre alminar que nada tiene que envidiar a las de oriente – cuenta Hamid con orgullo.  

--De hecho, esta mezquita, dejará de tener la función de mezquita mayor en cuanto acaben las obras de la nueva. Incluso puedo decirte que eso sucederá en 1182.

-- Nuestro tiempo se agota, querida amiga, debemos regresar a tu tiempo – me indicó Hamid.

Cuando estábamos saliendo de la sala de oración, me percaté de la puerta principal de donde colgaban dos aldabas de bronce. Una cabeza de león en cuya boca sostenía la aldaba propiamente dicha. Un trabajo delicado y muy fino, probablemente de tiempos del rey al-Mu´tamid, pensé yo … se trata desde luego de una pieza muy singular, sólo superada por las aldabas almohades de la nueva mezquita aljama …

aldaba de bronce de la mezquita Ibn Adabbas

conservadas hoy en el Sagrario de la
Iglesia del Salvador

Siguiendo las instrucciones de Hamid, el viajero del tiempo, regresé al presente y me hallé nuevamente en el patio de la actual Iglesia del Salvador. Abrumada pero feliz, retomé el ritmo del siglo XXI.

Hamid había sido una buena fuente de la historia, unos años después de su tiempo, hacia 1196, el mismo califa al-Mansur, hizo caso a las sendas cartas del gran sufi murciano Ibn ´Arabí y Abu-l- Abbas Ahmad b. Ibrahim b. Mutarrif de Almería, para que restaurara la vieja mezquita que amenazaba derrumbe. Fue así como se restauró la techumbre, que tenía parte de la madera podrida debido a la humedad,  se apalancó el muro de poniente que estaba inclinado, se restauraron los arcos con yeso y cal, se cubrió el suelo del sahn o patio con ladrillo.  

Así quedó la mezquita de Ibn ´Adabbas hasta la conquista de Fernando III en 1248, que la convirtió en Iglesia, cambiando la orientación y levantando pequeñas capillas en las naves de los extremos, dicha mezquita-iglesia se usó como culto cristiano hasta 1671 cuando se decidió a demolición total de la vieja mezquita para construir en su lugar la enorme Iglesia Colegial del Salvador, tal y como la conocemos hoy en día.

AGRADECIMIENTO:

Queremos agradecer a la coordinadora de la Iglesia del Salvador Sr. Raquel Niñán Martín, por su amabilidad y buena disposición sin lo cual nuestro trabajo no hubiera sido posible de la forma en que lo hemos presentado. Nos gustaría agradecer, de forma especial, al personal de seguridad, Jesús Morales Limón, por su simpatía, su disposición y amplios conocimientos, que nos ayudaron y facilitaron nuestro trabajo de investigación.¡Muchas Gracias! 

NOTAS:

1.- alminar: torre de una mezquita desde donde el almuecín llama a la oración
2.- Abu Yusuf Yaqub al-Mansur, califa almohade (1184 – 1199) período de máximo esplendor del imperio almohade.
3.- mihrab: nicho en la parte central del muro de la mezquita orientado hacia la Meca, indica la dirección en la que se debe rezar.
4.- Almonaster la Real, es una de las más antiguas mezquitas andalusíes situada en la provincia de Huelva. Ver enlace:
5.- mayus: nombre árabe otorgado a los vikingos, también llamados hombres del norte. Ver enlace:
6.-  Muhammad Ibn ´Abbad al-Mu´tamid, (1039 – 1095) reinó el territorio más vasto y poderoso de los reinos de taifas entre los años 1069 y 1091.
7.- muro de la quibla: muro de la mezquita orientado hacia la Meca en cuyo centro se encuentra el mihrab
8.- almimbar:  es el púlpito desde donde el imám dice el sermón (jutba). Se trata de una plataforma elevada con unas escaleras.
9.- maqsura:  espacio reservado en la mezquita, junto al mihrab, sólo para el califa o dirigente durante la oración.

BIBLIOGRAFIA:

-      -  revista al-Andalus XII “la mezquita de ibn ´Adabbas de Sevilla – la inscripción fundacional de la mezquita de ibn ´Adabbas de Sevilla. M. Ocaña Jimenez
-       - revista al-Andalus XIII “la primitiva mezquita mayor de Sevilla por L. Torres Balbás
-       - Sevilla a comienzos del siglo XII, el Tratado de Ibn Abdun. Emilio García Gómez, E. Lévi-Provençal. Biblioteca de temas sevillanos
-       - La Sevilla Islámica 712 – 1248 de Jacinto Bosch Vilá – Universidad de Sevilla
-       - http://institucional.us.es/revistas/arte/07/01%20comez.pdf  Fragmentos de una mezquita sevillana: la aljama de Ibn Adabbas por Rafael Cómez Ramos
-       - http://rodin.uca.es/xmlui/bitstream/handle/10498/10660/18572066.pdf?sequence=1  La mezquita de Ibn Adabbas de Sevilla. Estado de la cuestión. Magdalena Valor Piechotta – Universidad de Sevilla