miércoles, 29 de agosto de 2012

MEZQUITA DE LAS BANDERAS


MEZQUITA DE LAS BANDERAS

Por Elisa Simon

En esta ocasión les quiero contar acerca de la primera mezquita construida en la Península. Está situada en la ciudad gaditana de Algeciras, entre el hermoso jardín que pertenece al Hotel Reina Cristina. Se trata de un establecimiento de principios de siglo, donde se alojaron personalidades tales como Orson Wells. Las fotos que acompañan el texto, las hemos tomado el año pasado durante uno de nuestros paseos.

No es casualidad que la primera mezquita de al-Andalus se haya construido en Algeciras. Se trata de la ciudad portuaria por excelencia de la Península, enclave estratégico militar,  comercial y cultural. Junto al peñón de Gibraltar frente al estrecho que une dos mares, dos continentes, dos mundos.
Para empezar vamos a repasar un poquito la historia. La entrada del Islam en la Península  formó parte de la expansión del Imperio islámico. Hay que tener en cuenta la rapidez con que se propagó. En menos de un siglo la nueva religión se extendió desde la Península Arábiga, a través de Persia, Mesopotamia, Siria, la costa africana mediterránea desde Egipto hasta el Magreb y un paso más conquistando las tierras de los visigodos en otoño del 711.

Por aquellos tiempos, el califa era el líder o cabeza, tanto política como espiritual de la comunidad del Islam. El califa vivía en la hermosa ciudad de Damasco y pertenecía a la dinastía de los Omeya. Su nombre era al- Walid I. Cuando la difusión islámica había alcanzado ya el norte de África, llamada Ifriqiya, el califa al-Walid I, nombró como gobernador de esta zona al estratega militar Musa b. Nusayr. Éste organizó un potente ejército compuesto en su mayor parte por los bereberes recién convertidos al Islam. El punto de Ifriqiya más cercano a la Península era y es la plaza de Tánger. Allí apostó como gobernador a su hombre de confianza, el caudillo bereber  Tariq b. Ziyad. Siguiendo las órdenes de Musa, Tariq realizó la primera travesía del estrecho, llegando a una montaña que sus hombres nombraron “la montaña de Tariq”, en árabe Yabal al-Tariq, que derivó en el nombre de Gibraltar. Tariq venció a los visigodos en la batalla del Guadalete y comenzó la conquista de la Península. Mientras tanto, Musa organizó una gran flota cruzó el estrecho arribando a la ciudad de Algeciras. Nombre que procede de al-Yazeera al Jadra, que quiere decir “la Isla Verde”. Es en esta ciudad y en este punto de la historia, donde nos vamos a detener. Si bien  Musa b. Nusayr prosiguió el avance musulmán a través de la Península hasta reunirse con Tariq b. Ziyad en la ciudad de Toledo.
  
Al llegar Musa con su gran contingente a la ciudad de Algeciras estableció el campamento militar cerca del mar. Este ejército estaba compuesto por  dirigentes de los distintos yunds o tropas árabes, que pertenecían a importantes clanes y tribus orientales. Cada yund o contingente yemení, sirio, o de donde proviniera, llevaba un estandarte o bandera que identificaba su tribu u origen.
Entre las tareas de Musa b. Nusayr se encontraba la de fundar la primera mezquita en el nuevo territorio. Siguió así el ejemplo de otros conquistadores dentro de las fases de expansión del Islam. La importancia de fundar una mezquita radicaba no sólo en que servía para cumplir con los preceptos religiosos, sino también para reunir a la comunidad islámica con la intensión de fortalecer los lazos y legitimar el poder. Con idea de islamizar los territorios conquistados, acompañaron a Musa b. Nusayr, un grupo de los “Seguidores de los Compañeros del Profeta”.

restos de la mezquita de las Banderas, en Algeciras 

Encontramos mención de la fundación de la primera mezquita de al-Andalus relatada por distintos geógrafos andalusíes, como Ibn Idari, al-Idrissi, al-Himyari o al-´Udri.  

Aparece también la mención en otras dos fuentes, que hablan de un tal Muhammad b. Muzayn. Cuenta este señor, que en el año 1078/79, cuando al-Radi, hijo del rey de Sevilla al-Mu´tamid, era gobernador de Algeciras:

“…encontré en una biblioteca de Sevilla un librito, obra de Muhammad b. Musá al-Razi, llamado “Libro de las banderas” en el que relata la entrada del emir Musá b. Nusayr y cuantas banderas entraron en la Península con él… y dice en él que Musa hizo con los suyos la travesía marítima… rumbo hacia Algeciras…en ella permaneció algunos días descansando y arreglándose, hasta que decidió poner en movimiento. Entonces hizo reunir a su alrededor a las banderas de los árabes… para consultarles acerca de cómo se había de llevar a efecto la expedición… dice que la reunión de esta noble asamblea se celebró en el lugar que hoy (sigloXI) ocupa la mezquita de las Banderas de Algeciras y que se llamó así porque se reunieron las banderas ese día, banderas que sirvieron a al-Razi para dar título a su obra. Añade también que Musa b. Nusayr no abandonó aquel sitio ni disolvió la asamblea hasta que ordenó marcar, acotar, demarcar, designar el lugar para emplazar allí una mezquita.”

 restos de la mezquita de las Banderas, Algeciras 
El autor continúa su relato haciendo hincapié en la preocupación de Musa b. Nusayr en establecer de forma correcta la dirección del muro de la alquibla, es decir, el muro que debería ir orientado hacia la Meca. Musa insistía en emular a los fundadores de las mezquitas de al-Fustat (Egipto) y Qayrawan (Ifriqiya – hoy Túnez) en cuanto a la orientación del muro de la alquibla.
Así, Musa b. Nusayr ordenó que ésta fuera orientada hacia el sur – sureste, es decir, hacia el punto más elevado del sol en invierno, tal como la mezquita de Qayrawan. La relevancia de este dato radica en que casi todas las mezquitas de al-Andalus y del Magreb tienen esta misma orientación, que no coincide con los grados de orientación de la Meca.

restos de la mezquita de las Banderas, Algeciras 
La mezquita de las Banderas tenía unas dimensiones pequeñas, tal como se intuye en las fotos, según parece constaba de cinco naves y una galería cubierta. El alminar estaría exento.

Citas de los geógrafos y cronistas andalusíes:

Al-Idrisi, geógrafo del siglo XII:

 “…hay al lado de la puerta del mar una mezquita llamada de las Banderas. Se cuenta que allí fue donde se reunieron los estandartes de las tribus cuando celebraron consejo. Los musulmanes habían venido por Yabal al-Tariq…”

restos de la mezquita de las Banderas, Algeciras 

Al-Himyari, geógrafo del siglo XIV, ofrece una información algo confusa, si bien se puede deducir que la mezquita de las Banderas fue parcialmente incendiada durante la segunda oleada de ataques vikingos a al-Andalus. (859). Según los expertos, al analizar los datos de estos geógrafos se desprende que en realidad todos ellos hablan de la misma mezquita, pero confunden, su emplazamiento, el origen de su nombre. Sin embargo, es interesante que de todos ellos se pueden extraen datos.   
   
“….Hay una mezquita en Algeciras de hermosa construcción: comprende cinco naves y está provista de un amplio patio y de una galería en su lado norte; esta mezquita se encuentra en el centro de la ciudad, en la cima de una colina…al sudeste de Algeciras, en la ribera, hay una mezquita de tamaño medio llamada “Mezquita de las Banderas”: allí colocaron los normandos sus banderas cuando realizaron el  desembarco, y esta mezquita guarda su nombre en recuerdo de este suceso; posee una puerta, para cuyos batientes se utilizó la madera de los barcos normandos…”   

restos de la mezquita de las Banderas, Algeciras 

El mismo al-Himyari prosigue algo más adelante:

Algeciras fue la primera ciudad conquistada en al-Andalus, en los primeros tiempos del Islam, por atención de Musa b. Nusayr y por cuenta de los marwaníes (Omeyas); con él estaba Tariq b. ´abd Allah, a la cabeza de las tropas bereberes. No lejos de la puerta que se abre sobre el mar se encuentra la mezquita llamada “Mezquita de las Banderas”. Se dice que es allí donde los abanderados de las expediciones se reunían para celebrar consejo…”  

Según el mismo geógrafo nos cuenta:

“…al este de Algeciras se encuentra una mezquita que se dice fue edificada por uno de los Compañeros del Profeta: fue, se dice, la primera mezquita fundada en al-Andalus. El lugar donde se alza es conocido con el nombre de Qartayanna (Carteia). En época de sequía los habitantes de Algeciras van a esta mezquita para hacer rogativas…”


  BIBLIOGRAFIA:

-      Susana Calvo Capilla de la Universidad de Castilla-La Mancha. Al-Qantara XXVIII 1, Enero-Julio 2007 “Las primeras mezquitas de al-Andalus a través de las fuentes árabes”      
-      “El Cadiz Islámico a través de sus textos”. Juan Abellán Perez. Universidad de Cadiz 1996.
-      Ibn al-Kardabus. “Historia de al-Andalus” Edición de Felipe Maíllo. Ed. Akal bolsillo 1986.
-      Ibn Idari al Marrakusi. “Historia de al-Andalus”. Ediciones Aljaima 1999.
-      Historia de España vol. IV Menendez Pidal. Ed. Espasa Calpe

miércoles, 15 de agosto de 2012

EMBAJADA DE AL-GHAZAL A TIERRAS DE LOS MAYUS


EMBAJADA DE AL-GHAZAL A TIERRAS DE LOS MAYUS

visita del embajador del emir Abd ar-Rahman II a los vikingos de Dinamarca en el siglo IX. 

ilustración de Sven Nordqvist 

En este artículo les quiero presentar un personaje que formó parte de la corte de nuestro ya conocido emir abd ar-Rahman II. Se trata de al-Ghazal. Su nombre completo era Abu Zakariyya Yahya b. Hakam al-Bakri al-Jayyani, apodado al-Ghazal (la gacela). Nacido en Jaén allá por el 772 en el seno de una rica familia aristocrática de linaje árabe. Recibió una esmerada educación, dominaba la poesía, la filosofía, la astronomía y la alquimia. Sin embargo, pasó a la historia como diplomático del emirato cordobés.

 Al-Ghazal recibió este apodo por ser muy guapo. En poesía andalusí “gacela” es metáfora de belleza.  Además de apuesto y elegante, llamaba la atención, por su porte, sus  andares erguidos y su figura esbelta. Si a estas cualidades le sumamos un saber estar, una educación refinada,  un carácter sociable y alegre, nos podemos hacer una idea de cómo era al-Ghazal.  
En la corte tenía sus admiradores y sus detractores, pero sabía hacer frente a sus adversarios con su réplica, muchas veces en forma de sátira. Tenía gran habilidad usando su ingenio, su valor y su astucia. Al-Ghazal tenía la capacidad de saber adaptarse a situaciones, a complicarse la vida y salir de ello como un triunfador. Entre sus amigos contaba con Ibn Firnas, del que hablamos en artículos anteriores y Tammam ibn Alqama, gracias al cual conocemos hoy la historia de esta embajada.  
    
La vida de Al-Ghazal fue intensa y llena de experiencias fascinantes, como la embajada a tierras de los vikingos, hecho histórico que fue recogido por el cronista del siglo XII ibn Dihyah. Éste, a su vez, obtuvo la narración del viaje de la mano de un contemporáneo y amigo de al-Ghazal, el ya mencionado Tammam ibn Alqama. 
Los historiadores siguen hoy día debatiendo acerca de la veracidad de esta narración. El texto árabe de ibn Dihyah fue traducido y publicado por dos historiadores que difieren, entre otras cosas, sobre el destino final de esta embajada. Mientras uno opina que la visita de al-Ghazal fue a Irlanda, el otro sostiene que fue Jutlandia (Dinamarca). En este artículo sigo la teoría de que el destino final fue Jutlandia.

Tras la derrota de los mayus en Sevilla, el representante del rey vikingo hizo una visita oficial al emir abd ar-Rahman II.  Durante dicha reunión el emir aceptó con gusto la invitación formal a tierras vikingas, para sellar la paz entre ambos pueblos.
El emir decidió que la persona idónea para dicha empresa era el poeta al-Ghazal, quien ya había demostrado sus dotes diplomáticas en una misión anterior a tierras Bizantinas.
La expedición hacia tierras del norte comenzó en la primavera del 845. Las naves se estaban preparando en Silves. Esta hermosa  ciudad, del sur de al-gharb, contaba con un puerto fluvial, unos astilleros, una fila de molinos que adornaban la orilla del río Arade, que desemboca en el océano Atlántico. Silves estaba rodeada por montañas con bellos bosques de pinos y nogales, cuya madera se empleaba para la construcción de barcos.
Los silvenses era gente culta, tenían el don de la improvisación para la poesía, ya fuera un mercader, un campesino o un noble.

Arade, Río de Silves 

De esta hermosa ciudad del Algarve, zarparon las naves andalusíes y las vikingas. La safina andalusí llevaba velas latinas y dos remos laterales colocados a popa. A esta safina la acompañaban naves auxiliares más pequeñas. Por su lado los mayus prepararon sus knörr, naves comerciales, que les servirían de guía hasta llegar a Jutlandia.

Safina andalusi 


knörr - embarcaciones de los mayus 














Al-Ghazal  fue acompañado de su amigo Yahya b. Habib. Según dicen éste había inventado una especie de reloj, por ello le pusieron el mote de sabih al-munaikila (señor del reloj).

Según el texto de ibn Dihya siguiendo el relato de Tammam, cuenta que:


 “en cuanto salieron a mar abierto y pasaron el gran promontorio que sale al mar y que forma la frontera más occidental de al-Andalus, que es la montaña conocida como “Aluwiyah” (cabo de Finisterre en la bahía de Vizcaya), continúa relatando que sus lados son escarpados y se alzan en pendiente hacia la cima.”


Ahí fue donde el mar se enfureció. Se levantó un fuerte viento, que hizo temer a al-Ghazal por su vida. Más tarde escribió:  

“Yahya me dijo cuando pasábamos entre olas como montañas,
Y los vientos nos avasallaban desde el oeste y el norte,
Y las dos velas se desgarraron y los cables se cortaron,
Y el ángel de la muerte nos extendía inevitablemente sus manos,
Y veíamos la muerte como el ojo ve cada estado
¡Oh, amigo mío! ¡ ésta gente no tiene capital alguno en nosotros!”

Superada la tormenta, llegaron después de varios días a las islas de Jutlandia:


 “llegaron a una gran isla en el océano con corrientes de agua y jardines. Se encontraba a tres días de navegación de tierra firme. Allí estaban los mayus, demasiado numerosos para ser contados y alrededor de la isla hay muchas otras islas, todas habitadas por mayus. La tierra colindante es también suya y tiene una extensión de varios días de viaje.”


“la actual isla de Dinamarca tiene forma circular y es arenosa. Tiene cuatro ciudades principales, muchos pueblos y puertos protegidos. La distancia desde la costa de la isla hasta la ciudad de Alsiyah, situada a la izquierda del viajero según entra en el país, es de 25 millas. Esta ciudad es pequeña pero civilizada y tiene mercados permanentes y edificios filos y está situada cerca de la costa.”

Dinamarca - Jutlandia en el siglo IX
                                                                                                                
Al ver llegar la safina y el knörr, la gente se agolpó en el puerto con curiosidad para ver quiénes eran esos extranjeros. Les llamó la atención la vestimenta andalusí de la comitiva, con amplios trajes bordados en hilos de oro que llegaban hasta el suelo. Asombrados vieron bajar a la comitiva andalusí. Hombres morenos con ojos oscuros, no tan altos. Si bien al-Ghazal cuando realizó ese viaje tenía 50 años y el pelo canoso, pero estaba de muy buen ver y conservaba una buena forma física. 
Al-Ghazal, imagino que también se llevaría su sorpresa al ver las casas, las ropas de la gente, su aspecto tan distinto al andalusí.  Los mayus llevaban ropa más ajustada, casi todos eran rubios o pelirrojos, de gran estatura y cuerpos bien formados. Las mujeres con trenzas solían llevar una camisa de lino que llegaba hasta el suelo con dos tirantes cosidos en los hombros. Cubrían la cabeza con una cofia sujeta con cordones.

Los andalusíes fueron alojados en salr, casas rectangulares de buena calidad y con amplitud destinada a los huéspedes. Durante unos cuantos días descansaron, mientras en el puerto, se afanaban en restaurar la safina. El knörr, que los había acompañado desde Silves, siguió viaje hasta la residencia del rey danés de los vikingos.


knörr - embarcación vikinga 


El rey Horic I fue informado de su llegada y se alegró mucho. Enseguida ordenó que se organizara todo para su recibimiento.
Este monarca danés era pagano al igual que la mayoría de los vikingos daneses de esa época. Si bien el cristianismo estaba ya haciendo acto de presencia, aún no había cuajado entre la población ni entre la clase gobernante.
Al-Ghazal y su gente, repuestos de la travesía, preparó los regalos y la carta del emir. Luciendo su traje de gala, aseado y animoso se puso en marcha hacia el höll o residencia de Horic I. Previamente había exigido que se respetara el protocolo de no postrarse ante el rey danés, ya que él solo se inclinaba ante el emir de Córdoba. Surgió entonces la anécdota, que cuando llegó a la puerta de entrada a la sala de audiencia, ésta había sido transformada de tal forma que nadie podía entrar por ella si no era de rodillas. Al-Ghazal se paró delante de ella y reaccionó rápido. Se sentó en el suelo con las piernas alargadas hacia delante y se deslizó sobre su parte trasera. Una vez atravesado el dintel de la dichosa puerta, se puso de pie y saludó al rey con suma educación como si nada hubiera pasado. El rey Horic I, que llevaba un magnífico traje, se sorprendió del ingenio del embajador:
-         
      "Pretendía humillarte y tú en cambio me has mostrado tus zapatos en mi        propia cara" - dijo Horic asombrado.  

Al-Ghazal hizo como no haber escuchado sus palabras y ordenó que le acercaran la carta del emir e hizo traer los presentes para el rey. Horic quedó muy agradecido por los cofres llenos de ropas, vajillas y demás regalos.

El Höll era la residencia del rey, que estaba rodeado por otras edificaciones de diferentes tamaños donde vivían no sólo la familia real sino también los miembros de la corte y los sirvientes. A este grupo de casas entorno al höll se lo llamaba Baer. De esta forma estaban organizadas todas las viviendas de los poblados, es decir, los Baer se formaban entorno a una casa principal, donde vivía un jefe importante. 

ilustración Sven Nordqvist (die Leute von Birka)


Cada Baer disponía de una gran sala comunitaria, donde la gente se reunía para pasar la tarde frente a la chimenea, tenían dos accesos; uno para los hombres y otro para las mujeres. Por la tarde noche  los hombres, solían beber cerveza o hidromiel, comían en las largas mesas de madera robusta, se distraían jugando al ajedrez, debatían acerca de algún tema importante, recordaban hazañas de sus héroes. También hacían hermosas piezas en madera tallada o en metal o preparaban sus armas para la próxima campaña. Cuando se caían de sueño, los hombres solían quedarse dormidos en el suelo algo más alejados del fuego. Esas mismas salas durante el día la ocupaban las mujeres, donde realizaban labores importantes como hilar, cardar o tejer la lana. Gracias al trabajo de las mujeres,  todos disponían de ropa y abrigo para el invierno. Ellas además cuidaban del ganado y se convertían dueñas de su casa mientras los hombres se ausentaban durante las largas expediciones.  





Al-Ghazal se adaptó como pudo no sólo al clima invernal sino también a estas costumbres vikingas, ya que su estancia en Jutlandia se prolongó casi un año. La sala comunitaria del höll de Horic I estaba ricamente decorada, con tallas de madera que hacían referencia a temas mitológicos y heroicos.

                                               

Las paredes estaban adornadas con tapices, manualidades que realizaban las mujeres, en las que se representaban las proezas de sus antepasados. Escudos y armas con incrustaciones de oro, plata y esmalte, brillaban colgados de la pared. El Baer del rey Horic I lo completaba el salr, donde se alojaba la comitiva andalusí y los skemma, donde la reina Nud pasaba casi todo el día junto a sus damas de compañía. Durante las largas noches de invierno, andalusíes y mayus compartieron las horas debatiendo temas diversos, recitando poesía, diciendo adivinanzas. Al-Ghazal le gustaba escuchar las sagas de los vikingos, otras veces disfrutaba en su salr, largo rato jugando al ajedrez o a las damas, en los días de nieve y temporales.  
Un día recibió la invitación de la reina Nud, quien había escuchado hablar tanto de él, que sentía curiosidad por conocerlo. Al-Ghazal al verla se quedó sin palabras y sin pestañear. Entonces ella le dijo al intérprete que le preguntara por qué la miraba así.

-          ¿Es porque me encuentra muy hermosa o por lo contrario? – preguntó la reina.
-        Sin duda es porque no imaginé que hubiera una mujer tan bella en el mundo. He visto en los palacios de nuestro rey, mujeres escogidas para él de entre todos los países, pero nunca he visto entre ellas una belleza semejante. – dijo haciendo gala de sus dotes seductoras.

-          Pregúntale si lo dice en serio o está bromeando. – dijo ella al intérprete.
-          En serio, sin duda alguna. – contestó al-Ghazal rotundo. 

-          ¿Es que no hay mujeres bellas en tu país? – insistió la reina Nud

-          Mostradme algunas de vuestras mujeres para que pueda compararlas con las nuestras. – le pidió el diplomático.

Entonces la reina reunió enseguida a las mujeres más bellas. Al-Ghazal las observó una a una y dijo:

-          Son bellas, pero no son como la belleza de la reina, pues su belleza y sus cualidades no pueden ser apreciadas por todos sino solamente por los poetas. Si la reina desea que yo describa su belleza, sus cualidades y su sabiduría mediante un poema que será recitado en toda nuestra tierra, así lo haré. – dijo al-Ghazal con cortesía.

Más tarde, ya en al-Andalus al-Ghazal contó esta primera conversación con la reina. Su amigo Tammam le preguntó:

-          ¿Es cierto que eran tan bella como la has descrito? – preguntó Tammam

-          ¡Por tu padre que tenía cierto encanto! Pero al decirle esto me atraje su afecto y obtuve de ella más de lo que deseaba. – contestó al-Ghazal

Parece ser que la reina quedó fascinada por la personalidad del andalusí, además de atraída por su buen ver, a pesar de que era un hombre entrado en años y lucía una cabellera canosa. Desde ese día, la reina lo llamaba todas las tardes a su estancia, donde pasaban horas hablando. A ella le gustaba escuchar la historia de los árabes, de los musulmanes y de sus países. Un día hubo otra anécdota cuando la reina le preguntó a al-Ghazal la edad que tenía.

-          Veinte años. – dijo al-Ghazal bromeando.
-          ¿Qué joven de veinte años tiene el pelo canoso? – respondió ella siguiendo el juego.
-          ¿Qué hay de extraño en ello? ¿Acaso no ha visto nunca un potro que tuviera el pelo canoso al nacer? – continuó él.
La reina Nud divertida, se asombró de sus palabras. Al-Ghazal entonces recitó:

“¡oh, corazón mío, soportas una difícil pasión,
Contra ella luchas como si fuese un león!
Estoy enamorado de una mujer vikinga
Que no dejará que se ponga el sol de la belleza,
Que vive en los confines de lo creado por Allah,
Donde no encuentra el camino el que hacia ella va.
¡Oh, Nud, joven y bella, de tus botones brota una estrella!
¡Por mi padre que nada más dulce o placentero
Para mi corazón que aquella a la que veo!
Si tuviera algún día que decir que mis ojos han visto
A alguien como tú, seguramente estaría mintiendo.
Ella dijo: “veo que tus cabellos se han vuelto blancos”.
En la broma, me hizo ella bromear
Y respondí: “¡por mi padre, así nacen los potrancos!”
Y ella rió y admiró mis palabras,
Las dije yo para causar asombro. “

Al finalizar y habiendo el intérprete traducido el poema, dijo ella riéndose:
-          ¿por qué no te tiñes las canas?
A la tarde siguiente, al-Ghazal acudió a la llamada de la reina y apareció con el pelo teñido de negro. Nud se alegró del cambio y alabó lo bien que le quedaba. Al-Ghazal respondió con lo siguiente:


“por la mañana me elogió por la negrura de mi tinte,
Era como si éste me hubiera hecho volver a mi juventud.
Pero para mí son los cabellos canos y su tinte
Como un sol que queda envuelto por la niebla.
Se ocultan un momento y el viento del este los descubre
Y la capa comienza entonces a desvanecerse.
¡No desprecies el destello del pelo blanco!
Es la flor del entendimiento y la inteligencia.
Tengo lo que ansías en tu juventud,
Elegancia en las maneras y educación.”

Las asiduas visitas a la reina puso nervioso a Yahya b. Habib, quien le llamó la atención a al-Ghazal por los celos o incluso la ira del rey que podría provocar estos encuentros diarios. Entonces al-Ghazal con cara de preocupación le explicó a la reina que los encuentros entre ambos podrían acarrearle muchos problemas e incluso el fracaso de la embajada. La reacción de la reina Nud fue una gran carcajada.

-          No hay semejante cosa entre nuestras costumbres y los celos no existen entre nosotros. Nuestras mujeres permanecen con su marido mientras éste le resulte agradable, pero le abandona cuando deja de agradarle.

Estas costumbres sorprendieron sobremanera al andalusí. Casi no lo podía entender, pero quedó mucho más tranquilo sabiendo que no estaba haciendo nada mal. Por lo que las visitas a la reina Nud se sucedieron. Pasó el duro invierno, vientos cálidos de primavera calentaban el rostro de al-Ghazal. Llegado el verano, todo floreció, los animales pastaban, las granjas volvieron a la vida, los mayus estaban más felices, gracias al calor del sol. En septiembre del 846, llegó la hora de la despedida para retornar a al-Andalus. El rey Horic I quedó muy satisfecho de la estancia de su invitado, le entregó cartas de amistad para el emir de Córdoba y unos documentos de paz para el rey de León, Ramiro I, además de regalos para ambos monarcas. Al-Ghazal elogió al pueblo vikingo, alabó sus hazañas grandes y pequeñas. La reina Nud quedó feliz de haber conocido a un hombre tan singular. La safina andalusí zarpó de Jutlandia rumbo al sur. 

Pasadas varias semanas llegaron a Shent Ya´qub (Santiago de Compostela), donde la comitiva andalusí entregó la documentación de Horic I al rey de León. Permanecieron en tierras leonesas unos dos meses hasta el final de la temporada de peregrinaciones. El rey Ramiro I los trató con todos los honores. Pasado ese tiempo continuaron el viaje de regreso atravesando Castilla, escoltados por soldados del rey, hasta que por fin entraron en tierras de al-Andalus. Pasaron por Toledo antes de llegar a Córdoba, donde los esperaba con ansiedad el emir abd ar-Rahman II. La paz quedó sellada con los mayus, hasta la muerte de Horic I en 854, cuando el nuevo rey vikingo dispuso que el tratado de paz ya no tenía vigencia. Así llegó el segundo ataque vikingo a tierras andalusíes. Pero esa ya es otra historia.


Por Elisa Simon 

 BIBLIOGRAFIA:

-          Al-Ghazal y la embajada hispano-musulmana a los vikingos en el siglo IX. Mariano G. Campo (Ed.) Miraguano Ediciones 2002
Los dos artículos del libro de Mariano Campo pertenecen a:
W.E.D. Allen publicado en el Saga Book de la Viking Society de Londres
Abdurrahman El Hajjí publicado en la revista Hespéris Tamuda de la Universidad de Muhammad V de Marruecos. 
-          Los Vikingos. Rudolf Simek – Flashback, Acento Editorial 2001
-   Die Leute von Birka. Sven Nordqvist, Mats Wahl, Björn Ambrosiani. Verlag F. Oetinger, Hamburg -  www.oetinger.de 
-   Wikinger. Sehen, Staunen, Wissen. Gerstenberg Verlag.  


FOTOS: 



LECTURA: 

-          Novela histórica: al-Ghazal, el viajero de los dos orientes de Jesús Maeso de la Torre – Edhasa 2002


Nota: traducciones del texto de ibn Dihyah:

-          Traducción noruega: Harris Birkeland “Nordens historie i middelalderen etter arabiske kilder. Oslo 1954 Pag. 83 – 88
-          Traducción sueca: Stig Wikander “Araber, Vikingar, Väringer” Lund 1978 Pag. 14 – 17 y 24 – 30.
-          Traducción alemana: “Arabische Berichte von Gesandten an germansiche Fürstenhöfe aus dem IX  und X Jahrhundert” Berlin/Leipzig 1927 Pag. 37 – 42.
-          Traducción española: “Los historiadores y geógrafos arabo-españoles 800 – 1450 A.D.” Madrid 1898 Pag. 38 – 45.

domingo, 22 de julio de 2012

DESEMBARCO DE LOS MAYUS EN SEVILLA AÑO 844


DESEMBARCO DE LOS MAYUS EN SEVILLA AÑO 844

Por Elisa Simon
  
Esta historia transcurre en el siglo IX de al-Andalus, durante  el Emirato Omeya de Abd al-Rahman al- Awsat II (822 – 852). Un emir de erudita educación, que heredó un vasto territorio, aún sin consolidar, con rebeliones muladíes. La economía era próspera, por lo que las arcas emirales gozaban de buena salud. 

Mientras el emir disfrutaba en Córdoba, capital del emirato omeya, de la caza, el fasto y las mujeres, en otras ciudades de al-Andalus se seguía produciendo el lento pero sin cese cambio cultural entre la población. 

En aquella época, Sevilla, seguía un proceso de crecimiento y cambios. Elementos arquitectónicos preexistente, se reutilizaron. Se construyeron nuevos edificios, sobre los visigodos, que a su vez estaban situados sobre el original romano. De esta manera, sobre el antiguo foro y una Iglesia visigoda, se construyó la mezquita aljama y el zoco. Las casas mediterráneas con patio y huerta se entremezclaron con los baños públicos o hammamat, zocos y edificios oficiales, todo ello enmarcado dentro de un entramado laberíntico y amontonado de calles, callejas, adarves, plazas y plazuelas. 

La ciudad estaba salpicada de pequeños brazos del gran río, que iban confluyendo en otros brazos más grandes hasta unirse al gran río que muere en el mar. El wadi el-kebir (Guadalquivir), permitía la navegación en embarcaciones de gran calado hasta unas millas más arriba de la aglomeración urbana. Según los expertos, el puerto pudo haber estado entre las llamadas puertas del Carbón y del Arenal  (Bab Abul-Qalis y al-Faray). Esta ciudad formaba parte de la vía comercial tanto marítima como terrestre. Gracias al río, Sevilla se comunicaba con el Estrecho, por la vía de Algeciras. Sin embargo, esta populosa ciudad, sólo estaba protegida por la vieja y precaria muralla romana y carecía de destacamento militar.     

En líneas generales, este era el aspecto de Sevilla del 844, cuando de repente, un batallón de “hombres del norte” irrumpieron en la paz y prosperidad sevillana. ¡Eran los vikingos!

Los andalusíes los llamaron al-Mayus – adoradores del fuego, magos o al-Urdumaniyyun (nordmanni – hombres del norte). Los mayus protagonistas de esta historia procedían de Jutlandia y las islas que la rodean (Dinamarca).
Este pueblo era gente ruda, valientes guerreros, magníficos marinos y constructores de drakkar. En su tierra eran agricultores y ganaderos. Pasaban los fríos inviernos encerrados en sus casas con hogar, donde ocupaban el tiempo en trabajos manuales, como hermosas piezas de madera talladas, mientras que las mujeres tejían y realizaban otras labores. 
Los hombres juraban fidelidad a su rey, que era elegido en Asamblea. Sentían un fuerte arraigo a la familia y posición social, defendiendo su honor y el de los suyos, incluso con la muerte. Solían ser polígamos, aunque el ama de casa era solo una, que se diferenciaba de las concubinas, porque llevaba colgado al cinturón el manojo de llaves de su casa y granja. Los hombres del norte contribuyeron a mejorar las técnicas de construcción de barcos, así como las de la navegación.


La primera aparición de los mayus en las costas Atlánticas de la Península, fue en el 844. La razón de su llegada, fue fruto de la casualidad. Estos rudos hombres de mar estaban azotando el país de los francos, cuando fueron sorprendidos por un fuerte viento del norte que los llevó hasta las costas peninsulares. Tanto los asturianos como los gallegos les ofrecieron resistencia, por lo que decidieron continuar su viaje hacia el sur, bordeando el Atlántico.  
Hasta que encontraron la desembocadura del río Tajo, en la ciudad de al-Usbunna (Lisboa) ¡Los mayus habían entrado en tierras de al-Andalus!

El miércoles 20 de Agosto 844 los musulmanes de al-Usbunna (Lisboa), se sorprendieron cuando vieron llegar al estuario del Tajo a unos 54 bajeles normandos y otras tantas embarcaciones más chicas. “Se podría decir que llenaban el océano de pájaros de color rojo oscuro, del mismo modo que llenaban los corazones de pena y tristeza.” – comentó ibn Idhari.

¿Quiénes eran esos hombres? La población aterrada salió corriendo, cuando aquellos hombres de piel blanca y cabellos largos rojos gritaron “¡Berserkers!”, al tiempo que alzaban sus hachas al cielo y corrían hacia tierra firme. Los andalusíes nunca habían visto hombres de semejante estatura y tan fornidos. Llevaban unos chalecos de cuero y enfundados en piel de oso, provocaron el pánico en la ciudad. No menos aterrador eran sus embarcaciones. Az-Zuhri nos dice: “tienen la proa y la popa altas, de modo que pueden moverse en cualquiera de las dos direcciones por el agua, y las velas son cuadradas.”
El Gobernador de al-Usbunna, Wahb Allah ben Hazm, envió de inmediato mensajeros a Córdoba para advertir al Emir Abd al-Rahman II de esta presencia amenazadora en tierras de al-Andalus. 


al-Usbunna tuvo que soportar muchos días de saqueos, muertes y violaciones. El Emir Abd al-Rahman II, envió emisarios con instrucciones a todos los walíes o gobernadores con mando en las provincias costeras para que estuvieran alerta.
Los mayus, por su parte, después de arrasar al-Usbunna, continuaron su travesía, exhibiendo los drakkar, a lo largo de las costas andalusíes, buscando un nuevo río que remontar.

Fue entonces cuando encontraron la desembocadura del río Guadalquivir. “A 60 millas de la ciudad de Sevilla, la marea llegaba hasta ella, gran río en el que entraban las embarcaciones de gran tonelaje (al-sufun al-kibar).” – relató un cronista.
Una parte de la expedición continuó algo más al sur, saqueando Cádiz y Medina Sidonia, mientras que el grueso de los drakkar se adentraron en el estuario del río.


Mientras remontaban el gran río, los guerreros del norte, se sorprendieron de las fértiles tierras y de las marismas con islas fluviales, entre Sevilla y el mar. El río cruzaba una región pantanosa y cubierta por buenos pastos. Luego, su curso se dividía en dos brazos a lo largo de una quincena de kilómetros para unirse otra vez formando así una isla, llamada Yazira Qabtal - Captel (Isla Menor). En esta isla establecieron su cuartel general, donde anclaron 80 drakkar, el 29 de Septiembre de 844. Desde allí realizaron continuas incursiones en los alrededores, aprovechando los caballos que en dicha isla se criaban.

Al día siguiente, cuatro drakkar realizaron un viaje de reconocimiento 4 millas río arriba hasta llegar a Qawrah (Coria del Río). Allí se situaba el  puerto fluvial de Sevilla, a unas 12 millas de la ciudad. Los habitantes de Qawrah, sorprendidos, huyeron como pudieron mientras que otros murieron defendiéndose. Cuando estas terribles noticias llegaron a la ciudad de Sevilla, la población huyó despavorida, incluido su Gobernador. Unos pocos hombres decidieron quedarse, para defender la ciudad, que no contaba con un destacamento militar y sus murallas eran precarias. Tres días más tarde, a comienzos de Octubre, la flota normanda al completo se preparó para continuar su navegación río arriba. Llegaron a Sevilla, ya de noche, tal como era habitual en las tácticas vikingas. A la mañana siguiente aparecieron en primer lugar junto a al-fajjarin (arrabal de los alfareros).
Unos pocos valientes salieron a su encuentro, pero fueron atacados por flechas incendiarias. 
Comenzaron siete largos y angustiosos días, de intensos saqueos y luchas desiguales. Las lagunas y brazos del río permitieron a los mayus llegar con rapidez hasta el corazón de la medina. La mezquita aljama fue pasto de las llamas por las flechas incendiarias, al igual que muchos otros edificios. La gente corría despavorida pero eran alcanzados por las espadas y hachas de los nórdicos. En una mezquita pequeña, donde  se habían reunido unos pocos ancianos para rezar, murieron calcinados y la mezquita casi destruida. Más tarde, una vez reconstruida recibió el nombre de mezquita de los Mártires (masyid ash-shuhadá).
“Fueron tantos los muertos y cautivos que resulta imposible contarlos, nadie quedó con vida, fueran mujeres, hombres, niños, bestias, ganado o aves y todo lo que alcanzaban sus espadas y sus flechas”. – dijo un cronista. La ciudad quedó desierta, silenciosa, destruida.      
Los mayus, exaltados, llenaron sus drakkar con el botín obtenido y se llevaron a los cautivos a su isla Yazira Qabtal. 

Los días y las semanas fueron pasando, mientras el emir Abd al-Rahman II se afanaba en organizar la estrategia de defensa. Movilizó todas las tropas del territorio andalusí, mientras los hombres del norte hostigaban Sevilla sin piedad. Cuando en la ciudad ya no quedaba botín alguno, decidieron adentrarse en sus alrededores, en dirección a Córdoba. En esta ocasión emplearon los caballos de Yazira Qabtal, demostrando su destreza en tierra, cabalgaron a sus anchas.
Durante todo el mes de Octubre, los mayus divididos en grupos, se dispersaron por la campiña y el Aljarafe, sembrando el terror, destruyendo y obteniendo un buen botín y prisioneros. No fue hasta comienzos de Noviembre, cuando el emir logró reunir a todos los contingentes andalusíes.
Ordenó salir hacia Sevilla un cuerpo de caballería con sus mejores generales: ´Abd Allah ben Kulayb, ´Abd al-Wahid al-Iskandaraní y Muhammad ibn Rustum.


¡Por fin las tropas del emir llegaron a Sevilla! Tomaron posiciones en la zona alta del ash-Sharaf (Aljarafe). A este gran ejército se unió pronto un cuerpo de infantería.
Córdoba, por su parte, no podía quedar sin soldados. De ahí que el Emir ordenó que vinieran los destacamentos de las provincias del interior para defender la capital del Emirato. Estos contingentes estaban a las órdenes del hombre de confianza del emir, el eunuco Nasr.

Pronto entablaron contacto con los mayus, que a su vez habían recibido refuerzos. Se sucedieron emboscadas, ataques y batallas donde los andalusíes mostraron su capacidad defensiva en tierra. 
El eunuco Nasr organizó una gran emboscada contra un contingente de mayus que marchaba a Morón, donde murieron muchos de ellos.
Esta noticia llegó a Sevilla provocando preocupación entre los hombres del norte y una fuerte energía de ánimo entre la menguada población, suficiente como para enfrentarse a ellos mientras llegaba el grueso del ejército andalusí. Ante esta nueva situación, los mayus pusieron tierra de por medio y se retiraron a Yariza Qabtal.


El día de la gran batalla fue el día 11 de noviembre 844, un poco al sur de Sevilla a dos millas, en Tablada. En esta zona vasta y llana, el ejército andalusí al mando del general ibn Rustum y los contingentes de Nasr, atacaron por los cuatro costados. Arqueros y lanceros, infantería y caballería marchaban al ritmo de los atabales. Banderas y estandartes con alabanzas a dios, ondeaban en el aire. En frente, los mayus que ya habían desembarcado en masa, agitaban sus espadas y hachas al cielo, cubiertos con cascos que les protegían la nariz y los escudos redondos parecían no temer al ejército oponente. Al grito de “Allah hu Akbar” y “Berserkers” se enfrentaron los valientes guerreros. El campo de Tablada se convirtió en un enmarañado y sangriento campo de muerte. Golpes de sables chocaban unos contra otros, los arqueros hincando sus rodillas oscurecían el cielo con cientos de flechas. Los corpulentos mayus tiraban de los caballos a los soldados del emir. La lucha cuerpo a cuerpo era un esperpento de violencia. Hachas, lanzas, dagas, sables, sangre, polvo, sudor, gritos, rabia, lágrimas, se sucedían sin tregua. En lo más trágico de la batalla ibn Rustum, ordenó a un grupo de su caballería que se interpusiera entre las naves y los normandos. Los mayus no pudieron refugiarse en sus drakares. Quedaron acorralados. Murieron cerca de 1000 y unos 400 fueron hechos prisioneros, muchos de los cuales fueron ejecutados y exhibidos, tal como era costumbre. La derrota de los mayus fue proclamada por todos los rincones de al-Andalus. Los grandes héroes de esta historia fueron el general ibn Rustum y el eunuco Nasr.

Los fugitivos que lograron embarcarse en sus drakkar, pusieron rumbo al sur. Durante esta travesía de huida, fueron recogiendo a los demás que se encontraban a su paso. La gente de los pueblos costeros del río les tiraraban piedras con hondas desde la orilla, mientras los maldecían y lloraban a sus muertos. Los mayus decidieron entonces negociar con el  Emir. Ellos liberarían a los prisioneros a cambio de ropa y víveres, ya que les quedaba un largo camino de regreso al norte. Abd al-Rahman II no se fió y envió a los héroes de la batalla de Tablada a un nuevo combate. Los hombres del norte no se esperaban esta reacción. Desprevenidos, fueron perseguidos y acorralados. En aquella ocasión, el líder de los mayus fue muerto, mientras muchos otros huían hacia sus barcos. Un grupo de los hombres de ibn Rustum lograron abordar unos cuantos bajeles. Las saquearon y las incendiaron. Los drakkar restantes con su tripulación huyeron. Intentaron regresar a Yazira Qabtal, pero fue en vano. Quince embarcaciones andalusíes (sufun) ya los estaban esperando. Enfurecidos partieron en sus temibles barcos hasta la desembocadura del río Odiel, donde se detuvieron en la isla de Saltés. Como represalia, los hombres del norte asaltaron y arrasaron la ciudad de Niebla y otras localidades cercanas. Siguieron las costas del Algarve, arribando nuevamente a Lisboa, donde fueron vistos por última vez…ese año.  


No todos los normandos abandonaron al-Andalus, hubo un reducido número que se quedó, se dispersó al este y sudeste de Sevilla, por tierras de Carmona y Morón. Adoptaron el Islam, se dedicaron en el valle del Guadalquivir a criar ganado y a la industria lechera. En lo sucesivo esta pequeña colonia de muladíes de origen normando había de surtir a Sevilla y Córdoba de unos exquisitos quesos que fueron muy reputados en al-Andalus.

La consecuencia de este ataque normando, fue el refuerzo y construcción de nuevas murallas en las grandes ciudades. En Sevilla se construyó unos astilleros, llamados dar al-sina´. El emir se ocupó de mandar construir una red de defensa del litoral andalusí. Fue así como las costas de al-Andalus se llenaron de tala´i (atalayas) o torres vigías, ribats(fortalezas costeras) donde vivían monjes-guerreros que llevaban tanto una vida ascética como militar. En la campiña se construyeron qal´a(fortalezas situadas cerca de las grandes ciudades). Las imponentes alcazabas comenzaron a otear, desde la parte más elevada de las ciudades para adelantarse al enemigo.  

Esta historia de los mayus tiene continuación. Al año siguiente del ataque vikingo, el Emir envió a tierras de los hombres del norte al poeta y diplomático, apodado al-Ghazal junto con un selecto séquito para sellar la paz entre ambos pueblos. Pero esta es otra historia…
  
Nota:

Drakar: embarcación de mercancía y de guerra, propia de los hombres del norte. 
A los pocos años de vivir en Sevilla, creo recordar que se encontraron restos de un drakar en la zona de la Plaza Nueva, cuando se estaban haciendo unas obras. 

Fotos:

Tapiz de Bayeux: Lienzo bordado del siglo XI, que relata la conquista de Inglaterra por los normandos (batalla de Hastings). El tapiz se exhibe en Bayeux (Normandía)

Bibliografía:

- Historia de España tomo IV  - Menendez Pidal

-“Los vikingos en España”  - A. Machado y Alvarez , traducción de la obra de Dozy “Recherches” II. Polifemo – Madrid 1987.

-“Los vikingos, reyes de los mares” - Yves Cohat- Aguilar Universal – Madrid 1989

-“El poder naval de al-Andalus en la época del Califato Omeya”
Jorge Lirola Delgado  - Universidad de Granada – 1993

-“Tratado de Arquitectura hispano-musulmana II
  Ciudades y fortalezas – de Basilio Pavón Maldonado – CSIC

-“Sevilla Islámica” 712 – 1248  de Jacinto Bosch Vilá - Universidad de Sevilla 

-“Sevilla en la Baja Edad Media”  - Antonio Collantes de Terán 
Excmo. Ayuntamiento de Sevilla 1984