sábado, 16 de febrero de 2013

Un paseo por Sevilla



Un paseo por Sevilla
Por Elisa Simon

¡Oh, Sevilla, te pareces, cuando el sol está en el ocaso,
A una desposada esculpida en la belleza!
El río es tu collar, la montaña tu corona,
Que el sol domina como un Jacinto.
(Ibn Hisn, s.XI)

Los invito a dar un paseo por Sevilla para descubrir algunas de sus huellas andalusíes. En realidad el legado andalusí no siempre está visible, pero como dice un buen amigo “si rascas un poco, aparece”. Les quiero mostrar sólo algunos de los más conocidos monumentos andalusíes. Así que ¡pongámonos en marcha!
Comenzamos en Bab al-Faray, hoy conocida como la puerta de Jerez, hasta el postigo y torre de Abd al-Aziz, que forman parte del sistema de fortificación del alcázar almohade. Entre el postigo y la torre se oculta entre edificaciones la muralla que los unía. Recordemos un instante a Abd al-Aziz ibn Musa ibn Nusayr, fue el primer gobernador de al-Andalus y como su nombre indica era el hijo de Musa, quien conquistó la Península junto con Tariq al principio del siglo VIII.
Cuando llegaron los almohades en el siglo XII, se afanaron en construir un complejo sistema defensivo, donde se entremezclan murallas y torres que corresponden al recinto del alcázar con otras tantas pertenecientes a la defensa de la ciudad. Según parece la intensión era proteger el nuevo centro político y religioso almohade conformado entre la mezquita y el alcázar.


Mapa de emplazamiento del antiguo alcázar y cerca de Sevilla. Se puede ver en el  margen izquierdo, el emplazamiento de la primera mezquita, hoy Iglesia del Salvador. 


Alcázar, palabra de origen árabe (qasr) que significa fortaleza palatina, ya que tenía la función de residencia para el gobernador, señor o príncipe andalusí además de centro político y militar. Hoy en día, el alcázar de Sevilla guarda pocas huellas andalusíes. Los avatares de la historia se fueron ocupando de destruirlas o cubrirlas. Parcialmente se conservan las murallas y torres defensivas del qasr dar al-Imara califal y al-Mubarak taifa. El acceso actual al recinto, no corresponde con el de época musulmana. Ha sufrido tantos cambios, que incluso hay un patio que está fuera del recinto del actual alcázar, que hoy día pertenece a un edificio del gobierno andaluz. Entramos en el palacio por la puerta del León, llamada así por el azulejo, que muestra un león coronado con una cruz en una zarpa, mientras que pisa con la otra una lanza o bandera. Una inscripción en latín “ad utrumque” nos indica “dispuesto a todo” o “preparado para todo”, divisa real medieval. Donde hoy se dispone un patio rectangular (patio del león) se alzaba parte de los palacios almohades, que fueron destruidos en el siglo XIV. Entre los vestigios andalusíes, que se conservan, está casi íntegro es el patio del Yeso, del siglo XII.
Abramos un breve paréntesis. A lo largo del período almohade en al-Andalus sobresalieron dos califas: Abu Yaqub Yusuf (1139-1184) y su hijo Abu Yusuf Ya´qub al-Mansur (1184-1199). Ambos nacidos en Marraquech y enamorados de Sevilla. No solo vivieron aquí, sino que se dedicaron a agrandarla y embellecerla, aún más si cabía. De la mano de este califa y su hijo la medina logró grandes avances en infraestructuras, se realizaron reformas vitales y obras nuevas. Todas esas labores de mejoras y embellecimiento de Sevilla duraron unos 30 años. El núcleo de la vieja medina entorno a la mezquita de ibn ´Adabas, había quedado ya muy estrecho, después de un considerable aumento de la población. El centro religioso, comercial y social fue desplazado desde la mezquita de Ibn ´Adabbas hacia la zona sur, donde se construyó la mezquita aljama y la nueva alcaicería. Para realizar todo esto, el califa empleó un batallón de alarifes, que seguían las ordenes del  maestro Ahmed ibn Baso, según parece, de origen muladí.
El califa y su hijo, lejos del fanatismo de sus predecesores, fueron amantes de la cultura, de la naturaleza, la ciencia, la geografía en la figura de al-Idrissi, la medicina, la filosofía. Gracias a su mecenazgo revivió de alguna manera, aquel esplendor andalusí de los tiempos califales y taifas, en médicos y filósofos de la talla de Ibn Tufayl,  Ibn Rusd  (Averroes) o Ibn Zuhr (Avenzoar). Me gustaría mencionar una poetisa que gozó de una inusual libertad y que cantó a los cuatro vientos su relación amorosa. Se trata de Hafsa bint al-Hayy al-Rakuniya, de origen bereber afincada en Granada. Lejos de ser condenada por adulterio, el propio califa la nombró preceptora de las niñas de la familia real.  
Volviendo al patio del Yeso, vemos una galería decorada con arcos lobulados y la decoración en forma de rombos, llamada “paños de sebka” que es una de las características del arte almohade. Justo en frente fueron tapiados otros arcos, que darían acceso al patio, sin embargo, éstos me recuerdan más a los del salón rico de Medina Azahara. Entre estos muros estucados se celebraron fiestas y banquetes, donde el vino y la poesía imperaban por encima de la rectitud religiosa. 
“…El rey que busca la gloria,
Monumentos edifica,
Que hasta después de su muerte
Dan de su poder noticia…”
(Califa omeya ab dar-Rahman III)

Me van a permitir que me salte el resto del alcázar, que bien merece uno o varios artículos, pero no quiero desviarme del tema que nos ocupa.
Saliendo del alcázar, hay un enorme patio cerrado por edificaciones y una parte de la muralla. ¿Sería el patio de armas almohade o incluso anterior? Ahora mismo se siguen realizando trabajos de excavaciones arqueológicas buscando respuestas a un sinfín de preguntas.
¡Fíjense cómo nos llama, la más hermosa torre! No me canso de mirarla. Por sus cuatro costados es una de las maravillas de este mundo.
Se trata del alminar de la gran mezquita o mezquita aljama, llamada al-Moharen (La Sagrada). Construida en el siglo XII sobre terrenos casi baldíos, donde parece ser que había un zoco y algunas edificaciones. La mezquita se componía de un gran patio (sahn), hoy patio de los naranjos, el alminar y la sala de oración (haram). De planta rectangular, se asemejaba en amplitud a la de Córdoba. Contaba con 17 naves perpendiculares a al muro de la qibla.   Separadas por pilares rectangulares sobre los que descansaban las arquerías en forma de herradura, que soportaban la techumbre de madera. La nave central era la de mayor altura, donde las arquerías adquirían mayor belleza, culminándose con una cúpula en el tramo que precedía al mihrab. Los alarifes dedicaron sus máximos esfuerzos a la construcción de la cúpula del mihrab, con decoración de mocárabes hechos con yeso.  ¿Quizá se pareciera a la mezquita de Tinmel (1)?  
El edificio quedó concluido en 1176, pero no fue hasta 1182 cuando se celebró la primera jutba es decir, la primera oración, asumiendo así el rango de mezquita aljama. Pero todavía no se había terminado el alminar. Ahmad ibn Basó se puso manos a la obra. Utilizó los sillares del muro del alcázar del rey al-Mu´tamid. Las obras sufrieron varios contratiempos, entre ellos la sustitución del alarife, si bien Ibn Basó continuó supervisando ésta y otras obras. Al-Gumarí o Alí de Gomara sería quien continuara la construcción de la torre. Parece ser que procedía del Magreb y fue el constructor de las otras dos torres hermanas, en Marraquech y Rabat. Ali de Gomara cambió las piedras por ladrillos, que son mejores materiales para la decoración de paños de sebka. Este tipo de ornamentación es característico del arte almohade. Si nos fijamos bien, el dibujo nos recuerda las suaves ondas en el agua. La luz hace que los rombos tomen vida, sombras y reflejos bailan al son de las horas del día. La conclusión de las obras fue después de la victoria de Alarcos en 1198, que fue cuando el califa encargó la realización del yamur que debía coronarla. Las manzanas doradas se colocaron en lo más alto del alminar, en presencia del califa y su familia. Estas tres manzanas y la cuarta pequeña estaban cubiertas de oro. Ibn Sahib al-Salat, dijo alabando el alminar:

 “lo admirable de su vista, que se eleva en el aire y se alza en el cielo, pareciendo al que lo ve a varias jornadas de Sevilla que está entre las estrellas del zodíaco.” 

En relación con lo que dejó escrito el cronista al-Salat, vamos a tomarnos un momento para observar el alminar por sus cuatro lados. Siguiendo las palabras de Ángeles de la Torre Bravo, pronto se descubre en la ornamentación una sensación ascendente, como si quisiera tocar el cielo. Y es que en cada lado, los paños de sebka se van elevando hasta alcanzar la voz del almuecín llamando a la oración. “El rombo es un signo que señala una dirección. Es una elevación de la figura de la tierra al cielo. Señala además los cuatro puntos cardinales. Dos ejes que marcan los planos cósmicos, el horizontal y el vertical: “cruz del mundo”.”

Volviendo al plano terrenal, dicen que un rey cristiano, dio orden de no demoler la torre, por su gran belleza. A lo largo de los siglos la torre fue coronada por distintos campanarios hasta que finalmente en el siglo XVI le dieron el aspecto actual.  
La puerta del Perdón encierra la antigua entrada principal a la gran mezquita, siempre orientada norte/sur. Se trata de una magnífica puerta en madera de cedro recubierta con una plancha de bronce. Fragmentos del Corán recordaban al creyente su entrada a la espiritualidad, debiendo dejar fuera los pensamientos mundanos. Si nos fijamos bien, dicha puerta se sitúa al final de una calle principal de la alcaicería almohade. Se trata del típico trazado de muchas medinas, con la idea de facilitar a los comerciantes su acceso a la mezquita.
Seguimos el paseo, atravesando el pasaje del cabildo, donde nos sorprende un paño de muralla, el cual nos lleva a la torre del Oro, pasando por la de la Plata. La torre del Oro está situada junto al río Guadalquivir.

“…en las orillas de su río había jardines salpicados de colinas,
Bosquecillos de olmos les daban sombra.
Se diría que el río era el collar de su cuello:
¿No es cierto que la mayor belleza está en los collares y en los cuellos?...”
(Ibn al-Labbana, siglo XI)

No debemos olvidar que el “gran río” de Sevilla es navegable, por lo que siempre contó con un puerto fluvial y las atarazanas, donde la actividad comercial no paraba. Los artículos de lujo y demás mercancías, que arribaban a Sevilla debían pasar la aduana y ciertos controles. Debemos imaginarnos un puerto con mucho movimiento de personas y mercancías, de ahí la necesidad de una torre de vigilancia, que defendiera la ciudad por el lado más débil, su río.  
La torre del Oro (bury ad-dahab) formaba parte del sistema defensivo de la ciudad, como torre albarrana, es decir, exenta de la muralla y unida por un muro o coracha al recinto urbano. De planta poligonal, dividida en tres pisos unidos por una escalera de caracol en el centro. Dicen que anteriormente, en época taifa, se alzaba en su lugar, uno de los palacios favoritos del rey al-Mu´tamid. El palacio de al-Zahi, con su sala principal, cuadrada y coronada con una hermosa cúpula, llamada Sa´ad al-Su´ud “la felicidad de las felicidades”. Al rey le gustaba, porque desde él dominaba el río.

“Sa´ad al-Su´ud se levanta orgulloso por encima de al-Zahi
Y ambos están colmados de belleza”

Lástima que sólo nos queden poemas sueltos de este hermoso palacio.
Continuamos el paseo por la orilla del Guadalquivir, nos encontramos con el muelle de la sal. Hoy en día sobresale el monumento a la tolerancia del artista Eduardo Chillida. Fue desde este muelle, de dónde el rey al-Mu´tamid fue enviado al exilio por los almorávides, el 9 de septiembre de 1091. Fue éste poeta antes que rey, su legado es amplio y valioso. Conservamos su antología poética, donde el monarca desnuda su alma para transmitirnos su alegría, su dicha, su dolor, su añoranza por Sevilla. Gracias a sus poemas sabemos cómo transcurrieron sus últimos años en una sucia celda al pie del Atlas magrebí. Su cáñamo trazó versos llenos de ironía, de sátira, pero también de amor y reconciliación. No queda nada en Sevilla de los palacios del rey al-Mu´tamid… o al menos éstos no están visibles. Según dicen los expertos, sus sillares fueron empleados para la construcción de la mezquita al-Moharen, otros restos estarían escondidos bajo los cimientos del alcázar cristiano. El día del destierro del rey al-Mu´tamid la población entera se lanzó al muelle de la sal para despedir a su señor. Ibn al-Labbana dejó en un desgarrador poema reflejada esa escena del destierro.    
En fin, la historia sigue y nuestro paseo también. Tomando dirección norte a lo largo del río Guadalquivir llegamos hasta el populoso barrio de la Macarena. Allí podemos ver los únicos restos que han quedado de la muralla almohade, realizada en piedra y cal. El califa Abu Ya´qub la mandó reconstruir, después de la inundación de 1168/69. Se conservó intacta con sus puertas hasta finales del siglo XIX, cuando se decidió su demolición. Una pena. Cuando los castellanos tomaron la ciudad en 1248 dijeron:

“meior Çercada que ninguna otra allen mar nin aquem mar que fallada nin vista podiese ser… et los muros della son altos sobeiamiento et fuertes et muy anchos; torres altas et bien departidas; grandes et fechas a muy gran valor”

(Primera Crónica General)

Hoy, una avenida ocupa su lugar. Aparte de estos pocos restos, quedan los nombres de calles y plazas, correspondientes a las distintas puertas de la ciudad.
Con tanta charla regresamos al punto de partida. La puerta de Jerez. He dejado muchas cosas en el tintero, para no alargar demasiado el artículo. Espero les haya gustado y si así lo desean podemos dar otro paseo en cualquier momento.

NOTA: en esta ocasión el artículo va acompañado de un video con fotos de los monumentos mencionados. Para ver haga click en este enlace:


 


 1.-TINMEL: Pequeña ciudad situada a unos 100km al sur de Marraquech, en el alto valle del Nfis, fue transformada en ciudad fortaleza inexpugnable a partir de 1120.   El lugar está protegido por el entorno, la estrechez del valle y las crestas rocosas que lo dominan. Las cimas nevadas que lo rodean sobrepasan los 3.000 metros de altitud. Es un nombre bereber, que designa las terrazas de cultivo en la montaña. Tinmel fue la cuna del movimiento almohade, cuyo guía o Mahdi fue Ibn Tumart.  Defendió el concepto de Tawhid (unidad) de Dios, que es indivisible, ilimitado e indefinible. Sus seguidores son llamados Muwahhidun (los que reconocen la unidad de Dios) y de ahí viene el término castellano de almohades. Abd al-Mu´min, sucesor de Ibn Tumart y primer califa almohade, dio orden de construir una mezquita en Tinmel a partir de 1153. Esta obra ha servido de arquetipo para la mayoría de las mezquitas marroquíes. Por su estructura, planta, proporciones moduladas y elementos de su decoración, es una obra maestra de primer orden.

BIBLIOGRAFIA:

-          “Esplendor de al-Andalus” Henri Pèrés. Libros Hiperión
-          “Historia de España” – tomo VIII-2. Ramón Menéndez Pidal. Editorial Espasa-Calpe
-          “La arquitectura en la literatura árabe” – María Jesús Rubiera. Libros Hiperión
-          “El alminar de Isbiliya” – Juan Clemente Rodríguez Estévez. Colección Giralda
-          “Museo naval. Torre del Oro” – catálogo-guía de 1982.
-          “Poesía y arte de los árabes en España y Sicilia” – A.F. von Schack. Libros Hiperión
-          “El pensamiento artístico, ciencia y religión en al-Andalus” – Ángeles de la Torre Bravo – Editorial Archiviana
-          “El trazado geométrico en la ornamentación del alcázar de Sevilla” – María Isabel González Ramírez, arquitecto. Universidad de Sevilla
-          “El alcázar de Sevilla”, tomo I – Ana Martín Fidalgo – Ediciones Guadalquivir. 

sábado, 26 de enero de 2013

La Alhambra, manuscrito descifrado


La otra noche, zapeando me encontré con este documental sobre la Alhambra de Granada, que me gustó mucho. Un buen amigo, me envió el enlace y pensé que sería lindo compartirlo con ustedes. Espero disfruten  de la poesía, de las vistas, del arte y de la magia de al-Andalus. Aunque al final dice que los nazaríes supusieron la muerte de al-Andalus, no estoy del todo de acuerdo, porque si así fuera, ahora no estaríamos hablando de ello. Una civilización, una cultura, no puede morir, si acaso se puede transformar. Es mi humilde opinión.


Crónicas - Alhambra, el manuscrito descifrado




En 2013, año en el que se conmemora el milenio de la fundación del Reino de Granada, el programa se propone descifrar los códigos escondidos del palacio medieval nazarí que millones de personas visitan cada año la Alhambra. Sin embargo, pocas conocen las reglas ocultas que explican y dan sentido a su belleza. La Alhambra "habla" con muchos lenguajes. Su verdadera esencia se observa en los poemas que los sultanes constructores dejaron escritos en muros, columnas y fuentes, una arquitectura completa hecha de palabras. Pero la Alhambra también es la expresión matemática de la belleza vista con los ojos del Islam medieval. Los alarifes y tracistas de la época utilizaron la geometría como lenguaje.
Crónicas conduce al espectador a su interior por la única puerta, ahora cerrada al público, que en la Edad Media conectaba con la ciudad de Granada. El programa recorre los pasadizos secretos que se esconden bajo los palacios, y descifra la simbología del lugar donde se ubicaba el trono del sultán. La Alhambra fue la sede del estado de la dinastía nazarí. Una verdadera ciudad, con una estructura parecida a una jaima del desierto, en la que la pobreza de los materiales con los que se construyó indica el sentido efímero de su arquitectura. Curiosamente, es el único palacio medieval de su tiempo que ha llegado hasta la actualidad.






cronicas de la Alhambra - manuscrito descifrado




viernes, 25 de enero de 2013

EL CALIFATO DE CORDOBA


EL CALIFATO DE CORDOBA

Por Elisa Simon

Contarles acerca del Califato Omeya en al-Andalus, sería una tarea casi interminable. Pero como pueden comprobar, en varios de mis artículos les cuento acerca de personajes y anécdotas pertenecientes a dicha época. Por lo que en esta ocasión intentaré resumir un período que se inicia con la subida al trono de ab dar-Rahman III en el año 929. Hasta entonces al-Andalus había sido un emirato independiente. El período del califato abarca hasta 1031, cuando éste fue abolido y dio comienzo una guerra civil o fitna, la cual desembocó en los reinos de taifas del silgo XI.  

Abd ar-Rahman III, “Aunque recio y un poco rechoncho, el tercero de los abd al-Rahman tiene buen aspecto. Sus facciones son regulares, sus vivos ojos, de color azul oscuro; sus cabellos, de un rubio tirando a rojizo, y se los tiñe de negro para disimular, sus piernas eran cortas. Hijo de omeya y madre vascona. En cuanto a su forma de ser: es cortés, benévolo, generoso y perspicaz. Sus dos cualidades son la inteligencia y la tenacidad, además de ambicioso y una amplitud de miras que llama la atención. Poco devoto y de piedad más bien espectacular, no tendrá el menor fanatismo. De todos los príncipes de su dinastía será el más tolerante.”

Abd al-Rahman III negoció, pactó, ofreció privilegios, prebendas y cargos políticos y militares, pero también si era necesario recurrió a la astucia, el engaño, a la amenaza e incluso a la muerte para recuperar los territorios independientes y pacificar al-Andalus.
 Había recibido una selecta educación y recibió el cariño y afecto de su abuelo, el emir Abd ´Allah, de la dinastía Omeya. Éste le había confiado algunos asuntos de responsabilidad con la idea de ir introduciendo a su nieto en la corte emiral. La situación de al-Andalus era al menos preocupante; por un lado las presiones de los reinos cristianos del norte, mientras que por el sur los Fatimíes comenzaban a dar muestras de poder. Pero lo que más preocupaba al emir Abd ´Allah eran las luchas internas. Los estallidos rebeldes se sucedían. La sociedad andalusí antes del califato, seguía su proceso de islamización. Los cristianos que abrazaron el Islam se los denominaba muladíes, los que mantuvieron su religión cristiana se los denominaba mozárabes, mientras que la comunidad judía seguía siendo los sefardíes.

Pero dentro del entramado musulmán, había andalusíes de origen árabe y beréberes, los cuales no siempre se llevaron bien. Dentro de los árabes a su vez, existía desde los principios de los tiempos, dos clanes o tribus rivales, por un lado los quaysíes y yemeníes.

La familia o clan de los emires andalusíes Omeya, pertenecían a los quasíes, minoritarios en al-Andalus y los yemeníes formaban el grueso del ejército andalusí. Esta rivalidad fue aprovechada tanto por beréberes como muladíes para hacerse un lugar dentro de la comunidad musulmana de al-Andalus.

El período de formación del califato se caracterizó por continuos levantamientos de caudillos locales, tanto árabes, beréberes o muladíes frente al débil emirato. No debemos olvidar a los mozárabes, que hacían demostraciones de fuerza en varios puntos de al-Andalus.

En resumen, este fue el panorama que se encontró abd al-Rahman III cuando subió al poder, con solo 21 años. El joven soberano sabía lo que debía hacer: la pacificación y unificación de al-Andalus.

Una vez asumido el poder formula su programa de actuaciones:
-       restaurar en al-Andalus la autoridad y el prestigio de la casa omeya
-       reconquistar los territorios disidentes
-       acabar con los principados enfeudados a Córdoba y casi independientes
-       ahogar de modo definitivo la rebelión andalusí, comenzando por los pequeños insurrectos agrupados en torno a Ibn Hafsún y que reciben consignas y subsidios de Bobastro.
-       defensa de al-Andalus frente a los Fatimíes

UN ENEMIGO EN CASA     

Uno de sus mayores oponentes fue Umar ibn Hafsun, quien procedía de familia noble visigoda convertida al Islam. Nació y se crió en la serranía de Ronda, donde vivían mayoritariamente muladíes y beréberes. Esa zona era un foco de insurrección, ya que los muladíes se consideraban musulmanes de segunda, no se sentían respetados ni aceptados por sus correligionarios. Ninguno ocupaba puestos de responsabilidad, ninguno participó en la cuestiones de política de gobierno. Por lo que poco a poco fueron surgiendo cabecillas y jefes muladíes en las distintas zonas de al-Andalus que tenían mucho respaldo entre su población. Se enfrentaban cada vez más abiertamente al poder central del Emirato, aprovechando su debilidad y falta de formación. Este problema social llegó a tal punto que los gobernadores no podían hacer frente a tantos puntos de insurrección. Entre ellos estaba Ben Hafsún, que quería crear un estado independiente. Cuando de abd al-Rahman III asume el poder,  el territorio de Ibn Hafún ocupaba desde Algeciras hasta las proximidades de Córdoba. .

“Desde hace demasiado tiempo habéis tenido que soportar el yugo de este sultán que os toma vuestros bienes y os impone cargas aplastantes, mientras los árabes os oprimen con sus humillaciones. No aspiro sino a que os hagan justicia y a sacaros de la esclavitud”.

Ibn Hafsún pasó a la historia, porque fue el dolor de cabeza de todos los emires andalusíes hasta la llegada de abd al-Rahman III. Estos grupos rebeldes y sobre todo Ibn Hafsún recibieron apoyo logístico y de todo tipo de los Fatimies del norte de Africa. No era más que una táctica de desgaste de los Fatimíes para acabar con su rival los Omeya de al-Andalus.  Sin embargo, Abd al-Rahman III se ocupó personalmente de acabar con el tráfico de navíos en el estrecho, quemando todos los barcos de los rebeldes. Además reforzó la vigilancia marina, aumentó y mejoró la flota andalusí. Ordenó construir fortalezas, atalayas, torres vigía a lo largo de la costa mediterránea.
Pocos meses después de su nombramiento Abd al-Rahman III inició su primera batalla, la de Monteleón. Muchos años de luchas, batallas, sangre y muertes se sucedieron hasta que ab dar-Rahman III alcanzó su meta hacia el año 928. Sometió a los hijos de Ibn Hafsún y a todos los muladíes, a muchos de los cuales le ofreció puestos dentro de la administración omeya. Sometió a la familia Hayyay de Sevilla, donde gobernaban casi de forma independiente. El Emir fue ganando respeto y prestigio. Plaza a plaza, castillo a castillo, ciudad a ciudad, aldea a aldea fueron sucumbiendo al poder de abd ar-Rahman III.

EL ENEMIGO DEL SUR – LOS FATIMÍES

Al principio del siglo X Abdullah al-Mahdi Billah fundó la dinastía Fatimí (909- 1171) en Túnez y pronto se expandió a lo largo del mediterráneo africano hasta Siria y Sicilia.
Al-Mahdi se proclamó califa, es decir, el único gobernante legal de toda la comunidad islámica. Los Fatimíes pertenecían a la corriente ismailí dentro de la rama del Islam shií. La consolidación de la dinastía Omeya sunní de al-Andalus chocaba con la africana.
Ambos imperios pretendían dominar el Magreb y esta rivalidad dio lugar a una serie de guerras. 
El objetivo inmediato de ambas potencias era dominar o controlar la navegación por el Estrecho y por el Mediterráneo occidental.
En el Magreb cohabitaban los idrisíes, los rustumíes y los aglabíes, que abarcaban los territorios del actual Marruecos, Túnez y Argelia.
Hubo rebeliones, luchas, insurrecciones, guerras, intrigas, traiciones y muerte todo ello conformaba el difícil rompecabezas de las relaciones entre fatimíes y andalusíes, quienes utilizaron a estos pueblos como moneda de cambio. Éstos a su vez se aprovechaban de ambos imperios con fines políticos, cambiando de bando según les convenía en cada momento.
Para hacer frente a los Fatimíes, el Emir ab dar-Rahman III mandó construir las atarazanas de Algeciras y las de Pechina. La flota omeya vigilaba las costas andalusíes, al mismo tiempo que miembros de la corte cordobesa estaban presentes en el norte de África para contrarrestar la propaganda religiosa fatimí. Las plazas más disputadas fueron Ceuta, Tánger y Arcila, que permanecieron bajo bandera omeya. Después de un incidente muy grave en Almería  Abd al-Rahman III mandó construir sólidas murallas y un fuerte en Ceuta,  las murallas de Melilla y las de Tánger. El emir se aseguró también la alianza con las principales tribus bereberes. Los Fatimíes fueron perdiendo poder y como consecuencia de ello, se retiraron hacia el este y se establecieron en Egipto, donde fundaron su capital, El Cairo – al-Qahira “La Victoriosa”.
Es importante mencionar que los omeyas, hasta 929 se habían abstenido de usar el título de califas, obedeciendo quizás a un sentimiento religioso. Por aquellas fechas, la institución califal de Bagdad se encontraba en declive, mientras que los Fatimíes empezaban a dar la deseada respetabilidad a su institución debido a su creciente poder y prestigio. Quizás con el fin de contrarrestar la ambición fatimí de gobernar el mundo islámico, y después de la sonada victoria sobre los Banu Hafsún,  abd al-Rahman III decidió adoptar el título de califa por el bien de la ortodoxia.
929 Abd al-Rahman ordenó a sus gobernadores que el título de “príncipe de los creyentes” fuese empleado en todos los escritos dirigidos a él.

“Tenemos, por lo tanto, más derecho que aquéllos que su derecho han recibido, y somos más merecedores que los que ya recibieron toda su parte…. Por lo tanto, nos parece oportuno que, en adelante, seamos llamado Príncipe de los Creyentes y que todos los escritos que emanen de nos o a nos se dirijan empleen el mismo título. Pues cualquier persona que, fuera de nos, reivindique el título, lo hace indebida y falsamente y sin tener derecho a ello. Estamos convencidos de que, seguir por más tiempo sin usar un título que se nos debe, equivaldría a perder un derecho adquirido y a una renuncia pura y simple. Por consiguiente, ordena al predicador de tu localidad, que lo emplee desde ahora en las oraciones y utilízalo tú mismo en los escritos que nos dirijas.”

EL ENEMIGO DEL NORTE – LOS REINOS CRISTIANOS

Mientras el califa estaba ocupado sofocando rebeliones internas y amenazando a los Fatimiés, no podía dejar de ocuparse de los reinos del norte de la Península, ya que los reinos de León y Navarra estaban haciendo incursiones en tierras andalusíes y encima con éxito, tomando plazas y ciudades.
A lo largo de unos 20 años, entre el 932 y 951, se produjeron una etapa de luchas, campañas y aceifas contra el rey leonés Ramiro II. Unas batallas fueron victorias y otras derrotas, como la de Simancas en 939. Se firmaron varias treguas entre cristianos y musulmanes, pero pocas veces se cumplían. Los intercambios de embajadas y emisarios fueron frecuentes para buscar un acuerdo que nadie encontraba. En un momento dado, comienza un conflicto entre León y Castilla, que terminó en guerra, lo cual fue aprovechado por el emir Abd al-Rahman III para conquistar castillos y plazas de las zonas fronterizas. Conquistó Medinaceli, que la convirtió en capital de la marca media al frente del general Galib.
En el 951 muere Ramiro II y asume la corona su hijo Ordoño III (951-955) quien se disputa el trono con su otro hermano Sancho I El Craso (956 – 965). Sancho I es destronado por los leoneses, por su inutilidad en el campo de batalla y su deforme obesidad. Subió al trono Ordoño IV mientras Sancho I fue expulsado de León. Buscó refugio en su abuela la reina Toda de Pamplona, que lo llevó hasta Córdoba para que se sometiera a una dieta y así poder recobrar el trono. Hasday ibn Saprut médico y miembro de la corte fue el encargado de someterlo a dura dieta, tal como les conté en otro artículo de este blog.  
El poderío militar omeya tanto por tierra como por mar provocó que los reinos cristianos se abstuvieran de atacar al-Andalus e incluso éstos reconocieron a abd al-Rahman III como califa y Señor de al-Andalus.
Desde entonces al-Andalus quedó pacificada por completo. En todas partes renacía la calma y con ella la prosperidad. Los impuestos ingresaban con más facilidad que nunca y el tesoro del Estado recobró holgura. Veinte años de tenaces esfuerzos habían dado estos resultados, que no fueron más que el preludio de un período de actividad política largo y fecundo. 

 Relata ibn al Jatib: “mientras al-Andalus ardía con un fuego avivado por crecientes discordias e hipocresías y las provincias se hallaban en un estado de conmoción. Gracias a su buena estrella e indomable espíritu, Dios lo pacificó. Corrientemente se le compara con abd al-Rahman I. Pacificó a los rebeldes, edificó palacios, dio ímpetu a la agricultura, inmortalizó antiguas hazañas y monumentos, infligió grandes daños a los infieles, hasta el punto que no quedó en al-Andalus ni un solo enemigo o contendiente. La gente le obedecieron en masa y desearon vivir con él en paz.”

A lo largo de su reinado de casi 50 años, sólo disfrutó de 14 días de ocio, dice Ibn al-Jatib.
El califa fue el gran anfitrión de las embajadas que se quedaban maravilladas con la ciudad de Córdoba, bizantinos, alemanes, nórdicos, navarros, leoneses, todos respetaron la figura de ab dar-Rahman III que llevó a al-Andalus a su máximo esplendor en todos los niveles. Embelleció la ciudad, que se llenó de bibliotecas. Agrandó su mezquita, mandó construir una ciudad palatina para su esposa favorita, la corte estaba compuesta por sabios en todos los campos del saber. Llevó a cabo reformas en el ejército y mejoró la armada. La agricultura, el comercio y la industria florecieron, contribuyendo al crecimiento de los ingresos del estado y aún más significativo, introdujo un programa de integración social según el cual los hasta entonces insatisfechos muladíes y beréberes pudieron participar en el gobierno y disfrutar de una parte de la riqueza y la vida del país.

lunes, 31 de diciembre de 2012

DIARIO DE VIAJE DE IBN YUBAYR


DIARIO DE VIAJE DE IBN YUBAYR

Por Elisa Simon

Siguiendo con la trama del artículo sobre los viajeros andalusíes, les quiero ofrecer el viaje de un valenciano llamado Ibn Yubayr. Vivió durante el esplendor almohade de al-Andalus, siglo XII. Realizó tres viajes a Oriente. El primero para cumplir con el precepto de peregrinar a la Meca al menos una vez en la vida, el segundo viaje cuando Saladino reconquistó Jerusalén y el tercero a la muerte de su esposa. Estos viajes los realizó entre la segunda y la tercera cruzada, donde sus protagonistas fueron Luis VII de Francia y Leonor de Aquitania y la tercera encabezada por Ricardo I “corazón de león” y Saladino. En este artículo, se trata de su primer viaje. Para ello he bebido de una fuente: el magnífico libro “A través del Oriente - Rihla”. Esta gran obra se la debemos al profesor titulado de la Universidad de Salamanca Felipe Maíllo Salgado, donde es profesor titular del área de Estudios Arabes e Islámicos. Maíllo Salgado realizó el estudio, traducción, notas e índices de este libro, editado por Alianza Editorial en el año 2007.

Así que, ¡vamos a vivir una aventura de la mano de Ibn Yubayr!
 
Antes de nada vamos a conocerlo un poco.

Ibn Yubayr nació en Valencia en 540/1145. Su familia era originaria de los alrededores de la Meca, que llegaron a al-Andalus con el gran contingente de Baly hacia 740. Aquellos ancestros se asentaron en Medina Sidonia, si bien en el siglo XII, la familia vivía en Levante. Su padre era secretario de la cancillería bajo los almohades. De ahí que Ibn Yubayr pudiera recibir una buena educación, tanto religiosa como en bellas letras. Debemos situarnos dentro del contexto histórico, donde los almohades habían impuesto su dogma, que se entremezclaba con el malikismo de los alfaquíes andalusíes. Era una época en que al-Andalus parecía recuperar su brillo. Una nueva edad dorada se estaba fraguando, en poesía, filosofía, ciencias,  arquitectura. Ciudades como Sevilla estaba siendo embellecida con nuevas construcciones, como la magnífica mezquita aljama con torre alminar, hoy llamada Giralda. El palacio de al-Mubarak se estaba agrandando, nuevos patios y estancias. No quiero desviarme del tema. En fin, los almohades han realizado grandes obras arquitectónicas, mejoras en las infraestructuras y sobre todo en las defensas de la ciudad.
Mientras tanto, Ibn Yubayr trabajaba en la administración almohade en Xativa, bajo el gobierno del príncipe Abu Sa´id Utman, hijo del califa. Su carrera se presentaba fructífera y así fue hasta que un día ocurrió lo siguiente: El príncipe lo invitaba a tomar vino al mismo tiempo que le estaba dictando una carta. Ibn Yubayr se negó. Pero claro, no se podía contradecir al hijo del califa sin consecuencias. Éste obligó al pobre secretario a beber hasta siete copas de vino. Por cada una que tuvo que beber, Abu Sa´id lo recompensó con una copa llena de dinares de oro. Así, después de tragarse siete copas de vino, Ibn Yubayr se fue a su casa, imagino que medio mareado, pero con siete copas llenas de monedas. Después de aquel episodio, Ibn Yubayr tomó la decisión de realizar la peregrinación a la Meca, para que sus pecados fueran perdonados. Dicho viaje lo sufragaría con los dinares de las 7 copas.

Una mañana partió de Granada a sus 38 años, el 19 sawwal 578/ 15 de Febrero 1183, en compañía de su amigo Abu Ya´far Ahmad b. Hassan b. Ahmad b. al-Hasan al-Qada´i. Este primer viaje duró unos dos años, y tuvo en su época una resonancia considerable.

Según indica Felipe Maíllo Salgado en su libro “A través del Oriente” Ibn Yubayr siguió la siguiente ruta:

Su itinerario le llevó primero a Tarifa (Yazirat Tarif), donde embarcó hacia Ceuta (Sabta). De allí partió, en un barco genovés, hacia Alejandría (al-Iskandariyya).

Bordeando la costa sur del mar mediterráneo, pasó por Denia (Daniya) las islas de Ibiza (Yabisa), Mallorca (Mayurqa), Menorca (Manurqa). Siguiendo la ruta de la embarcación genovesa, avistó las islas de Cerdeña (Sardaniya), Sicilia (Siqilliya) – tierra de Normandos-  y Creta (Aqritis), esta travesía duró un mes.

Una vez en Egipto, siguió la ruta habitual de los peregrinos: de Alejandría a  El Cairo, en barco por el Nilo, hasta la ciudad de Qus, y a lomos de camello alcanzó el puerto de ´Aydab. Desde allí atravesó a bordo de una embarcación el Mar Rojo, para llegar a Yedda, el puerto de La Meca.

Más de 8 meses permaneció en La Meca y una vez cumplida la Peregrinación. Partió de la ciudad Santa en la primavera del 1184, en una inmensa caravana de peregrinos de Iraq, tras una visita de 5 días a Medina, siguió el camino por el desierto con la caravana hasta Kufa.
A continuación atravesaron los desiertos del Hiyaz y del Nejd  en dirección a Bagdad, la capital de los abbasíes.  
Desde allí fue a Mosul y atravesando la Yazira (mesopotamia septentrional) llegó a Siria. Visitó Alepo, bajó por Hama y Emesa (Homs) hasta llegar a Damasco. Allí residió dos meses y medio. Esta ciudad lo deslumbra “Paraíso del Oriente, lugar por donde aparece la belleza, elegante y esplendorosa.”
Siguió viaje a Tiro y desde allí a San Juan de Acre (´Akka) – ocupado por los cruzados. En ´Akka  esperó un navío, que lo llevara de vuelta a casa. En rayab 580/ Octubre 1184 un barco genovés puso rumbo a Sicilia, llevando a Ibn Yubayr de vuelta a al-Andalus.  Alcanzó Messina, dos meses más tarde, tras una travesía terrible, que terminó en naufragio y de la que pudo escapar sano y salvo. Tres meses y medio permaneció en Sicilia, hasta embarcarse de nuevo en Trapani y llegar a Cartagena en 1185. Llegó de regreso a Granada el 25 de Abril 1185, donde gozó de una gran autoridad moral. Se hizo maestro de hadiz y sufismo. Se mantuvo apartado de la vida pública, llevando una vida apacible y discreta.

Así fue de forma resumida su primer viaje a Oriente. Citaré a continuación algunos fragmentos extraídos del mencionado libro de Maíllo Salgado “A través del Oriente” 

Llegada a Alejandría:

“1183, Dios hizo alzarse ante nosotros el alegre anuncio de salvación, mediante la aparición del faro de Alejandría a unas veinte millas…en primer lugar destaca el hermoso sitio de la ciudad y la vasta extensión de sus construcciones, hasta tal punto que nosotros no hemos visto una ciudad de tan amplias vías, ni de más altos edificios…ni de mayores multitudes que ésta…. Entre sus maravillas, una de las más grandiosas que hayamos visto es el faro… como punto de correcta referencia para los viajeros. Sin él no encontrarían en el mar la buena dirección hacia la tierra de Alejandría…nosotros medimos uno de sus cuatro lados y encontramos en relación con ello cincuenta y pico brazas. Se dice que su altura es de más de 150 estaturas de hombre. En cuanto a su interior, como consecuencia de la amplitud de sus escaleras y vestíbulos y el número de sus estancias…en su cúspide hay un oratorio…nosotros subimos a él e hicimos la oración…”  

Después de su estancia en Alejandría, Ibn Yubayr prosigue su peregrinaje por el delta del Nilo.

“Toda la llanura, que está cultivada, es recubierta por la crecida del Nilo. En ella, a derecha e izquierda, hay pueblos en incontable número… al día siguiente efectuamos el paso del Nilo en una embarcación de pasaje… El terreno cultivado es continuo y los pueblos se suceden regularmente a lo largo de toda nuestra ruta…”

Llegaron a El Cairo (en árabe Al-Qahira, que significa La Victoriosa). Ciudad fundada hacia el siglo X por los fatimíes. Anteriormente la capital egipcia era Misr, fundada por los conquistadores árabes. Misr es el nombre que se aplicó en árabe a Egipto. Sigue relatando Ibn Yubayr, que

El Cairo, es la ciudad del sultán, inmensa y vasta”. Varios capítulos están dedicados a la descripción minuciosa de los santuarios, donde los creyentes veneran a sus mártires. Visitó un cementerio, cuyas sepulturas pertenecen a profetas, sabios, ascetas, santos y personas extraordinarias. No olvidemos, que este primer viaje de Ibn Yubayr tiene un marcado sentido religioso.

Nos describe luego la ciudadela:

“Vimos también los edificios de la ciudadela, que es una fortaleza de fuertes defensas, contigua a El Cairo, que el sultán ha escogido como lugar de residencia. Él ha prolongado la muralla a fin de reunir en un conjunto las dos ciudades: Misr y El Cairo…”  
“Y entre lo que vimos, también es un título de gloria para este sultán… el hospital (maristan) que está en la ciudad de El Cairo. Es uno de esos hermosos palacios, de una belleza y de una extensión considerables…ha nombrado (el sultán) a un director…al que le ha confiado los armarios de los remedios y al que ha encargado la preparación de las pociones...”

Sobre una isla del Nilo, Ibn Yubayr se sorprendió del Nilómetro. Cito: “…al lado de esta aljama se halla el Nilómetro (miqyas), por el que se estima, cada año, la magnitud de la crecida del Nilo  en el momento de la inundación… este Nilómetro es un pilar octogonal de mármol blanco emplazado en un lugar donde el agua está atrapada sin correr. Está dividido en 22 codos, distribuidos en 24 secciones…cuando la crecida alcanza los 19 codos sumergidos en el río, entonces, según la gente, es el más excelente de los años”…

Dedica Ibn Yubayr varios capítulos a elogiar al sultán, tantas veces mencionado. Se trataba nada más y nada menos que del gran héroe del mundo árabe Salah ad-Din, Saladino, que por aquel entonces ya se había convertido en el sultán de Egipto y Siria, respetado y admirado, tenía solo una espina clavada… Jerusalén había caído en manos de los cruzados.

Ibn Yubayr y su amigo, prosiguieron su camino de peregrinación, después de seguir en barco por el Nilo hasta la ciudad de Qus. Describe nuestro viajero su experiencia en el desierto hasta llegar al puerto de ´Aydab. En aquellos tiempos era el más importante, punto casi ineludible tanto para peregrinos como comerciantes. En dicho puerto embarcaron para  atravesar el Mar Rojo, donde una tempestad los sorprendió. Sanos y salvos arribaron unos días después a la ciudad de Yedda, el puerto de la Meca.

Ciudad de ´Aydab:

“es una ciudad en la costa del mar de Yudda, sin murallas, la mayor parte de sus casas son chamizos de cañas…es uno de los puertos más concurridos del mundo, porque los barcos de la India y del Yemen llegan a él, además de los barcos de los peregrinos que van y vienen. La ciudad está situada en un desierto sin vegetación y no se come en ella nada que no se importado…”

Nos informa Ibn Yubayr que sus habitantes en su mayoría viven de las necesidades de los peregrinos, tales como alojamiento, alquiler y la construcción de barcos o gerbas, que sirven a los peregrinos para cruzar el mar Faraónico (Mar Rojo). Cuenta acerca de la avaricia de su población, sobrecargando estas embarcaciones para sacar el máximo provecho económico posible. Atravesaron el Mar Rojo para desembarcar en la ciudad de Yedda, cerca de la Meca.   

Ciudad de Makka (La Meca):

“ …entramos en Makka en la primera hora del jueves 4 de agosto, por Bab al-´Umra…. Nos alojamos en una casa…cerca del Haram (recinto sagrado) y Bab as-Sudda, en un aposento provisto de numerosas comodidades de habitabilidad…”   

Ibn Yubayr, había cumplido su sueño. Estaba frente a la mezquita sagrada y de la casa antigua. Comienza nuestro viajero a hacer una descripción minuciosa y muy descriptiva de todas y cada uno de las esquinas del interior de la Ka´ba; sus puertas de plata dorada, mármoles veteados y jaspeados que recubren el interior, columnas de teca, telas de seda decorando el techo. Entusiasmado prosigue explicando el exterior de la venerada Casa. Atauriques, taracea e inscripciones cúficas completan la admiración de Ibn Yubayr hacia las personas que han realizado esta obra. Largos y minuciosos detalles siguen en las páginas y capítulos. Menciona que hay dos baños en La Meca y que uno de ellos lleva el nombre del visir de Mosul, Yamal ad-Din. Elogia y honra a este hombre, ya que gracias a sus infinitas donaciones y dedicación, se realizaron construcciones fundamentales para facilitar la vida a los peregrinos. Así mandó construir edificios, aljibes en los caminos, hizo llevar agua a ´Arafat, restauró las murallas y sus puertas…
Ibn Yubayr cuenta los ritos o estaciones rituales, ceremonias y fiestas que acompañan al precepto de la peregrinación. Nos habla de las tribus del Yemen que llegan a La Meca en masa, junto con cargamentos de trigo, alubias, carnes, frutas, manteca, miel, pasas, almendras. Estos yemeníes no venden sus mercancías sino que las cambian por telas, abrigos y mantos.
Después de más de ocho meses y muchos capítulos, Ibn Yubayr culminó su peregrinación, pero no su viaje por Oriente. Encaminó la ruta hacia el norte, hacia Irak.

Esta ruta desde La Meca y Medina hacia Bagdad la realizó Ibn Yubayr formando parte de una inmensa caravana, que avanzaba a ritmo de los camellos. Realizaron varias paradas en sitios claves donde había pozos de agua tanto para los hombres como para los camellos. Atravesaron wadi l- ´Arus, Tihama hasta Nayd.

“…no creo que haya en el mundo habitado un país de llanuras más vastas, ni de límites más espaciosos, ni de brisa más agradable, ni de aire más sano, ni de extensión más uniforme, ni de atmósfera más nítida, ni de suelo más puro, ni más reconfortante para las almas y los cuerpos, ni que el equilibrio sea más excelente en todo tiempo que en el país del Nayd….”    

 Después de hacer un alto en Kufa, la caravana llegó a la ciudad de Hilla:

“… es una gran ciudad, de antigua fundación, de forma alargada. No queda de sus murallas más que un recinto de paredes de tierra que la rodea. Está situada a la orilla del Éufrates… tiene numerosos mercados que reúnen productos propios de la ciudad…los vergeles de palmeras se suceden ininterrumpidamente tanto al interior como al exterior, y las casas están entre los palmerales…vimos en ella un inmenso puente construido sobre grandes barcas, que unen una orilla a la otra….”

Unas jornadas más tarde hicieron su entrada en la ciudad de Bagdad:

“…esta antigua ciudad continúa siendo la sede del califato abasí, pero la mayor parte de sus edificios ha desaparecido y no queda de ella sino el prestigio de su nombre. En comparación con lo que fue, antes de que las calamidades cayesen sobre ella y de que los ojos de la desgracia se volviesen hacia ella. Su apariencia es como los restos borrosos de un campamento, como las trazas borradas o la imagen de un fantasma inerte. No hay en ella hermosura que detenga las miradas y que invite a los espíritus inquietos a la despreocupación y a la contemplación, sino tan sólo su río Tigris, que corre entre su parte oriental y su parte occidental... la occidental está en su mayor parte invadida por las ruinas…la parte oriental es más moderna…comprende catorce barrios, cada barrio es una ciudad independiente…el más grande es el barrio de al-Qurayya, a orillas del Tigris,…hay dos puentes, uno de ellos cerca de la residencia del califa…“

Ibn Yubayr hace una descripción muy crítica de los habitantes, según él poco simpáticos, se nota sin embargo, una admiración por la ciudad a pesar de su estado ruinoso. Describe las mezquitas, madrasas, baños, zocos, de ambas partes de la ciudad. Se centra luego en las sesiones impartidas por alfaquíes sobre temas de religión, de las cuales extrae lo más significativo. Trece días después reemprenden la caravana, pero en esta ocasión acompañados de dos princesas, con sus enormes séquitos y tropas de seguridad. Atravesaron ciudades pequeñas, dejaron a atrás Mosul, que la describe de forma magnífica, dedica un capítulo al recibimiento en dicha ciudad de las princesas. La caravana sigue avanzando hacia el norte pasando por varias ciudades, como Ra´s al-´Ayn, Harran. Hasta que llegan a tierras sirias.

“cuando pasas el Éufrates alcanzas la frontera de Siria y viajas ahora bajo la obediencia de Saladino…”  

estatua de Saladino en Damasco (julio 2007)


La caravana tomó camino de Damasco, hacia el sur, pasaron por varias ciudades hasta llegar a Alepo. Lo primero que describe nuestro viajero andalusí es la citadel:

“posee una alcazaba célebre por las defensas, de extraordinaria altura, sin igual ni pareja entre las fortalezas…sus grandes cimientos son como una mesa circular de tierra: los flancos son de piedra tallada… antigua desde los remotos tiempos, nueva, aunque sin dejar de existir, ha rivalizado en duración con los días y los años y ha suscitado el ardor de los notables y del vulgo…”

Vista lateral de la Citadelle de Alepo (julio 2007)

Detalle de la entrada a la Citadelle (Julio 2007)


Relata Ibn Yubayr el mítico origen del nombre de la ciudad de Alepo, Halab en árabe, que significa leche. Así nos cuenta Ibn Yubayr:

“…una colina en la que se acogió Abraham…con unas pocas ovejas suyas que ordeñaba allí y cuya leche daba en limosna; por ese motivo se le dio el nombre de Halab…”

Prosigue hablando maravillas de los zocos, interminables ciudades dispuestos por oficios, indica que estos zocos o mercados están techados con planchas de madera. Su paseo por Alepo lo lleva hasta la mezquita omeya construida en el siglo X/XI.

“esta mezquita…un gran y espacioso pórtico rodea su vasto patio…hay dos pozos de agua corriente…el trabajo de talla ornamental en el almimbar… y el mihrab es enteramente una taracea de marfil y ébano…”

patio de la mezquita omeya de Alepo (julio 2007)


Unas jornadas más tarde, la caravana continúa su viaje hacia el sur, siguiendo las montañas del Líbano. Nos advierte que estas montañas son el límite entre las tierras musulmanas y la de los cruzados (Antioquia y Latakia), a lo largo de esta zona se extienden las fortalezas cruzadas como la de Hisn al-Akrad o el famoso crak de los caballeros. Finalmente llegan a la ciudad de Hamah:

“has de ver en su parte oriental un gran río que se extiende a través del flujo de sus ramales. En sus dos orillas, las ruedas hidráulicas se miran y en sus dos márgenes los huertos están ordenados armoniosamente….”

Norias de Hamah (julio 2007)



Siguiendo el camino hacia el sur, llegaron a Damasco:

“Paraíso del Oriente, lugar por donde aparece la belleza, elegante y esplendorosa…”

Después de alabar esta hermosa ciudad siria, comienza el capítulo donde describe la mezquita omeya:

“maestría de construcción, notable arte, esplendor de ornamentación y decoración… todos sus muros fueron cubiertos con fragmentos de color oro llamados mosaicos, en los que se mezclaban variedades de tinturas extraordinarias que imitaban árboles ramificándose en ramos… “

detalle del mosaico de la mezquita omeya de Damasco (agosto 2007)

Cofre (qubba) del tesoro, patio de la mezquita omeya de Damasco (agosto 2007)

atardecer en la mezquita de Damasco (agosto 2007)


Ibn Yubayr cuenta con bastante detalle la historia de su construcción, que durante un tiempo sirvió una mitad como Iglesia cristiana y la otra mitad como mezquita, hasta que el gobernador le compró a la Iglesia la parte cristiana. Nos da una descripción casi exacta de sus dimensiones, el numero de columnas y pilares sobre la que se apoya, el pórtico que circunda el patio, las hermosas cúpulas de plomo, sus tres macsuras, el muro de la quibla, el mihrab, los alminares que son tres, sus puertas, sus ventanas. Nos hace un relato muy visual de las actividades que se realizan en la mezquita.
Regresa al patio para describir las qubbas:

“en el patio hay tres qubba-s, una de ellas en el lado occidental es la más grande. Se alza sobre ocho columnas de mármol, elevándose tal que una torre adornada con mosaico y con decoración polícroma, como si fuese, en cuanto a su belleza un jardín… hay otra qubba pequeña en el medio del patio, cóncava y octogonal, de mármol…”

Ibn Yubayr nos enseña a través de sus palabras el monte Qasium y sus míticas cuevas, donde dice nacieron y fueron enterrados profetas. Nos revela los cementerios que rodean la ciudad, las puertas de Damasco con sus respectivos nombres, por donde discurren calles estrechas. Las viviendas de arcilla y caña, nos dice, suelen tener tres plantas.

“dentro de la ciudad hay una iglesia que goza de gran importancia entre los cristianos, se llama la iglesia de María…encierra una extraordinaria cantidad de imágenes que hacen turbar los pensamientos y cultivan las miradas…” 

Nos describe la convivencia entre cristianos y musulmanes, sus costumbres, sus formas de caminar por la calle, la amabilidad de su gente, los impuestos que deben pagar unos y otros. La estancia en Damasco tocó a su fin, cuando decidieron emprender el retorno a al-Andalus, que comenzó dirigiéndose hacia la ciudad de ´Akka (San Juan de Acre), que por aquel entonces estaba en manos de los cruzados.

“Es la capital de las ciudades de los francos en Siria, lugar de escala de naves…puerto de toda embarcación…lugar de reunión de barcos y de caravanas, punto de encuentro de mercaderes musulmanes y cristianos de todos los horizontes. Sus caminos y calles están atestados de gentío y resultan estrechos para poner los pies…los francos (cristianos) la arrancaron de las manos de los musulmanes…sus mezquitas se volvieron iglesias y sus alminares, campanarios…”

Pasó en aquella ciudad solo dos días, antes de seguir hacia la ciudad de Sur (Tiro), donde Ibn Yubayr se siente más cómodo, por la bondad de su gente, la limpieza de sus calles y la tranquilidad que se respira. Sin embargo, tuvieron que regresar a ´Akka para embarcar en un gran navío. Ocurrió que por falta de viento de levante, el barco tuvo que esperar. Ibn Yubayr y su amigo, se despistaron y cuando se dieron cuenta la nave había partido sin ellos. Decidieron alquilar una barca y salir al mar en busca de la gran embarcación, hasta que lograron alcanzarla y subir a bordo. Surcando las costas del mar mediterráneo, avanzaba la nave poco a poco. Avistaron la isla de Sicilia, cuando por la noche se levantó un viento cada vez más fuerte, tanto que empujaba la embarcación hacia la ciudad de Messina. Intentaron arriar las velas, pero el viento era muy fuerte. La tempestad hizo que la nave fuera a la deriva, raspó con su quilla el fondo y se rompió uno de sus timones. Gritos de los marineros, gritos de los pasajeros, rezaban los cristianos y los musulmanes:

“mientras, nosotros de pie mirábamos la tierra firme tan próxima y vacilábamos entre si lanzarnos a nadar hacia ella o esperar…”     

“… y vinieron unas barcas en nuestra ayuda, pues la alerta había sido dad en la ciudad. El rey de Sicilia, Guillermo, salió en persona con un grupo de sus hombres para contemplar aquel acontecimiento….”

Finalmente la pesadilla terminó cuando pisaron tierra firme. Realiza Ibn Yubayr una descripción del rey normando Guillermo, elogiando su grandeza, su tolerancia hacia los musulmanes, la belleza de las ciudades, como Palermo o Siracusa. Pasado un tiempo, los viajeros hicieron negociaciones para embarcar en un barco genovés, que los llevaría hasta la costa andalusí. Así lograron continuar el último tramo de su viaje. Desde las islas Baleares, pudieron distinguir las montañas de Denia, las cuales alcanzaron al día siguiente. Desembarcaron en Qartayanna (Cartagena) al anochecer, casi sin descanso marcharon en dirección a Granada, pasando por Murcia, Lorca, Guadix. Después de dos años, tres meses y medio de viaje y aventura Ibn Yubayr había regresado a casa. 

Cuatro años más tarde, cuando supo que Saladino había conquistado Jerusalén, emprendió entusiasmado un segundo viaje a Oriente, que duró desde 1189 – 1191, pero no hay noticias por escrito de aquel viaje. Regresó a Granada, donde continuaría con su vida discreta, pero no podía remediar el prestigio y fama que había ganado entre sus compatriotas.
Se trasladó luego a Málaga, Ceuta y Fez. Tras la muerte de su esposa, Atika Umm al-Mayd, emprendió un tercer viaje en el año 1217, cuando todavía no se sentía los efectos que habría de tener la derrota musulmana de las Navas de Tolosa (1212). Permaneció durante algún tiempo en la Meca, Jerusalén y Egipto, donde terminaría por radicarse en Alejandría. Allí pronto se hizo con un círculo de discípulos para estudiar el hadit.
Ibn Yubayr murió en Alejandría en noviembre de 1217 cuando tenía 72 años y había adquirido la celebridad y los méritos de un jeque.

domingo, 30 de diciembre de 2012

Red de Juderías de España

red de Juderías de España

Me gustaría que visitaran este enlace relacionado con las juderías de España. Me parece muy interesante y ameno, para viajar aunque sea de forma virtual por las ciudades españolas que aún conservan herencia de las viejas juderías.

Espero les guste.

Un abrazo y hasta pronto

Felíz Año 2013 !!

lunes, 26 de noviembre de 2012

PERSONAJES ANDALUSÍES EN RUTA POR ORIENTE



PERSONAJES ANDALUSÍES EN RUTA POR ORIENTE

Por Elisa Simon


El presente artículo le sigue a uno publicado anteriormente llamado “los viajeros andalusíes”. Ambos forman parte de una charla, que ofrecí hace un tiempo en la Asociación Amigos del Legado Andalusí, asociación cultural a la cual tengo el orgullo de pertenecer. 

En esta ocasión, nos vamos de viaje, concretamente a Oriente. Así que relájense y disfruten de la travesía. 

A lo largo y ancho de la historia las personas se desplazaron por motivos diversos, como el comercio o las colonizaciones. 
Los viajeros andalusíes musulmanes, los motivaba a viajar la religión islámica, y los andalusíes en general, se sentían atraídos a viajar por la cultura de Oriente, los estudios, el comercio, el afán del conocimiento.   

Estos “trotamundos” medievales, solicitaban una serie de servicios, que eran suministrados a lo largo del Mediterráneo y Oriente. Funduq, caravansares o khan son edificios con un gran patio central en torno al cual se albergaba a los comerciantes o peregrinos tanto en ciudades como a lo largo de las rutas. Cuentan con una zona de almacenaje de mercancía, otra de establos y la parte superior habitaciones para el descanso de las personas. Según la zona geográfica este tipo de alojamiento se denomina de forma distinta, funduq en el Magreb, khan o caravansar en Oriente.  
Los establecimientos de comida, los vendedores de los zocos, todos los recibían con los brazos abiertos. Solían viajar a solas o en grupos grandes o pequeños,  formando lo que se conoce como caravanas, que las formaban aquellos que mediante un pago determinado, compartían ruta y una serie de servicios ofrecido por el dueño de la caravana. Era una forma de viajar bastante segura. La hospitalidad y la solidaridad son algunas de las costumbres preislámicas, por el origen nómada de los beduinos arábigos.      
Muchos de estos viajeros no poseían grandes fortunas, por lo que solían  organizarse y alojarse en morabitos y rábitas, donde vivían los monjes y estaban subvencionadas con fondos públicos o donaciones piadosas, que cubrían las necesidades mínimas de alimentación y vestido a viajeros y necesitados.

Desierto de Merzouga, Marruecos. Febrero 2007. 
Imagen tomada por mi desde el segundo camello desde la izquierda.

Hacia el siglo VIII, cuando el Islam se había extendido por gran parte de Oriente y seguía su expansión hacia el Mediterráneo, el califa o sucesor del Profeta, desde su sede enviaba a gente para que explorara las nuevas tierras conquistadas. El califa necesitaba obtener información  geográfica, geológica, antropológica, ect. Entre los datos obtenidos por estos exploradores se encontraban los itinerarios, las vías y los caminos terrestres y marítimos, con el fin de poder establecer rutas de comunicación. No sólo para los transeúntes o comerciantes, sino para el movimiento de las tropas, los mensajeros, los espías, las embajadas diplomáticas. Los libros con las descripciones de países y sus gentes se convirtieron en un artículo fundamental para el desarrollo de las rutas por Oriente.
En el caso de los jóvenes andalusíes y magrebíes un motivo de viaje fue los estudios. Aquellos que disponían de medios y ávidos de saber, atravesaban mares y montañas para asistir a las clases magistrales de los grandes maestros tanto en las ciencias profanas como en las ciencias religiosas. Se creó así una especie de plan de estudios que exigía un recorrido cultural por diversas ciudades, donde los estudiantes eran formados y obtenían la licencia necesaria para ejercer la profesión que habían elegido, tales como la medicina, jurisprudencia, poesía o cualquier tipo de arte o ciencia. Hasta el siglo X los andalusíes acudían a Oriente para formarse, si bien, bajo el esplendor de la dinastía Omeya en al-Andalus, las tornas cambiaron, ya que muchos de esos grandes maestros se establecieron en Córdoba bajo la protección del califa. De esta manera se fraguó una excelente generación de maestros andalusíes que hacían innecesario el viaje a Oriente para obtener la licenciatura.

Otro motivo para emprender un camino lleno de aventuras y peligros era la religión. Los musulmanes deben cumplir ciertos preceptos, entre los que se encuentra la peregrinación a La Meca, al menos una vez en la vida. La situación geográfica de al-Andalus, en el extremo occidental del mundo islámico medieval, imponía un largo desplazamiento a quienes deseaban cumplir con el precepto de la peregrinación a La Meca o bien iban en busca del saber y de la ciencia.
Los andalusíes,  que quería ir hacia Oriente debían pasar por Egipto. Durante toda la historia de al-Andalus se ha mantenido una buena, fluida relación a todos los niveles. Tanto como lugar de llegada de los peregrinos andalusíes, como los comerciantes, especialmente entre Almería y Alejandría. Los continuos flujos de migraciones sobre todo después de la toma de Toledo (1085), cuando gran cantidad de andalusíes toledanos encontraron refugio en aquel país, también emigraron artistas, artesanos, maestros, etc.
El perfil del viajero andalusí, es el de un hombre que ya había recibido una formación intelectual en al-Andalus, con un nivel económico medio y alto, con idea de continuar sus estudios en el Magreb, en ciudades culturales de primer nivel como Fez, Trípoli, Qayrawán, Túnez, Alejandría, El Cairo, etc. 
Otra escala en su formación era la visita a la Península Arábiga, concretamente las ciudades de Medina y La Meca, no solo para cumplir el precepto religioso, sino para contactar con los sabios y maestros que hasta allí se acercaban desde sus respectivos lugares de origen.
Finalmente, no era raro que el viajero andalusí, antes o después de cumplir con los ritos religiosos, prosiguiera su andar para continuar sus estudios en Siria, Yemen o Jurasán. 

Los andalusíes usaban las siguientes rutas para efectuar sus viajes:
Ceuta solía ser la primera escala, desde allí continuaban por vía terrestre o marítima  hacia ciudades como Fez, Trípoli, Qayrawán, Túnez, Alejandría y El Cairo antes de cruzar hacia la Península Arábiga.

-          la ruta marítima:

Algeciras-Ceuta, desde donde seguían paralelamente a la costa de África, hasta llegar a Alejandría. Más tarde, durante las Taifas y sobre todo bajo los almorávides, desde Denia o Almería, pasando por el estrecho de Messina hacia Alejandría. El faro de Alejandría fue una de las razones de la fama de esta ciudad, en época de los Mamelucos.
  
     -  la ruta terrestre:

A través de los territorios del Magreb hasta Alejandría, pasando por Gabés, Tremcén, Tiaret, Túnez, Qayrawan, Trípoli, siguiendo el itinerario paralelo a las costas del Mediterráneo y algunas veces, los oasis del desierto occidental egipcio hasta la ciudad de Qus, en el Alto Egipto.

Con idea de transmitir las experiencias vividas, se creó en al-Andalus y el Magreb, un tipo de literatura muy demandada, llamada en árabe Rihla, que significa viaje. Si bien en sus inicios el desarrollo fue lento, alcanzó un gran auge en el siglo XII. Época en que el occidente musulmán se unificaba bajo los almorávides y más tarde los Almohades. Por otro lado, el avance cristiano a partir del siglo XI produjo una gran inseguridad en la población y provocó numerosas migraciones de sabios andalusíes, que decidieron abandonar sus ciudades. Toledo, Zaragoza, Valencia, Córdoba o Sevilla quedaron huérfanos de sabios y maestros. Muchos de ellos encontraron mecenazgo y se instalaron en países norteafricanos, como Marruecos y Túnez, pero también en ciudades como Alejandría o El Cairo y un poquito más allá, Damasco, Aleppo, Bagdad, etc.
Podemos decir que la Rihla o los relatos de viaje, es una aportación andalusí y magrebí. Estos libros son auténticos documentos históricos, llenos de información de primera mano, con un toque personal del viajero en cuestión. Hubo muchos viajeros andalusíes y magrebíes, pero los más destacados fueron: IBN AL-QALLAS (s. IX-X) ´ABD ALLAH B. AL. ´ARABI (s. XI-XII) IBN YUBAYR (s. XII-XIII) IBN RUSAYD (1º mitad s.XIII) IBN SA´ID AL-ANDALUSI O AL MAGRIBI (s. XIII) IBN BATTUTA (s. XIV) IBN AL-JATIB (s. XIV)

El siguiente artículo Ibn Yubayr nos llevará por lugares hermosos, seremos casi testigos de acontecimientos históricos, veremos a través de sus ojos ciudades hermosas como Damasco o Bagdad.

BIBLIOGRAFIA:
CSIC: ABU HAMID. ANA RAMOS, UNIVERSIDAD MADRID.
Ibn Yubayr: A través del Oriente. El siglo XII ante los ojos. Rihla (ed. Felipe Maíllo Salgado). Barcelona: Eds. del Serbal, 1988, pp. 25 
NOTA:
Sobre Ibn Battuta hay una magnífica serie documental. De Tim Mackintosh.
INTERNET http://www.saudiaramcoworld.com/issue/196107/ibn.battuta.traveler.from.tangier.htm
http://www.saudiaramcoworld.com/issue/200504/the.traveler.ibn.battuta.htm
http://www.mackintosh-smith.com/