sábado, 9 de junio de 2012


Yehudah ha-Leví  El mejor poeta andalusí en lengua hebrea.

Por Elisa Simon.

 este personaje sefardí, es en el mundo judío, uno de los más grandes poetas en lengua hebrea. Sus poemas religiosos fueron incorporados a la liturgia hebrea, marcados por el deseo de alcanzar Jerusalén. Hoy en día se cantan en las sinagogas de todo el mundo. Yehudah ha-Levi creó un género poético religioso llamado las “Siónidas”.

Nació en Tudela (Navarra) hacia 1070. En aquellos tiempos esta ciudad pertenecía a la taifa de Zaragoza, en la cual gobernaba el rey al-Muqtadir. Su reinado se caracterizó por el mecenazgo a las ciencias y el arte. Nuestro poeta Yehudah procedía de familia acomodada. Lamentablemente no hay muchos datos acerca de su infancia y juventud. Según parece, ésta transcurrió en Castilla, tranquila y dedicada a los estudios. Su padre se ocupó de darle una esmerada formación con los mejores maestros. Estudió en la prestigiosa Academia talmúdica de la ciudad de Lucena, donde fue discípulo de  uno de los más grandes talmudistas de al-Andalus, Isaac al-Fasi. 
Pronto pasó a formar parte de la élite cultural de dicha ciudad, donde ya era conocido por sus dotes para la poesía y la improvisación de versos. Yehudah era un hombre de carácter afable, amable, muy educado. Estas cualidades lo rodearon de buenos amigos, los cuales mantuvo durante toda su vida. 
Yehudah, al igual que la gran mayoría de los poetas andalusíes, empleaban la métrica árabe en sus versos. La estructura métrica árabe adoptada para la poesía en lengua hebrea, es la qasida. Se trata de un poema compuesto por un número indeterminado de versos con rima final consonántica. En cuanto a la temática profana es la misma que la empleada en la poesía en árabe, es decir, temas de tipo erótico, panegírico, báquico, floral, etc. En ocasiones, la poesía de Yehudah y otros poetas sefardíes se inspiraban en su propia tradición y motivos bíblicos, componiendo versos seculares en los que subyacen las ideas contenidas en los libros bíblicos. 

“La cierva lava sus vestidos en las aguas de mis lágrimas,
Y los tiende al sol de su esplendor.
No pide agua de manantiales teniendo mis ojos,
Ni sol, ante la belleza de su figura. “
***
“Graciosa gacela, con tu belleza me has cautivado,
Con crueldad me has esclavizado en tu prisión.
Desde que la separación se interpuso entre nosotros
No he encontrado una figura comparable a tu hermosura.
Me alimento de rojas manzanas cuyo aroma es como
El de tu rostro y tu boca,
Tienen la misma forma de tus pechos y el color
Del rubí que aparece en tu mejilla. “
                     ***                    
Hoy se han unido las estrellas del Orbe;
            nadie hay comparable en las huestes celestes.
Envidian las Pléyades su unión, pues
            ni el aire pasa entre ellos.
El astro de Oriente ha venido a Occidente,
            y ha encontrado a la estrella solar entre sus hijas.
Ha levantado un dosel de ramas gruesas
            y con ellas una tienda para el sol.
                   ***                  
¡Si quisiera seguirme la aurora con la brisa
Que besa la boca de ella y balancea su cuerpo!
¡Si las nubes quisieran llevarle mi saludo!
Entonces, al igual que su talle, su duro corazón oscilaría.
¡Oh gacela, que eligió colocar su morada sobre la Osa Mayor,
Ten compasión de quién hasta la Osa Mayor volaría!

                                          
Yehudah decidió estudiar medicina, sin dejar de lado su producción poética, inclinándose cada vez más hacia la poesía mística. Profundizó sus estudios en la filosofía andalusí, que tiene un marcado carácter griego, cuestión que chocaba con sus convicciones religiosas y el carácter místico de su obra.
Parecía vivir tranquilo a caballo entre al-Andalus y Castilla. Vivió en varias ciudades. El buscaba un lugar, anhelaba tener un hogar, un refugio donde sentirse seguro. Este sentimiento fue ahondando en su personalidad. Así lo reflejó en sus composiciones religiosas. A medida que iba madurando se convencía y sentía que su lugar, su hogar estaba en la ciudad de Jerusalén. Los acontecimientos históricos tanto en al-Andalus como en Castilla no hicieron más que reafirmar cada vez más dicho deseo.

  “Mi corazón,está en Oriente, y yo en los confines de Occidente.
             ¿Cómo gustar de los manjares y disfrutarlos?
¿Cómo cumplir mis votos y mis promesas, si sigue
             Sión bajo el poder de 'Edom y yo sometido a los árabes?
Me parecerá tan fácil abandonar todo el bien de Sefarad,
             como preciado contemplar las ruinas del Santuario destruido.”


La taifa de Toledo gobernada por los Banu Di l-Nun(1), fue entregada a los castellanos en mayo de 1085. La historia es más larga y complicada y supuso el principio del fin de al-Andalus. Este es un tema para varios artículos en el blog.
Pero regresemos a nuestro protagonista. 
En principio, la incorporación de Toledo al reino de Castilla no supuso ningún cambio drástico para los sefardíes toledanos. Yehudah prosiguió, junto a su familia,  ejerciendo la medicina, profesión que le dio de comer, pero que él no amaba. Uno de sus mejores amigos, Yosef ibn Ferrusel(2), apodado Cidellus, se convirtió en un hombre de peso dentro de la corte de Alfonso VI. En esa época, parece ser que compuso “Divan”, una colección de poemas profanos en hebreo.
Invitado por Moseh ibn Ezra(3), se trasladó a Granada, donde fue recibido calurosamente. En aquel tiempo, gobernaba el rey Abd ´Allah(4), quien si bien no contó entre sus cortesanos con sefardíes, mantuvo la política favorable a los sefardíes granadinos.  
En 1086 los reyes de taifas(5), por motivos que en este artículo no vienen a cuento, decidieron pedir ayuda a sus hermanos musulmanes del Magreb, para hacer frente a los castellanos. El jefe de los almorávides(6), Yusuf ibn Tashfin(7), aceptó bajo una serie de condiciones. Se libró la batalla de Zallaqa(8), donde los andalusíes salieron victoriosos, dando un respiro a los reyes de taifas. Esta tregua no duró mucho, ya que unos años más tarde, los reyes andalusíes hicieron una segunda llamada de socorro, que fue respondida por los almorávides. Si bien, en este caso, el sitio de Aledo(9) sólo puso en evidencia la desunión de los reyes de taifas y la vulnerabilidad de al-Andalus. De ahí que, en 1090 Yusuf ibn Tashfin volviera a cruzar el Estrecho, pero esta vez sin ser llamado y con la intención de exiliar a los reyes de taifas para salvar al-Andalus. Yehudah fue testigo de todos  estos acontecimientos, ya que el rey Abd ´Allah de Granada fue uno de sus protagonistas. La primera taifa en caer fue precisamente la de Granada. La situación en al-Andalus cambió, debido a las convicciones religiosas de los almorávides. En ese momento, Yehudah decidió abandonar al-Andalus y regresar a Toledo.
Durante casi 20 años continuó su vida en Toledo, sin dejar de realizar viajes a al-Andalus, donde tenía muchos amigos. En Toledo fue testigo de una tragedia. En 1108 hubo una matanza de sefardíes en esta ciudad, entre los asesinados estaba el joven sobrino de su amigo Yosef ibn Ferrusel. Dolido y enfadado le dedicó una sentida elegía. Encontré sólo este fragmento:  


¡Ay, amigo mío!, hoy no tendrás tus albricias
              por decirme que han dado muerte a Sĕlomoh.
Troca mi corazón, troca tu poema en lamento,
              pues llegó su quebranto cuando esperaba su paz.


Tales tragedias en Castilla y los nuevos gobernantes en al-Andalus provocaban en  Yehudah una tristeza cada vez mayor. Su anhelo de ir a Jerusalén se tornó más fuerte en su interior. Estos sentimientos se reflejan en sus trabajos y estudios filosófico-religiosos.  El momento de cumplir su deseo llegó tras la muerte de su esposa. Decidió entonces abandonar Sefarad. Se despidió de su única hija, de su nieto y de sus amigos. Se embarcó en un puerto andalusí para atravesar el Mediterráneo y llegar hasta Alejandría. Allí, en Egipto lo esperaba un familiar y otros amigos. La travesía fue una gran aventura ya que los sorprendió una enorme tempestad.

“Y no zozobre tu corazón en el corazón del mar
Cuando veas que las montañas vacilan y desaparecen,
Y las manos de los marineros son como trapos
Y los más hábiles maestros están taciturnos,
Alegres parten mirando hacia delante
Luego se dan la vuelta y palidecen,
Ante ti tienes el Océano como refugio,
¡y no tienes escape, sino trampas!
Las velas se agitan y vibran
Y las tablas se conmueven y tiemblan,
Y la mano del viento juega con las aguas
Como los que levantan las gavillas en la trilla,
Unas veces las convierten en eras,
Otras hace de ellas montones de parva,
Cuando las embravece parecen leones,
Cuando las debilita parecen serpientes,
Tras las primeras corren las de detrás
Como culebras para las que no hay exorcismo.
El potente navío por poco sucumbe por la fuerza de Dios
Y el mástil y la vela pierden su vigor,
El buque y sus camarotes están trastornados
Tanto los de abajo, como los de en medio como los de arriba,
Los que tiran de las cuerdas están doloridos,
Mujeres y hombres se encuentran enfermos,
Y agotóse el espíritu de sus marineros
Y los cuerpos temieron por la vida.
La fuerza de los mástiles de nada aprovecha,
Ni se desea el consejo de los ancianos,
A los mástiles de cedro se les ve como de paja
Y los hierros de los fondos como heno,
La gente reza cada uno a su Santo
Y tú te vuelves hacia el Sancta Sanctorum
Y rememoras los milagros del Mar Rojo y el Jordán
Que están grabados en todos los corazones
Alabas al que apacigua el rugido del mar
Cuando sus olas arrojan los lodos
Y le recuerdas la penitencia de los corazones pecadores
¡ para que Él recuerde en tu favor el mérito de los santos patriarcas! “


En el puerto egipcio lo recibieron con gran júbilo y cariño. Durante meses sus familiares y amigos intentaron persuadirlo, para que se quedara con ellos en aquellas tierras. Yehudah tampoco encontró la paz anhelada en tierras de los faraones.

“Si queréis que mi voluntad se cumpla,
Permitidme partir y me iré con mi Señor,
Pues ya no encontraré para mis pies lugar de reposo
Hasta que establezca mi residencia en la casa de Su morada.
No hagáis que mis pasos demoren la partida,
Porque temo que me sorprenda la muerte.
Mi deseo es refugiarme bajo las alas de la gloria de Dios y
Que mi albergue esté junto al albergue de mis antepasados. “


Fiel a su promesa, prosiguió su viaje hacia Jerusalén. Es ahí donde se pierde la documentación histórica de este personaje. No se puede confirmar el lugar ni la fecha de su muerte, si bien ya había cumplido los 70 años. La personalidad de Yehudah despertó la imaginación de la gente y se fraguó una leyenda, según la cual llegó hasta las puertas de Jerusalén, donde estaba recitando una de sus composiciones siónidas, cuando fue atropellado por un jinete y murió.
Su principal obra fue escrita en árabe, se trata de Sefer ha Kuzarí. Está  compuesta por cinco ensayos en forma de diálogo entre el rey de los Jázaros, Bulan, y un rabino, que había sido invitado a la corte, al igual que un musulmán y un cristiano. Cada uno debía explicarle al rey Bulan su doctrina, para que éste se convirtiera a una de las tres religiones. Fue el rabino, el que finalmente convenció a este monarca para que se convirtiera al judaísmo. Este hecho histórico le sirvió a Yehudah para exaltar el judaísmo. En “Kuzarí” expone los conceptos teológicos y filosóficos junto a un compendio de tradiciones orales y costumbres semitas.


NOTAS
1.- Banu Di l-Nun, familia bereber de la tribu Hawwara llegados a la Península en el 711. Se establecieron en el centro de la Península convirtiéndose en uno de los linajes más importantes durante el período Omeya. A la caída del Califato de Córdoba, los Di l-Nun tomaron el poder de la taifa de Toledo. El tercer y último gobernante de este linaje fue al-Qadir, quien ofreció su reino al castellano Alfonso VI.
2.- Yosef ibn Ferrusel (..?.. – 1145)administrador y hombre de confianza del rey Alfonso VI. Ayudó a los sefardíes que venían huyendo de al-Andalus bajo la presión de los almorávides primero y almohades después.
3.- Moseh ibn Ezra, (1055 – desp. 1135) poeta granadino, que pertenecía a una de las familias sefardíes importantes de Granada. Ocupó altos cargos en la administración.
4.- Rey taifa de Granada, Abd ´Allah fue el último gobernante granadino de la rama bereber zirí (del 1073 – 1090). Estos beréberes Sinhaya pasaron a al-Andalus en el siglo XI, siendo acogidos por el hijo de Almanzor.
5.- A la caída del Califato, le siguió una guerra civil en al-Andalus que terminó fragmentando el país en taifas o porciones territoriales sobre las que se iban declarando autónomos quienes por entonces ostentaban el poder local, como gobernadores, jueces o importantes linajes locales. Los reinos de taifas abarcan desde 1031 hasta 1090.
6.- Los almorávides eran bereberes sinhaya nómadas al sur del Magreb. Su jefe espiritual promovió unas reformas en el Islam y fue el creador de un movimiento religioso surgido en un convento-fortaleza o ribat, donde instruía a sus fieles. De ahí tomaron su nombre, murabitun “hombres del ribat”.
7.- Emir almorávide que puso fin a los reinos de taifas en al-Andalus.
8.- batalla de Zallaqah tuvo lugar el 23 de Octubre de 1086 en tierras del actual Badajoz (Extremadura). Tropas unidas procedentes de todos los reinos taifas y la ayuda de los almorávides lograron vencer a los castellanos encabezados por Alfonso VI. 
9.- Sitio de Aledo. Castillo de Aledo situado en lo más alto de un cerro rocoso en la zona de Murcia en el corazón del levante andalusí. Este castillo había sido tomado por los cristianos. Los reyes taifas con el auxilio de Yusuf ibn Tashfin sitiaron el castillo inexpugnable durante varios meses sin éxito. 

miércoles, 2 de mayo de 2012

Rabí Abraham Ibn Ezra, un sabio sefardí



Rabí ABRAHAM BEN MEIR IBN EZRA, un sabio sefardí andalusí.

Por Elisa Simon 

En este artículo los quiero acercar a un personaje andalusí que se llama Abraham ibn Erza. Nacido en la ciudad de Tudela hacia el 1089, Abraham fue un hombre polifacético: poeta, filósofo, científico y exégeta. Su gran proeza fue la difusión del saber andalusí por distintos países europeos en pleno siglo XII. 



En aquella época Tudela formaba parte de la taifa de Zaragoza, donde gobernaba la dinastía Hudí (1) bajo el príncipe al-Musta´in. Esta ciudad situada en el valle del Ebro cerca de la frontera con el reino de Castilla y Aragón, al norte de la ciudad de Zaragoza, formaba parte de la Marca Superior (2)de al-Andalus. 



Abraham era un sefardí cuya infancia y juventud  transcurrió tranquila y feliz en esta ciudad, donde se dedicó desde muy joven a la poesía y al disfrute de buenas amistades, como la de Jehuda ha-Leví. Se inspiró en temas de la vida diaria, asuntos prosaicos y triviales. Con humor describe personajes de la vida cotidiana, habla de los juegos de azar o el ajedrez en un magnífico poema.
A continuación copio tres poemas de ibn Ezra compuestos en sus años de juventud en Tudela:
“Si temprano a casa del magnate me dirijo,
Me dicen:”Se ha ido a cabalgar”;
Si por la noche vuelvo,
Me explican:”duerme ya”.
O sube a la carroza,
O sube al lecho.
¡Ay del hombre miserable,
Nacido sin estrella!”
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“Tengo un manto que parece una criba
Para cerner el trigo o la cebada;
Cual tienda lo despliego en plena noche,
Y las estrellas de lo alto le ponen lámparas;
Contemplo en su interior la luna y las Pléyades,
Y el fulgor de Orión que sobre él fluye.
Me fatigo al contar sus agujeros,
Que parecen los dientes de una sierra.
Esperar que un hilo cosa sus jirones
Por la trama y la urdimbre es cosa vana.
Si una mosca le cayera con ímpetu,
Como el simple, pronto se arrepentiría.
¡Dios mío, cámbiamela por una capa que me sirva
De gloria y deje en buen lugar a la costura!”
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“Levanta, perezoso,¿hasta cuándo dormirás?
Mira la hormiga que recoge grano;
No he visto ningún gato dormido
Que se le metan los ratones en la boca”.


La ciudad de Tudela y la taifa andalusí de Zaragoza cayeron en manos cristianas en 1119, cuando el rey Alfonso I “el batallador” la conquistó para la corona de Castilla. Parece ser que comenzó así el largo peregrinaje de Ibn Ezra, primero por al-Andalus. Debemos tener en cuenta que, por aquellas fechas, dominaban los almorávides (3) el territorio de al-Andalus. Abraham ibn Ezra visitó varias ciudades, tales como Sevilla y Córdoba. En esta ciudad hizo buena amistad con Yosef ibn Saddiq.  Mantuvo un contacto muy estrecho con la ciudad de Lucena, centro cultural y religioso sefardí por excelencia en al-Andalus. Realizó varios viajes al norte de África, donde pudo constatar el avance de los almohades (4) en el Magreb.
 A medida que pasaba el tiempo, los acontecimientos políticos y sociales en al-Andalus hacían presagiar cambios. Los almorávides estaban en declive, mientras los almohades iban ganando terreno en el Magreb y amenazaban con llegar hasta al-Andalus. Ibn Ezra, al igual que muchos andalusíes veían en la intransigencia almohade el inicio de tiempos difíciles para los sefardíes.  
A medida que Abraham fue madurando y viajando su poesía se fue adecuando a las circunstancias  que le tocaron vivir.



En 1140 decidió dejar Sefarad. Desconocemos los motivos. Pudiera ser por la difícil situación para los sefardíes bajo el dominio almohade, pero también por la tristeza de la conversión al Islam de su hijo Yishaq y la marcha de éste a Egipto junto a su viejo amigo Jehuda ha-Leví. Se produjo así el segundo éxodo de nuestro personaje, en este caso a través de distintos países  europeos.
Se instaló en Italia, en la ciudad de Roma, donde fue muy bien recibido por la comunidad judía. Para los judíos italianos Abraham supuso una fuente inagotable de sabiduría. Ellos desconocían la cultura andalusí, por lo que, ávidos de saber, requerían a Ibn Ezra la composición de un sinfín de manuales cortos y largos sobre todo tipo de temática, tanto lingüística como científica y religiosa. De esta manera el sefardí se pudo ganar el sustento.  
“Y de su tierra partió, que es Sefarad
Y a Roma bajó con el alma turbada”…



En Roma escribió amargos poemas acerca de la desgracia ocurrida a los sefardíes en al-Andalus, en 1146, cuando éstos no aceptaron la conversión  bajo el dominio almohade. Quiero explicar que los almohades fueron relajando su ortodoxia y las siguientes generaciones nacidos ya en al-Andalus. Fueron amantes del arte, la ciencia y la cultura. Se produjo un auge de la cultura andalusí. Los gobernantes fueron mecenas y hubo un gran desarrollo artístico e intelectual bajo los almohades. Sin embargo, aquellos almohades llegados desde las montañas del Atlas en el Magreb fueron los responsables de la destrucción de la bella ciudad de Lucena y los sefardíes se vieron forzados a emigrar a otras zonas, incluso al reino de Castilla o Navarra.    
Desde Roma, escribió estos tristes versos:

¡Ay! Sobre Sefarad ha caído del cielo la desgracia;
“mis ojos, mis ojos vierten aguas”.
Mis ojos lloran, cual manantiales, por la ciudad de Lucena;
Libre de tacha, sola, allí vivió la comunidad exiliada,
Sin cambio alguno durante mil setenta años.
Mas le llegó su día, huyó su población, se quedó viuda,
Sin Ley, sin Escrituras, sellada la Misnah,
Estéril el Talmud, perdió toda su gloria.
Sicarios y hombres violentos van de acá para allá;
El lugar de oración y de alabanza se convirtió en casa de orgía.
Por eso lloro y golpeo las manos;
En mi boca hay perpetua elegía.
Sin cesar repito:
“¡Oh si mi cabeza se tornara aguas!”
¡Ay! Sobre Sefarad ha caído del cielo la desgracia
“mis ojos, mis ojos vierten aguas”
Mi cabeza rasuraré y gemiré amargamente por la aljama de Sevilla,
Por sus príncipes muertos y por sus hijos cautivos,
Por sus delicadas hijas, a religión extraña entregadas.
¿Cómo fue abandonada Córdoba y convertida en desolado mar?
Allí sabios y poderosos murieron de hambre y sed.
Ningún judío, ni uno solo, ha quedado en Jaén ni en Almería,
Ni en Mallorca ni en Málaga resta refrigerio alguno:
Los judíos que sobrevivieron cruelmente fueron heridos.
Por eso me lamentaré amargamente y mucho plañiré,
Y mis gemidos a causa de mis dolores fluirán como aguas.
¡Ay! Sobre Sefarad ha caído del cielo la desgracia
“mis ojos, mis ojos vierten aguas”

Pasados cinco años, se trasladó a Lucca durante un año para luego vivir otro año en Mantua. Allí escribió “Sefer Sahot”, la primera gramática del hebreo, que contiene un capítulo dedicado a la poética hebrea.  Vivió también en Salerno y Verona. Su actividad literaria e intelectual en su etapa italiana fue muy fructífera. Abraham supo transmitir la poesía y la lingüística, la filosofía andalusí, las ciencias andalusíes, como las matemáticas, la astrología, la astronomía. Las comunidades le pidieron traducciones de textos árabes. Se convirtió en un magnífico maestro y tenía muchos seguidores.
Hacia 1148 se trasladó a Francia, donde lo encontramos en la Provenza. Aquí aprovechó para escribir numerosas obras de estudio de la religión hebrea. Hizo amistades intelectuales como Ya´qob Tam con el que intercambió poemas. En este país la comunidad judía también se interesó mucho por los conocimientos de Ibn Ezra. Abraham siguió escribiendo y difundiendo el saber de al-Andalus. En aquella época fue testigo de la Segunda Cruzada convocada por el Papa Eugenio III, quien contó con el liderazgo de varios reyes europeos, entre ellos el rey de Francia Luis VII.


fuente: medievalists.net
En 1158 decidió viajar a Inglaterra. En Londres no cesó de estudiar y escribir obras, como Sefer Yesod mora´, que es un tratado filosófico religioso. En él se encuadran las ideas filosóficas de Ezra. Se trata de una monografía sobre la lógica de los mandamientos. Es una obra breve, donde predominan las ideas neoplatónicas. La filosofía de Ezra se concentra en la salvación del individuo, a diferencia de la tradición rabínica, que defiende la redención colectiva del pueblo judío. 
Otra obra importante fue “Hayy ben Meqitz”, un cuento o alegoría filosófica, escrito en prosa rimada hebrea. Ibn Ezra se interesó mucho por la liturgia, dedicando más de 500 poemas a dicho tema religioso. Estudió profundamente la Torá, para entender narraciones bíblicas y los mandamientos, aplicando la racionalidad y el neoplatonismo.
En 1161 regresó a Francia, se estableció en Narbona. Tanto la fecha como el lugar de su muerte es discutida hasta el día de hoy. Si bien parece aceptada la fecha de su muerte en el año 1167. Unos historiadores dicen que murió en Calahorra, mientras que otros defienden que murió en Rodas.
Ibn Ezra divulgó y enseñó  a los judíos europeos la cultura andalusí. Gracias a él el legado andalusí llegó a lugares como Italia, Francia o Inglaterra en unos tiempos donde el fanatismo religioso imperaba por encima del ansia de saber.


NOTA:
(1)   Dinastía de los Banu Hud, una familia de origen árabe, que alcanzó el poder de la taifa en la zona de la marca superior, después de la caída del Califato y cuya capital era Zaragoza.
(2)    La marca superior era una de las divisiones administrativas y militares en las que se dividía el territorio de al-Andalus. Situada al nordeste de al-Andalus en el valle del Ebro.
(3)    Se conoce como almorávides (en árabe: المرابطون al-Murābitun, sing. مرابط Murābit  es decir, "el morabito ", es una especie de ermitaño musulmán). Eran monjes-soldado salidos de grupos nómadas provenientes del Sahara. 
(4)   Los almohades (en árabe: الموَحدون, Al-Muwahhidun) «los que reconocen la unidad de Dios». Fueron una dinastía musulmana de origen bereber, que dominaron el norte de África y el sur de la Península Ibérica desde 1147 a 1269.Los almohades surgieron en el actual Marruecos en el siglo XII, como reacción a la relajación religiosa de los almorávides.   


Bibliografía:

-          Poetas hebreos de al-Andalus, Antología. Angel Sáenz-Badillos y Judit Targarona Borrás, Ediciones El Almendro – Córdoba
-          Judíos Españoles de la Edad de Oro (Siglos XI y XII). Antonio Antelo Iglesias, Fundación Amigos de Sefarad. Madrid 1991
-          Red de Juderías de España. Caminos de Sefarad. Editor Alfonso Martínez
-          Literatura Hebrea en la España Medieval. Ángel Sáenz-Badillos. Fundación Amigos de Sefarad. Madrid 1991 


viernes, 23 de marzo de 2012

Ibn Hamdis, un poeta siciliano en la corte de Sevilla


El poeta Ibn Hamdis de Sicilia 





Por Elisa Simon 


Ibn Hamdis, nació en Noto, región de Siracusa, en la isla de Sicilia en el año 1056. Los árabes habían conquistado la isla y la parte sur de Italia en el 827. 


Ibn Hamdis gozó de una juventud plena, donde los combates, las pasiones y los deportes fueron los protagonistas. En el año 1071, su tierra fue conquistada por los normandos al mando de Roger. Unos años después, en 1078, Ibn Hamdis decidió buscar suerte como poeta en al-Andalus, había escuchado acerca de la generosidad del rey poeta de Sevilla, al-Mu´tamid. El siciliano era un poeta hábil, original, elegante y noble, tenía facilidad para la improvisación y empleaba mucho la metáfora. Ibn Hamdis se defendía igual de bien y con destreza usando el calam y el sable.   

Cuando se presentó en Sevilla, tuvo que esperar mucho tiempo hasta que el rey lo mandó llamar. Tanto aguardó, que estuvo a punto de abandonar Sevilla en busca de otro mecenas. Durante ese largo período de incertidumbre, desahogaba su añoranza por Sicilia de la única manera que sabía:  


  “Vivo recuerdo constante
Guardo de la hermosa isla
Que en mis venas ha infundido
El espíritu de vida.
Como los lobos rabiosos
En las florestas sombrías
Los infortunios destruyen
Los verjeles de Sicilia...”


Una noche, tocaron a la puerta de su casa, un paje le dijo, que debía presentarse ante el rey de inmediato. Al-Mu´tamid lo recibió en una sala privada y lo hizo sentar en una silla de madera labrada.   
-         
     Abre la ventana que está junto a ti – le ordenó el rey que le había dado la espalda. 
Ibn Hamdis obedeció. Se asomó y vio a lo lejos el horno de un vidriero. El fuego brillaba en las dos bocas del horno. Entonces al-Mu´tamid le dijo, que terminara el siguiente verso: 


-       “contémplalas brillando en la negrura…" - dijo el monarca

-    " Como un león que acecha en la espesura" – improvisó Ibn Hamdis

El fogonero cerraba y abría las dos bocas alternativamente. 

-         " Cierra una, y sólo la otra centellea" – prosiguió el rey

-         " Así, el enfermo de ojos parpadea." – completó Ibn Hamdis

Luego se cerró del todo una de las bocas y quedó abierta la otra.

-         " Más, por fin, el destino una la tapa…" añadió al-Mu´tamid

-         " ¿quién al acoso del destino escapa?"  -  concluyó Ibn Hamdis

El rey quedó sorprendido por su capacidad de improvisación. Estaba tan satisfecho que ordenó que se le entregaran unos regalos magníficos. (2)

-          Tienes talento, siciliano. – comentó el rey. Dime tu nombre completo, -
-          Majestad, me llamo  ´Abd al-djabbar Abu Muhammad b. Alí Bakr al-Azdí Ibn Hamdis. Nací en la villa de Noto, Siracusa.

Durante su vida junto a al-Mu´tamid, ibn Hamdis fue uno de los mejores poetas que sirvieron al rey. Se acostumbró a Sevilla, aunque en sus versos extrañaba Sicilia.

“Aquellas campiñas fértiles
A menudo se presentan
Ante mis ojos en sueño,
Y osa mi espíritu verlas.
Con lágrimas pienso siempre
En aquella hermosa tierra…”

Ibn Hamdis participó en las tertulias semanales, disfrutó de las fiestas, escribió hermosos versos de alabanza al rey, que son su legado. Las fuentes no lo mencionan mezclado en intrigas ni traiciones. Luchó junto al rey en varias batallas, en una de ellas fue herido. Se lanzó al campo de batalla en Zallaqa, de donde salieron victoriosos. Ibn Hamdis se convirtió en un buen amigo del rey al-Mu´tamid y su fidelidad llegó hasta el punto de acompañar en su exilio al rey al-Mu´tamid en 1091, cuando los almorávides tomaron el control de al-Andalus. 
Visitó al depuesto rey poeta en su celda de Aghmat. Cuando el rey murió, buscó nuevo mecenas en Bugía, donde prestó servicio a los hammudíes. No se sabe con exactitud si su vida se apagó en Bugía o en la isla de Mallorca. Sí se sabe que sus últimos años los pasó ciego y murió a los 77 años.  Mientras fue poeta del rey al-Mu´tamid, trazó versos como éstos, describiendo el palacio de al-Mubarak:


“¡Oh qué maravillosa morada
Sobre la que Allah ha decidido
Renovarla sin que se desgaste!
Está santificada hasta tal punto
Que Moisés, si pisase su suelo,
Se descalzaría.
No es sino la residencia
Del reino a la que acude
 todo aquel que espera.
Cuando sus puertas se abren
Parece que ellas dicen al que entra:
¡Bienvenido!
Los constructores han transportado
Las cualidades del príncipe a su construcción.
Así, de su pecho
Han tomado su amplitud,
De su luz, el brillo;
De su fama, la amplia distribución y
De su sabiduría, los cimientos.
Al tomar como modelo
Su alto rango real,
Su salón se ha elevado tanto
Que está a la altura de las constelaciones.
Este palacio hace olvidar al Iwan de Cosroes,
Y aún más, creo que podía haberle
Servido de modelo.
Y Salomón, temiendo las comparaciones,
No permitió a los genios hacer un edificio parecido.
El sol parece en él un pincel
Con el que unas manos pintan figuras diferentes.
Figuras que parece que se mueven en su inmovilidad,
Pues sus manos y pies están quietos.
Cuando nos quedamos ciegos
Por el ardor de estos colores,
Empleamos como colirio
Para nuestros ojos
El esplendor del príncipe.



Bibliografía

-   Henri Pérès “Esplendor de al-Andalus”, Hiperión.

-   A.    Friedrich von Schack “Poesía y arte de los árabes en España y Sicilia”, Hiperión 
-   Pilar Lirola Delgado, “al-Mu´tamid y los abbadíes”, Fundación Ibn Tufayl 
-   María Jesús Rubiera Mata, “Literatura Hispanoárabe”, Mapfre 1992 
-   Reinhart Dozy “Historia de los musulmanes de España IV, Turner 

Para Saber más: 

-  http://www.salernoeditrice.it/Scheda_libro.asp?id=263&it=ok&categoria=13
- http://www.ilportaledelsud.org/poesia_araba.htm 





Los poetas del rey al-Mu´tamid


Los poetas de la corte del rey al-Mu´tamid de Sevilla 

Por Elisa Simon 

El rey al-Mu´tamid de Sevilla, heredó la taifa más poderosa y extensa de al-Andalus y gobernó entre los años 1069 y 1091. Al-Mu´tamid, desde muy joven dio muestras de su valía como poeta, la cual debía compaginar con las obligaciones y responsabilidades propias de un gobernante. El rey convertía en poesía cualquier situación, ya sea en el campo de batalla, durante la caza con halcón, en la intimidad con su querida esposa, el desgarro por la muerte de sus hijos y sobre todo los poemas de su tiempo de cautiverio en Aghmat.  



El arabista E. García Gómez escribió acerca de él: 

personifica la poesía en tres sentidos: compuso admirables versos; su vida fue pura poesía en acción; protegió a todos los poetas … “ (1) 

En otra ocasión el arabista E. García Gómez lo describió como 

la poesía misma al frente de un estado”. (2)

La corte sevillana estaba compuesta por poetas y sabios, los cuales ocupaban puestos de visires, secretarios y demás cargos de la administración. Muchos de ellos, habían llegado a Sevilla desde distintos puntos de al-Andalus e incluso de Sicilia y Qairuwan, en busca de un mecenas, a quien dedicar sus qasidas (versos). Sevilla se convirtió en el centro cultural, literario y artístico más renombrado de la Península. 

Un historiador y gramático siciliano Ibn al-Qatta, fue testigo de este esplendor y escribió sobre al-Mu´tamid:

 “su capital era lugar de encuentro para los grandes viajeros, una feria para los poetas, una alquibla hacia donde dirigir las esperanzas y un lugar frecuentado por los eruditos, de modo que ninguno de los reyes de su época llegó a reunir tantos poetas importantes ni literatos admirables como él.” (3)



El rey disfrutaba de la compañía de estos poetas, con los cuales le gustaba recitar en las tertulias semanales, así como en las memorables fiestas, donde se improvisaban versos elogiando el sonido del laúd, el baile sensual de las esclavas, el sabor del vino, la belleza de los coperos, la magia de la caída del sol, todo se convertía en hermosa poesía. 
Poetas de la talla de Ibn Zaydun, Ibn Ammar, Ibn al-Labbana, Ibn Wahdun, Ibn Hamdis y muchos más conformaban este grupo selecto. 
Los hombres de la corte de Sevilla, además de poetas, cultivaban otras artes, como la ciencia, la medicina, la astronomía, dominaban el uso del sable y solían ser magníficos jinetes. Sin embargo, no era fácil llegar a formar parte de esta corte. Todo aspirante debía empezar por tocar a la puerta del palacio y decir: 

soy poeta, para que fuese conducido al oficial encargado del alojamiento (sahib al-inzal)” (4). 



A partir de ahí se iniciaba un proceso más o menos largo, durante el cual, el aspirante debía aguardar hasta el día de audiencia, que solía ser los lunes. Llegado el momento, el candidato, probablemente hecho un manojo de nervios, debía pasar la prueba de aptitud, recitando bien versos propios o ajenos delante del rey y la corporación de los poetas. Si bien todos los miembros daban su opinión, la última palabra la tenía el rey. El poeta Abu-l-´Arab al-Siqilli, quien había llegado de Sicilia, al igual que Ibn Hamdis, a la corte de al-Mu´tamid, le entregó una qasida que había escrito:

 “ al-Mu´tamid paseó su mirada y su espíritu (escudriñador) sobre el poema mientras que yo esperaba sus críticas (con cierta aprensión), pues era en estas materias un imam, y a menudo por esta razón los poetas le evitaban, salvo aquellos que, conociendo la elevación de su alma, tenían entera confianza en él.” (5)


BIBLIOGRAFIA: 

(1)    Emilio García Gómez “Un Eclipse”, 286, al-Andalus X (1945). Pilar Lirola Delgado “Al-Mu´tamid y los abbadíes”, pág.137, Fundación Ibn Tufayl.
(2)    María Jesús Rubiera Mata “Literatura hispanoárabe” pág. 86, Mapfre 1992.
(3)    Pilar Lirola Delgado “Al-Mu´tamid y los abbadíes”, pág.138, Fundación Ibn Tufayl.
(4)   Henri Pérès “Esplendor de al-Andalus”, pág. 78, Hiperión.
(5)   Henri Pérès “Esplendor de al-Andalus”, pág. 85, Hiperión. 

sábado, 17 de marzo de 2012

Bienvenidos al blog de al-Andalus a Sefarad


Bienvenidos al blog de al-Andalus a Sefarad. 


por Elisa Simon 



Me gustaría presentarme y explicar los motivos de mi pasión por al-Andalus, en parte razón de ser de este blog, donde sólo cabe la cultura, la historia y el arte. El respeto y el conocimiento serán sus pilares, en un intento por acercar a quien esté interesado aspectos de la vida en al-Andalus, la convivencia entre religiones, el desarrollo de la ciencia, lo que inspiró a los poetas andalusíes, la belleza de sus palacios. Me gustaría contarles los personajes ilustres y carismáticos que habitaron estas tierras a lo largo de su historia. Antes de nada, les contaré, cómo empezó todo.

Me llamo Elisa Simon, soy argentina, he vivido en Alemania y las circunstancias me trajo a Sevilla.
Recuerdo aquella tarde, de hace 27 años, cuando bajé del tren en la estación de Plaza de Armas. Sevilla me impactó. Un aire, un suspiro, un ángel me atravesó.
Era invierno, pero no hacía frío, las farolas alumbraban tímidamente la ciudad.
Me fascinó su luz natural, el color del cielo. Me gustó su gente con sus luces y sus sombras: alegre, extrovertida, con arte, pícara, amante de su ciudad. 


  
Aquella misma tarde, salimos mi madre y yo a pasear sin rumbo… pero, ocurrió que yo sabía el camino. Fue una sensación extraña, como si ya hubiera estado allí. Las calles estaban animadas, los jóvenes reían, parejas melosas se paseaban ajenas a lo que ocurría a su alrededor, familias con niños y suegra miraban escaparates. Los bares y locales de ocio estaban repletos de gente, charlando y riendo.  
Aquel primer paseo nos llevó directamente hasta la Catedral. De repente, al final de la calle Alemanes, girando a la derecha me di de bruces con la Giralda almohade.
Gigante, imponente, casi prepotente me miró, llena de luz. Yo no pude articular palabra y una enorme emoción me paralizó.



La Giralda seguía mirándome con aires majestuosos, y en ese instante Sevilla me guiñó un ojo, me tomó de la mano y yo me dejé llevar.
Comenzó así mi relación particular con la Sevilla andalusí, Isbiliya.   
Me emocionaba saber que estaba pisando el mismo suelo que en su tiempo hicieron reyes, poetas, sabios, científicos, médicos, músicos, etc.

En uno de mis primeros paseos de la mano de Isbiliya, me relató la construcción de la primera mezquita aljama en el año 830 d.C. llamada “Ibn Adabbas” en honor al cadí que dirigió las obras.


Los andalusíes, “dimmíes” – la gente del Libro y musulmanes, compartían los hammamat, compartían los paseos a la orilla del río, festejaban algunas fiestas de forma conjunta, se hacían regalos, consultaban sus médicos. Era una sociedad con su propia identidad, herencia de civilizaciones mediterráneas. 

Una tarde, caminando por la plaza de San Juan de la Palma, Isbiliya me relató que, el Emirato consolidó al-Andalus y el Califato cordobés fue su época de máximo esplendor bajo la dinastía de los Omeya, siendo abd ar-Rahman III y al-Hakam II los califas andalusíes más importantes. La princesa Shub, princesa Wallada, el poeta ibn Zaydun, Hasday ibn Shaprut, fueron sólo algunos de sus personajes ilustres de la época. 
Después de la caída del Califato - prosiguió Isbiliya-  al-Andalus se rompió en pedazos. Isbiliya se emocionó recordando al rey-poeta al-Mu´tamid. “la gente aún lo lloran” – me dijo con orgullo.
Isbiliya sufrió un retroceso en poesía, bajo los almorávides, pero resurgió bajo el imperio Almohade. Fueron ellos los que emprendieron las grandes obras de mejoras, embellecimiento y nuevas construcciones de la ciudad, convirtiendo Sevilla en capital del nuevo imperio. En esta época, la convivencia con entre las religiones se hizo difícil, debido a las férreas reglas impuestas. Sin embargo, fue en esta época cuando nacieron en Córdoba los más grandes sabios uno judío, Moshé ben Maimón y otro musulmán ibn Rushd. 

El califa almohade, enamorado de Sevilla, Abu Ya´qub Yusuf fue el que emprendió grandes obras en la ciudad y decidió desplazar el centro neurálgico desde la mezquita de Ibn Adabbas y el zoco hacia el sur. Allí se construyó la nueva y gran mezquita aljama y la nueva alcaicería. Ahmad b. Baso, jefe de los alarifes, puso todo su empeño, destreza y conocimientos para culminar su obra magna. Emocionada Isbiliya me decía:

”El alminar de la nueva mezquita por su altura, el cimiento de su base, la solidez de su obra de ladrillo, lo extraordinario de su arte y lo admirable de su vista, que se eleva en el aire y se alza en el cielo, pareciendo al que lo mira a varias jornadas de Sevilla, que está entre las estrellas del Zodíaco.”


    Un día, Isbiliya me presentó a su río grande, compañero en la historia. El “wadi al-kebir”, Guadalquivir.
Estaba encantada y elogié su larga e intensa historia, mientras él corría presuntuoso hacia el océano. No se puede hablar del uno sin mencionar al otro. Recordé a los fenicios, tartesos, cartagineses, romanos, vándalos, visigodos, beréberes, vikingos ... ¡Todos habían pasado por aquí!

Isbiliya y yo recorrimos los muros de al-Mubarak. Otros palacios ocupan hoy su lugar, queda la esencia del “palacio de la Bendición”. No se distingue a simple vista, más bien hay que intuirlo, está ahí. 



Sevilla me contó que a lo largo de su historia tuvo dos barrios sefardíes; uno de época andalusí, ubicado en lo que hoy sería la zona de la Iglesia de San Pedro y otro barrio de la primera época cristiana, que abarca el actual barrio de Santa Cruz y san Bartolomé. De aquellas bellas sinagogas no queda más que el recuerdo. La ignorancia de ocupó de ello. En tiempos andalusíes investigaban, estudiaban, se inspiraban muchos  personajes sefardíes, que han pasado a la historia. Yehuda ha-Leví, Abraham ibn Ezra sólo por nombrar a dos de sus poetas. Samuel Leví, llevó las cuentas del reino de Castilla bajo Pedro I.  

A modo de carta de presentación espero haya despertado el interés de al menos una persona, lo cual me dará ánimos para seguir adelante con este proyecto.



Un abrazo, 

Elisa Simon