un viaje por la historia y cultura del mundo andalusí a través de sus personajes, hechos,lugares y leyendas.La herencia musulmana, mozárabe y sefardí ha desplegado el amplio abanico de la sabiduría y el arte.
Los invito a un breve paseo a un
sitio mágico de Andalucía, la mezquita de Almonaster, en la sierra de sierra de
Aracena y picos de Aroche, provincia de Huelva. Se trata de uno de los
edificios andalusíes más antiguos de la Península.
En la parte más elevada de un
cerro se alza sobria y sencilla la mezquita de al-Munastyr. Según parece
pertenecía a uno de los iqlim (distritos) de la cora de Sevilla. El nombre
puede ser una asimilación al árabe de la palabra latina “monasterion”, probablemente debido a una iglesia monacal visigoda preexistente.
La mezquita albergaba a unos 300 hombres, que
vivían con sus familias en una pequeña medina fortificada y los fieles de las alquerías de los
alrededores. Estos andalusíes se dedicaban sobre todo a la explotación minera y la agricultura.
Paisaje y naturaleza en al-Andalus. F. Roldán.
Esta zona siempre había sido habitada, se sabe que sobre el emplazamiento de la mezquita, hubo
un edificio romano pagano, sobre el cual se construyó una iglesia visigoda. Sin
embargo, el arquitecto e investigador Alfonso Jiménez Martín confirmó en su
trabajo del año 1975, que la mezquita fue una construcción de nueva planta,
reutilizando los restos de aquellos antiguos edificios. La época de su
construcción, según el mismo arquitecto, la sitúa hacia finales del siglo IX y
principios del siglo X, es decir hacia finales de época emiral y principios
del califato, bajo abd ar-Rahman III. Para ello se basa fundamentalmente en el
mihrab, cuyas características lo sitúan en época temprana.
Plano hipotético de la mezquita. A.Jimenez Martín
Debido a lo accidentado del
terreno y el tipo de montaña rocosa, los arquitectos de la época debieron emplearse
a fondo para construirla, de ahí que su planta sea cuadrada pero con los
ángulos irregulares, así como su desnivel y el grosor de sus muros. La mezquita
construida en mampostería, ladrillo y tapial es un hermoso ejemplo de edificio
casi rural de gran sencillez pero elegante.
Se accede a ella por un pequeño
sahn o patio de abluciones excavado en parte en la roca del cerro, para luego
ingresar en el oratorio o liwan girando hacia la izquierda. Una pila circular
sirve para el ritual de purificación. Una vez en la sala de oraciones nos
encontramos con cinco naves, lo habitual en poblaciones de tamaño medio,
perpendiculares al muro de la qibla que está orientado al Sureste. Las naves
están separadas por arcos, en su origen de herradura y en época cristiana
reformados, sobre los que descansan columnas y capiteles de diversos orígenes,
unas romanas otras visigodas. En la parte central del muro de la qibla se abre
el mihrab. Según Alfonso Jiménez Martín, el nicho es arcaico, debido a su forma
cuadrada al exterior y semicircular en el interior cubierta con bóveda de horno.
El arco de herradura del mihrab está encerrado en un alfiz de ladrillo. Estas características pertenecen a una fecha hacia
finales del siglo IX.
vista y corte del mihrab. A. Jimenez Martín
Es probable que la mezquita
tuviera solo una puerta de acceso desde el lado norte, su escasa luz la recibía
del patio, la puerta y las tres estrechas ventanitas o saeteras abiertas en el
muro de la qibla.
La mezquita se cubre con un sencillo techo de madera y tejas.
Del alminar original sólo queda la parte inicial de la torre, siendo circular en su interior y cuadrado hacia
el exterior, pudiendo subir el almuecín a través de una escalera de caracol.
Hacia el siglo XIII la zona fue
conquistada por los cristianos y la mezquita comenzó a sufrir diversas
reformas. Se abrió en el muro este, el ábside mudéjar, donde se sitúan restos visigodos,
a su lado se levantó la sacristía. Más tarde, hacia el siglo XVI se abrió el
pórtico en el muro opuesto, se levantó el campanario y se usó como templo
cristiano hasta la construcción de la nueva iglesia.Hoy en día interesantes vestigios visigodos adornan los muros de la mezquita.
ermita en su estado actual. A. Jimenez Martín
El castillo en el centro del cual
se sitúa la mezquita, tiene planta poligonal con una superficie de más de 8.000
metros cuadrados. Sus torres y muros pertenecen a distintas épocas andalusíes y
se encuentran en diferentes estados de conservación. De este castillo no queda
casi nada en pie, ya que una vez perdida su función, cayó en desuso y poco a
poco se fueron aprovechando sus restos para otras construcciones, como la de la
plaza de toros en el siglo XIX.
Desde hace varios años, en la
localidad de Almonaster se celebran las jornadas de cultura islámica, durante
las cuales no solo se ofrecen conferencias y mesas redondas sino que en el
pueblo se organiza un zoco medieval y otros eventos culturales en relación con
su pasado andalusí.
NOTA: Los planos de la mezquita pertenecen al
arquitecto Alfonso Jiménez Martín.
BIBLIOGRAFIA:
-La mezquita de Almonaster.
Alfonso Jiménez Martín. Instituto de estudios onubenses “padre marchena”
Diputación provincial de Huelva 1975
-Paisaje y naturaleza en
al-Andalus. Fundación Legado Andalusí. Fátima Roldán Castro.
-La mezquita de Almonaster y
su evolución histórica. Alfonso Jiménez Martín. Actas de jornada cultural
islámica “espiritualidad y convivencia en al-Andalus”, Fátima Roldán Castró.
Universidad de Huelva, 2006.
-Agricultura y poblamiento
rural en Sevilla durante la época ábadí. Ahmed Tahiri. Area de cultura,
Ayuntamiento de Sevilla 2001.
Cuatro fueron los años
de prisión del rey al-Mu´tamid. Para saber cómo llegó a esa penosa situación
debemos repasar un poco la historia.
En el año 1085
al-Andalus se quebró por el centro, cuando el rey de León Alfonso VI tomó la
taifa de Toledo. Un enorme trastorno supuso la pérdida de ese territorio, porque la frontera andalusí bajó desde la línea del Duero hasta
la del Tajo.
La fuerza cada vez
mayor del ejército leonés ponía en graves apuros a los reinos taifas, quienes por
su parte, eran poco proclives a unir sus fuerzas, buscaron apoyo militar en el cada
vez más consagrado Imperio Almorávide del norte de África.
Su líder era Yusuf ibn
Tashfin. Pero, ¿quiénes eran los almorávides? Para sintetizar diremos que eran
tribus del Sahara que seguían las doctrinas de su líder espiritual Ibn Yasin.
Sus seguidores vivían en ribat o convento-fortalezas hasta que decidieron
expandir su filosofía a todos los rincones del Magreb. Unieron así a casi todas
las tribus bereberes bajo una misma bandera, la Almorávide.
Mientras tanto, en
al-Andalus, los príncipes taifas sufrían razzias y pagaban parias a los
cristianos, pero todo parecía insuficiente. Incapaces de unir sus fuerzas, los
gobernantes buscaron apoyo militar en el exterior, entre sus hermanos de
religión, los Almorávides.
Comenzó así una
relación política y militar entre al-Andalus y el Imperio Almorávide del
Magreb. En dos ocasiones prestaron apoyo militar efectivo para luchar contra los
cristianos del norte. Finalmente, viendo la desastrosa y peligrosa situación en
que se encontraba al-Andalus, Yusuf ibn Tashfin, siguiendo los consejos de los
alfaquíes, decidió destronar a los príncipes taifas.
Cruzó una tercera vez
el estrecho en el año 1090. Después de enviar al exilio a los gobernantes de
Granada y Málaga, avanzó con su ejército poco a poco hasta llegar a las puertas
de Sevilla. La ciudad, sufrió un asedio y un ataque final encarnizado, donde el
rey al-Mu´tamid salió al combate buscando una muerte heroica. Todo fue en vano,
lloró por sus hijos muertos y se vio forzado a rendirse. Corría el mes de
septiembre del 1091.
Yusuf dio orden de
destierro. Encadenado y acompañado de gran parte de su familia, entre ellos
Itimad, los hijos e hijas pequeñas, y el príncipe heredero ar-Rashid, fue
enviado al Magreb como prisionero. La población, conmocionada aún por el
sangriento asalto, se acercó al muelle de la sal para despedir al que fue su
señor. El poeta amigo del rey al-Mu´tamid, Ibn al-Labbana lo describió así:
“Olvidaré
todo, salvo la mañana del Guadalquivir,
En
la que los miembros de la familia principesca
Estaban
en los navíos como cadáveres en sus tumbas.
El
pueblo se agolpaba en las dos orillas y
Contemplando
con asombro esas perlas flotando
Sobre
la espuma del agua.
Los
velos de las mujeres bajados,
Hacían
que las doncellas no tuvieran escondido el rostro
Y
sus faces se desgarraban como se hubiera hecho con mantos preciosos.
Cuando
llegó el momento de los adioses,
Mujeres
por las que lo hubieran dado todo
Y
hombres prestos a sacrificar su vida,
Lanzaban
gritos desgarradores.
Los
navíos partieron acompañados de lúgubres lamentos
Como
camellos a los que el camellero, cantando, empuja hacia adelante.
¡Cuántas
lágrimas corrieron hacia el río!
¡Cuántos
jirones de corazones se llevaron aquellas galeras! “
Aquellas galeras
llegaron al puerto de Tánger, donde la presencia del rey atrajo a los poetas
tangerinos. Conocida es la anécdota de al-Husri, quien le dedicó unos versos al
rey esperando una recompensa generosa. Al-Mu´tamid sólo pudo darle unas cuantas
monedas que tenía escondidas en el zapato.
El viaje continuó
hacia Meknés, donde permaneció un tiempo y donde coincidió con otro rey taifa
destronado, Abd Allah de Granada.
Finalmente, un duro y
penoso trayecto en una incómoda caravana lo condujo hasta la ciudad de Aghmat,
que está situada a unos 30 km al sur de Marraquech en el valle del Ourika y al
pie del Atlas.
El rey al-Mu´tamid
llegó a esta ciudad que gozaba de gran apogeo y servía aún de cuartel general
de los almorávides. Los geógrafos la describen como una ciudad próspera, un
territorio bien acondicionado gracias a un intensivo aprovechamiento agrícola a
través de la irrigación y un fructífero comercio caravanero. Aghmat disponía de
una fuerte moneda de oro acuñada localmente, el dinar almorávide. Yusuf
había fundado ya la nueva capital almorávide, Marraquech, y pronto toda esa
opulencia se trasladaría a esa ciudad, quedando Aghmat poco a poco en el
olvido.
A esta ciudad de
Aghmat arribó el depuesto rey al-Mu´tamid, donde fue recluido en una fortaleza
junto a otros presos, donde comenzó su duro cautiverio, a lo largo del cual desarrolló una inspiración poética aún mayor si cabía.
Versos derramando lamentos,
lágrimas, añoranza de Sevilla y sus palacios, suspirando deseos y sueños. En
rima brotaban palabras llenas de sentimiento, el
dolor y la frustración al ver a sus hijas pequeñas sin zapatos, al ver la
mirada triste y apagada de Itimad, y los harapos que vestían sus hijos.
Su familia permaneció
en Aghmat, junto al rey, al que visitaban con frecuencia. Itimad y sus hijas e
hijos sobrevivían como podían realizando trabajos de hilandera. Los hijos
mayores, como ar-Rashid, se ganaban la vida como escribas o copistas en
Marraquech. La angustia por los hijos de los cuales no sabía nada oprimía el corazón del rey cautivo.
El rey poeta recibió visitas de sus amigos y cortesanos, como su buen y fiel
amigo ibn al-Labbana o Ibn Hamdis, con los que desahogaba su dolor, expresado de esta manera:
Yo
era el aliado del rocío
el
señor de la tolerancia
amado
por las almas y
los
espíritus.
Mi
mano derecha era generosa
el
día del regalo
y
cegaba la vida
el
día del combate.
Mi
mano izquierda sujetaba las riendas
que
lanzaban los caballos
al
campo de batalla
Y
hoy, soy rehén de las cadenas
y
la pobreza, preso, deshonrado,
ave
de alas rotas.
Sin
responder
a las súplicas de la gente que viene a mi.
ni
a los que piden el día del perdón.
La
alegría que conocíste
se
ha vuelto tristeza
y
las penas han apresado mi optimismo.
Mírame,
es penoso para los ojos,
mientras
que antes
era
una alegría para la vista.
Una alegría recibió
al-Mu´tamid cuando supo acerca de su hija Butayna. Ella había
desaparecido cuando el alcázar fue asediado por los almorávides. Butayna fue
hecha prisionera y vendida como esclava a un comerciante de Sevilla. Éste se la
regaló a su hijo, quien demostró ser honesto y casto. Ella le exigió que para
poseerla debían estar casados y con el consentimiento de sus padres.
De esta manera, Butayna trazó un lindo poema donde le cuenta a su padre lo que le había ocurrido y le
pide su bendición para contraer matrimonio. Aquel poema lo llevó en mano su
prometido. El rey e Itimad, se alegraron dentro de las circunstancias, dieron
su aprobación y bendición para su hija. El prometido regresó a al-Andalus con
el contrato matrimonial firmado por el que fuera rey de Sevilla.
Estando en aquella
fortaleza junto a los otros reclusos, había algunos con dotes poéticos, que pronto
se acercaron al rey al-Mu´tamid para al menos, alegrar su espíritu con algunas
improvisaciones en verso. El rey le dedicó un poema cuando aquellos poetas reclusos
fueron liberados.
Unos años más tarde,
otra noticia causó gran tristeza en el corazón del cautivo. Su hijo Abd
al-Yabbar se había quedado en al-Andalus y encabezó un ejército con la
intensión de recuperar el trono para su padre. Se enfrentó a los almorávides y
durante dos años los combatió desde su cuartel general en los castillos de
Montemayor y Arcos en la sierra de Cádiz.
Este suceso tuvo
consecuencias directas para el bienestar del rey en prisión. Se ordenó su
refuerzo de cadenas y las visitas fueron prohibidas. La angustia del rey se
hacía insoportable. El temor por la vida de su hijo, la falta de comunicación
con los suyos y las heridas que le causaban las cadenas en sus tobillos y
muñecas, le hacían desear la muerte.
Malas noticias llegaron
en el año 1095, cuando supo que Abd al-Yabbar había sido alcanzado por una
flecha almorávide. Ya no tenía más lágrimas para llorar a otro hijo muerto. Se
sumó a este dolor una gran aflicción cuando su esposa Itimad cayó enferma.
Logró enviar un mensaje al gran médico ibn Zuhr, que casualmente estaba en
Marraquech. Parece ser que asistió a Itimad pero no pudo salvar su vida. Itimad
murió solo una semana después de la muerte de una de sus hijas mayores.
El rey por su parte, no pudo soportar ya más
dolor, según parece estaba aquejado de una enfermedad y murió tan solo unos
meses después de su amada Itimad. Corría el mes de Octubre del año 1095. El siguiente poema refleja la añoranza del rey por Sevilla y el deseo de ser enterrado allí.
Quisiera
saber,
si
pasaré otra noche
en
aquel jardín, junto a aquel estanque
entre
olivares, herencia de grandeza,
el
forcejeo de las palomas
y
el trinar de los pájaros.
En
el palacio de al-Zahir,
bajo
la lluvia de primavera,
respondiendo
a los giños
de
la cúpula de al-Turayya
mientras
que el alcazar de al-Zahir
con
su sombra y su luz
nos
lanza una mirada
de
amante que espera
No
sé, si es fácil o difícil
de
conseguir ,pero
la
voluntad de Dios
se
acepta.
Ojalá,
Dios decida
que
muera en Sevilla
y
que Él abra allí
mi
tumba, el último día.
Desde
entonces y hasta hoy día, los incondicionales del rey al-Mu´tamid de Sevilla,
visitan su tumba en Aghmat. Grandes personajes de la historia de al-Andalus así
lo hicieron, como el visir Ibn al-Jatib, el cronista al-Maqqari, el padre de la
patria andaluza, Blas Infante, que dijo “el rey no ha muerto, duerme aún…” y muchos otros
historiadores, políticos, geógrafos, periodistas, ensayistas, etc.
En
2010, la Asociación Amigos del Legado Andalusí, realizó un viaje a Aghmat para
rendir su segundo homenaje al rey al-Mu´tamid, formé parte de aquel grupo de
amantes de al-Andalus y le escribí una carta al rey de Sevilla. Aquí dejo un
fragmento de la misma…
“Rey
al-Mu´tamid, a medida que se acercaba la fecha para venir a rendirte homenaje
mi inspiración se esfumaba. Ya te había escrito unas cuantas páginas, pero las
he descartado todas.
Procedo
de tierras lejanas allende el mar de las tinieblas. El destino me trajo a
Sevilla, donde te conocí. Los muros ocultos de Qasr al-Mubarak me contaron de
ti, el sahn de ibn al-Adabbas te
recuerda con cariño, el wadi el-kebir, sigue majestuoso su curso y aún te
llora, ax-Xaraf sigue presumiendo de
herencia de grandeza y la cúpula de al-Turayya se impone en el horizonte.
Te
conocí a través de la pasión que sentías y expresabas por los que amaste con
locura y seguramente aún amas.
Conocí
a la Gran Señora de Sevilla, gracias a tus versos donde plasmabas su mirada, su
magia, su encanto y su fragancia.
Gracias
a ti, conocí a ibn Ammar entre los muros rojizos del palacio de las Varandas de
Silves, donde aún parece escucharse las risas festivas entre copas de cristal. Te conocí por la amargura de tus lágrimas
derramadas por tus hijos muertos. Pienso que no hay dolor igual.
Conocí
tu sensualidad envuelta en delicadas sedas finas, en el sabor del vino fresco,
en el retozar con blancas gacelas, en el balanceo de una barca en un recodo del
río, en el calor de las estrellas y la sonrisa de la luna.
Elisa Simon
NOTA: - La música que acompaña el video pertenece a "La Llamada de Al-Andalus" Ensemble de Eduardo Paniagua, Pneuma. 1.- Nawá Shanbar. Andalusí de Túnez. Eduardo Paniagua. 2.- Oh cria de gacela... Cálamus, Begoña Olavide, Eduardo Paniagua. 3.- Las noches del encuentro. Eduardo Paniagua 4.- Twishya Isbihan. Eduardo Paniagua - Las fotos del día de homenaje al rey al-Mu´tamid pertenecen a mi amigo Rafael López, miembro de la Asociación de Amigos del Legado Andalusi, que tuvo la generosidad de suministrarme todas las fotos de aquel lindo día. Gracias Rafael ! - La
Asociación de Amigos del Legado Andaluside Sevilla, es una
asociación cultural sin ánimo de lucro, aconfesional y apolítica, que se dedica
a la difusión de la historia de al-Andalus en todos los campos. Así mismo, los
asociados buscamos y disfrutamos de las huellas andalusíes allí donde se
encuentren. Su presidente es Mario José Mañas López y un muy querido amigo personal
al igual que su esposa Rosa.
BIBLIOGRAFIA:
-al-Mu´tamid y
los Abadíes, el esplendor del reino de Sevilla. Pilar Lirola Delgado. Editado
por la Fundación Ibn Tufayl de Estudios Árabes.
-Al-Mu´tamid,
Poesía. Antología traducida por Miguel José Hagerty. Editado por Antoni Bosch.
-Al-Mu´tamid Ibn
Abbad, Poesías. Antología bilingüe por María Jesús Rubiera Mata. Instituto
Hispano-Arabe de Cultura
-Traducción de
los dos poemas en versión del profesor Rafael Valencia, tomados de muchas de
sus conferencias a las que tuve el gusto de asistir.
-Los Almorávides.
Jacinto Bosch Vilá. Universidad de Granada, colección Archivum.
-El siglo XI en
1º persona. Las memorias de ´Abd Allah, útlimo rey zirí de Granada, destronado
por los almorávides (1090). Traducidas por E. Levi-Provençal y Emilio García
Gomez. Alianza Editorial.
-La Sevilla
Islámica. Historia de Sevilla, Jacinto Bosch Vilá. Universidad de Sevilla.
-Historia de
España, Ramón Menéndez Pidal tomo VIII/2 editorial espasa-calpe
La
presencia judía en la Península se remonta a época romana. Después de
sobrevivir a los visigodos, los sefardíes jugaron un papel importante durante
la conquista musulmana del 711, apoyando y ayudando a los hombres de Musa y
Tariq en su avance por la Península. A lo largo de los siglos de época
andalusí, los sefardíes alcanzaron su máximo esplendor en todas las facetas. En
al-Andalus, los judíos o yahudiyyun, integraban la llamada “ahl ad-dimmi”, es
decir, la familia o gente protegida por el Islam, al considerarlos “gentes del
Libro”. El estado musulmán exigía el pago de un impuesto de capitación llamado yizya.
Organización
de las comunidades judías en al-Andalus:
Las
comunidades sefardíes en al-Andalus, contaban con una figura principal, llamado
nasí o nagid. Debía ser una persona honrada, honesta, culto, de gran prestigio,
estimado por los suyos. Uno de los mejores ejemplos de nasí de al-Andalus, es
la figura de Hasday Ibn Shaprut, del cual ya hablamos en otros artículos de
este blog. El cargo de nasí lo nombraba el gobierno andalusí. Sus funciones más
importantes consistían en ocuparse de los asuntos comunitarios en territorio
andalusí, mantener contacto con otras
comunidades judías fuera de al-Andalus, representar a los sefardíes frente al
gobierno andalusí.
Cada
comunidad contaba con dos autoridades, elrabino para temas religiosos y
el dayyan o juez para arreglar los litigios internos.
Emplazamiento
de las juderías en al-Andalus:
En
general, las juderías andalusíes no estuvieron cercadas. En muchos casos se
trataba de arrabales o barrios periféricos a la medina, situados en los caminos
principales de las ciudades. Las juderías solían estar cerca de un edificio del
gobierno, podían también estar localizadas pegadas a las murallas de las
ciudades, bien intramuros o bien extramuros.
La
vida diaria giraba en torno a la sinagoga, el mercado, la escuela, la casa.
Centrándonos en Sevilla, debemos dar un previo repaso a la estructura de la
ciudad en aquellos tiempos.
Judería
andalusí de Sevilla:
En
cuanto a su emplazamiento, las fuentes son escasas, otras son confusas, tampoco
se han realizado trabajos de investigación arqueológica, por lo que el grueso
de este artículo es una hipótesis, una teoría de dónde podrían haber estado
localizadas las juderías andalusíes.
Siguiendo
las pocas pistas nos llevan a tres entornos de Sevilla: la actual parroquia de
la Magdalena, parroquia de San Lorenzo y parroquia de San Pedro.
-San
Pedro:
siguiendo las características estructurales de las ciudades, este entorno
cumple, por decirlo de alguna forma, todos los puntos antes descritos: En época
califal, taifa y almorávide existía un palacio administrativo llamado
al-Mukarram. Es curioso que una de las calles donde estaría su emplazamiento,
se llame hoy día, Alcázares. Contaba con salida a dos caminos importantes hacia
el norte de la ciudad, lo cual facilitaba la entrada y salida de mercaderías. Una
zona de la judería estaría pegada a la muralla califal, como se puede apreciar
bien en el mapa del video. Hoy en día se encuentran en esa zona de Sevilla,
tres Iglesias, dos de ellas mudéjares, de pequeñas dimensiones. ¿Podrían haber
sido antiguas sinagogas?
-Magdalena:
revisando las características y observando el plano del video, situamos esta
teoría fuera de la muralla califal. Y no solo eso, sino que la judería estaría
separada de la medina por un brazo del río Guadalquivir. Sigamos esta
hipótesis. La judería estaría cerca de una de las puertas de acceso a la
medina, una de las más importantes, ya que por ella entraban los productos y
mercadería tanto de la zona del aljarafe como del puerto fluvial. No olvidemos
que el puente de barcas no se construye hasta la llegada de los almohades,
hasta entonces el transporte se debía hacer con barcas. Debemos situar el
muelle de la Sal no muy lejos del emplazamiento de esta segunda teoría de la
judería andalusí. Muchos sefardíes trabajaban en el puerto, como mercaderes o
comerciante de productos de lujo, como telas, perfumes, libros, joyas,
procedentes de países mediterráneos. Situar la judería en este enclave podría
tener su lógica, a pesar de quedar extramuros, ya que tendrían cerca la
actividad comercial del puerto y fácil acceso a la medina.
-San
Lorenzo: en
este caso, la teoría no guarda las características arriba indicadas. Pero
empecemos desde el norte, apoyándonos en el mapa del video. Vemos una laguna,
la buhayra grande, que en tiempos abbadíes fue disecada, pero no del todo.
Aquella laguna media seca se convirtió con el tiempo en un vertedero
extramuros. Siguiendo el mapa, en esa parte, la muralla da un giro bastante
pronunciado y no hay ninguna puerta de acceso a la medina. En aquella zona no
había ningún edificio del gobierno. Parece que el rey al-Mu´tamid tenía junto
al río un palacio de verano, más o menos donde se sitúa hoy el convento de San
Clemente. Sin embargo, según mi humilde opinión, veo este emplazamiento teórico
con poca base. Está muy alejado de la medina, sin acceso a ella y junto al
vertedero de la ciudad. Teniendo en cuenta la importancia que alcanzó la
judería en el siglo XI, no me cuadra que estuviera localizada en un entorno
semejante.
Resumiendo
estas hipótesis y dando una opinión personal, pienso que la localización de la
judería andalusí más razonable es en la zona de San Pedro.
Desarrollo
de la judería andalusí:
Aprovechemos
para dar un repaso general a la historia de la judería andalusí de Sevilla a
través de sus personajes ilustres:
Durante
el período emiral y califal, la judería sevillana, vivió a la sombra de la de
Córdoba, pero no por eso fue menos próspera, su rabino se llamaba Saadia ben
Joseph. En general, los sefardíes se dedicaron al comercio fluvial y
terrestre, la artesanía y la medicina. Después de la caída del califato y
durante la fitna o guerra civil, (1023- 1031) los sefardíes, al igual que todos
los andalusíes, apoyaron a unos y otros dirigentes que ocuparon el moribundo
trono califal. La creación de los reinos de taifas, provocó un peregrinaje de
los científicos y literatos que buscaban un mecenas. Así, Granada, Sevilla o
Zaragoza recibieron familias sefardíes ilustres que destacaron en política y
las ciencias. Familias nobles sefardíes que alcanzaron gran fama a lo largo del
siglo XI son: Los Baruch al-Balia, Los Ibn Muhajir, los Ibn Azhar, los ben
Migash, los Ben al-Yatom, los Abrabanel.
La judería andalusí llegó a su máxima
extensión en el siglo XI, bajo la dinastía abbadí. El proceso se debió a una
serie de oleadas de sefardíes, que huyendo de otras taifas, encontraron refugio
en Sevilla. Hubo una primera llegada de cordobeses a principios del siglo XI.
Más tarde, en el 1066, arribaron a Sevilla un gran número de sefardíes
granadinos, los cuales abandonaron Granada, a raíz de la revuelta popular
después del asesinato del visir judío Joseph ibn Nagrella (hijo de Samuel Ibn
Nagrella). Una tercera oleada se produjo después de la caída de Toledo en el
1085. Este suceso causó una gran conmoción en todo al-Andalus y a todos los
niveles. El mapa de al-Andalus se redujo de forma alarmante, mientras el rey
leonés Alfonso VI no cesaba de hostigar, con razzias y exigiendo más y más
dinero de los reyes taifas. La pérdida de Toledo supuso el principio del fin de
los reinos de taifas.
Familias
ilustres de la judería:
Las
familias más ilustres y ricas encontraron
su lugar entre los cortesanos del rey al-Mu´tadid y su hijo el rey
al-Mu´tamid. Isaac ben Baruch al-Balia, ocupó el cargo de nasí de la taifa
sevillana y formaba parte de la corte como matemático y astrónomo. Isaac ben
Baruch Al-Balia (Córdoba 1035 – Granada 1094) fue un gran talmudista y
rabino de Sevilla. Procedía de una de las familias judías más antiguas de la
Península. Según parece se habían asentado primero en Mérida en época romana,
hasta que se trasladaron en un momento dado a Córdoba, donde formaban parte de
la élite sefardí. Ben Baruch, coleccionaba libros, logró así reunir una
importante biblioteca, la cual convirtió en un centro de enseñanza para los
sefardíes.
Bajo
los reinados de al-Mu´tadid y al-Mu´tamid ocupó el puesto de visir el sefardí Abraham
ben Meir ibn Muhajir, mientras que su hermano Abu Sulayman ibn Muhajir se dedicó a la poesía de la corte
junto con Abu al-Fath Eleazar ibn Azhar.
Un
sevillano ilustre fue el talmudista Joseph Meir ben Migash (1077 – 1141).
De familia influyente, recibió una esmerada educación. Su padre lo envió a
Lucena a estudiar en la escuela talmúdica. Allí fue el discípulo del gran sabio
Isaac ben Jacob al-Fezí, quien lo tomó como un hijo y le enseño durante
14 años el Talmud y demás ciencias. Cuando al-Fezí, director de la academia
estaba al final de su vida, dejó escrito que fuera el joven ben Migash quien lo
sucediera. Así fue. Tenía ben Migash 26 años cuando se hizo cargo de la
dirección de la Academia de Lucena. Estuvo al frente de ella 38 años, durante los cuales la Academia alcanzó su
máximo esplendor. El padre de Maimónides estudió allí.
Bajo
los almorávides alcanzó gran fama el sevillano Abu Ayyub Sulayman Mu´allím
al-Yahudi, médico de la corte almorávide de Alí ibn Tashufin. Según parece
se trasladó con él a Marraquech. Compartió la corte con el sefardí Abu-l-Hasan
Abraham ben Meir ben Kamneil, como diplomático.
La
primera etapa almohade provocó que muchas familias emigraran a otros sitios,
debido al ambiente hostil de los primeros tiempos. Los sefardíes sevillanos llegaron
a ciudades como Gerona, Barcelona o Toledo, así como a distintas ciudades a lo
largo del Mediterráneo, como Fez o el-Fustat (El Cairo), por ejemplo. La
judería inició un periodo de decadencia. Los motivos pueden ser por la
disminución de sefardíes, así como su pérdida de influencia en política y
economía. Hay que recordar también las enormes obras de expansión y
embellecimiento que tuvo Sevilla bajo los almohades, lo cual transformó la
vieja medina en una ciudad capital de al-Andalus.
En
1248 el rey Fernando III conquistó Sevilla. Se produjo el repartimiento de la
ciudad y entregó un distrito a los sefardíes (hoy Santa Cruz y San Bartolomé),
es decir, que había una comunidad judía en Sevilla en el momento de la caída de
los almohades. Fernando III hizo una maniobra repetida a lo largo de la
historia, con el fin de debilitar un grupo o comunidad de una ciudad: desplazó la
judería andalusí hacia la zona de los actuales barrios de Santa Cruz y San
Bartolomé, la nueva judería.
“AL-MUTAMID Y LOS ABBADÍES, el
esplendor del reino de Sevilla (s.XI) Editorial Fundación Ibn Tufayl de Estudios Árabes www.ibntufayl.org
Hace un año recibí un
correo de la fundación de las tres culturas para invitarme a la presentación de
un libro. Cuál fue mi entusiasmo al leer, que se trataba de un libro sobre el
rey al-Mu´tamid y su dinastía. ¡No podía faltar! Me senté en primera fila, en
la biblioteca de la fundación del pabellón de Marruecos con mis cinco sentidos
atentos para empaparme de lo que allí se estaba a punto de contar. Como siempre,
el profesor Emilio González Ferrín, presentó a la autora. Una mujer joven, con un enorme
curriculum y aún mayor conocimiento de al-Andalus y la lengua árabe. Pilar
Lirola Delgado, licenciada en Filología Semítica (sección Árabe e
Islámica) en la Universidad de Granada (1988) y doctora por la misma
universidad (1993). Después
de la presentación por parte del profesor Emilio González Ferrín, Pilar comenzó su
conferencia contando cómo y qué le llevó a escribir el libro. “al-Mu´tamid y
los Abbadíes, el esplendor del reino de Sevilla”, se divide en nueve capítulos. Se trata de un libro de consulta para el estudio de
la historia de Sevilla en el siglo XI. Para ello se basó en las fuentes árabes,
donde Pilar se sumergió para desarrollar en varios capítulos la vida del rey
al-Mu´tamid y la dinastía Abbadí desde sus orígenes hasta el trágico final rey de
Sevilla. Pero no se quedó ahí, Pilar dedica un capítulo entero a Rumaykiya,
vista desde las fuentes árabes y la leyenda que envuelve su historia. La autora
explica en otro capítulo, con todo lujo de detalles, la historia de los hijos
del rey al-Mu´tamid. Este libro supone una herramienta fundamental para quienes
estamos siempre ávidos de conocer más sobre este período histórico. La
conferencia se hizo corta. Al finalizar, aplaudimos con entusiasmo. Me acerqué
a Pilar para felicitarla por su obra y muy amable no sólo me firmó su libro y
escuchó mi pasión por el rey al-Mu´tamid, sino que desde ese momento
permanecemos en contacto. Gracias Pilar.
DATOS DE LA AUTORA:
Pilar Lirola (Dalías, Almería, 1964) es
licenciada en Filología Semítica (sección Árabe e Islámica) en la Universidad
de Granada (1988) y doctora por la misma universidad (1993). Amplió su
formación con estancias de estudio e investigación en diversos países árabes
(Marruecos, Egipto, Túnez, Siria, Yemen, Libia y Jordania) y en la Universidad
de Londres. Ha dado clases en las universidades de El Cairo, Granada y Cádiz.
Desde 1997 es Profesora Titular del Área de Estudios Árabes e Islámicos en la
Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Cádiz. Su investigación y
publicaciones están relacionadas, por una parte, con el mundo árabe
contemporáneo, con trabajos como: Aproximación al teatro egipcio moderno (1990);
El teatro egipcio a escena, cuatro dramaturgos, cuatro obras (1991); El
universo dramático de Yūsuf Idrīs: Egipto, una preocupación constante (1995);
Yúsuf Idrís y su obra teatral El Payaso (1996), Yúsuf Idrís. Una
cuestión de honor (traducción del árabe, 2003); o Teatro árabe en
español: bibliografía de estudios, textos y traducciones (2008). De otra
parte, también ha explorado nuestro pasado árabe e islámico, y ahí se
encuadran, entre otros trabajos, su labor de colaboración en la Biblioteca
de al-Andalus desde hace más de una década.
Mientras preparo el próximo artículo, me gustaría recordarles la noticia que saltó el verano pasado en Sevilla. Este artículo de la prensa sevillana ABC, guarda cierta relación con el tema del pasado post "Un paseo por Sevilla", donde justamente hacía una breve referencia al complejo sistema defensivo de la ciudad almohade.
Después de que Patrimonio parara las obras,
un empresario privado logró reanudarlas y el arqueólogo Gregorio Mora dio con
los restos de la que ya se conoce como «Torre del Bronce»
ALBERTO GARCÍA REYES/SEVILLA
Día 29/06/2012 -11.16h
Tras las paredes enfoscadas del bodegón
que se ubicaba en el número 1 de la calle Santander, en laCasa de la Moneda, se ocultaba una torre
almohade,la tercera en línea recta desde el ríoen dirección a la
Giralda. El hallazgo ya ha sido incluido ya oficialmente en el inventario de laConsejería de Culturay se ha producido
gracias al empeño de un empresario sevillano afincado en Lérida, propietario
del grupo Piamontesa, por rescatar los restos del inmueble durante las obras
para montar un restaurante.
La torre está partida por la mitad,
pero se ha podido restaurar su esqueleto de tapial
Tras laTorre del Oro y la de
la Plata, ha aparecido otra deplanta cuadradacon la típica construcción de tapial
almohade justo a la altura de lo que en el Renacimiento fue la Casa del
Tesorero, lugar en el que este funcionario real hacía el recuento de riquezas de
la Casa de la Moneda.
El arquéologo responsable se llama Gregorio Mora y no daba
créditocuando, al picar, descubrió unos
ladrillos finos que no tenían nada que ver con los del siglo XVI. «Los
resultados han sido muy buenos aunque ya sabíamos que en ese sitio había una
carga patrimonial muy importante». No obstante, «la torre está prácticamente
partida por la mitad» y ha sido fechada entre finales del siglo XI y principios
del XII, por lo que es anterior incluso a la Torre del Oro. «Forma parte del
recinto defensivo que fue la Casa de la Moneda con anterioridad a la
implantación de la fábrica tras el descubrimiento de América, estaba insertada
en la ampliación de la muralla del Alcázar para defender el río, donde se hizo
una especie de alcazaba».
Entre los expertos que han visitado el lugar ya se ha bautizado
el hallazgo como «Torre del Bronce», aprovechando su posición en línea con
las otras dos y sabiendo que los nombres de la Torre del Oro y de la Plata
también se pusieron siglos después de su construcción con la llegada de las
riquezas americanas. Pero Mora aclara que se trata de una torre que no estaba
documentada y que, «al formar parte del recinto defensivo, en principio
carecería de nombre».