lunes, 5 de noviembre de 2012

“ANECDOTAS DE HASDAY” Mecenas de la cultura sefardí andalusí


“ANECDOTAS DE HASDAY”    


Mecenas de la cultura sefardí andalusí






En este artículo, quiero recordar con Ustedes la importancia e influencia que tuvo Hasday ibn Shaprut en el origen de la cultura sefardí de al-Andalus. Gracias a su mecenazgo, su tenacidad y su cargo como na´sí o príncipe de las comunidades judías andalusíes, convirtió la ciudad de Córdoba en el centro del saber para los judíos de dentro y fuera de al-Andalus.

Hasday atrajo a sabios y eruditos sefardíes, del Magreb y de Oriente, para que desarrollaran en Córdoba los estudios del Talmud, la poesía, la ciencia, la medicina y las artes. Bajo su patrocinio trajo libros de Oriente y de todos los rincones del mundo conocido, para ser traducidos y ampliar el saber en al-Andalus. Hasday sentó las bases para alcanzar el esplendor de la cultura sefardí andalusí en todos los campos del saber en los siglos siguientes.
 
En este artículo me gustaría mencionar fundamentalmente a tres personajes que florecieron gracias al mecenazgo de Hasday. Menahem ben Saruq, Dunash ben Labrat y Moshe ben Hanok.


pieza del museo Casa de Sefarad Cordoba

Recordarán de los artículos anteriores a su secretario, Menahem ben Saruq. Hasday le encargó un trabajo muy especial: la redacción de un diccionario-hebreo de las raíces bíblicas, llamado “Mahberet”. En dicho diccionario Menahem incluyó:

        “con claridad la lengua hebrea de acuerdo con el contenido esencial de sus fundamentos y la esencia de sus raíces, aplicando la plomada de la razón y el cordel de medir de la instrucción para explicar los sentidos de sus especies según leyes regulares, exponer las clases de significados de acuerdo con sus divisiones, mostrar las acepciones de la palabra según su significado, enseñar las letras que forman parte de la raíz y las que tienen función servil en medio de la palabra y en sus dos extremos, hasta llegar a abarcar plenamente la lengua hebrea y hacerla inteligible en toda su extensión. “

Menahem se tomó muy en serio su tarea. Fue agrupando las palabras hebreas según sus raíces biconsonanticas, uniconsonanticas y triconsonanticas. Explicó y ofreció su interpretación, en hebreo, del significado de la raíz de cada palabra en lengua hebrea. Así surgió una literatura hebrea andalusí unido a estudios lingüísticos. 
Cuando este diccionario se dio a conocer, comenzó una gran discusión de tipo gramatical, semántica, filológica y hasta religiosa. Esto afectó, en parte, a la vida diaria de los judíos de al-Andalus. Las interpretaciones del diccionario llegaron a confundir al pueblo en sus quehaceres diarios.
Los defensores y detractores del diccionario de Menahem dividieron a los sefardíes. Sin embargo, dejando aparte lo que se formó, es relevante la importancia de que se trata del primer diccionario en hebreo, que daría lugar al desarrollo de la lengua hebrea en al-Andalus. Además, este diccionario sería de máxima ayuda para los judíos que desconocían el árabe, así fueron favorecidos los judíos europeos. Aquellos que no sabían árabe, desconocían el origen de la raíz de las palabras hebreas, similar a las árabes. 
Uno de los principales detractores del diccionario de Menahem fue el poeta Dunash ben Labrat ha Levi. Este poeta había llegado a Córdoba gracias a la invitación de Hasday. Dunash ben Labrat, “ …originario de Bagdad y educado en Fez…”, como nos indica Moseh ibn Ezra. Nació hacia 920-925, estudió en Sura, Babilonia, donde aprendió no solo la lengua y cultura árabe sino la gramática y jurisprudencia rabínica. Uno de sus maestros fue Se´adyah       Ga´on, impulsor de la renovación y apertura de la cultura judía. Estas enseñanzas hicieron que Labrat contribuyera de forma destacada al florecimiento de la poesía sefardí. La relevancia de Dunash y su gran aportación a la poesía fue adoptar el sistema métrico árabe en poesía y a las características de la lengua hebrea. Lo importante es que Dunash adoptó la temática de la poesía en árabe, tales como descripciones de la naturaleza, temas amorosos, poesía dedicada a los pájaros, el agua, el vino, las fiestas, la amistad, etc.

“Me dice: no duermas, bebe vino viejo.
Hay alheñas y lirios, mirra y áloes,
En el jardín con granados, palmeras y parras,
Plantas agradables y muchos tamariscos,
Ruidos de acequias y sones de laúdes,
Acompañados de la voz de cantores con cítaras y adufes. ….”

Según parece fue el hazzan o cantor de sinagoga de Córdoba. Compuso poemas litúrgicos que son hoy conocidos en todo el mundo judio.

Las  desavenencias y controversias gramaticales y filológicas entre Dunash y Menahem, pronto se convirtieron en discusiones, que se extendía más allá de los salones de las Academias.  Dunash escribió una serie de artículos y libros criticando la postura de Menahem en su diccionario. Sin embargo, fueron los discípulos de ambos filólogos, los que más crudamente se enfrentaron en sendas cartas, poemas, artículos, defendiendo a sus maestros. De ahí que Menahem no se defendiera personalmente de ninguno de los ataques de Dunash. Con el paso del tiempo, estas discusiones dieron lugar a dos posturas enfrentadas dentro de la comunidad sefardí. Mientras unos defendían las viejas tradiciones de Menahem,  la otra hacía lo propio con las ideas innovadoras de Dunash. Hasday ibn Shaprut se vio, sin querer, entre ambas facciones. Intentó mantenerse neutral, sin embargo, parece que se vio forzado a decantarse por una de ellas. Optó por las ideas innovadoras introducidas por los sabios de Oriente. De esta manera, su secretario Menahem, perdió el favor de su mecenas. Según parece sufrió ataques físicos e incluso le quemaron su casa. Aunque Hasday no tuvo nada que ver en aquellos disturbios, Menahem lo culpó de ello, tal como describe este poema de Menahem:  

“la morada que me dejaran en herencia mis padres
Ordenaste profanar el día de la Fiesta.
Vinieron unos forajidos y la asolaron…”

En otro poema criticó a Hasday.

“me juzgaste con el juicio de Dios,
Dictaste sentencia como si fueras el Señor,
Que es a la vez testigo y juez…”

Menahem se lamenta en este poema:

“… tendrías que honrarme por haber trabajado en casa de mi señor, tu padre…..
Sirviéndote agua en las manos… el me tenía aprecio y me atraía con los lazos de la amistad…
Y mientras me tuvo bajo su sombra, no me hizo daño el sol.
En la medida de las pocas fuerzas de mi inteligencia proclamé yo sus alabanzas.
Grabadas están en el Arca del Testimonio en la Sinagoga que él construyó en honor del Señor,
Y la inscripción es obra de mi mano… “

sala 6 del museo de Lucena, Cordoba.


Para dar un poco de oxígeno a este artículo voy a contarles la llegada a Córdoba del tercer personaje relacionado con Hasday. El rabi Moshe ben Hanok. Mientras en al-Andalus los sefardíes fueron adquiriendo importancia gracias a los patrocinios y esfuerzos de Hasday, en Oriente las grandes Academias Talmúdicas estaban ya en decadencia, y eran regidas por directores o gaonim (singl. Gaon). Dos de estos centros talmúdicos se situaban en las ciudades de Sura y Pumbeditha respectivamente. En ellas se estudiaba la interpretación del Talmúd y se velaba por los intereses de las comunidades judías. En estas Academias se estudiaba no solo el saber religioso, sino el profano también, como la medicina o la poesía, por ejemplo. Lo que se dictaba como enseñanza servía de guía o apoyo a todas las comunidades judías esparcidas por el mundo conocido de aquella época. Hacia mediados del siglo X, estas Academias iniciaron una imparable decadencia. La precaria situación de las Academias de Babilonia forzó su cierre y la migración de sus directores o gaonim hacia otros países.  


    
Fue así como cuatro de los sabios de estas Academias embarcaron hacia Occidente con la idea de crear nuevas Academias. En una de estas naves viajaba el gaon rabi Moshe ben Hanok con su esposa y su hijo. Una tempestad  empujó su embarcación hacia las costas italianas. Allí el corsario Ibn Rumahis, asaltó la nave y apresó a sus pasajeros. La esposa de Hanok, temerosa de lo que le pudiera ocurrir, decidió arrojarse al mar, dejando desolado a su esposo e hijo pequeño. Como Ibn Rumahis estaba subvencionado por el califa abd ar-Rahman III, los prisioneros convertidos en esclavos arribaron al puerto de Córdoba, donde fueron ofrecidos al mejor postor en el mercado de esclavos. A todo esto,  Hasday sabiendo que entre los esclavos se encontraban judíos, éste los redimió y pasaron a formar parte de la comunidad cordobesa. Moseh y su hijo, cansados, humillados y tristes por la muerte de su esposa y madre, llevaban una vida anónima en la capital del califato. No habían dicho a nadie que Moseh había sido gaón de Babilonia.
Moseh solía asistir regularmente a las sesiones de la escuela talmúdica en la sinagoga. Se sentaba en un rincón para escuchar al dayyan o juez, rabí Nathan. Un día estando rabí Nathan explicando un pasaje del Talmud, dio una interpretación que no compartía Moseh. Sin embargo, guardó silencio y esperó hasta que los asistentes expusieran sus preguntas y que el rabí respondiera. Fue entonces, cuando Moseh hizo su comentario, dejando tanto al dayyan como a los allí presentes atónitos por su forma de expresarse y de exponer su argumento. Su modestia y humildad con la que demostró su sabiduría, hizo que se ganara la simpatía de los asistentes y la admiración del dayyan Nathan. En aquella misma sesión, rabí Nathan terminó invitando a Moseh a subir a su cátedra para que continuara sus explicaciones e interpretaciones de los pasajes del Talmud. Una vez finalizada la sesión, rabí Nathan declaró solemnemente que a partir de ahora el cargo de juez y maestro lo ostentaría Moseh ben Hannoch. Hasta ese momento no se descubrió su identidad. De esta forma Córdoba se convirtió en uno de los centros del saber más sobresalientes del judaísmo. La herencia de la gran Academia de Babilonia acababa de establecerse en la capital de al-Andalus, lo cual atrajo a un sinfín de judíos que se asentaron en Córdoba.

Un siglo más tarde, bajo los reinos de taifas, esta Academia se trasladó a la hermosa ciudad de Lucena, que se convirtió en el Perla de Sefarad…. Pero esa es otra historia. 

Elisa Simon


BIBLIOGRAFÍA

- Judíos Españoles de la Edad de Oro. Antonio Antelo Iglesias. Fundación Amigos de Sefarad. Madrid 1991 
-  Literatura Hebrea en la España Medieval. Ángel Sáenz-Badillos. Fundación Amigos de Sefarad. Madrid 1991 



domingo, 28 de octubre de 2012

"Al-Andalus fue el esplendor de la alquimia vegetal"

Encontré este interesante artículo mientras buceaba un rato por la red. Me pareció buena idea compartirlo con Ustedes. Espero les interese. Un saludo, Elisa
"Al-Andalus fue el esplendor de la alquimia vegetal" ( Diario Córdoba - 10/10/2012 )

jueves, 4 de octubre de 2012

“ANECDOTAS DE HASDAY” – Embajada alemana en Medina Zahra


“ANECDOTAS DE HASDAY”  

Embajada alemana en Medina Zahra

Por Elisa Simon

En esta ocasión Hasday ibn Shaprut tuvo que emplearse a fondo para evitar el enfrentamiento entre dos pesos pesados del siglo X: el Kaiser Otto I “el Grande” (912 – 973) y el califa de córdoba Abd ar-Rahman III.

Se preguntarán ¿Qué relación pudo haber entre estas dos potencias en aquellos tiempos?

Espero poder aclarar esta cuestión sin meterme en un berenjenal…
El detonante de este conflicto, lo produjeron los corsarios andalusíes del golfo de Saint Tropez.

Menos mal que no quería meterme en ningún jardín, pero es inevitable.

A lo largo de casi un siglo la costa francesa, el norte de Italia y los principales pasos de los Alpes suizos estaban controlados por corsarios andalusíes, que tenían su base en el golfo de la actual ciudad de Saint Tropez, más concretamente en la zona de la montaña llamada en aquellos tiempos Fraxinet (actual Garde-Freinet).
En la Provenza francesa, en el momento de la llegada de estos andalusíes, reinaba un vacío de poder, por lo que éstos pudieron campar a sus anchas, sin encontrar resistencia. Es más, edificaron fortalezas y entraron en contacto con lugareños, a los que le enseñaron acerca de la agricultura, la pesca e introdujeron flora, hasta ese momento inexistente en la región. La cuestión es que estos corsarios de Fraxinet, apoyados por el califa de Córdoba, controlaban los puertos alpinos, impidiendo así el paso a los peregrinos cristianos que deseaban llegar a Roma.  
Debo decir que esta historia de los corsarios, es muy interesante y poco conocida, pero no puedo explayarme más, ya que nuestro tema es la embajada alemana y el papel de Hasday en ella.

Como indiqué al principio durante casi un siglo vivieron estos andalusíes bajo el amparo del califa, hasta que hacia 950 el Kaiser Otto I dijo basta. Decidió enviarle un mensaje a Abd ar-Rahman III, exigiendo el cese de los bloqueos y demás operaciones de los corsarios de Fraxinet contra los cristianos peregrinos.
Abd ar-Rahman III envió entonces un legado, llevando un mensaje para el monarca alemán. Encabezaba esta comitiva un obispo mozárabe, que murió en el camino. Sin embargo, la carta sí que llegó a manos de Otto I. En ella parece ser que el califa se expresó en un tono algo subido y además invitó al Kaiser a abrazar el Islam. Se podrán imaginar Ustedes el enfado de Otto “el Grande”, por lo que no estuvo dispuesto a recibir en audiencia a la embajada andalusí, que permaneció en Alemania, esperando ser recibidos por el monarca.


El Kaiser, hombre de carácter fuerte, mandó redactar una carta escrita en griego como respuesta, en una terminología poco amable e insultante. Estando las relaciones diplomáticas tan tensas... 
¿quién era el guapo que se atrevería a entregar semejante carta al poderoso califa?
Se presentó voluntario un monje benedictino procedente de Gorze, llamado Juan. Lo acompañó otro monje, Garamannus y un pequeño séquito. Partieron de la zona de Lorena, atravesaron Langres, Dijon, Lyon, Avignon, Barcelona, Tortosa, Zaragoza y Córdoba. Después de estos 2.000 kilómetros los monjes arribaron exhaustos. Fueron recibidos por Hasday con todos los honores y alojados en una almunia cerca de la Iglesia de San Martín en las afueras de la ciudad. Hasday se ocupó de que no les faltara de nada. Juan le entregó a Hasday la carta del Kaiser. Se podrán imaginar a Hasday leyendo su contenido. Se quedaría de piedra y pálido como la tiza. 

¿Cómo le iba a presentar al califa un mensaje así? Pensaría él. Era costumbre que el califa conociera el contenido de las cartas diplomáticas antes de recibir en audiencia a sus portadores. Hasday dio a conocer el contenido de la misiva al califa, quien decidió que los recibiría si le entregaban sólo los regalos, pero no la carta. Hasday se lo hizo saber al benedictino, que era bastante terco y se negó en rotundo. Mientras el monje Juan y su séquito esperaban en Córdoba ser recibidos, los embajadores andalusíes hacían lo mismo en Alemania. Total, que ambas comitivas quedaron durante años aguardando ser recibidos. 
Durante la prolongada estancia del monje Juan en Córdoba, Hasday mantuvo constante conversaciones con él. Mientras el califa dilataba la contestación de la carta insolente del Kaiser Otto. Finalmente el califa ordenó enviar otra representación andalusí para Alemania, encabezada por un mozárabe llamado Recemundo. Era éste un clérigo que trabajaba en la corte del califa y conocía tanto el árabe como el latín. Recemundo comenzó su hazaña en la primavera del año 955 y diez semanas después fue recibido calurosamente por los monjes del monasterio de Gorze. Más tarde se trasladó a Frankfurt, donde fue recibido por el Kaiser Otto I. Parece ser que Recemundo logró calmar al indignado monarca alemán. Por fin, los dignatarios andalusíes pudieron regresar con Recemundo a su tierra después de varios años en Alemania. En el mes de Junio del 956, Recemundo era portador de nuevos mensajes más suaves y diplomáticos. Como recompensa fue nombrado obispo de Elvira.  

Por su lado, después de tantos años de estancia del monje Juan en Córdoba y las constantes visitas de Hasday, lograron despertar la admiración de éste hacia Hasday. El monje Juan dijo “nunca he visto un hombre de intelecto tan sutil como el judío Hasday” (“Vita Gorziensis Johannis, cap.21)
Imagino las idas y venidas entre la almunia del monje y Medina Zahra haciendo todo lo posible para evitar una revuelta o un conflicto aún mayor.
Bajo estas nuevas condiciones, Hasday se apresuró en organizar la recepción de la embajada del emperador alemán en el Salón Rico de Medina Zahra.

Cito al abad de San Arnulfo: “El día señalado para la audiencia, se desplegó el más imponente aparato de la pompa real. Desde el alojamiento de Juan hasta Córdoba, y luego de Córdoba a Medina Zahra, cubrían la carrera fuerzas armadas y había jinetes que simulaban escaramuzas y levantaban nubes de polvo. Desde el umbral, el palacio estaba tapizado hasta la sala del trono. Y en ella el caifa, como una divinidad inaccesible o poco menos, recibió a su huésped y como favor insigne, le dio su mano a besar….”

Dionisio Baixeras Verdaguer 1885 - Universidad de Barcelona 


Lástima que la biografía de Juan de Gorze está inconclusa por lo que no sabemos si el benedictino quedó contento cuando regresó a Alemania.
Según parece las relaciones entre el Kaiser Otto I y el califa quedaron normalizadas. Los corsarios de Fraixinet no duraron mucho tiempo más en aquellos territorios. Debemos tener en cuenta que el califa Abd ar-Rahman III murió unos años después y su hijo Al-Hakam II se caracterizó por ser hombre de paz. De ahí que sea posible que cesaran las acciones de estos corsarios andalusíes.

Antes de acabar me gustaría aclarar que, las fuentes árabes casi no mencionan a estos piratas del golfo de Saint Tropez y los acontecimientos de la propia embajada alemana, pero sí lo hicieron fuentes latinas.

Entre ellas se encuentra un poema épico llamado “Gesta Ottonis” escrita por la monja Hrosvita. Se trata de un relato sobre la vida de Otto I basado en testimonios orales. Hrosvita de Gandersheim es considerada la primera escritora alemana mística. Ella era de origen noble, incluso estaba  emparentada con la casa real alemana. De ahí que tuviera acceso a la información necesaria para su “Gesta Ottonis” escrita en latín.

Además existe la biografía de Juan de Gorze, escrita por su amigo, también llamado Juan que era abad de San Arnulfo en Metz.  

Otra fuente latina fundamental es la obra del obispo de Cremona “Antapodisis”, que narra acerca de las colonias andalusíes de Fraxinet.

Por falta de tiempo no he podido acceder a estas fuentes, por lo que a continuación detallo como habitualmente la bibliografía empleada para este artículo.

Bibliografía:

-      Historia de España de Menendez Pidal Tomo IV – Espasa Calpe
-      Historia de los musulmanes de España Tomo III – Reinhart Dozy – Ed. Turner
-      Internet: fragmentos extraídos de pequeñas reseñas sobre obras alemanas escritas en latín como “Vita Gorziensis Johannis, cap. 21 de GH Pertz – Monumenta Germaniae. Geschichte Denkmale Deutschlands. Se trata de un archivo o compilado de textos y fuentes medievales de la historia alemana para la investigación científica.

Lectura:

-      Hasday “hagib” del Califa: Breve historia de los judíos de Sepharad hasta el siglo X. Autor Raúl Romero Bartolomé.  

sábado, 29 de septiembre de 2012

“ANÉCDOTAS DE HASDAY” – El rey de León Sancho “El Craso”



“ANÉCDOTAS DE HASDAY” 

 La dieta del rey de León Sancho "El Craso" 




En el año 958 Hasday realizó una labor tanto terapéutica como diplomática, cuando la reina Toda de Navarra, pidió ayuda al califa para reponer en el trono a su depuesto nieto, Sancho “El Craso”. Dicho así suena un poco confuso. Verán lo que ocurrió. 

El rey de León, Ramiro tuvo dos esposas y uno hijo de cada una. Ordoño, su primogénito y Sancho. Ambos se disputaron el trono, si bien a Ordoño le correspondía como primogénito y fue coronado como Ordoño III rey de León. Una serie de intrigas de palacio y alianzas interesadas entre los reinos del norte provocaron el enfrentamiento entre los hermanastros.

Mientras esto ocurría entre los reinos del norte, el califa Abd ar-Rahman III aprovechó para conquistar ciertos castillos, plazas y fortalezas cristianas de valor estratégico. Estas tácticas le suponían al califa la movilización de sus tropas hacia las zonas fronterizas del norte de al-Andalus. No hubiera supuesto ningún inconveniente si no hubieran asomado por la zona del Mediterráneo los fatimíes, quienes comenzaron a hostigar las costas andalusíes, en especial la zona de Almería.

Por su lado, Ordoño III tampoco podía hacer frente a su hermanastro y los andalusíes al mismo tiempo, por lo que ambos gobernantes decidieron sellar la paz. El califa envió a tierras cristianas su mejor hombre, Hasday ibn Shaprut, quien regresó a Córdoba con un tratado favorable para ser firmado por el califa Abd ar-Rahman III.  



Concluido este conflicto, el califa centró sus energías en reforzar la flota, haciendo trabajar a destajo a los astilleros y llenó los arsenales para defenderse de los fatimíes. Movilizó a las tropas del norte, que vinieron a engrosar a las ya establecidas en el sur de al-Andalus. Fue tal la fuerza demostrada por el califa que hubo un sinfín de alistamientos voluntarios. Se establecieron contingentes en las principales ciudades costeras del mediterráneo, en especial Almería.

Estando el califa enfrascado en esta estratagema, murió Ordoño III. Inmediatamente le sucedió su hermanastro Sancho, quien dio por invalidado el tratado de paz firmado. Ya tenía el califa de Córdoba otro dolor de cabeza. Ahora debía enviar nuevamente tropas hacia León para luchar contra Sancho. El flamante rey, se ganó muy pronto poderosos enemigos entre la nobleza, mientras iba aumentando de peso de forma alarmante. Su obesidad le impedía realizar ciertas acciones tal como montar a caballo, incluso necesitaba ayuda para caminar. En todo el reino de León no se hablaba de otra cosa.  Sus enemigos vieron el cielo abierto y tramaron una conspiración no solo para deponerlo, sino para expulsarlo del reino. Fue apodado el “El Craso” perdiendo respeto del pueblo, que se mofaba de él. Hacia el año 958 enfermo, destronado y expulsado de su reino, encontró refugio en su poderosa abuela, la reina Toda de Navarra. Mientras tanto, los conspiradores colocaron en el trono leonés a otro Ordoño IV, apodado “el Malo”, por su perversidad.




La reina Toda, era ya mayor, pero conservaba su fuerte carácter, su ambición y sobre todo su orgullo. Decidió ayudar a su deforme y enfermo nieto, pero no podía hacerlo sola. Las fuerzas navarras no eran suficientes y Sancho no tenía ningún aliado. La reina de Navarra debía buscar un aliado poderoso y ante todo debía encontrar un médico capaz de devolverle la salud a su nieto.

La solución a ambos problemas se encontraba en al-Andalus; el califa Abd ar-Rahman III  y Hasday ibn Shaprut.

La reina Toda tuvo que hacer de tripas corazón, tuvo que tragarse su orgullo y pidió auxilio a su gran enemigo contra el que tantos años estaba guerreando. Envió una embajada a Córdoba con la petición de ayuda militar y médica para su nieto. El califa respondió favorablemente, enviando al único que podría acelerar los trámites, Hasday ibn Shaprut, quien como médico, podía dar un diagnóstico in situ, dominaba tanto el romance como el latín y era un hombre de Estado capaz de convencer a la poderosa reina de cumplir el trato.
Lo primero que hizo al llegar fue visitar al enfermo y diagnosticar que su obesidad tenía solución y que él lo curaría. Pero no en Navarra, sino en Córdoba.

Luego debió enfrentarse al duro carácter de la reina para acordar los términos del apoyo militar y terapéutico. Hasday tuvo que emplear todo su potencial: paciencia, buenos modos, suavidad, don de palabra, simpatía y profesionalidad. La reina Toda no tuvo más remedio que aceptar las condiciones de Hasday, si quería ayudar a su nieto Sancho. Por lo que ella se comprometió a entregar al califa diez fortalezas. Abuela y nieto debían presentarse ante el califa para solicitar el auxilio militar y permanecer en Córdoba durante el tiempo necesario para la dieta de Sancho.  

Así partieron de Pamplona, la reina Toda seguida de su nieto y un séquito hacia la capital de al-Andalus. Después de un tortuoso y largo viaje, durante el cual Hasday hizo caminar al obeso Sancho sin descanso, llegaron por fin a Córdoba. Fueron alojados en las mejores dependencias de Medina Zahra. Durante su prolongada estancia en Córdoba, la reina Toda y el califa  pactaron la estrategia de ataque para invadir León con la idea de reponer en el trono a Sancho. 
Mientras tanto Hasday en su labor de médico, sometió a  Sancho a una durísima y rigurosa dieta acompañada de unos remedios elaborados por él mismo. Dicen que sólo se alimentaba de líquidos que bebía con una pajita. Cuentan, que al principio la dieta no funcionaba, hasta que Hasday descubrió, que Sancho comía a escondidas. Vigilado, controlado por el mismo Hasday, Sancho pasó hambre durante poco más de un año, hasta que recuperó su peso y su salud. Entre 959 y 960 con la ayuda de las fuerzas andalusíes y navarras, Sancho fue repuesto en el trono de León y la reina cumplió con su parte del trato, cuando le entregó a regañadientes los diez castillos prometidos.

Esta es una de las historias ocurridas a lo largo de la intensa vida de Hasday ibn Shaprut. Pronto le seguirá otra que espero les guste.

Por Elisa Simon 

NOTA:

Lectura: “El viaje de la reina” de la autora Angeles de Irisarri. Novela histórica EMECÉ – Barcelona 1996.

Además de la bibliografía ya indicada en el artículo principal.  

lunes, 24 de septiembre de 2012

HASDAY IBN SHAPRUT “Príncipe de las comunidades sefardíes de al-Andalus”



HASDAY IBN SHAPRUT 

“Príncipe de las comunidades sefardíes de al-Andalus”

Por Elisa Simon 





En esta ocasión les voy a contar la importancia de este personaje sefardí del siglo X, época de máximo esplendor en al-Andalus. Se trata de Hasday ibn Shaprut, quien protagonizó el nacimiento y desarrollo de la cultura judía andalusí. Las circunstancias políticas y sociales era propicias y Hasday se convirtió en uno de los hombres más relevantes, dentro de su comunidad y en la corte del califa Abd ar-Rahman III, apodado an-Nasí (el Victorioso).


No fue una tarea fácil redactar este artículo, ya que tanto la figura de Hasday como los hechos históricos ocurridos en torno a él y de los que el propio Hasday formó parte, son extensos y merecen atención especial. Así que comenzaré con este artículo, al que seguirán otros, donde me explayaré contándoles los acontecimientos más sobresalientes de su vida. Dichos artículos llevarán el título de “anécdotas de Hasday”.   

Hasday ibn Shaprut nació en Jaén hacia 915 en el seno de una familia aristocrática. Como era costumbre en esa época, recibió una esmerada educación en Jaén. Siendo adolescente, su padre Yishaq se trasladó con su familia a Córdoba, atraído por la corte del Emir Omeya, en donde Hasday completó sus estudios de la ciencia del Talmud y se especializó en medicina. Desde joven, sintió atracción por los idiomas, aprendió el árabe, latín y romance, además del hebreo.

Por aquellos años ejercía el poder Abd ar-Rahman III aún con el título de Emir. Era éste un hombre amante del saber, de la vida lujosa y ostentosa. Bajo sus casi 30 años de gobierno reinó, generalmente, la paz. Si bien contaba con poderosos enemigos fuera de al-Andalus. Dentro de sus dominios imperó la tolerancia entre religiones, la vida en al-Andalus era próspera y su economía boyante. Todas estas circunstancias llevaron a que Abd ar-Rahman III fijara su atención en promover y patrocinar las ciencias, la investigación, apoyar la cultura y las artes.

Los Shaprut se convirtieron en una de las familias más prósperas de la comunidad judía cordobesa. Tanto que el padre de Hasday llegó a sufragar la construcción de una sinagoga. Yishaq contrató un secretario personal, llamado Menahem ben Saruq, quien se ocupaba de los trabajos administrativos de la familia, era poeta y componía versos en honor a los Shaprut en las fiestas familiares y actos sociales. 

Ibn Shaprut era un hombre curioso e inquieto. Dentro del campo de su profesión, se interesó por investigar en los medicamentos simples y compuestos. Siendo ya un renombrado médico, elaboró un fármaco como antídoto contra el veneno, que llamó al-Faruk, la primera panacea universal. Esta gran noticia llegó pronto a oídos del califa quien solicitó su servicio y fue así cómo Hasday entró a formar parte de la corte del califa Abd ar-Rahman III. No sólo se convirtió en su médico particular sino que le confió el control de la aduana y las cuotas de buques en el puerto de Córdoba. Esta partida de los impuestos se convirtió en una gran fuente de ingresos en las arcas de los Omeya.  


Hasday era un hombre de carácter noble y honesto, tenaz, astuto e inteligente. Su fuerte personalidad y la seguridad en sí mismo, gustó al Emir, así como su tono de voz suave y tranquila, su forma de expresarse y sus modales educados.
Estas características, el dominio de varios idiomas y la fidelidad demostrada al Omeya, lo convirtieron en su hombre de confianza.

En el año 929 el Emir Abd ar-Rahman III dio un giro drástico a su política y a la historia de al-Andalus. Se autoproclamó califa de al-Andalus y dejó de prestar obediencia al califa abassí de Bagdad. Fue el inicio de un largo período de bienestar económico y social. A partir de ese momento se puede decir que comenzó la época de máximo esplendor en al-Andalus. El flamante califa ordenó construir hermosos edificios, ampliar la mezquita y sobre todo construir una nueva ciudad a pocas millas de Córdoba, llamada Madinat az-Zahra. 






Entre las paredes estucadas del Salón Rico floreció la cultura, se desarrolló la ciencia y la investigación, los poetas vertieron su sensibilidad en bellos poemas, los músicos se dejaron llevar por los ritmos de la tolerancia y entre todos disfrutaron de la paz reinante.

En este ambiente de opulencia dedicó Hasday parte de su vida a servir al califa y a ocuparse por el bienestar de los sefardíes andalusíes, ya que fue nombrado nagid o “príncipe de las comunidades sefardíes de al-Andalus”. No satisfecho con esta tarea honorable, se preocupó por llevar el bienestar a todas las comunidades judías del mundo conocido. Cuando su padre murió, Hasday tomó como su secretario a Menahem ben Saruq quien prosiguió ejerciendo la misma labor bajo las ordenes de Hasday. Le encargó a Menahem  que redactara una carta a la Emperatriz bizantina Helena, exigiéndole un mejor trato a los judíos del sur de Italia. En ella Hasday se quejaba de la penosa situación de estos judíos, que estaban siendo forzados a la conversión.

Hasday fue informado de la existencia de una comunidad judía en un lugar remoto de Asia Central, en el Cáucaso norte a orillas del mar Caspio. Por orden de Hasday, Menahem escribió una carta al rey Yosef de dicha comunidad expresando su sorpresa e interesado en saber cómo era su forma de vida en aquel rincón del mundo.

El califa omeya confió a nuestro protagonista las misiones diplomáticas más delicadas, no solo por sus dotes lingüísticas, sino por su carácter y su forma de ser. Entre estas misiones hay tres que sobresalieron y pasaron a la historia:

En el año 944 se encargó de recibir y atender a la embajada llegada de Bizancio. Las relaciones diplomáticas entre Bizancio y al-Andalus fueron fluidas, ya que ambos dirigentes tenían en común un enemigo; los fatimíes. Además tanto Abd ar-Rahman III como el Emperador Constantino VII eran mecenas, amantes de las ciencias, el arte y la cultura. Uno de los regalos del Emperador Constantino VII consistió en un ejemplar de "Materia Médica" de Dioscórides escrita en griego. Se trata de cinco volúmenes donde se describen unas 600 plantas, 90 minerales y alrededor de 30 sustancias de origen animal. El califa quedó encantado con el presente y encargó a Hasday que lo tradujera al árabe, para lo cual Hasday consiguió traer a Córdoba un sabio bizantino que dominaba el griego, el monje Nicolás. Ambos trabajaron codo a codo durante años entre las bibliotecas hasta lograr traducir "Materia Médica" al latín y al árabe. 



Códice de "Materia Medica" de Dioscórides, traducida por Hasday ibn Shaprut y el monje Nicolás 

En el año 956 llegó a Medina Zahra la comitiva alemana en representación del Kaiser Ottón I. Fue ésta una misión delicada, ya que tanto Ottón I como el califa cordobés no simpatizaban. Esta embajada estuvo encabezada por el abad Johannes von Görtz (Juan de Gorze) y Garamannus. Para que se den una idea de la complicada situación, el califa tuvo esperando a la embajada alemana durante unos dos años en Córdoba, hasta que finalmente fueron recibidos en el salón Rico de Medina Zahra. Es ésta una larga historia que requiere varias explicaciones y cuenta con muchas anécdotas. 

http://dealandalusasefarad.blogspot.com.es/2012/10/anecdotas-de-hasday-embajada-alemana-en.html


En el año 958 Hasday realizó una labor médica y diplomática, cuando la reina Toda de Navarra, pidió ayuda al califa para reponer en el trono a su depuesto nieto, Sancho “El Craso”. Hasday fue además el médico que logró que Sancho volviera a recuperar su peso, después de haber engordado tanto hasta quedar casi deforme e incapaz de caminar sin ayuda. Este acontecimiento es conocido por muchos, pero muy extenso para ser relatado en este artículo. 




En cuanto a la labor que Hasday realizó en calidad de príncipe de las comunidades sefardíes fue vasta y continua. Gracias a su mecenazgo convirtió a Córdoba en el centro del saber, estableciéndose en esta ciudad uno de los gaonim de las grandes Academias de Babilonia, rabí Moseh ben Hannoch.  

Hasday atrajo a otros sabios sefardíes y de fuera de al-Andalus para que desarrollaran en Córdoba los estudios del Talmud, la poesía, la ciencia y las artes. Así arribó a estas tierras uno de los discípulos del gran gaón Se´adyah, el poeta Dunas ben Labrat, gracias a él floreció la poesía sefardí.

Nuestro personaje patrocinó la adquisición de libros de Oriente y de todos los rincones del mundo conocido, para ser traducidos y ampliar el saber en al-Andalus. Hasday sentó las bases para alcanzar el esplendor de la cultura sefardí andalusí en todos los campos del saber.

http://dealandalusasefarad.blogspot.com.es/2012/11/anecdotas-de-hasday-mecenas-de-la.html


Hasday le encargó a su secretario Menahem ben Saruq la redacción del primer diccionario-hebreo de las raíces bíblicas, llamado “Mahberet”. El secretario se tomó muy en serio su tarea, fue agrupando las palabras hebreas según sus raíces biconsonanticas, uniconsonanticas y triconsonanticas. Explicó el significado de la raíz de cada palabra en lengua hebrea. En cuanto este diccionario se dio a conocer, comenzó una gran discusión de tipo gramatical, semántica y filológica entre los eruditos sefardíes, que protagonizaron grandes disertaciones en las sinagogas. Lo más relevante del trabajo de Menahem ben Saruq, es que redactó el primer diccionario hebreo, que supuso el desarrollo de la lengua hebrea en al-Andalus. 

Sin desfallecer prosiguió con su leal servicio de médico y hombre de estado hasta la muerte del califa en el año 961. Heredó el próspero califato al-Hakam II que continuó las directrices de su padre y mantuvo a su lado a Hasday ibn Shaprut, hasta que la edad comenzó a alejarlo poco a poco de tantas responsabilidades. Murió Hasday hacia el año 970, después de haber dedicado su vida a la dos califas Omeya, a su comunidad judía y haber contribuido con todo ímpetu al nacimiento y desarrollo de la cultura sefardí andalusí, de la cual han aprovechado las generaciones siguientes.


BIBLIOGRAFIA:
-          “Judíos españoles de la Edad de Oro” Antonio Antelo Iglesias – Fundación Amigos de Sefarad, Madrid 1991
-          “Literatura hebrea en la España medieval” Ángel Sáenz-Badillos – Fundación Amigos de Sefarad, Madrid 1991
-          “Poetas hebreos de al-Andalus” Ángel Sáenz-Badillos y Judit Targarona Borrás – Ediciones El Almendro, Córdoba
-          “Diccionario de autores judíos” Ángel Sáenz-Badillos y Judit Targarona Borrás – Ediciones El Almendro, Córdoba
-          “Historia de los musulmanes de España” Tomo III Reinhart Dozy – Ed. Turner
-          “Los judíos de Sefarad” Francisco Bueno García – Ediciones Miguel Sanchez, Granada 
- imagen de Hasday ibn Shaprut del blog http://www.cosasdeandalucia.com/web/index.php/identidad-topmenu-48/nuestra-gente/3290-el-hombre-de-la-trinidad-hasday-ibn-shaprut.html

miércoles, 29 de agosto de 2012

MEZQUITA DE LAS BANDERAS


MEZQUITA DE LAS BANDERAS

Por Elisa Simon

En esta ocasión les quiero contar acerca de la primera mezquita construida en la Península. Está situada en la ciudad gaditana de Algeciras, entre el hermoso jardín que pertenece al Hotel Reina Cristina. Se trata de un establecimiento de principios de siglo, donde se alojaron personalidades tales como Orson Wells. Las fotos que acompañan el texto, las hemos tomado el año pasado durante uno de nuestros paseos.

No es casualidad que la primera mezquita de al-Andalus se haya construido en Algeciras. Se trata de la ciudad portuaria por excelencia de la Península, enclave estratégico militar,  comercial y cultural. Junto al peñón de Gibraltar frente al estrecho que une dos mares, dos continentes, dos mundos.
Para empezar vamos a repasar un poquito la historia. La entrada del Islam en la Península  formó parte de la expansión del Imperio islámico. Hay que tener en cuenta la rapidez con que se propagó. En menos de un siglo la nueva religión se extendió desde la Península Arábiga, a través de Persia, Mesopotamia, Siria, la costa africana mediterránea desde Egipto hasta el Magreb y un paso más conquistando las tierras de los visigodos en otoño del 711.

Por aquellos tiempos, el califa era el líder o cabeza, tanto política como espiritual de la comunidad del Islam. El califa vivía en la hermosa ciudad de Damasco y pertenecía a la dinastía de los Omeya. Su nombre era al- Walid I. Cuando la difusión islámica había alcanzado ya el norte de África, llamada Ifriqiya, el califa al-Walid I, nombró como gobernador de esta zona al estratega militar Musa b. Nusayr. Éste organizó un potente ejército compuesto en su mayor parte por los bereberes recién convertidos al Islam. El punto de Ifriqiya más cercano a la Península era y es la plaza de Tánger. Allí apostó como gobernador a su hombre de confianza, el caudillo bereber  Tariq b. Ziyad. Siguiendo las órdenes de Musa, Tariq realizó la primera travesía del estrecho, llegando a una montaña que sus hombres nombraron “la montaña de Tariq”, en árabe Yabal al-Tariq, que derivó en el nombre de Gibraltar. Tariq venció a los visigodos en la batalla del Guadalete y comenzó la conquista de la Península. Mientras tanto, Musa organizó una gran flota cruzó el estrecho arribando a la ciudad de Algeciras. Nombre que procede de al-Yazeera al Jadra, que quiere decir “la Isla Verde”. Es en esta ciudad y en este punto de la historia, donde nos vamos a detener. Si bien  Musa b. Nusayr prosiguió el avance musulmán a través de la Península hasta reunirse con Tariq b. Ziyad en la ciudad de Toledo.
  
Al llegar Musa con su gran contingente a la ciudad de Algeciras estableció el campamento militar cerca del mar. Este ejército estaba compuesto por  dirigentes de los distintos yunds o tropas árabes, que pertenecían a importantes clanes y tribus orientales. Cada yund o contingente yemení, sirio, o de donde proviniera, llevaba un estandarte o bandera que identificaba su tribu u origen.
Entre las tareas de Musa b. Nusayr se encontraba la de fundar la primera mezquita en el nuevo territorio. Siguió así el ejemplo de otros conquistadores dentro de las fases de expansión del Islam. La importancia de fundar una mezquita radicaba no sólo en que servía para cumplir con los preceptos religiosos, sino también para reunir a la comunidad islámica con la intensión de fortalecer los lazos y legitimar el poder. Con idea de islamizar los territorios conquistados, acompañaron a Musa b. Nusayr, un grupo de los “Seguidores de los Compañeros del Profeta”.

restos de la mezquita de las Banderas, en Algeciras 

Encontramos mención de la fundación de la primera mezquita de al-Andalus relatada por distintos geógrafos andalusíes, como Ibn Idari, al-Idrissi, al-Himyari o al-´Udri.  

Aparece también la mención en otras dos fuentes, que hablan de un tal Muhammad b. Muzayn. Cuenta este señor, que en el año 1078/79, cuando al-Radi, hijo del rey de Sevilla al-Mu´tamid, era gobernador de Algeciras:

“…encontré en una biblioteca de Sevilla un librito, obra de Muhammad b. Musá al-Razi, llamado “Libro de las banderas” en el que relata la entrada del emir Musá b. Nusayr y cuantas banderas entraron en la Península con él… y dice en él que Musa hizo con los suyos la travesía marítima… rumbo hacia Algeciras…en ella permaneció algunos días descansando y arreglándose, hasta que decidió poner en movimiento. Entonces hizo reunir a su alrededor a las banderas de los árabes… para consultarles acerca de cómo se había de llevar a efecto la expedición… dice que la reunión de esta noble asamblea se celebró en el lugar que hoy (sigloXI) ocupa la mezquita de las Banderas de Algeciras y que se llamó así porque se reunieron las banderas ese día, banderas que sirvieron a al-Razi para dar título a su obra. Añade también que Musa b. Nusayr no abandonó aquel sitio ni disolvió la asamblea hasta que ordenó marcar, acotar, demarcar, designar el lugar para emplazar allí una mezquita.”

 restos de la mezquita de las Banderas, Algeciras 
El autor continúa su relato haciendo hincapié en la preocupación de Musa b. Nusayr en establecer de forma correcta la dirección del muro de la alquibla, es decir, el muro que debería ir orientado hacia la Meca. Musa insistía en emular a los fundadores de las mezquitas de al-Fustat (Egipto) y Qayrawan (Ifriqiya – hoy Túnez) en cuanto a la orientación del muro de la alquibla.
Así, Musa b. Nusayr ordenó que ésta fuera orientada hacia el sur – sureste, es decir, hacia el punto más elevado del sol en invierno, tal como la mezquita de Qayrawan. La relevancia de este dato radica en que casi todas las mezquitas de al-Andalus y del Magreb tienen esta misma orientación, que no coincide con los grados de orientación de la Meca.

restos de la mezquita de las Banderas, Algeciras 
La mezquita de las Banderas tenía unas dimensiones pequeñas, tal como se intuye en las fotos, según parece constaba de cinco naves y una galería cubierta. El alminar estaría exento.

Citas de los geógrafos y cronistas andalusíes:

Al-Idrisi, geógrafo del siglo XII:

 “…hay al lado de la puerta del mar una mezquita llamada de las Banderas. Se cuenta que allí fue donde se reunieron los estandartes de las tribus cuando celebraron consejo. Los musulmanes habían venido por Yabal al-Tariq…”

restos de la mezquita de las Banderas, Algeciras 

Al-Himyari, geógrafo del siglo XIV, ofrece una información algo confusa, si bien se puede deducir que la mezquita de las Banderas fue parcialmente incendiada durante la segunda oleada de ataques vikingos a al-Andalus. (859). Según los expertos, al analizar los datos de estos geógrafos se desprende que en realidad todos ellos hablan de la misma mezquita, pero confunden, su emplazamiento, el origen de su nombre. Sin embargo, es interesante que de todos ellos se pueden extraen datos.   
   
“….Hay una mezquita en Algeciras de hermosa construcción: comprende cinco naves y está provista de un amplio patio y de una galería en su lado norte; esta mezquita se encuentra en el centro de la ciudad, en la cima de una colina…al sudeste de Algeciras, en la ribera, hay una mezquita de tamaño medio llamada “Mezquita de las Banderas”: allí colocaron los normandos sus banderas cuando realizaron el  desembarco, y esta mezquita guarda su nombre en recuerdo de este suceso; posee una puerta, para cuyos batientes se utilizó la madera de los barcos normandos…”   

restos de la mezquita de las Banderas, Algeciras 

El mismo al-Himyari prosigue algo más adelante:

Algeciras fue la primera ciudad conquistada en al-Andalus, en los primeros tiempos del Islam, por atención de Musa b. Nusayr y por cuenta de los marwaníes (Omeyas); con él estaba Tariq b. ´abd Allah, a la cabeza de las tropas bereberes. No lejos de la puerta que se abre sobre el mar se encuentra la mezquita llamada “Mezquita de las Banderas”. Se dice que es allí donde los abanderados de las expediciones se reunían para celebrar consejo…”  

Según el mismo geógrafo nos cuenta:

“…al este de Algeciras se encuentra una mezquita que se dice fue edificada por uno de los Compañeros del Profeta: fue, se dice, la primera mezquita fundada en al-Andalus. El lugar donde se alza es conocido con el nombre de Qartayanna (Carteia). En época de sequía los habitantes de Algeciras van a esta mezquita para hacer rogativas…”


  BIBLIOGRAFIA:

-      Susana Calvo Capilla de la Universidad de Castilla-La Mancha. Al-Qantara XXVIII 1, Enero-Julio 2007 “Las primeras mezquitas de al-Andalus a través de las fuentes árabes”      
-      “El Cadiz Islámico a través de sus textos”. Juan Abellán Perez. Universidad de Cadiz 1996.
-      Ibn al-Kardabus. “Historia de al-Andalus” Edición de Felipe Maíllo. Ed. Akal bolsillo 1986.
-      Ibn Idari al Marrakusi. “Historia de al-Andalus”. Ediciones Aljaima 1999.
-      Historia de España vol. IV Menendez Pidal. Ed. Espasa Calpe