sábado, 31 de mayo de 2014

Piezas andalusíes en el Museo Arqueológico de Sevilla

PIEZAS ANDALUSIES EXPUESTAS EN EL MUSEO ARQUEOLOGICO DE SEVILLA

Breve recorrido por las salas XXVI y XXVII del Museo Arqueológico

Por Elisa Simon

El Museo arqueológico de Sevilla se encuentra en la plaza de América en el parque de María Luisa, ocupando el pabellón renacentista, de la exposición Ibero-americana de 1929.
En la planta alta se disponen dos salas pequeñas dedicadas a la historia de al-Andalus, donde se conservan las piezas y restos arqueológicos hallados en distintos puntos de la ciudad de Sevilla. Capiteles califales, piezas de cerámica vidriada de época almohade, utensilios de la vida cotidiana, monedas, candiles, lápidas, pilas, brocales de pozo, restos de artesonado de madera, tinajas. En este artículo les quiero mostrar una selección de lo más sobresaliente. Espero que les guste. 

Una de las piezas más antiguas es una columna romana, que fue reaprovechada para la primera mezquita aljama, construida en el siglo IX en el corazón de la ciudad. Se trata de la mezquita de Ibn Adabbas, actual Iglesia del Salvador, de la cual sólo queda su patio de abluciones. Fue la mezquita mayor durante el período del califato y los reinos de taifa, hasta la llegada de los almohades, cuando el califa al-Mansur realizó las enormes obras de ampliación y embellecimiento de la ciudad con la construcción de la nueva mezquita aljama.  
La columna tiene una inscripción en árabe que  conmemora la fundación de la mezquita de Ibn ´Adabbas, 829- 830, se trata de una de las inscripciones en árabe más antiguas de la Península. El propio cronista almohade ibn Sahib al-Satal, la menciona "escrita en árabe arcaico" ... 

columna romana de la mezquita de Ibn ´Adabbas, Sevilla
detalle de la inscripción
“Dios tenga misericordia de ´abd ar-Rahman b. Al-Hakam, el emir justo, el bien guiado por Dios, el que ordenó la construcción de esta mezquita, bajo la dirección de ´Umar b. ´Adabbas, qadí de Sevilla, en el año 214 y ha escrito esto ´abd al-Barr b.Harun.” 


en esta misma sala vemos esta flauta de hueso de época almohade, siglos XII-XIII, existen varias flautas de este tipo en la Península, como la de Ceuta, realizada con hueso de ala de buitre. 



Basa de columna de mármol califal siglos X-XI con epigrafía:
“En el nombre de Dios, la bendición, la seguridad, el poder, la magnificencia y la grandeza (son) de Dios, Único, Todopoderoso”




Esta lápida conmemorativa hace alusión a Itimad, la querida esposa del rey al-Mu´tamid. Se la llama Umm, como madre, de ar-Rashid, hijo de al-Mu´tamid… hace alusión a la construcción de un alminar en la zona de la actual Iglesia San Juan de la Palma en el centro de Sevilla



La lápida dice:
“Bismila … Tasliyya … ha ordenado la Gran Señora Umm Rashid Abu-l-Husayn ´Ubayd Allah, hijo de al-Mu´tamid ´ala Allah, al-Mu´ayyad bi-nasri-llah, Abu-l-Qasim Muhammad b. ´Abbad (que Dios le ayude asistiéndole y apoyándole e ilumine a ambos), buscando la generosa recompensa. Se terminó con la ayuda de Dios, bajo la dirección del visir y secretario Abu-l-Qasim b. Hayyay (Dios le favorezca) en el mes de sa´ban del 478 “ (entre el 22 de Noviembre y 20 de Diciembre de 1085)


La siguiente lápida es muy interesante también porque se menciona de forma escrita por primera vez el barrio de Triana, en el año 1022, durante la fitna o guerra civil en al-Andalus. Parece que en uno de los muchos enfrentamientos entre las fuerzas ávidas de poder, falleció un fatá de nombre Safí. La traducción de la lápida dice:



“ … al-Malik al-´Amiri …(en testimonio de que) no hay más dios que Dios único, que no tiene asociado y que Muhammad es su enviado, que el paraíso es verdad y que la hora suprema vendrá sin ningua duda y que Dios resucitará a los muertos, murió el gran oficial (al-fatá al-kebir) Safí, el día del combate de Triana, al borde del río y cerca del barrio mencionado en la obediencia del Amir al-Mu´minin al-Ma´mun al-Qasim (¡Dios le asista!) y sucedió en viernes, doce noches quedando de du-l-qa´da del 412 (24 de Febrero 1022) que Dios perdone sus pecados y tenga misericordia de su servidor, que guardaba la religión dentro de sí y tenía una alta situación en este mundo.”

En la sala XXVII se exhibe este hermoso brocal de pozo realizado en mármol  y datado entre los siglos X y XI 




su inscripción dice:

“la bendición completa, la prosperidad total, la felicidad perfecta, la paz absoluta, el bienestar, la felicidad, la plena prodigalidad, la generosidad, el honor, la tranquilidad, las alegrías, la gloria, la prosperidad, la perfección, la integridad y la longevidad, téngalas su dueño”

Vean esta hermosa placa de mármol califal hallada en el convento Madre de Dios en Baena, Córdoba 



entre las vitrinas se conservan piezas de distinto tamaño y material que servían para la vida cotidiana. Casi todas están datadas en la época almohade, los siglos XII y XIII




vale la pena mencionar también esta pila de abluciones en mármol correspondiente a época califas 





para terminar les quiero mostrar esta preciosa tinaja con aletas en arcilla vidriada, de época almohade 



NOTA:

- traducciones realizadas por el Museo Arqueológico de Sevilla


viernes, 30 de mayo de 2014

Ribat al-Fath - la fortaleza almohade

Ribat al-Fath  - la fortaleza de los almohades

Breve historia del origen de la ciudad de Rabat – Marruecos

Por Elisa Simon

Rabat es una de las ciudades imperiales de Marruecos y la capital del Reino, donde el monarca tiene su residencia, por lo que la política y la administración del país se concentra entre los edificios de la parte moderna de la ciudad. Sin embargo, deambulando por la zona antigua y perdiéndonos entre las callejuelas de la medina, podemos sentir cómo late su corazón y se vislumbra la esencia de esta enorme ciudad junto al atlántico. Para buscar sus orígenes debemos retornar a la Edad Media e incluso un poco más atrás en el tiempo.

kasbah des Oudayas y tour Hassan al fondo
La zona del actual Rabat, fue desde siempre un importante enclave estratégico, situada en el desembocadura del río Bou Regreg, a medio camino por la costa atlántica entre Marraquech y el Estrecho de Gibraltar. Durante siglos y hasta hoy en día, el factor humano jugó un papel fundamental en la historia de la ciudad. A lo largo de los siglos, fue receptora de los expulsados y emigrados andalusíes y también enclave o punto de salida de las grandes culturas hacia tierras de al-Andalus.
Los historiadores no se ponen de acuerdo acerca del punto exacto donde nació Rabat, pero sí coinciden en fue un ribat, es decir, una fortaleza de carácter religioso-militar, donde los soldados no solo se entrenaban y se concentraban para el combate, sino que disponían de una mezquita y baños. Desde el siglo VIII, en esta zona, vivían los barghawata (1), los cuales más adelante crearon un gobierno independiente y se enfrentaron a lo largo de los siglos a los idrissíes, omeya, ziries, almorávides y almohades. No se sabe a ciencia cierta, si vivían en ribat, y si fuera así ¿en cuales de los tres asentamientos humanos de la desembocadura del Bou Regreg? Las primeras respuestas aparecen en las fuentes a partir del siglo X, relatando los constantes conflictos entre las tribus del norte de Marruecos que defendían su hegemonía.
Bajo los almorávides, el emir Tashfin b. Alí mandó construir un ribat en la zona más elevada de la peña de al-Udaya, que llevó el nombre de “Qasr bani Tarika” para hacer frente a los barghawata.

1. ribat Qasr banu Tarika
2. Salé
Cuando los almohades los vencieron, el califa ´abd al-Mu´min comenzó a pensar en la construcción de una nueva alcazaba y a partir del año 1150 se inició la construcción de un nuevo ribat sobre el mar. Este emplazamiento era perfecto para las comunicaciones terrestres y marítimas como punto de enlace entre al-Andalus y las ciudades de Marraquech o Fez, a través de Alcazarquivir. No olvidemos que un ejército necesitaba 17 días de viaje entre Marraquech y el ribat. El emir llamó a este ribat “mahdiya” en honor al fundador de la dinastía, al-mahdi Ibn Tumart.

 El cronista de la época Ibn Sahib al-Salat escribió:
 “ cuando el príncipe de los creyentes, el califa (abd al-Mu´min) llegó a Salé en el año 545 (1150), para examinar la situación de al-Andalus … ordenó construir una alcazaba fortificada en aquel recinto, en la bocana interior que da a Salé. Así se escogió el lugar y de inmediata se procedió a trabajar en su reconstrucción, y sobre todo a conseguir la propiedad legítima de la finca, ya que una parte de la misma pertenecía aun personaje llamado Ibn Wayyad, natural de Sevilla ….. se estableció en sus instalaciones …. En la fuente de Gabula en compañía de los operarios e ingenieros, abrió una acequia para dar de beber a la gente y a la caballería, y regó la tierra de alrededor; así brotaron los lagos y las vegas plantadas.”




Los dos siguientes califas almohades, su hijo y su nieto, Abu Ya´qub Yusuf y Abu Yusuf Ya´qub al-Mansur fueron los que ampliaron y embellecieron el ribat en pleno esplendor de la cultura almohade y lo llamaron ribat al-Fath (el ribat de la victoria)


1. ribat al fath, con la ampliación 2 y Salé 3 

El espacio se componía de un palacio residencia para el emir, una mezquita aljama, alcaicería, baños y funduq, todo ello protegido por robustas murallas y 74 torres cuadradas. La muralla almohade del ribat superaba los cinco kilómetros y contaba con cinco puertas: bab al-La´lu, bab al-Hadd, bab al-Ruwah, bab al-Hedid, bab al-Za´ir, cercando una superficie de 450 hectáreas.  Ibn Sahib al-Salat, cronista del emir escribió:

“ mandó construir una ciudad colindante a la alcazaba … hizo los trabajos preliminares y procedió a la construcción de sus murallas por la parte interior y por el oeste.”


1. Bab La´lu, 2. Bab al-Hadd, 3. Bab al-Ruwah, 4. Bab al-Hedid
actual puerta del palacio real, 5. Bab Za´ir 

Un fragmento del kitab al-Istibsar del siglo XII: “ el califa Abu Ya´qub ordenó a los suyos que construyeran una gran ciudad que fuera colindante a la alcazaba (ribat) que fue fundada por el príncipe de los creyentes. En esta alcazaba había palacios, una mezquita y fuentes de agua traída desde más de 20 millas y ubicadas delante de la mezquita. Igualmente en esta ciudad recién fundada había grandes alcaicerías, baños, posadas, numerosas casas, abundante agua, fuetes y varias instalaciones que han sido dispuestas para la llegada de nuevos negocios, ya que está ubicada en el camino y acceso a la ciudad de Marraquech, que Dios la proteja.”

Las obras comenzaron hacia 1171 hasta 1184, cuando se detuvieron por la muerte del califa Abu Ya´qub Yusuf, su sucesor, Ya´qub al-Manur, reanudó las obras hasta la muerte de éste en 1199. El califa Ya´qub al-Mansur se instaló en aquella nueva ciudad creada por él, desde donde vigilaba los avatares de al-Andalus. Convirtió a la ciudad en capital del imperio, cuando “su salud se restableció, acudió a ribat al-fath y se alegró de residir en ella” (al-Bayan)

La edad de oro del imperio almohade se produjo bajo este último califa, Abu Yusuf Ya´qub al-Mansur (1184-1199), quien le dio grandeza a su cultura, creando una gran capital a semejanza de Fez o Marraquech. Ribat al-Fath brillaba con luz propia, sus bellos edificios en la costa, las huertas fructíferas gracias al sistema de irrigación desde la fuente de la Gabula, el puente de barcas que unía Salé con el ribat. Los ingenieros supieron sacarle provecho al lugar así como a la riqueza del suelo. Había agua en abundancia que emanaba de la fuente de la Gabula, Yusuf mandó construir “un gran embalse donde se recogía agua que luego era encauzada desde el embalse hasta la fuente” (Sahib al-Salat). En la zona se encontraba el bosque milenario de Ma´mura, cuya madera se aprovechaba para la construcción de navíos en los astilleros. La tierra era generosa en trigo y cebada, para los soldados y pasto para el ganado y los caballos.
El califa al-Mansur deseaba construir un gran espacio para la oración, para ello contrató a los mejores técnicos y artesanos, que comenzaron la construir de una gran mezquita en 1196. El proyecto constaba de una sala de oración de más de dos hectáreas y media, con una techumbre soportada por 360 columnas y cien pilares,  formando 19 naves perpendiculares al muro de la qibla y 21 naves paralelas, 186 metros de longitud y 142m de anchura, doce puertas y un hermoso alminar de unos 80 metros de altura.


muralla de la alcazaba, al final la puerta de acceso al recinto
puerta de entrada a la kasbah des Oudaya

Al-Marrakushi escribió: “ en ella (ribat), construyó (Abu Yusuf Ya´qub al-Mansur) una gran mezquita de extensa superficie y de un patio amplísimo ….elevó un alminar de culminante altura, al estilo del alminar de Alejandría, al que se sube sin escaleras, y así las mulas suben la arena , los ladrillos, el yeso y todo lo necesario hasta lo más alto. La construcción de esta mezquita todavía no ha terminado, porque las obras fueron suspendidas con la muerte de Abu Yusuf.”


tour Hassan, inconclusa y la gran explanada de
la mezquita 

Cuentan los cronistas: “esta ciudad ha sido honrada por este querido príncipe (Yusuf) y distinguida con excelsas construcciones y un bello alminar. El momento del paseo por sus comercios constituye uno de los más maravillosos paseos del mundo, sobre todo en épocas de abundancia y durante las estaciones templadas, además del litoral que, lleno de gente, se extiende a lo largo de dos millas y tiene una anchura que casi alcanza la milla, y de las barcas en el río con sus pasajeros, el imponente alminar, los colgajos de frutos, las ristras de olivo, la alquibla de la mezquita, y particularmente, el resplandor de aquella prominente fortificación que se percibía desde la ciudad.” 





Era un proyecto inmenso que lamentablemente el califa no pudo concluir. Después de su muerte en 1199, poco a poco ribat al-fath perdió su esplendor y el golpe que supuso la derrota de Las Navas de Tolosa, lo sumieron en el abandono. Ya no tenía sentido el funcionamiento de un ribat, los edificios y la mezquita inacabada fue presa fácil para saqueadores que se llevaron los materiales valiosos. A pesar de todo ello, sirvió para establecer en ribat al-Fath el origen de esta hermosa ciudad llena de vida y belleza.


vista a Rabat desde Salé

NOTA: 
1.- Los barghawata eran una confederación de tribus beréberes de la costa atlántica de Marruecos, que pertenecían al grupo de las tribus Masmuda.

BIBLIOGRAFIA:

-      -    El Marruecos andalusí – Museo sin fronteras EDDIF
-    -   Itinerario Cultural de Almorávides y Almohades – Fundación Legado Andalusí      2003

-    -   Triángulo de al-Andalus – libro de la exposición en la alcazaba de los Udaya,  Rabat – 2003/2004  - Fundación Legado Andalusi

martes, 20 de mayo de 2014

HISTORIA DE LUCENA SEFARDÍ

Eli Hossana o al-Yussana
Historia de Lucena sefardí

Por Elisa Simon 

Lucena es una localidad de la provincia de Córdoba, situada entre las suaves colinas de la sierra Subbética y bañada por la cuenca del Genil. Lucena se muestra blanca entre los campos de viñas, olivos y trigo. Su importancia en la historia viene determinada por su situación geográfica, en un cruce de caminos y el centro neurálgico de Andalucía.

El geógrafo ceutí al-Idrissi la describió así cuando la visitó en 1154 “ … entre el sur y el oeste de Cabra está Lucena, la ciudad de los judíos. El arrabal esta habitado por musulmanes y por algunos judios; en él se encuentra la mezquita aljama pero no está rodeado de murallas. La villa, por el contrario, está ceñida de buenas murallas, rodeada por todas partes por un foso profundo y por canales cuyos excedentes de agua vierten en este foso. Los judíos viven en el interior de la villa y no dejan penetrar en ella a los musulmanes. Son allí los judíos más ricos que en algún país sometido a la dominación musulmana y están muy sobre aviso de las empresas de sus rivales. De Lucena a Córdoba se cuentan 20 millas”.

maqueta de Lucena en el siglo XII 
Se menciona al-Yussana por primera vez, hacia el siglo IX, en la crónica de Ajbar Maymu´a, donde hace referencia a una casa o palacio junto a la puerta del puente de Córdoba o puerta de Algeciras. Sería ésta la vivienda de un gobernante visigodo de nombre Yussuis, quizá el origen del nombre de la ciudad.
Ajbar Maymu´a escribió: 
“ era una casa magnífica con abundante agua, olivos y otros árboles frutales y se llamaba al-Yussana …”

Según se deduce de las crónicas, en el momento de la llegada del Islam a la Península, Lucena estaría habitada por algunos judíos, los cuales brindaron su ayuda y su apoyo a los nuevos gobernantes. Como “gente del Libro” los judíos de la Península quedarían sometidos al pago de los impuestos llamados yizya y jaray. Los sefardíes de al-Yussana, la llamaban Eli Hossana, que significa “Dios nos salve”. En lo referente a la historia de al-Andalus, Lucena cobra singular relevancia por haber sido la ciudad de los judíos que albergaba la Academia Talmúdica de Occidente. 
A lo largo del emirato perteneció a la cora de Cabra y la medina de al-Yussana estaba rodeada por una muralla  que resistió los ataques de ´Umar ibn Hasfún. Ibn Hayyan menciona:
“ … los castillos de la cora de Cabra y al-Yussana, cuyos habitantes eran judíos sometidos a clientela o pacto …”

Ibn Idari menciona Lucena en este contexto también, que hacia 891 la rebelión de ´Umar ibn Hafsun se había extendido y que él atacaba los castillos de la Cora de Cabra y la ciudad de al-Yussana, ciudad habitada por judíos dimmies.

calle principal de la antigua Juderia 
Bajo la bandera del Islam, los sefardíes de Lucena fueron cobrando importancia, se dedicaban a la agricultura, sobre todo el cultivo del vino y el olivo, además de la artesanía. En la vida diaria, los lucentinos seguían la Tradición o Ley Oral así como la Ley Escrita. En muchas ocasiones les sobrevenían dudas y preguntas, que eran respondidas por los sabios y los rabinos de las Academias Talmúdicas de Babilonia. 
Según documentación hallada en la Genizah del Cairo, los lucentinos mantuvieron constante correspondencia con las escuelas talmúdicas de Oriente. Natronai bar Hilai, gaon de Sura, redactó hacia mediados del siglo IX unas epístolas dirigidas a los lucentinos, en contestación a varias preguntas de tema religioso, morales y de comportamiento con los vecinos.

calle Santiago 
calle Zamora 

La academia de Sura fue con la que más comunicación mantuvieron.  Eleazar ibn Samuel Hurga, lucentino, no se contentó con epístolas, sino que viajó hasta Sura donde recibió clases magistrales de los mejores rabinos y sabios, se licenció, recibió el título de resh Kallah, título otorgado a los no-babilónicos y sería algo así como el diploma de jefe de estudio e integraba junto con otros miembros la junta de Gobierno de la academia talmúdica.

 En el siglo X, bajo los califas omeya, Abd ar-Rahman III y al Hakam II, los sefardíes de al-Andalus vieron florecer su cultura y Lucena en particular se desarrolló de manera espectacular. La figura de Hasday ibn Shaprut, nasí de la comunidad y hombre de confianza de ambos califas, ayudó y apoyó de todas las maneras a los sefardíes.
La ciudad de Eliossana comenzó a brillar con luz propia, gobernada por un dayyan o juez,  el rey Abd ´Allah en sus Memorias lo llama alamin,  sus habitantes vivieron tranquilos, aunque también se produjeron momentos y circunstancias muy tensas y con grandes desacuerdos.  Los lucentinos se dedicaban tanto a la ciencia y la sabiduría como al comercio. Eran propietarios de campos de cultivo, sobre todo de olivares. Se ocupaban de los negocios de importación y exportación de artículos de los países mediterráneos. La situación geográfica de Lucena, a medio camino entre la capital del califato y los puertos de Pechina y Málaga, propició dicho comercio. Los mismos dirigentes omeya delegaban en los sefardíes las actividades comerciales, así como la recaudación de los impuestos para las arcas del Estado andalusí. Otros preferían emplear sus conocimientos en las letras y en las ciencias, formando parte del aparato administrativo del califato, como secretarios, traductores, pero también como médicos y astrónomos. Algunos sefardíes fueron artistas  artesanos de la orfebrería, los textiles, sobre todo la seda y los trabajos en mimbre. 
Este desarrollo económico e intelectual, a lo largo del siglo X, llamó a un gran número de judíos de los países mediterráneos, que acudieron a Lucena en busca de progreso y bienestar.

Mientras al-Andalus vivía su época de esplendor, las Escuelas Talmúdicas de Oriente habían entrado en decadencia por falta de financiación. La grave situación provocó el cierre de estas Academias. Sus gaonim o directores decidieron embarcar en un navío para proseguir sus enseñanzas en Occidente. Estos hechos son narrados por Abraham ibn Daud de Toledo en su Sefer ha-Qabbalah (Libro de la Tradición) Se trata de la historia de los cuatro rabinos apresados por el corsario ibn Rumahis, quien los  vendió como esclavos en distintas ciudades, uno de estos rabinos se llamaba Moshe ben Hannoch y llegó como esclavo a la ciudad de Córdoba. Sus correligionarios lo compraron y le dieron de inmediato la libertad. Ben Hannoch, se quedó en Córdoba, se integró en la comunidad sefardí sin dar a conocer su identidad.  Asistía a diario a la sinagoga para escuchar las enseñanzas del Talmud. En una de las sesiones de preguntas, ben Hannoch intervino para completar una explicación y todos quedaron atónitos por la forma de expresarse y la manera de explicar. En ese momento se descubrió su identidad y fue enseguida nombrado gran rabino de Córdoba. La presencia de ben Hannoch propició el florecimiento de la enseñanza Talmúdica en al-Andalus. Un gran número de judíos de toda la zona mediterránea acudieron a la capital del califato para estudiar. 

A la caída del califato, Lucena pasó a formar parte del reino ziri de Granada y la Academia de Lucena comenzó a brillar con luz propia, bajo la protección de Samuel ibn Nagrella, visir y hombre de confianza de Habus y Badis (señores de Granada) que lo nombraron  nasí o príncipe de la comunidad en la taifa de Granada. Ibn Nagrella, que era poeta y erudito, mantuvo muy buenas relaciones con todos los rabinos y sabios de su tiempo. Los más grandes poetas, filólogos, filósofos, médicos fueron discípulos de algunos de los maestros de Lucena. Los tres rabinos más importantes de los siglos XI y XII fueron: Isaac ibn Gayyat,  Isaac al-Fezí y Josef ibn Megash, los cuales abarcan el período de los reinos de taifas y la dominación almorávide, ya que Yusuf ibn Tashfin y el za´im o jefe de Lucena sellaron un pacto en 1103, quedando al-Yussana integrada en el imperio almorávide.
 Ibn Gayyat, nacido en Lucena, fue un gran sabio en temas de la legislación judía. Su obra literaria giró en torno a la vida espiritual, sus escritos en prosa y poesía están relacionados con la vida en la sinagoga. Fue muy amigo de Samuel ibn Nagrella y su familia.
Isaac al-Fezí, (1013-1103) fue uno de los más famosos maestros talmudistas y el más importante de los cinco rabinos de igual nombre que menciona Abraham ibn Daud en su Sefer ha-Qabbalah. Nacido en Qal´at Hammad, estudió en Qairuan y vivió muchos años en Fez, de ahí su apelativo de al-fesi.  En el 1088 se trasladó a al-Andalus y se estableció en Lucena, donde se convirtió en el más grande director de la academia y allí murió a los 90 años.
 Yosef ibn Megash, fue su discípulo y sucesor en el cargo de director al frente de la escuela. Nació en Sevilla y con solo 12 años su maestro le recomendó a su familia que lo llevaran a Lucena ya que mostraba grandes aptitudes para el estudio. Allí se desarrolló como erudito hasta convertirse en rabino y finalmente la mayor autoridad talmudista de su generación. Ocupó el puesto de director durante casi 40 años y tuvo entre sus muchos discípulos al padre de Maimónides. 


Entre los discípulos que estudiaron en la Academia de Lucena, bajo estos tres rabinos, se encuentra Isaac ibn al-Baliah (1035-1094) que terminó estableciéndose en la taifa de Sevilla y fue nombrado astrólogo del rey al-Mu´tamid. Alumno sobresaliente fue Moshé ibn ´Ezra, uno de los mejores poetas del siglo XI, el lucentino Isaac ibn Mar Sha´ul,  fue un estudioso del Talmud e introdujo novedades en la poesía sefardí. Coincidieron estos alumnos con la estancia temporal en Lucena de Yehudáh ha-Leví. Yoseph ibn Saddiq (1075-1149) nacido en Córdoba y educado en Lucena, fue poeta y filósofo. Más tarde se trasladó a Córdoba donde ocupó el puesto de dayyan de la comunidad entre los años 1138 y 1149. Su obra más importante se llama “microcosmos” compuesto de cuatro libros. Otros grandes eruditos que estudiaron en Lucena fueron Yonah ibn Yanah de Córdoba, fue un filólogo que se trasladó a Zaragoza y fue maestro de ibn Gabirol, Moshe ibn Chiquitilla, lingüista que se estableció en Zaragoza y que fue muy amigo de Samuel ibn Nagrella.

La historia de Lucena sefardí y la academia acabó bruscamente en 1145 cuando llegaron los almohades a la Península y obligaron a los no musulmanes a la conversión o expulsión. La escuela talmúdica debió cerrar sus puertas, los rabinos y sabios se dispersaron por distintos puntos de la geografía. El último gaon de Lucena Meir ben Yusuf ibn Megash terminó sus días en Narbona, después de pasar un tiempo en Toledo. Los demás eruditos marcharon hacia Cataluña, Toledo, Portugal y Francia. En Eliossana las sinagogas se convirtieron en mezquitas, hasta la conquista cristiana.  

En la actualidad, el Museo arqueológico de Lucena, situado en el castillo del Moral, alberga en su sala 6 piezas de su pasado sefardí. 

lápida funeraria de rabí Amicos 



Así mismo en el 2007, durante unos trabajos en la carretera de la Ronda Sur, se halló una necrópolis judía, la más grande hasta ahora de la Península. Aquí tienen un video sobre los reenterramientos en el año 2011. 




BIBLIOGRAFIA:

-   Lucena sefardita de Joaquín Pérez Azaústre – ciudades andaluzas en la historia, Fundación Jose Manuel Lara 2005
-       Literatura hebrea en la España medieval de Ángel Sáenz-Badillos, Fundación Amigos de Sefarad, Madrid 1991
-    Judíos españoles de la Edad de Oro (siglos XI-XII) de Antonio Antelo Iglesias, Fundación Amigos de Sefarad, Madrid 1991
-       Siglo XI en primera persona, memorias del rey abd ´Allah, último rey taifa de Granada – E.Levi-Provençal y Emilio García Gómez – Alianza Tres
-       www.sefardies.es -  Información sobre la cultura y la historia sefardi

-       Sefer ha-Qabbalah – Libro de la Tradición de Abraham ibn Daud, traducido del hebreo por Jaime Bages Tarrida, Granada 1922



lunes, 21 de abril de 2014

Una tarde en el hammam del Bañuelo – Granada

Una tarde en el hammam del Bañuelo – Granada

Por Elisa Simon

En esta ocasión, mi intensión es hacer un artículo sobre el baño del Bañuelo en Granada de forma diferente. Para ello los invito a retornar a tiempos de al-Andalus, concretamente a la época de las taifas, cuando en Granada gobernada el rey ziri Badis y en el barrio de Axares, junto al río Darro se encontraba el hammam al-Yawza, mandado construir por el visir Samuel Ibn Nagrella. Fatima, Aisha y Amina serán las jóvenes protagonistas, a través de las cuales conoceremos el Baño del Bañuelo. 



Como muchas tardes, Fatima, Aisha y Amina acudieron al hammam de su barrio de Axares, junto al río Darro en la ciudad zirí de Gharnata.

-- Anda, pasa tú primero, esta entrada es muy estrecha y recuerda saludar al recaudador, que siempre pasas de largo – le ordenó Fátima a su amiga Aisha en tono de broma.



-- Qué sí, incluso le sonreí. ¿Contenta?  – contestó Aisha risueña, mientras se giraba hacia atrás.  

Después de atravesar un recodo, las tres amigas llegaron al pequeño y acogedor patio con una hermosa alberca rectangular en el centro. Desde allí ya se escuchaba las risas de las mujeres y sus charlas en voz alta. Las adolescentes pasaron al vestíbulo o bayt al-maslaj, donde una encargada, algo gruesa y malhumorada, les extendió una toalla para cada una y unos zaragüelles. Guardaron sus ropas en las hornacinas abiertas en los gruesos muros de bayt al-maslaj.



Las tres chicas morenas y delgadas, de piel blanca, atravesaron una pequeña puerta e ingresaron en bayt al-barid o sala fría, donde se sentaron sobre unas tarimas en uno de los extremos, cerca de una pila, para refrescarse con agua fría. Compartían espacio con otras vecinas y familiares, por lo que el ambiente era muy afable y las muchachas se sentían a gusto. Esta sala rectangular y más luminosa que las demás, era de dimensiones pequeñas, tenía dos pilas de agua a ambos extremos y la cubría una bóveda de ladrillo con tragaluces estrellados (madawi).  



-- Descansemos un rato antes de pasar a la otra sala – propuso Amina

-- Dentro de poco es la boda de mi hermana mayor, será divertido venir aquí con todas las primas, amigas y vecinas para prepararla, para mi será la primera vez que participo – dijo Aisha abriendo sus ojos azabache, mientras se soltaba el pelo largo y ondulado.  

-- Pues más emocionante será cuando te toque a ti ser la novia – añadió Fátima

-- Ja, ja, ja ¡Eso lo quiero ver yo! A ver quién será el candidato adecuado para semejante carácter – exclamó Amina desde su esquina donde se había recostado sobre una estera.  

-- Venga, no digamos más tonterías, vamos a seguir, que luego siempre se nos hace tarde y en casa nos riñen – ordenó Aisha con decisión.

 Las amigas accedieron entonces a bayt al-wastani o sala templada, más tenue y grande, la mejor decorada del hammam, sus muros gruesos de argamasa estaban revestidos de estuco. Envueltas en toallas y con el calzado de madera notaron enseguida el calor proveniente de suelo y paredes, provocando una sensación agradable. Las jóvenes saludaron a las vecinas que estaban unas descansando, otras recibiendo masajes y del otro lado de la sala le estaban cortando el pelo a otras. Un grupo de mujeres que estaban sentadas en corrillo se giraron y las saludaron desde lejos. La sala estaba bastante llena, buscaron un hueco entre las columnas finas de mármol con hermosos capiteles califales y romanos y se sentaron sobre esteras. El suelo y las paredes emanaban calor, procedente de las tuberías de cerámica (atanores) por donde circulaba el agua, la cual era calentada por la caldera. El vapor cubría la sala abovedada y la luz tenue se abría paso a través de los tragaluces en forma de estrellas y octogonales, cerrados con cristales de colores. Los hijos pequeños de una vecina correteaban por las galerías de la sala templada. Unos hermosos arcos de herradura se apoyaban sobre los capiteles con cimacio. Allí las amigas se acomodaron y dejaron que el vapor de agua fuera poco a poco abriendo los poros de la piel. Mientras tanto, charlaban animadamente.


-- El otro día fui con mi madre al zoco. He visto una tela hermosa, de esas de Almería, en tono rosado que va muy bien con mi pelo moreno. Le insistí a mi madre que deseaba un vestido de esa gasa, pero no hubo caso – contó Amina

-- Claro, es que no es para nosotras, primero porque no tenemos aún la edad y además ese tipo de vestidos es para mujeres de la alta sociedad, como aquella que está sentada en la esquina – contestó Fátima

-- ¿Cual, a la que le están haciendo la manicura o a la que están tiñendo el pelo? – preguntó Aisha con curiosidad.

-- Bueno, cualquiera de las dos – respondió Aisha en voz baja

-- Esa mashita cristiana pinta el pelo como ninguna, cuando sea mayor me haré colorear mi melena como hace mi madre – comentó Amina, señalando a una de las empleadas del baño.

Después de un rato, las amigas pasaron a la sala más pequeña llamada sala caliente o bayt al-sajun, la más íntima y oscura e invadida por el vapor. Las chicas accedieron con el calzado de madera, para no quemarse los pies.  El pavimento de mármol sobre una cámara subterránea,  calentaba el suelo por el aire caliente que venía desde la caldera adjunta.  



Fatima, Aisha y Amina se dejaron enjabonar y con la ayuda de manoplas y estropajo, las empleadas frotaron con fuerza los cuerpos de las adolescentes arrastrando así las células muertas y cualquier tipo de toxina sobre la epidermis. Con unos cubos les echaban agua caliente para enjuagarlas. Sentadas extendían los brazos y las piernas, luego se doblaban un poco hacia delante para que le frotaran bien la espalda. El vapor que se levantaba del suelo caliente cada vez que caía agua, hacía bayt al-sajun casi irrespirable. Cuando eso ocurría, una encargada abría, con un mecanismo, los cristales de colores de los tragaluces de la bóveda de ladrillo. 
La caldera, junto a bayt al-sajun, debía tener leña suficiente para calefaccionar el baño durante todo el día. Para ello era necesaria la leñera (afiniya), a la cual se accedía por una puerta independiente y junto al hammam.  La caldera (al-furn) debía ser limpiada y mantenida por personal del hammam.  

Una vez acabado este proceso las chicas regresaron a la sala templada con la piel rojiza de tanto frotar y un poco doloridas.

-- Necesito un masaje en condiciones, esta vez, se emplearon bien, me han dejado destrozada – se quejó Fátima.

-- Si, yo quiero además que me masajeen con aceite de romero para relajar bien el cuerpo – añadió Aisha     

Las tres gozaron del masaje, que les dieron las mujeres del baño con sus fuertes brazos. Por unos minutos, el bullicio de la sala desapareció, Aisha cerró los ojos y se dejó llevar por el placer de sentir unos dedos recorriendo su espalda y sus piernas. Su mente la llevó hasta su amor platónico, Hamid. Es un vecino del barrio, un apuesto moreno de ojos verdes, bastante mayor que ella y fuera de su alcance. Aisha lo sigue con la mirada y suspira, cada vez que lo ve, pero  se cuida que nadie se dé cuenta de su secreto.

Fatima, una enamorada de la poesía andalusí,  mientras le masajeaban los pies, abrió los ojos y admiró la bóveda con esos madawi (tragaluces) de colores y recordó el poema del cordobés ´Amir Ibn Shuhayd

He sido presa del asombro por el encanto de nuestro hammam
Pues me he imaginado que el alba hacía su aparición;
El rojo y el blanco que estaban por encima de nosotros nos
Hacían creer que era la mejilla de amada cuando transpira.
Maravillado por la belleza de este baño,
El tiempo ha teñido los tragaluces del techo con los rubores del crepúsculo.

Amina, la más pequeña de todas, seguía soñando con su vestido de gasa rosado y que asistía a una gran fiesta, con manjares y música, rodeada de gente distinguida y de gran belleza. De repente, una palmadita la despertó de su letargo y el masaje había terminado.  


   
-- ¿Quieres que te depile las piernas? – le preguntó con amabilidad la mashita cristiana.

Amina accedió, mientras a Fátima le eliminaron las durezas de los pies con piedra pómez y a Aisha le lavaron el pelo con tierra de batán, luego la peinaron con un peine de marfil y se lo rociaron con esencia de violeta.
La mashita estaba manipulando la pasta depilatoria y estirándola sobre las piernas, cuando Amina escuchó los comentarios de un grupo de mujeres que estaban ahí cerca.

-- Desde luego, no se habla de otra cosa en la ciudad. Nuestro señor Badis, Dios le guarde, ha infligido una amarga derrota a los de la taifa de Sevilla. Pretendían quitarle el territorio al hermano de Badis, Tamim de Málaga – comentó la más mayor

-- Si pues, no les salió muy bien. Imagino la cólera del temible al-Mu´tadid de Sevilla, pero la culpa es suya, por su avaricia y su afán de querer convertirse en amo y señor de al-Andalus – añadió otra.

-- Dicen que su hijo fue enviado por su padre a aquella campaña contra Málaga, pero según cuentan, el joven no está hecho para el combate sino para la poesía. Dicen que desde su refugio en Ronda no cesa de enviarle poemas a su padre para que le perdone su falta cometida en Málaga – explicó una tercera mientras le cortaban el pelo.

Amina miró hacia sus amigas sin entender bien de qué se trataba el asunto y dejó de prestar atención a la conversación.

-- Mira, ahí está Soraya – señaló Fátima hacia una mujer joven

-- Si, fíjate, hace sólo unos días que dio a luz, está guapísima y se la ve muy feliz – comentó Aisha con una sonrisa.

-- Luego la vamos a saludar. Yo fui con mi madre a felicitarla a su casa. El niño es muy bueno, porque durmió todo el tiempo que estuvimos allí – le contó Fátima a sus amigas.

Charlaron de forma distendida con Soraya, antes de regresar a bayt al-barid (sala fría).

--  Vamos a sentarnos un rato para relajarnos antes de volver a casa - dijo Amina


Así quedaron Fátima, Aisha y Amina, descansando en el hammam al-Yawza …