sábado, 10 de noviembre de 2012

IBN ZAYDUN Y LA PRINCESA WALLADA


IBN ZAYDUN Y LA PRINCESA WALLADA

Esta es la historia de amor de dos poetas cordobeses: la bella princesa Omeya Wallada y el apuesto poeta Ibn Zaydun.





La pasión de estos poetas tuvo lugar en Córdoba, capital de al-Andalus, durante una época convulsa. Después de la caída del Califato (1031), se produjo un largo período de guerra civil en al-Andalus, llamada fitna. El vacío de poder central en Córdoba, provocó que en distintas ciudades, pueblos y fortalezas se alzaran al poder dirigentes locales. La lucha encarnizada por alcanzar el trono del ya desaparecido califato, enfrentó a dos fracciones principales: los seguidores de la dinastía Omeya, que engrosaban el estrato social de andalusíes de origen árabe y por la fracción de los seguidores de los beréberes, introducidos en al-Andalus bajo el gobierno de al-Mansur (siglo X). Es una parte de la historia de al-Andalus compleja y desoladora, por lo que no voy a seguir ahondando, para no perder el hilo de lo que quiero contarles.

En medio de las intrigas, traiciones y asesinatos por encargo, dos jóvenes dieron rienda suelta a los sentimientos más puros e intensos.   

La princesa Wallada, era hija del califa omeya al-Mustakfi y Amina, una esclava cristiana. Tuvo una infancia feliz y una educación acorde a su rango social.
Su adolescencia trascurrió paralela a la agonía del Califato. La hermosa Wallada dio muestras de su carácter fuerte, cuando decidió no llevar velo, gozó de una libertad inusual para una mujer de su época. Participaba en las tertulias poéticas con los intelectuales, dando amplias muestras de su valía como poetisa. Wallada contaba con admiradores y detractores, mientras que el pueblo llano, improvisaban canciones y coplas sobre la princesa. Alcanzó una alta posición y heredó de su padre riquezas suficientes para ser una mujer independiente. Para entonces, se había convertido ya en una prolífera poetisa, que competía con poetas y literatos.




Fue entonces, cuando decidió abrir un salón literario. En aquella hermosa casa, con varias estancias abiertas al patio central, enseñaba a leer, escribir, recitar a las hijas de las familias ricas e iniciaba a las esclavas en el arte de la poesía y el canto. Con el tiempo, el salón literario, se convirtió en un lugar obligado de reunión para los intelectuales. Estos discutían acerca de los vaivenes de al-Andalus, la destrucción de Medina Zahra o comentaban acerca del califa de turno. Todo ello en un entorno con aroma a sándalo, disfrutando de ricos manjares y sabrosos zumos naturales. Las sirvientas de Wallada se ocupaban de todo lo relacionado con el buen funcionamiento de su salón literario, siempre bajo la atenta mirada de la princesa. Ella hacía especial hincapié en el desarrollo de la poesía, más que en temática política. De esta manera, Wallada organizaba sesiones poéticas, donde se improvisaban versos y estrofas llenas de color, ritmo y descripciones, en un ambiente distendido envuelto en almohadones de seda, copas de vino, el suave sonido del laúd y la sutil fragancia a almizcle.




Un cronista afirmaba: “Aquel salón era lugar de reunión de los nobles del país y su patio era como un campo de carreras para los caballos de la poesía y la prosa….. mezclado eso con… la pureza de sus vestidos. Por ser, sin embargo, despreocupada y demostrar sus pasiones, la crítica se abrió camino para hablar contra ella.”

La bella Wallada, de cuerpo esbelto, de tez blanca, ojos azules, rubia-pelirroja  vestía a la moda de Bagdad. Llevaba bordados en los hombros de sus vestidos. En el lado izquierdo decía: “Por Allah, que merezco cualquier grandeza y sigo orgullosa mi camino.” Y en el lado derecho decía: “doy gustosa mi mejilla a mi enamorado y doy mis besos a quien los quiera.”

Ibn Zaydun, joven noble de excelente posición, con gran influencia política y sin duda el intelectual más elegante y atractivo del momento acudía al salón de Wallada.



Una noche de tertulia, sus miradas se cruzaron, sus corazones comenzaron a latir como si de una danza se tratase. Ibn Zaydun encendido de amor, visitaba el salón de Wallada todos los días, sólo para contemplar la belleza de aquella extraordinaria mujer. Ella también había quedado fascinada por la penetrante mirada del poeta y el sonido grave de su voz. Se enamoraron. Comenzó así una apasionada historia de amor, que debían mantener en secreto. De ahí que decidieron expresar sus sentimientos a través de la poesía:

 Wallada escribía estos versos dedicados a Ibn Zaydun:

“Espera mi visita cuando apunta la oscuridad
Pues opino que la noche es más encubridora de los secretos
Tengo algo contigo que si coincidiera con el sol
Éste no brillaría
Y si con la luna, ésta no saldría
Y si con las estrellas, éstas no caminarían.”


Ibn Zaydun por su parte le contestaba:

“Tu amor me ha hecho celebre
entre la gente
por ti se preocupa mi corazón y
pensamiento,
cuando tú te ausentas
nadie puede consolarme y
cuando llegas todo el mundo está presente.”

Y también le decía:

“Si he perdido el placer de verte,
me contentaré oyendo hablar de ti.
Si el guardían se descuida,
Me contentaré con un breve saludo.
Temo que los censores sospechen, pero
¿Hay plazo en el amor?”


 Ibn Zaydun la describe así:

Aquella muchacha de ojos bellos,
De fragancia deliciosa,
De aliento perfumado, de aroma penetrante,
Me tendió su fina mano, y comprendí
Que era hermosa mujer de mirada seductora.
Por su talle corre fresca sabia juvenil;
Ungida está de almizcle por su muy clara virtud.
Cuando me ofrece jazmines en la palma de su mano
Recojo estrellas brillantes de la mano de la luna.
“Tiene carácter dulce,
talle perfecto
y una gracia como el aroma
o la euforia del vino.
Me ofrece solaz su charla
Tan deleitosa
Como la unión amorosa
Lograda tras la ausencia.”



Cuando Ibn Zaydun debía ausentarse de Córdoba por actividades políticas, Wallada lo extrañaba y sintiendo su ausencia escribía:


“¿Acaso hay para nosotros,
después de esta separación, una salida;
puede quejarse cada uno de nosotros
de lo que ha sufrido?
Pernoctaba yo en los tiempos
De nuestras visitas mutuas durante el invierno
Sobre las brazas crepitantes por la pasión.
¿Cómo, pues, estando en la situación de este abandono,
ha apresurado el destino lo que yo temía?
Giran las noches y no veo el fin
De nuestro distanciamiento,
Ni la paciencia me libra
De la esclavitud de mi anhelo.
Riegue dios la tierra donde estés
Con toda clase de lluvias copiosas.”


Ibn Zaydun, por su parte, le escribía:

“Cuando tú te uniste a mí
como se une el amor al corazón,
y te fundiste conmigo
como el alma se funde con el cuerpo,
enfureció a los detractores
el lugar que yo ocupaba en ti:
en el corazón de todo rival
arde la llama de la envidia.”



Lamentablemente, la intuición de Ibn Zaydun contenida en estos dos últimos versos, no tardó en convertirse en realidad. Su relación amorosa con Ibn Zaydun fue víctima de intrigas surgidas en medio de la violencia política que imperaba en al-Andalus. 
Ibn Zaydun ocupaba una posición política privilegiada, y contaba entre sus enemigos con Ibn Abdús. Era éste un  poderoso visir del débil califa de turno. Ibn Abdús, envidiaba a Ibn Zaydun sobre todo por su relación con Wallada. Tramó entonces una trampa para el noble poeta. Sobornó a una esclava de la princesa, para que sedujera a Ibn Zaydun. Éste, sin sospechar, pecó de ingenuo. La esclava de Wallada puso en marcha todas sus armas de seducción hasta que Ibn Zaydun se dejó envolver. Cuando “su presa” había caído en el engaño, apareció el visir e hizo público la supuesta traición. 

Wallada montó en cólera. Su orgullo estaba dolido, su prestigio dañado, su vida pública se vio salpicada por este escándalo. La hermosa princesa había sido traicionada por su gran amor. Ella no pudo o no supo perdonarlo. El pobre Ibn Zaydun desesperado, se deshizo en explicaciones y disculpas. En la corte se supo que había sido el visir Abdús quien había orquestado la conspiración. Ibn Zaydun era consciente de que su carrera política también podría correr peligro.  Pero de momento, sólo sabía llorar de amor, hizo todo lo posible por obtener el perdón de la hermosa princesa, pero ella no dio su brazo a torcer. Su orgullo y su fuerte carácter hicieron que el amor apasionado se tornara en apasionado odio hacia él. Éste por su parte, quedó desolado, muerto de amor, deambulaba por la calles de Córdoba completamente abatido. Ni se acercaba al salón literario, pero llegaron a sus oídos los versos que la herida Wallada le dedicó:

“Si hubieses hecho justicia
al amor que hay entre nosotros
no hubieses amado ni preferido a mi esclava
ni hubieses abandonado la belleza de la rama
cargada de frutos
ni te hubieses inclinado hacia la rama estéril
siendo así que tu sabes que yo soy
la luna llena en el cielo,
sin embargo, te has enamorado,
por mi desgracia, de Júpiter”



Ibn Zaydun arrepentido, roto de dolor, hizo lo imposible para obtener su perdón:


“Desde que estas lejos de mí,
el deseo de verte consume mi corazón
y me hace lanzar torrentes de lágrimas
mis días son ahora negros y
antes, gracias a ti, mis noches eran blancas.”


Pura Piedra

Cuando te enteraste de lo mucho que te quiero
Y supiste el lugar que ocupas en mi corazón,
Y cómo me dejaba arrastrar por el amor, sumiso,
Yo, que a nadie más que a ti consentí que me arrastrara,
Te alegraste de que el sufrimiento cubriera mi cuerpo
Y de que el insomnio pintara de negro mis párpados.
Pasa tus miradas por las líneas de mis cartas
Y verás mis lágrimas mezcladas con la tinta.
Cariño mío: mi corazón se deshace
De quejarse tanto a un corazón de pura piedra.”


El envidioso visir Ibn Abdús no se contentó con separar a Ibn Zaydun de Wallada, sino que además, provocó su caída política en Córdoba. El apuesto poeta fue encarcelado, pero logró escapar de su celda y se refugió en Sevilla, donde gobernaba el temible al-Mu´tadid. Ibn Zaydun se convirtió en uno de los visires más cercanos y de confianza del rey de Sevilla. 

La princesa Wallada, dolida, quizá por venganza se  acercó al visir Abdús, quien siempre la había deseado. Ella lo sabía, pero nunca le había dado esperanzas.  Ibn Zaydun, desde Sevilla, al enterarse de esta relación, escribió una sátira sobre Ibn Abdús.

¡Oh que noble es Wallada!
Un buen tesoro para quien busca ahorrar
Pensando en las necesidades del futuro.
¡Ojalá distinguiese entre un albéitar y un perfumista!
Me han dicho que Abu Abdús la visita y
Me han contestado: a veces la mariposa busca el fuego.”


La respuesta a este poema no se hizo esperar. Wallada, le escribió estos versos:

Poema de los siete insultos

“Tienes por apodo el hexágono
y es un calificativo que no abandonarás mientras vivas.
Pues eres, sodomita, degenerado, adúltero, cabrón, cornudo y ladrón.”


Ibn Zaydun, a pesar de sus virtudes,
Maldice de mí injustamente y no tengo culpa alguna;
Me mira de reojo, cuando me acerco a él,
Como si fuese a castrar a su ´Alí.”


Ibn Zaydun continuó con su excelente labor de visir, bajo el rey al-Mu´tamid, también poeta. Desde Sevilla su corazón seguía latiendo por ella y su alma vibraba con su recuerdo. El eterno poeta enamorado murió en Sevilla en 1070, habiendo alcanzado la máxima reputación, poder y riqueza personal. 

Wallada, por su parte, vivió bajo la protección de Ibn Abdús. Con el tiempo, la bella princesa perdió su fortuna, recorrió al-Andalus exhibiendo su talento poético, en idas y venidas, que siempre la llevaban a Ibn Abdús, en cuyo palacio acabó viviendo, aunque sin casarse con él. Así envejecieron hasta cumplir más de 80 años. Cuentan algunos cronistas que Wallada murió en el 1091, cuando los almorávides llegaron a al-Andalus.

Así termina esta historia de amor en tiempos difíciles. Espero que les haya gustado. 

Por Elisa Simon 
   

LIBROS

 - El libro de Magdalena Lasala "La Omeya" http://www.libreria-mundoarabe.com/wallada-la-omeya-p-5255.html

Wallada, la última luna" de Matilde Cabello, editorial Almuzara  http://www.lukor.com/literatura/05062005.htm

MUSICA 

Eduardo Paniagua http://www.systemrecords.co.uk/paniagua-eduardo-wallada-zaydun-p-985053.html

BIBLIOGRAFIA

Cronistas que escribieron sobre Wallada:

Ibn Baskuwal, Ibn Sa´id e Ibn Bassam


-          TERESA GARULO, Diwan de las poetisas de al-Andalus, Ediciones Hiparión, Madrid 1985

-          LOPEZ DE LA PLAZA, Al-Andalus: Mujeres, Sociedad y Religión. Malaga, 1992

-          SOBH, Poetisas Arabigo-andaluzas, Granada 1994


INTERNET: http://www.andalucia.cc/viva/mujer/aavcordo.html - Matilde Cabello - Escritora.

lunes, 5 de noviembre de 2012

“ANECDOTAS DE HASDAY” Mecenas de la cultura sefardí andalusí


“ANECDOTAS DE HASDAY”    


Mecenas de la cultura sefardí andalusí






En este artículo, quiero recordar con Ustedes la importancia e influencia que tuvo Hasday ibn Shaprut en el origen de la cultura sefardí de al-Andalus. Gracias a su mecenazgo, su tenacidad y su cargo como na´sí o príncipe de las comunidades judías andalusíes, convirtió la ciudad de Córdoba en el centro del saber para los judíos de dentro y fuera de al-Andalus.

Hasday atrajo a sabios y eruditos sefardíes, del Magreb y de Oriente, para que desarrollaran en Córdoba los estudios del Talmud, la poesía, la ciencia, la medicina y las artes. Bajo su patrocinio trajo libros de Oriente y de todos los rincones del mundo conocido, para ser traducidos y ampliar el saber en al-Andalus. Hasday sentó las bases para alcanzar el esplendor de la cultura sefardí andalusí en todos los campos del saber en los siglos siguientes.
 
En este artículo me gustaría mencionar fundamentalmente a tres personajes que florecieron gracias al mecenazgo de Hasday. Menahem ben Saruq, Dunash ben Labrat y Moshe ben Hanok.


pieza del museo Casa de Sefarad Cordoba

Recordarán de los artículos anteriores a su secretario, Menahem ben Saruq. Hasday le encargó un trabajo muy especial: la redacción de un diccionario-hebreo de las raíces bíblicas, llamado “Mahberet”. En dicho diccionario Menahem incluyó:

        “con claridad la lengua hebrea de acuerdo con el contenido esencial de sus fundamentos y la esencia de sus raíces, aplicando la plomada de la razón y el cordel de medir de la instrucción para explicar los sentidos de sus especies según leyes regulares, exponer las clases de significados de acuerdo con sus divisiones, mostrar las acepciones de la palabra según su significado, enseñar las letras que forman parte de la raíz y las que tienen función servil en medio de la palabra y en sus dos extremos, hasta llegar a abarcar plenamente la lengua hebrea y hacerla inteligible en toda su extensión. “

Menahem se tomó muy en serio su tarea. Fue agrupando las palabras hebreas según sus raíces biconsonanticas, uniconsonanticas y triconsonanticas. Explicó y ofreció su interpretación, en hebreo, del significado de la raíz de cada palabra en lengua hebrea. Así surgió una literatura hebrea andalusí unido a estudios lingüísticos. 
Cuando este diccionario se dio a conocer, comenzó una gran discusión de tipo gramatical, semántica, filológica y hasta religiosa. Esto afectó, en parte, a la vida diaria de los judíos de al-Andalus. Las interpretaciones del diccionario llegaron a confundir al pueblo en sus quehaceres diarios.
Los defensores y detractores del diccionario de Menahem dividieron a los sefardíes. Sin embargo, dejando aparte lo que se formó, es relevante la importancia de que se trata del primer diccionario en hebreo, que daría lugar al desarrollo de la lengua hebrea en al-Andalus. Además, este diccionario sería de máxima ayuda para los judíos que desconocían el árabe, así fueron favorecidos los judíos europeos. Aquellos que no sabían árabe, desconocían el origen de la raíz de las palabras hebreas, similar a las árabes. 
Uno de los principales detractores del diccionario de Menahem fue el poeta Dunash ben Labrat ha Levi. Este poeta había llegado a Córdoba gracias a la invitación de Hasday. Dunash ben Labrat, “ …originario de Bagdad y educado en Fez…”, como nos indica Moseh ibn Ezra. Nació hacia 920-925, estudió en Sura, Babilonia, donde aprendió no solo la lengua y cultura árabe sino la gramática y jurisprudencia rabínica. Uno de sus maestros fue Se´adyah       Ga´on, impulsor de la renovación y apertura de la cultura judía. Estas enseñanzas hicieron que Labrat contribuyera de forma destacada al florecimiento de la poesía sefardí. La relevancia de Dunash y su gran aportación a la poesía fue adoptar el sistema métrico árabe en poesía y a las características de la lengua hebrea. Lo importante es que Dunash adoptó la temática de la poesía en árabe, tales como descripciones de la naturaleza, temas amorosos, poesía dedicada a los pájaros, el agua, el vino, las fiestas, la amistad, etc.

“Me dice: no duermas, bebe vino viejo.
Hay alheñas y lirios, mirra y áloes,
En el jardín con granados, palmeras y parras,
Plantas agradables y muchos tamariscos,
Ruidos de acequias y sones de laúdes,
Acompañados de la voz de cantores con cítaras y adufes. ….”

Según parece fue el hazzan o cantor de sinagoga de Córdoba. Compuso poemas litúrgicos que son hoy conocidos en todo el mundo judio.

Las  desavenencias y controversias gramaticales y filológicas entre Dunash y Menahem, pronto se convirtieron en discusiones, que se extendía más allá de los salones de las Academias.  Dunash escribió una serie de artículos y libros criticando la postura de Menahem en su diccionario. Sin embargo, fueron los discípulos de ambos filólogos, los que más crudamente se enfrentaron en sendas cartas, poemas, artículos, defendiendo a sus maestros. De ahí que Menahem no se defendiera personalmente de ninguno de los ataques de Dunash. Con el paso del tiempo, estas discusiones dieron lugar a dos posturas enfrentadas dentro de la comunidad sefardí. Mientras unos defendían las viejas tradiciones de Menahem,  la otra hacía lo propio con las ideas innovadoras de Dunash. Hasday ibn Shaprut se vio, sin querer, entre ambas facciones. Intentó mantenerse neutral, sin embargo, parece que se vio forzado a decantarse por una de ellas. Optó por las ideas innovadoras introducidas por los sabios de Oriente. De esta manera, su secretario Menahem, perdió el favor de su mecenas. Según parece sufrió ataques físicos e incluso le quemaron su casa. Aunque Hasday no tuvo nada que ver en aquellos disturbios, Menahem lo culpó de ello, tal como describe este poema de Menahem:  

“la morada que me dejaran en herencia mis padres
Ordenaste profanar el día de la Fiesta.
Vinieron unos forajidos y la asolaron…”

En otro poema criticó a Hasday.

“me juzgaste con el juicio de Dios,
Dictaste sentencia como si fueras el Señor,
Que es a la vez testigo y juez…”

Menahem se lamenta en este poema:

“… tendrías que honrarme por haber trabajado en casa de mi señor, tu padre…..
Sirviéndote agua en las manos… el me tenía aprecio y me atraía con los lazos de la amistad…
Y mientras me tuvo bajo su sombra, no me hizo daño el sol.
En la medida de las pocas fuerzas de mi inteligencia proclamé yo sus alabanzas.
Grabadas están en el Arca del Testimonio en la Sinagoga que él construyó en honor del Señor,
Y la inscripción es obra de mi mano… “

sala 6 del museo de Lucena, Cordoba.


Para dar un poco de oxígeno a este artículo voy a contarles la llegada a Córdoba del tercer personaje relacionado con Hasday. El rabi Moshe ben Hanok. Mientras en al-Andalus los sefardíes fueron adquiriendo importancia gracias a los patrocinios y esfuerzos de Hasday, en Oriente las grandes Academias Talmúdicas estaban ya en decadencia, y eran regidas por directores o gaonim (singl. Gaon). Dos de estos centros talmúdicos se situaban en las ciudades de Sura y Pumbeditha respectivamente. En ellas se estudiaba la interpretación del Talmúd y se velaba por los intereses de las comunidades judías. En estas Academias se estudiaba no solo el saber religioso, sino el profano también, como la medicina o la poesía, por ejemplo. Lo que se dictaba como enseñanza servía de guía o apoyo a todas las comunidades judías esparcidas por el mundo conocido de aquella época. Hacia mediados del siglo X, estas Academias iniciaron una imparable decadencia. La precaria situación de las Academias de Babilonia forzó su cierre y la migración de sus directores o gaonim hacia otros países.  


    
Fue así como cuatro de los sabios de estas Academias embarcaron hacia Occidente con la idea de crear nuevas Academias. En una de estas naves viajaba el gaon rabi Moshe ben Hanok con su esposa y su hijo. Una tempestad  empujó su embarcación hacia las costas italianas. Allí el corsario Ibn Rumahis, asaltó la nave y apresó a sus pasajeros. La esposa de Hanok, temerosa de lo que le pudiera ocurrir, decidió arrojarse al mar, dejando desolado a su esposo e hijo pequeño. Como Ibn Rumahis estaba subvencionado por el califa abd ar-Rahman III, los prisioneros convertidos en esclavos arribaron al puerto de Córdoba, donde fueron ofrecidos al mejor postor en el mercado de esclavos. A todo esto,  Hasday sabiendo que entre los esclavos se encontraban judíos, éste los redimió y pasaron a formar parte de la comunidad cordobesa. Moseh y su hijo, cansados, humillados y tristes por la muerte de su esposa y madre, llevaban una vida anónima en la capital del califato. No habían dicho a nadie que Moseh había sido gaón de Babilonia.
Moseh solía asistir regularmente a las sesiones de la escuela talmúdica en la sinagoga. Se sentaba en un rincón para escuchar al dayyan o juez, rabí Nathan. Un día estando rabí Nathan explicando un pasaje del Talmud, dio una interpretación que no compartía Moseh. Sin embargo, guardó silencio y esperó hasta que los asistentes expusieran sus preguntas y que el rabí respondiera. Fue entonces, cuando Moseh hizo su comentario, dejando tanto al dayyan como a los allí presentes atónitos por su forma de expresarse y de exponer su argumento. Su modestia y humildad con la que demostró su sabiduría, hizo que se ganara la simpatía de los asistentes y la admiración del dayyan Nathan. En aquella misma sesión, rabí Nathan terminó invitando a Moseh a subir a su cátedra para que continuara sus explicaciones e interpretaciones de los pasajes del Talmud. Una vez finalizada la sesión, rabí Nathan declaró solemnemente que a partir de ahora el cargo de juez y maestro lo ostentaría Moseh ben Hannoch. Hasta ese momento no se descubrió su identidad. De esta forma Córdoba se convirtió en uno de los centros del saber más sobresalientes del judaísmo. La herencia de la gran Academia de Babilonia acababa de establecerse en la capital de al-Andalus, lo cual atrajo a un sinfín de judíos que se asentaron en Córdoba.

Un siglo más tarde, bajo los reinos de taifas, esta Academia se trasladó a la hermosa ciudad de Lucena, que se convirtió en el Perla de Sefarad…. Pero esa es otra historia. 

Elisa Simon


BIBLIOGRAFÍA

- Judíos Españoles de la Edad de Oro. Antonio Antelo Iglesias. Fundación Amigos de Sefarad. Madrid 1991 
-  Literatura Hebrea en la España Medieval. Ángel Sáenz-Badillos. Fundación Amigos de Sefarad. Madrid 1991 



domingo, 28 de octubre de 2012

"Al-Andalus fue el esplendor de la alquimia vegetal"

Encontré este interesante artículo mientras buceaba un rato por la red. Me pareció buena idea compartirlo con Ustedes. Espero les interese. Un saludo, Elisa
"Al-Andalus fue el esplendor de la alquimia vegetal" ( Diario Córdoba - 10/10/2012 )

jueves, 4 de octubre de 2012

“ANECDOTAS DE HASDAY” – Embajada alemana en Medina Zahra


“ANECDOTAS DE HASDAY”  

Embajada alemana en Medina Zahra

Por Elisa Simon

En esta ocasión Hasday ibn Shaprut tuvo que emplearse a fondo para evitar el enfrentamiento entre dos pesos pesados del siglo X: el Kaiser Otto I “el Grande” (912 – 973) y el califa de córdoba Abd ar-Rahman III.

Se preguntarán ¿Qué relación pudo haber entre estas dos potencias en aquellos tiempos?

Espero poder aclarar esta cuestión sin meterme en un berenjenal…
El detonante de este conflicto, lo produjeron los corsarios andalusíes del golfo de Saint Tropez.

Menos mal que no quería meterme en ningún jardín, pero es inevitable.

A lo largo de casi un siglo la costa francesa, el norte de Italia y los principales pasos de los Alpes suizos estaban controlados por corsarios andalusíes, que tenían su base en el golfo de la actual ciudad de Saint Tropez, más concretamente en la zona de la montaña llamada en aquellos tiempos Fraxinet (actual Garde-Freinet).
En la Provenza francesa, en el momento de la llegada de estos andalusíes, reinaba un vacío de poder, por lo que éstos pudieron campar a sus anchas, sin encontrar resistencia. Es más, edificaron fortalezas y entraron en contacto con lugareños, a los que le enseñaron acerca de la agricultura, la pesca e introdujeron flora, hasta ese momento inexistente en la región. La cuestión es que estos corsarios de Fraxinet, apoyados por el califa de Córdoba, controlaban los puertos alpinos, impidiendo así el paso a los peregrinos cristianos que deseaban llegar a Roma.  
Debo decir que esta historia de los corsarios, es muy interesante y poco conocida, pero no puedo explayarme más, ya que nuestro tema es la embajada alemana y el papel de Hasday en ella.

Como indiqué al principio durante casi un siglo vivieron estos andalusíes bajo el amparo del califa, hasta que hacia 950 el Kaiser Otto I dijo basta. Decidió enviarle un mensaje a Abd ar-Rahman III, exigiendo el cese de los bloqueos y demás operaciones de los corsarios de Fraxinet contra los cristianos peregrinos.
Abd ar-Rahman III envió entonces un legado, llevando un mensaje para el monarca alemán. Encabezaba esta comitiva un obispo mozárabe, que murió en el camino. Sin embargo, la carta sí que llegó a manos de Otto I. En ella parece ser que el califa se expresó en un tono algo subido y además invitó al Kaiser a abrazar el Islam. Se podrán imaginar Ustedes el enfado de Otto “el Grande”, por lo que no estuvo dispuesto a recibir en audiencia a la embajada andalusí, que permaneció en Alemania, esperando ser recibidos por el monarca.


El Kaiser, hombre de carácter fuerte, mandó redactar una carta escrita en griego como respuesta, en una terminología poco amable e insultante. Estando las relaciones diplomáticas tan tensas... 
¿quién era el guapo que se atrevería a entregar semejante carta al poderoso califa?
Se presentó voluntario un monje benedictino procedente de Gorze, llamado Juan. Lo acompañó otro monje, Garamannus y un pequeño séquito. Partieron de la zona de Lorena, atravesaron Langres, Dijon, Lyon, Avignon, Barcelona, Tortosa, Zaragoza y Córdoba. Después de estos 2.000 kilómetros los monjes arribaron exhaustos. Fueron recibidos por Hasday con todos los honores y alojados en una almunia cerca de la Iglesia de San Martín en las afueras de la ciudad. Hasday se ocupó de que no les faltara de nada. Juan le entregó a Hasday la carta del Kaiser. Se podrán imaginar a Hasday leyendo su contenido. Se quedaría de piedra y pálido como la tiza. 

¿Cómo le iba a presentar al califa un mensaje así? Pensaría él. Era costumbre que el califa conociera el contenido de las cartas diplomáticas antes de recibir en audiencia a sus portadores. Hasday dio a conocer el contenido de la misiva al califa, quien decidió que los recibiría si le entregaban sólo los regalos, pero no la carta. Hasday se lo hizo saber al benedictino, que era bastante terco y se negó en rotundo. Mientras el monje Juan y su séquito esperaban en Córdoba ser recibidos, los embajadores andalusíes hacían lo mismo en Alemania. Total, que ambas comitivas quedaron durante años aguardando ser recibidos. 
Durante la prolongada estancia del monje Juan en Córdoba, Hasday mantuvo constante conversaciones con él. Mientras el califa dilataba la contestación de la carta insolente del Kaiser Otto. Finalmente el califa ordenó enviar otra representación andalusí para Alemania, encabezada por un mozárabe llamado Recemundo. Era éste un clérigo que trabajaba en la corte del califa y conocía tanto el árabe como el latín. Recemundo comenzó su hazaña en la primavera del año 955 y diez semanas después fue recibido calurosamente por los monjes del monasterio de Gorze. Más tarde se trasladó a Frankfurt, donde fue recibido por el Kaiser Otto I. Parece ser que Recemundo logró calmar al indignado monarca alemán. Por fin, los dignatarios andalusíes pudieron regresar con Recemundo a su tierra después de varios años en Alemania. En el mes de Junio del 956, Recemundo era portador de nuevos mensajes más suaves y diplomáticos. Como recompensa fue nombrado obispo de Elvira.  

Por su lado, después de tantos años de estancia del monje Juan en Córdoba y las constantes visitas de Hasday, lograron despertar la admiración de éste hacia Hasday. El monje Juan dijo “nunca he visto un hombre de intelecto tan sutil como el judío Hasday” (“Vita Gorziensis Johannis, cap.21)
Imagino las idas y venidas entre la almunia del monje y Medina Zahra haciendo todo lo posible para evitar una revuelta o un conflicto aún mayor.
Bajo estas nuevas condiciones, Hasday se apresuró en organizar la recepción de la embajada del emperador alemán en el Salón Rico de Medina Zahra.

Cito al abad de San Arnulfo: “El día señalado para la audiencia, se desplegó el más imponente aparato de la pompa real. Desde el alojamiento de Juan hasta Córdoba, y luego de Córdoba a Medina Zahra, cubrían la carrera fuerzas armadas y había jinetes que simulaban escaramuzas y levantaban nubes de polvo. Desde el umbral, el palacio estaba tapizado hasta la sala del trono. Y en ella el caifa, como una divinidad inaccesible o poco menos, recibió a su huésped y como favor insigne, le dio su mano a besar….”

Dionisio Baixeras Verdaguer 1885 - Universidad de Barcelona 


Lástima que la biografía de Juan de Gorze está inconclusa por lo que no sabemos si el benedictino quedó contento cuando regresó a Alemania.
Según parece las relaciones entre el Kaiser Otto I y el califa quedaron normalizadas. Los corsarios de Fraixinet no duraron mucho tiempo más en aquellos territorios. Debemos tener en cuenta que el califa Abd ar-Rahman III murió unos años después y su hijo Al-Hakam II se caracterizó por ser hombre de paz. De ahí que sea posible que cesaran las acciones de estos corsarios andalusíes.

Antes de acabar me gustaría aclarar que, las fuentes árabes casi no mencionan a estos piratas del golfo de Saint Tropez y los acontecimientos de la propia embajada alemana, pero sí lo hicieron fuentes latinas.

Entre ellas se encuentra un poema épico llamado “Gesta Ottonis” escrita por la monja Hrosvita. Se trata de un relato sobre la vida de Otto I basado en testimonios orales. Hrosvita de Gandersheim es considerada la primera escritora alemana mística. Ella era de origen noble, incluso estaba  emparentada con la casa real alemana. De ahí que tuviera acceso a la información necesaria para su “Gesta Ottonis” escrita en latín.

Además existe la biografía de Juan de Gorze, escrita por su amigo, también llamado Juan que era abad de San Arnulfo en Metz.  

Otra fuente latina fundamental es la obra del obispo de Cremona “Antapodisis”, que narra acerca de las colonias andalusíes de Fraxinet.

Por falta de tiempo no he podido acceder a estas fuentes, por lo que a continuación detallo como habitualmente la bibliografía empleada para este artículo.

Bibliografía:

-      Historia de España de Menendez Pidal Tomo IV – Espasa Calpe
-      Historia de los musulmanes de España Tomo III – Reinhart Dozy – Ed. Turner
-      Internet: fragmentos extraídos de pequeñas reseñas sobre obras alemanas escritas en latín como “Vita Gorziensis Johannis, cap. 21 de GH Pertz – Monumenta Germaniae. Geschichte Denkmale Deutschlands. Se trata de un archivo o compilado de textos y fuentes medievales de la historia alemana para la investigación científica.

Lectura:

-      Hasday “hagib” del Califa: Breve historia de los judíos de Sepharad hasta el siglo X. Autor Raúl Romero Bartolomé.  

sábado, 29 de septiembre de 2012

“ANÉCDOTAS DE HASDAY” – El rey de León Sancho “El Craso”



“ANÉCDOTAS DE HASDAY” 

 La dieta del rey de León Sancho "El Craso" 




En el año 958 Hasday realizó una labor tanto terapéutica como diplomática, cuando la reina Toda de Navarra, pidió ayuda al califa para reponer en el trono a su depuesto nieto, Sancho “El Craso”. Dicho así suena un poco confuso. Verán lo que ocurrió. 

El rey de León, Ramiro tuvo dos esposas y uno hijo de cada una. Ordoño, su primogénito y Sancho. Ambos se disputaron el trono, si bien a Ordoño le correspondía como primogénito y fue coronado como Ordoño III rey de León. Una serie de intrigas de palacio y alianzas interesadas entre los reinos del norte provocaron el enfrentamiento entre los hermanastros.

Mientras esto ocurría entre los reinos del norte, el califa Abd ar-Rahman III aprovechó para conquistar ciertos castillos, plazas y fortalezas cristianas de valor estratégico. Estas tácticas le suponían al califa la movilización de sus tropas hacia las zonas fronterizas del norte de al-Andalus. No hubiera supuesto ningún inconveniente si no hubieran asomado por la zona del Mediterráneo los fatimíes, quienes comenzaron a hostigar las costas andalusíes, en especial la zona de Almería.

Por su lado, Ordoño III tampoco podía hacer frente a su hermanastro y los andalusíes al mismo tiempo, por lo que ambos gobernantes decidieron sellar la paz. El califa envió a tierras cristianas su mejor hombre, Hasday ibn Shaprut, quien regresó a Córdoba con un tratado favorable para ser firmado por el califa Abd ar-Rahman III.  



Concluido este conflicto, el califa centró sus energías en reforzar la flota, haciendo trabajar a destajo a los astilleros y llenó los arsenales para defenderse de los fatimíes. Movilizó a las tropas del norte, que vinieron a engrosar a las ya establecidas en el sur de al-Andalus. Fue tal la fuerza demostrada por el califa que hubo un sinfín de alistamientos voluntarios. Se establecieron contingentes en las principales ciudades costeras del mediterráneo, en especial Almería.

Estando el califa enfrascado en esta estratagema, murió Ordoño III. Inmediatamente le sucedió su hermanastro Sancho, quien dio por invalidado el tratado de paz firmado. Ya tenía el califa de Córdoba otro dolor de cabeza. Ahora debía enviar nuevamente tropas hacia León para luchar contra Sancho. El flamante rey, se ganó muy pronto poderosos enemigos entre la nobleza, mientras iba aumentando de peso de forma alarmante. Su obesidad le impedía realizar ciertas acciones tal como montar a caballo, incluso necesitaba ayuda para caminar. En todo el reino de León no se hablaba de otra cosa.  Sus enemigos vieron el cielo abierto y tramaron una conspiración no solo para deponerlo, sino para expulsarlo del reino. Fue apodado el “El Craso” perdiendo respeto del pueblo, que se mofaba de él. Hacia el año 958 enfermo, destronado y expulsado de su reino, encontró refugio en su poderosa abuela, la reina Toda de Navarra. Mientras tanto, los conspiradores colocaron en el trono leonés a otro Ordoño IV, apodado “el Malo”, por su perversidad.




La reina Toda, era ya mayor, pero conservaba su fuerte carácter, su ambición y sobre todo su orgullo. Decidió ayudar a su deforme y enfermo nieto, pero no podía hacerlo sola. Las fuerzas navarras no eran suficientes y Sancho no tenía ningún aliado. La reina de Navarra debía buscar un aliado poderoso y ante todo debía encontrar un médico capaz de devolverle la salud a su nieto.

La solución a ambos problemas se encontraba en al-Andalus; el califa Abd ar-Rahman III  y Hasday ibn Shaprut.

La reina Toda tuvo que hacer de tripas corazón, tuvo que tragarse su orgullo y pidió auxilio a su gran enemigo contra el que tantos años estaba guerreando. Envió una embajada a Córdoba con la petición de ayuda militar y médica para su nieto. El califa respondió favorablemente, enviando al único que podría acelerar los trámites, Hasday ibn Shaprut, quien como médico, podía dar un diagnóstico in situ, dominaba tanto el romance como el latín y era un hombre de Estado capaz de convencer a la poderosa reina de cumplir el trato.
Lo primero que hizo al llegar fue visitar al enfermo y diagnosticar que su obesidad tenía solución y que él lo curaría. Pero no en Navarra, sino en Córdoba.

Luego debió enfrentarse al duro carácter de la reina para acordar los términos del apoyo militar y terapéutico. Hasday tuvo que emplear todo su potencial: paciencia, buenos modos, suavidad, don de palabra, simpatía y profesionalidad. La reina Toda no tuvo más remedio que aceptar las condiciones de Hasday, si quería ayudar a su nieto Sancho. Por lo que ella se comprometió a entregar al califa diez fortalezas. Abuela y nieto debían presentarse ante el califa para solicitar el auxilio militar y permanecer en Córdoba durante el tiempo necesario para la dieta de Sancho.  

Así partieron de Pamplona, la reina Toda seguida de su nieto y un séquito hacia la capital de al-Andalus. Después de un tortuoso y largo viaje, durante el cual Hasday hizo caminar al obeso Sancho sin descanso, llegaron por fin a Córdoba. Fueron alojados en las mejores dependencias de Medina Zahra. Durante su prolongada estancia en Córdoba, la reina Toda y el califa  pactaron la estrategia de ataque para invadir León con la idea de reponer en el trono a Sancho. 
Mientras tanto Hasday en su labor de médico, sometió a  Sancho a una durísima y rigurosa dieta acompañada de unos remedios elaborados por él mismo. Dicen que sólo se alimentaba de líquidos que bebía con una pajita. Cuentan, que al principio la dieta no funcionaba, hasta que Hasday descubrió, que Sancho comía a escondidas. Vigilado, controlado por el mismo Hasday, Sancho pasó hambre durante poco más de un año, hasta que recuperó su peso y su salud. Entre 959 y 960 con la ayuda de las fuerzas andalusíes y navarras, Sancho fue repuesto en el trono de León y la reina cumplió con su parte del trato, cuando le entregó a regañadientes los diez castillos prometidos.

Esta es una de las historias ocurridas a lo largo de la intensa vida de Hasday ibn Shaprut. Pronto le seguirá otra que espero les guste.

Por Elisa Simon 

NOTA:

Lectura: “El viaje de la reina” de la autora Angeles de Irisarri. Novela histórica EMECÉ – Barcelona 1996.

Además de la bibliografía ya indicada en el artículo principal.  

lunes, 24 de septiembre de 2012

HASDAY IBN SHAPRUT “Príncipe de las comunidades sefardíes de al-Andalus”



HASDAY IBN SHAPRUT 

“Príncipe de las comunidades sefardíes de al-Andalus”

Por Elisa Simon 





En esta ocasión les voy a contar la importancia de este personaje sefardí del siglo X, época de máximo esplendor en al-Andalus. Se trata de Hasday ibn Shaprut, quien protagonizó el nacimiento y desarrollo de la cultura judía andalusí. Las circunstancias políticas y sociales era propicias y Hasday se convirtió en uno de los hombres más relevantes, dentro de su comunidad y en la corte del califa Abd ar-Rahman III, apodado an-Nasí (el Victorioso).


No fue una tarea fácil redactar este artículo, ya que tanto la figura de Hasday como los hechos históricos ocurridos en torno a él y de los que el propio Hasday formó parte, son extensos y merecen atención especial. Así que comenzaré con este artículo, al que seguirán otros, donde me explayaré contándoles los acontecimientos más sobresalientes de su vida. Dichos artículos llevarán el título de “anécdotas de Hasday”.   

Hasday ibn Shaprut nació en Jaén hacia 915 en el seno de una familia aristocrática. Como era costumbre en esa época, recibió una esmerada educación en Jaén. Siendo adolescente, su padre Yishaq se trasladó con su familia a Córdoba, atraído por la corte del Emir Omeya, en donde Hasday completó sus estudios de la ciencia del Talmud y se especializó en medicina. Desde joven, sintió atracción por los idiomas, aprendió el árabe, latín y romance, además del hebreo.

Por aquellos años ejercía el poder Abd ar-Rahman III aún con el título de Emir. Era éste un hombre amante del saber, de la vida lujosa y ostentosa. Bajo sus casi 30 años de gobierno reinó, generalmente, la paz. Si bien contaba con poderosos enemigos fuera de al-Andalus. Dentro de sus dominios imperó la tolerancia entre religiones, la vida en al-Andalus era próspera y su economía boyante. Todas estas circunstancias llevaron a que Abd ar-Rahman III fijara su atención en promover y patrocinar las ciencias, la investigación, apoyar la cultura y las artes.

Los Shaprut se convirtieron en una de las familias más prósperas de la comunidad judía cordobesa. Tanto que el padre de Hasday llegó a sufragar la construcción de una sinagoga. Yishaq contrató un secretario personal, llamado Menahem ben Saruq, quien se ocupaba de los trabajos administrativos de la familia, era poeta y componía versos en honor a los Shaprut en las fiestas familiares y actos sociales. 

Ibn Shaprut era un hombre curioso e inquieto. Dentro del campo de su profesión, se interesó por investigar en los medicamentos simples y compuestos. Siendo ya un renombrado médico, elaboró un fármaco como antídoto contra el veneno, que llamó al-Faruk, la primera panacea universal. Esta gran noticia llegó pronto a oídos del califa quien solicitó su servicio y fue así cómo Hasday entró a formar parte de la corte del califa Abd ar-Rahman III. No sólo se convirtió en su médico particular sino que le confió el control de la aduana y las cuotas de buques en el puerto de Córdoba. Esta partida de los impuestos se convirtió en una gran fuente de ingresos en las arcas de los Omeya.  


Hasday era un hombre de carácter noble y honesto, tenaz, astuto e inteligente. Su fuerte personalidad y la seguridad en sí mismo, gustó al Emir, así como su tono de voz suave y tranquila, su forma de expresarse y sus modales educados.
Estas características, el dominio de varios idiomas y la fidelidad demostrada al Omeya, lo convirtieron en su hombre de confianza.

En el año 929 el Emir Abd ar-Rahman III dio un giro drástico a su política y a la historia de al-Andalus. Se autoproclamó califa de al-Andalus y dejó de prestar obediencia al califa abassí de Bagdad. Fue el inicio de un largo período de bienestar económico y social. A partir de ese momento se puede decir que comenzó la época de máximo esplendor en al-Andalus. El flamante califa ordenó construir hermosos edificios, ampliar la mezquita y sobre todo construir una nueva ciudad a pocas millas de Córdoba, llamada Madinat az-Zahra. 






Entre las paredes estucadas del Salón Rico floreció la cultura, se desarrolló la ciencia y la investigación, los poetas vertieron su sensibilidad en bellos poemas, los músicos se dejaron llevar por los ritmos de la tolerancia y entre todos disfrutaron de la paz reinante.

En este ambiente de opulencia dedicó Hasday parte de su vida a servir al califa y a ocuparse por el bienestar de los sefardíes andalusíes, ya que fue nombrado nagid o “príncipe de las comunidades sefardíes de al-Andalus”. No satisfecho con esta tarea honorable, se preocupó por llevar el bienestar a todas las comunidades judías del mundo conocido. Cuando su padre murió, Hasday tomó como su secretario a Menahem ben Saruq quien prosiguió ejerciendo la misma labor bajo las ordenes de Hasday. Le encargó a Menahem  que redactara una carta a la Emperatriz bizantina Helena, exigiéndole un mejor trato a los judíos del sur de Italia. En ella Hasday se quejaba de la penosa situación de estos judíos, que estaban siendo forzados a la conversión.

Hasday fue informado de la existencia de una comunidad judía en un lugar remoto de Asia Central, en el Cáucaso norte a orillas del mar Caspio. Por orden de Hasday, Menahem escribió una carta al rey Yosef de dicha comunidad expresando su sorpresa e interesado en saber cómo era su forma de vida en aquel rincón del mundo.

El califa omeya confió a nuestro protagonista las misiones diplomáticas más delicadas, no solo por sus dotes lingüísticas, sino por su carácter y su forma de ser. Entre estas misiones hay tres que sobresalieron y pasaron a la historia:

En el año 944 se encargó de recibir y atender a la embajada llegada de Bizancio. Las relaciones diplomáticas entre Bizancio y al-Andalus fueron fluidas, ya que ambos dirigentes tenían en común un enemigo; los fatimíes. Además tanto Abd ar-Rahman III como el Emperador Constantino VII eran mecenas, amantes de las ciencias, el arte y la cultura. Uno de los regalos del Emperador Constantino VII consistió en un ejemplar de "Materia Médica" de Dioscórides escrita en griego. Se trata de cinco volúmenes donde se describen unas 600 plantas, 90 minerales y alrededor de 30 sustancias de origen animal. El califa quedó encantado con el presente y encargó a Hasday que lo tradujera al árabe, para lo cual Hasday consiguió traer a Córdoba un sabio bizantino que dominaba el griego, el monje Nicolás. Ambos trabajaron codo a codo durante años entre las bibliotecas hasta lograr traducir "Materia Médica" al latín y al árabe. 



Códice de "Materia Medica" de Dioscórides, traducida por Hasday ibn Shaprut y el monje Nicolás 

En el año 956 llegó a Medina Zahra la comitiva alemana en representación del Kaiser Ottón I. Fue ésta una misión delicada, ya que tanto Ottón I como el califa cordobés no simpatizaban. Esta embajada estuvo encabezada por el abad Johannes von Görtz (Juan de Gorze) y Garamannus. Para que se den una idea de la complicada situación, el califa tuvo esperando a la embajada alemana durante unos dos años en Córdoba, hasta que finalmente fueron recibidos en el salón Rico de Medina Zahra. Es ésta una larga historia que requiere varias explicaciones y cuenta con muchas anécdotas. 

http://dealandalusasefarad.blogspot.com.es/2012/10/anecdotas-de-hasday-embajada-alemana-en.html


En el año 958 Hasday realizó una labor médica y diplomática, cuando la reina Toda de Navarra, pidió ayuda al califa para reponer en el trono a su depuesto nieto, Sancho “El Craso”. Hasday fue además el médico que logró que Sancho volviera a recuperar su peso, después de haber engordado tanto hasta quedar casi deforme e incapaz de caminar sin ayuda. Este acontecimiento es conocido por muchos, pero muy extenso para ser relatado en este artículo. 




En cuanto a la labor que Hasday realizó en calidad de príncipe de las comunidades sefardíes fue vasta y continua. Gracias a su mecenazgo convirtió a Córdoba en el centro del saber, estableciéndose en esta ciudad uno de los gaonim de las grandes Academias de Babilonia, rabí Moseh ben Hannoch.  

Hasday atrajo a otros sabios sefardíes y de fuera de al-Andalus para que desarrollaran en Córdoba los estudios del Talmud, la poesía, la ciencia y las artes. Así arribó a estas tierras uno de los discípulos del gran gaón Se´adyah, el poeta Dunas ben Labrat, gracias a él floreció la poesía sefardí.

Nuestro personaje patrocinó la adquisición de libros de Oriente y de todos los rincones del mundo conocido, para ser traducidos y ampliar el saber en al-Andalus. Hasday sentó las bases para alcanzar el esplendor de la cultura sefardí andalusí en todos los campos del saber.

http://dealandalusasefarad.blogspot.com.es/2012/11/anecdotas-de-hasday-mecenas-de-la.html


Hasday le encargó a su secretario Menahem ben Saruq la redacción del primer diccionario-hebreo de las raíces bíblicas, llamado “Mahberet”. El secretario se tomó muy en serio su tarea, fue agrupando las palabras hebreas según sus raíces biconsonanticas, uniconsonanticas y triconsonanticas. Explicó el significado de la raíz de cada palabra en lengua hebrea. En cuanto este diccionario se dio a conocer, comenzó una gran discusión de tipo gramatical, semántica y filológica entre los eruditos sefardíes, que protagonizaron grandes disertaciones en las sinagogas. Lo más relevante del trabajo de Menahem ben Saruq, es que redactó el primer diccionario hebreo, que supuso el desarrollo de la lengua hebrea en al-Andalus. 

Sin desfallecer prosiguió con su leal servicio de médico y hombre de estado hasta la muerte del califa en el año 961. Heredó el próspero califato al-Hakam II que continuó las directrices de su padre y mantuvo a su lado a Hasday ibn Shaprut, hasta que la edad comenzó a alejarlo poco a poco de tantas responsabilidades. Murió Hasday hacia el año 970, después de haber dedicado su vida a la dos califas Omeya, a su comunidad judía y haber contribuido con todo ímpetu al nacimiento y desarrollo de la cultura sefardí andalusí, de la cual han aprovechado las generaciones siguientes.


BIBLIOGRAFIA:
-          “Judíos españoles de la Edad de Oro” Antonio Antelo Iglesias – Fundación Amigos de Sefarad, Madrid 1991
-          “Literatura hebrea en la España medieval” Ángel Sáenz-Badillos – Fundación Amigos de Sefarad, Madrid 1991
-          “Poetas hebreos de al-Andalus” Ángel Sáenz-Badillos y Judit Targarona Borrás – Ediciones El Almendro, Córdoba
-          “Diccionario de autores judíos” Ángel Sáenz-Badillos y Judit Targarona Borrás – Ediciones El Almendro, Córdoba
-          “Historia de los musulmanes de España” Tomo III Reinhart Dozy – Ed. Turner
-          “Los judíos de Sefarad” Francisco Bueno García – Ediciones Miguel Sanchez, Granada 
- imagen de Hasday ibn Shaprut del blog http://www.cosasdeandalucia.com/web/index.php/identidad-topmenu-48/nuestra-gente/3290-el-hombre-de-la-trinidad-hasday-ibn-shaprut.html