miércoles, 2 de mayo de 2012

Rabí Abraham Ibn Ezra, un sabio sefardí



Rabí ABRAHAM BEN MEIR IBN EZRA, un sabio sefardí andalusí.

Por Elisa Simon 

En este artículo los quiero acercar a un personaje andalusí que se llama Abraham ibn Erza. Nacido en la ciudad de Tudela hacia el 1089, Abraham fue un hombre polifacético: poeta, filósofo, científico y exégeta. Su gran proeza fue la difusión del saber andalusí por distintos países europeos en pleno siglo XII. 



En aquella época Tudela formaba parte de la taifa de Zaragoza, donde gobernaba la dinastía Hudí (1) bajo el príncipe al-Musta´in. Esta ciudad situada en el valle del Ebro cerca de la frontera con el reino de Castilla y Aragón, al norte de la ciudad de Zaragoza, formaba parte de la Marca Superior (2)de al-Andalus. 



Abraham era un sefardí cuya infancia y juventud  transcurrió tranquila y feliz en esta ciudad, donde se dedicó desde muy joven a la poesía y al disfrute de buenas amistades, como la de Jehuda ha-Leví. Se inspiró en temas de la vida diaria, asuntos prosaicos y triviales. Con humor describe personajes de la vida cotidiana, habla de los juegos de azar o el ajedrez en un magnífico poema.
A continuación copio tres poemas de ibn Ezra compuestos en sus años de juventud en Tudela:
“Si temprano a casa del magnate me dirijo,
Me dicen:”Se ha ido a cabalgar”;
Si por la noche vuelvo,
Me explican:”duerme ya”.
O sube a la carroza,
O sube al lecho.
¡Ay del hombre miserable,
Nacido sin estrella!”
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“Tengo un manto que parece una criba
Para cerner el trigo o la cebada;
Cual tienda lo despliego en plena noche,
Y las estrellas de lo alto le ponen lámparas;
Contemplo en su interior la luna y las Pléyades,
Y el fulgor de Orión que sobre él fluye.
Me fatigo al contar sus agujeros,
Que parecen los dientes de una sierra.
Esperar que un hilo cosa sus jirones
Por la trama y la urdimbre es cosa vana.
Si una mosca le cayera con ímpetu,
Como el simple, pronto se arrepentiría.
¡Dios mío, cámbiamela por una capa que me sirva
De gloria y deje en buen lugar a la costura!”
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“Levanta, perezoso,¿hasta cuándo dormirás?
Mira la hormiga que recoge grano;
No he visto ningún gato dormido
Que se le metan los ratones en la boca”.


La ciudad de Tudela y la taifa andalusí de Zaragoza cayeron en manos cristianas en 1119, cuando el rey Alfonso I “el batallador” la conquistó para la corona de Castilla. Parece ser que comenzó así el largo peregrinaje de Ibn Ezra, primero por al-Andalus. Debemos tener en cuenta que, por aquellas fechas, dominaban los almorávides (3) el territorio de al-Andalus. Abraham ibn Ezra visitó varias ciudades, tales como Sevilla y Córdoba. En esta ciudad hizo buena amistad con Yosef ibn Saddiq.  Mantuvo un contacto muy estrecho con la ciudad de Lucena, centro cultural y religioso sefardí por excelencia en al-Andalus. Realizó varios viajes al norte de África, donde pudo constatar el avance de los almohades (4) en el Magreb.
 A medida que pasaba el tiempo, los acontecimientos políticos y sociales en al-Andalus hacían presagiar cambios. Los almorávides estaban en declive, mientras los almohades iban ganando terreno en el Magreb y amenazaban con llegar hasta al-Andalus. Ibn Ezra, al igual que muchos andalusíes veían en la intransigencia almohade el inicio de tiempos difíciles para los sefardíes.  
A medida que Abraham fue madurando y viajando su poesía se fue adecuando a las circunstancias  que le tocaron vivir.



En 1140 decidió dejar Sefarad. Desconocemos los motivos. Pudiera ser por la difícil situación para los sefardíes bajo el dominio almohade, pero también por la tristeza de la conversión al Islam de su hijo Yishaq y la marcha de éste a Egipto junto a su viejo amigo Jehuda ha-Leví. Se produjo así el segundo éxodo de nuestro personaje, en este caso a través de distintos países  europeos.
Se instaló en Italia, en la ciudad de Roma, donde fue muy bien recibido por la comunidad judía. Para los judíos italianos Abraham supuso una fuente inagotable de sabiduría. Ellos desconocían la cultura andalusí, por lo que, ávidos de saber, requerían a Ibn Ezra la composición de un sinfín de manuales cortos y largos sobre todo tipo de temática, tanto lingüística como científica y religiosa. De esta manera el sefardí se pudo ganar el sustento.  
“Y de su tierra partió, que es Sefarad
Y a Roma bajó con el alma turbada”…



En Roma escribió amargos poemas acerca de la desgracia ocurrida a los sefardíes en al-Andalus, en 1146, cuando éstos no aceptaron la conversión  bajo el dominio almohade. Quiero explicar que los almohades fueron relajando su ortodoxia y las siguientes generaciones nacidos ya en al-Andalus. Fueron amantes del arte, la ciencia y la cultura. Se produjo un auge de la cultura andalusí. Los gobernantes fueron mecenas y hubo un gran desarrollo artístico e intelectual bajo los almohades. Sin embargo, aquellos almohades llegados desde las montañas del Atlas en el Magreb fueron los responsables de la destrucción de la bella ciudad de Lucena y los sefardíes se vieron forzados a emigrar a otras zonas, incluso al reino de Castilla o Navarra.    
Desde Roma, escribió estos tristes versos:

¡Ay! Sobre Sefarad ha caído del cielo la desgracia;
“mis ojos, mis ojos vierten aguas”.
Mis ojos lloran, cual manantiales, por la ciudad de Lucena;
Libre de tacha, sola, allí vivió la comunidad exiliada,
Sin cambio alguno durante mil setenta años.
Mas le llegó su día, huyó su población, se quedó viuda,
Sin Ley, sin Escrituras, sellada la Misnah,
Estéril el Talmud, perdió toda su gloria.
Sicarios y hombres violentos van de acá para allá;
El lugar de oración y de alabanza se convirtió en casa de orgía.
Por eso lloro y golpeo las manos;
En mi boca hay perpetua elegía.
Sin cesar repito:
“¡Oh si mi cabeza se tornara aguas!”
¡Ay! Sobre Sefarad ha caído del cielo la desgracia
“mis ojos, mis ojos vierten aguas”
Mi cabeza rasuraré y gemiré amargamente por la aljama de Sevilla,
Por sus príncipes muertos y por sus hijos cautivos,
Por sus delicadas hijas, a religión extraña entregadas.
¿Cómo fue abandonada Córdoba y convertida en desolado mar?
Allí sabios y poderosos murieron de hambre y sed.
Ningún judío, ni uno solo, ha quedado en Jaén ni en Almería,
Ni en Mallorca ni en Málaga resta refrigerio alguno:
Los judíos que sobrevivieron cruelmente fueron heridos.
Por eso me lamentaré amargamente y mucho plañiré,
Y mis gemidos a causa de mis dolores fluirán como aguas.
¡Ay! Sobre Sefarad ha caído del cielo la desgracia
“mis ojos, mis ojos vierten aguas”

Pasados cinco años, se trasladó a Lucca durante un año para luego vivir otro año en Mantua. Allí escribió “Sefer Sahot”, la primera gramática del hebreo, que contiene un capítulo dedicado a la poética hebrea.  Vivió también en Salerno y Verona. Su actividad literaria e intelectual en su etapa italiana fue muy fructífera. Abraham supo transmitir la poesía y la lingüística, la filosofía andalusí, las ciencias andalusíes, como las matemáticas, la astrología, la astronomía. Las comunidades le pidieron traducciones de textos árabes. Se convirtió en un magnífico maestro y tenía muchos seguidores.
Hacia 1148 se trasladó a Francia, donde lo encontramos en la Provenza. Aquí aprovechó para escribir numerosas obras de estudio de la religión hebrea. Hizo amistades intelectuales como Ya´qob Tam con el que intercambió poemas. En este país la comunidad judía también se interesó mucho por los conocimientos de Ibn Ezra. Abraham siguió escribiendo y difundiendo el saber de al-Andalus. En aquella época fue testigo de la Segunda Cruzada convocada por el Papa Eugenio III, quien contó con el liderazgo de varios reyes europeos, entre ellos el rey de Francia Luis VII.


fuente: medievalists.net
En 1158 decidió viajar a Inglaterra. En Londres no cesó de estudiar y escribir obras, como Sefer Yesod mora´, que es un tratado filosófico religioso. En él se encuadran las ideas filosóficas de Ezra. Se trata de una monografía sobre la lógica de los mandamientos. Es una obra breve, donde predominan las ideas neoplatónicas. La filosofía de Ezra se concentra en la salvación del individuo, a diferencia de la tradición rabínica, que defiende la redención colectiva del pueblo judío. 
Otra obra importante fue “Hayy ben Meqitz”, un cuento o alegoría filosófica, escrito en prosa rimada hebrea. Ibn Ezra se interesó mucho por la liturgia, dedicando más de 500 poemas a dicho tema religioso. Estudió profundamente la Torá, para entender narraciones bíblicas y los mandamientos, aplicando la racionalidad y el neoplatonismo.
En 1161 regresó a Francia, se estableció en Narbona. Tanto la fecha como el lugar de su muerte es discutida hasta el día de hoy. Si bien parece aceptada la fecha de su muerte en el año 1167. Unos historiadores dicen que murió en Calahorra, mientras que otros defienden que murió en Rodas.
Ibn Ezra divulgó y enseñó  a los judíos europeos la cultura andalusí. Gracias a él el legado andalusí llegó a lugares como Italia, Francia o Inglaterra en unos tiempos donde el fanatismo religioso imperaba por encima del ansia de saber.


NOTA:
(1)   Dinastía de los Banu Hud, una familia de origen árabe, que alcanzó el poder de la taifa en la zona de la marca superior, después de la caída del Califato y cuya capital era Zaragoza.
(2)    La marca superior era una de las divisiones administrativas y militares en las que se dividía el territorio de al-Andalus. Situada al nordeste de al-Andalus en el valle del Ebro.
(3)    Se conoce como almorávides (en árabe: المرابطون al-Murābitun, sing. مرابط Murābit  es decir, "el morabito ", es una especie de ermitaño musulmán). Eran monjes-soldado salidos de grupos nómadas provenientes del Sahara. 
(4)   Los almohades (en árabe: الموَحدون, Al-Muwahhidun) «los que reconocen la unidad de Dios». Fueron una dinastía musulmana de origen bereber, que dominaron el norte de África y el sur de la Península Ibérica desde 1147 a 1269.Los almohades surgieron en el actual Marruecos en el siglo XII, como reacción a la relajación religiosa de los almorávides.   


Bibliografía:

-          Poetas hebreos de al-Andalus, Antología. Angel Sáenz-Badillos y Judit Targarona Borrás, Ediciones El Almendro – Córdoba
-          Judíos Españoles de la Edad de Oro (Siglos XI y XII). Antonio Antelo Iglesias, Fundación Amigos de Sefarad. Madrid 1991
-          Red de Juderías de España. Caminos de Sefarad. Editor Alfonso Martínez
-          Literatura Hebrea en la España Medieval. Ángel Sáenz-Badillos. Fundación Amigos de Sefarad. Madrid 1991 


viernes, 23 de marzo de 2012

Ibn Hamdis, un poeta siciliano en la corte de Sevilla


El poeta Ibn Hamdis de Sicilia 





Por Elisa Simon 


Ibn Hamdis, nació en Noto, región de Siracusa, en la isla de Sicilia en el año 1056. Los árabes habían conquistado la isla y la parte sur de Italia en el 827. 


Ibn Hamdis gozó de una juventud plena, donde los combates, las pasiones y los deportes fueron los protagonistas. En el año 1071, su tierra fue conquistada por los normandos al mando de Roger. Unos años después, en 1078, Ibn Hamdis decidió buscar suerte como poeta en al-Andalus, había escuchado acerca de la generosidad del rey poeta de Sevilla, al-Mu´tamid. El siciliano era un poeta hábil, original, elegante y noble, tenía facilidad para la improvisación y empleaba mucho la metáfora. Ibn Hamdis se defendía igual de bien y con destreza usando el calam y el sable.   

Cuando se presentó en Sevilla, tuvo que esperar mucho tiempo hasta que el rey lo mandó llamar. Tanto aguardó, que estuvo a punto de abandonar Sevilla en busca de otro mecenas. Durante ese largo período de incertidumbre, desahogaba su añoranza por Sicilia de la única manera que sabía:  


  “Vivo recuerdo constante
Guardo de la hermosa isla
Que en mis venas ha infundido
El espíritu de vida.
Como los lobos rabiosos
En las florestas sombrías
Los infortunios destruyen
Los verjeles de Sicilia...”


Una noche, tocaron a la puerta de su casa, un paje le dijo, que debía presentarse ante el rey de inmediato. Al-Mu´tamid lo recibió en una sala privada y lo hizo sentar en una silla de madera labrada.   
-         
     Abre la ventana que está junto a ti – le ordenó el rey que le había dado la espalda. 
Ibn Hamdis obedeció. Se asomó y vio a lo lejos el horno de un vidriero. El fuego brillaba en las dos bocas del horno. Entonces al-Mu´tamid le dijo, que terminara el siguiente verso: 


-       “contémplalas brillando en la negrura…" - dijo el monarca

-    " Como un león que acecha en la espesura" – improvisó Ibn Hamdis

El fogonero cerraba y abría las dos bocas alternativamente. 

-         " Cierra una, y sólo la otra centellea" – prosiguió el rey

-         " Así, el enfermo de ojos parpadea." – completó Ibn Hamdis

Luego se cerró del todo una de las bocas y quedó abierta la otra.

-         " Más, por fin, el destino una la tapa…" añadió al-Mu´tamid

-         " ¿quién al acoso del destino escapa?"  -  concluyó Ibn Hamdis

El rey quedó sorprendido por su capacidad de improvisación. Estaba tan satisfecho que ordenó que se le entregaran unos regalos magníficos. (2)

-          Tienes talento, siciliano. – comentó el rey. Dime tu nombre completo, -
-          Majestad, me llamo  ´Abd al-djabbar Abu Muhammad b. Alí Bakr al-Azdí Ibn Hamdis. Nací en la villa de Noto, Siracusa.

Durante su vida junto a al-Mu´tamid, ibn Hamdis fue uno de los mejores poetas que sirvieron al rey. Se acostumbró a Sevilla, aunque en sus versos extrañaba Sicilia.

“Aquellas campiñas fértiles
A menudo se presentan
Ante mis ojos en sueño,
Y osa mi espíritu verlas.
Con lágrimas pienso siempre
En aquella hermosa tierra…”

Ibn Hamdis participó en las tertulias semanales, disfrutó de las fiestas, escribió hermosos versos de alabanza al rey, que son su legado. Las fuentes no lo mencionan mezclado en intrigas ni traiciones. Luchó junto al rey en varias batallas, en una de ellas fue herido. Se lanzó al campo de batalla en Zallaqa, de donde salieron victoriosos. Ibn Hamdis se convirtió en un buen amigo del rey al-Mu´tamid y su fidelidad llegó hasta el punto de acompañar en su exilio al rey al-Mu´tamid en 1091, cuando los almorávides tomaron el control de al-Andalus. 
Visitó al depuesto rey poeta en su celda de Aghmat. Cuando el rey murió, buscó nuevo mecenas en Bugía, donde prestó servicio a los hammudíes. No se sabe con exactitud si su vida se apagó en Bugía o en la isla de Mallorca. Sí se sabe que sus últimos años los pasó ciego y murió a los 77 años.  Mientras fue poeta del rey al-Mu´tamid, trazó versos como éstos, describiendo el palacio de al-Mubarak:


“¡Oh qué maravillosa morada
Sobre la que Allah ha decidido
Renovarla sin que se desgaste!
Está santificada hasta tal punto
Que Moisés, si pisase su suelo,
Se descalzaría.
No es sino la residencia
Del reino a la que acude
 todo aquel que espera.
Cuando sus puertas se abren
Parece que ellas dicen al que entra:
¡Bienvenido!
Los constructores han transportado
Las cualidades del príncipe a su construcción.
Así, de su pecho
Han tomado su amplitud,
De su luz, el brillo;
De su fama, la amplia distribución y
De su sabiduría, los cimientos.
Al tomar como modelo
Su alto rango real,
Su salón se ha elevado tanto
Que está a la altura de las constelaciones.
Este palacio hace olvidar al Iwan de Cosroes,
Y aún más, creo que podía haberle
Servido de modelo.
Y Salomón, temiendo las comparaciones,
No permitió a los genios hacer un edificio parecido.
El sol parece en él un pincel
Con el que unas manos pintan figuras diferentes.
Figuras que parece que se mueven en su inmovilidad,
Pues sus manos y pies están quietos.
Cuando nos quedamos ciegos
Por el ardor de estos colores,
Empleamos como colirio
Para nuestros ojos
El esplendor del príncipe.



Bibliografía

-   Henri Pérès “Esplendor de al-Andalus”, Hiperión.

-   A.    Friedrich von Schack “Poesía y arte de los árabes en España y Sicilia”, Hiperión 
-   Pilar Lirola Delgado, “al-Mu´tamid y los abbadíes”, Fundación Ibn Tufayl 
-   María Jesús Rubiera Mata, “Literatura Hispanoárabe”, Mapfre 1992 
-   Reinhart Dozy “Historia de los musulmanes de España IV, Turner 

Para Saber más: 

-  http://www.salernoeditrice.it/Scheda_libro.asp?id=263&it=ok&categoria=13
- http://www.ilportaledelsud.org/poesia_araba.htm 





Los poetas del rey al-Mu´tamid


Los poetas de la corte del rey al-Mu´tamid de Sevilla 

Por Elisa Simon 

El rey al-Mu´tamid de Sevilla, heredó la taifa más poderosa y extensa de al-Andalus y gobernó entre los años 1069 y 1091. Al-Mu´tamid, desde muy joven dio muestras de su valía como poeta, la cual debía compaginar con las obligaciones y responsabilidades propias de un gobernante. El rey convertía en poesía cualquier situación, ya sea en el campo de batalla, durante la caza con halcón, en la intimidad con su querida esposa, el desgarro por la muerte de sus hijos y sobre todo los poemas de su tiempo de cautiverio en Aghmat.  



El arabista E. García Gómez escribió acerca de él: 

personifica la poesía en tres sentidos: compuso admirables versos; su vida fue pura poesía en acción; protegió a todos los poetas … “ (1) 

En otra ocasión el arabista E. García Gómez lo describió como 

la poesía misma al frente de un estado”. (2)

La corte sevillana estaba compuesta por poetas y sabios, los cuales ocupaban puestos de visires, secretarios y demás cargos de la administración. Muchos de ellos, habían llegado a Sevilla desde distintos puntos de al-Andalus e incluso de Sicilia y Qairuwan, en busca de un mecenas, a quien dedicar sus qasidas (versos). Sevilla se convirtió en el centro cultural, literario y artístico más renombrado de la Península. 

Un historiador y gramático siciliano Ibn al-Qatta, fue testigo de este esplendor y escribió sobre al-Mu´tamid:

 “su capital era lugar de encuentro para los grandes viajeros, una feria para los poetas, una alquibla hacia donde dirigir las esperanzas y un lugar frecuentado por los eruditos, de modo que ninguno de los reyes de su época llegó a reunir tantos poetas importantes ni literatos admirables como él.” (3)



El rey disfrutaba de la compañía de estos poetas, con los cuales le gustaba recitar en las tertulias semanales, así como en las memorables fiestas, donde se improvisaban versos elogiando el sonido del laúd, el baile sensual de las esclavas, el sabor del vino, la belleza de los coperos, la magia de la caída del sol, todo se convertía en hermosa poesía. 
Poetas de la talla de Ibn Zaydun, Ibn Ammar, Ibn al-Labbana, Ibn Wahdun, Ibn Hamdis y muchos más conformaban este grupo selecto. 
Los hombres de la corte de Sevilla, además de poetas, cultivaban otras artes, como la ciencia, la medicina, la astronomía, dominaban el uso del sable y solían ser magníficos jinetes. Sin embargo, no era fácil llegar a formar parte de esta corte. Todo aspirante debía empezar por tocar a la puerta del palacio y decir: 

soy poeta, para que fuese conducido al oficial encargado del alojamiento (sahib al-inzal)” (4). 



A partir de ahí se iniciaba un proceso más o menos largo, durante el cual, el aspirante debía aguardar hasta el día de audiencia, que solía ser los lunes. Llegado el momento, el candidato, probablemente hecho un manojo de nervios, debía pasar la prueba de aptitud, recitando bien versos propios o ajenos delante del rey y la corporación de los poetas. Si bien todos los miembros daban su opinión, la última palabra la tenía el rey. El poeta Abu-l-´Arab al-Siqilli, quien había llegado de Sicilia, al igual que Ibn Hamdis, a la corte de al-Mu´tamid, le entregó una qasida que había escrito:

 “ al-Mu´tamid paseó su mirada y su espíritu (escudriñador) sobre el poema mientras que yo esperaba sus críticas (con cierta aprensión), pues era en estas materias un imam, y a menudo por esta razón los poetas le evitaban, salvo aquellos que, conociendo la elevación de su alma, tenían entera confianza en él.” (5)


BIBLIOGRAFIA: 

(1)    Emilio García Gómez “Un Eclipse”, 286, al-Andalus X (1945). Pilar Lirola Delgado “Al-Mu´tamid y los abbadíes”, pág.137, Fundación Ibn Tufayl.
(2)    María Jesús Rubiera Mata “Literatura hispanoárabe” pág. 86, Mapfre 1992.
(3)    Pilar Lirola Delgado “Al-Mu´tamid y los abbadíes”, pág.138, Fundación Ibn Tufayl.
(4)   Henri Pérès “Esplendor de al-Andalus”, pág. 78, Hiperión.
(5)   Henri Pérès “Esplendor de al-Andalus”, pág. 85, Hiperión. 

sábado, 17 de marzo de 2012

Bienvenidos al blog de al-Andalus a Sefarad


Bienvenidos al blog de al-Andalus a Sefarad. 


por Elisa Simon 



Me gustaría presentarme y explicar los motivos de mi pasión por al-Andalus, en parte razón de ser de este blog, donde sólo cabe la cultura, la historia y el arte. El respeto y el conocimiento serán sus pilares, en un intento por acercar a quien esté interesado aspectos de la vida en al-Andalus, la convivencia entre religiones, el desarrollo de la ciencia, lo que inspiró a los poetas andalusíes, la belleza de sus palacios. Me gustaría contarles los personajes ilustres y carismáticos que habitaron estas tierras a lo largo de su historia. Antes de nada, les contaré, cómo empezó todo.

Me llamo Elisa Simon, soy argentina, he vivido en Alemania y las circunstancias me trajo a Sevilla.
Recuerdo aquella tarde, de hace 27 años, cuando bajé del tren en la estación de Plaza de Armas. Sevilla me impactó. Un aire, un suspiro, un ángel me atravesó.
Era invierno, pero no hacía frío, las farolas alumbraban tímidamente la ciudad.
Me fascinó su luz natural, el color del cielo. Me gustó su gente con sus luces y sus sombras: alegre, extrovertida, con arte, pícara, amante de su ciudad. 


  
Aquella misma tarde, salimos mi madre y yo a pasear sin rumbo… pero, ocurrió que yo sabía el camino. Fue una sensación extraña, como si ya hubiera estado allí. Las calles estaban animadas, los jóvenes reían, parejas melosas se paseaban ajenas a lo que ocurría a su alrededor, familias con niños y suegra miraban escaparates. Los bares y locales de ocio estaban repletos de gente, charlando y riendo.  
Aquel primer paseo nos llevó directamente hasta la Catedral. De repente, al final de la calle Alemanes, girando a la derecha me di de bruces con la Giralda almohade.
Gigante, imponente, casi prepotente me miró, llena de luz. Yo no pude articular palabra y una enorme emoción me paralizó.



La Giralda seguía mirándome con aires majestuosos, y en ese instante Sevilla me guiñó un ojo, me tomó de la mano y yo me dejé llevar.
Comenzó así mi relación particular con la Sevilla andalusí, Isbiliya.   
Me emocionaba saber que estaba pisando el mismo suelo que en su tiempo hicieron reyes, poetas, sabios, científicos, médicos, músicos, etc.

En uno de mis primeros paseos de la mano de Isbiliya, me relató la construcción de la primera mezquita aljama en el año 830 d.C. llamada “Ibn Adabbas” en honor al cadí que dirigió las obras.


Los andalusíes, “dimmíes” – la gente del Libro y musulmanes, compartían los hammamat, compartían los paseos a la orilla del río, festejaban algunas fiestas de forma conjunta, se hacían regalos, consultaban sus médicos. Era una sociedad con su propia identidad, herencia de civilizaciones mediterráneas. 

Una tarde, caminando por la plaza de San Juan de la Palma, Isbiliya me relató que, el Emirato consolidó al-Andalus y el Califato cordobés fue su época de máximo esplendor bajo la dinastía de los Omeya, siendo abd ar-Rahman III y al-Hakam II los califas andalusíes más importantes. La princesa Shub, princesa Wallada, el poeta ibn Zaydun, Hasday ibn Shaprut, fueron sólo algunos de sus personajes ilustres de la época. 
Después de la caída del Califato - prosiguió Isbiliya-  al-Andalus se rompió en pedazos. Isbiliya se emocionó recordando al rey-poeta al-Mu´tamid. “la gente aún lo lloran” – me dijo con orgullo.
Isbiliya sufrió un retroceso en poesía, bajo los almorávides, pero resurgió bajo el imperio Almohade. Fueron ellos los que emprendieron las grandes obras de mejoras, embellecimiento y nuevas construcciones de la ciudad, convirtiendo Sevilla en capital del nuevo imperio. En esta época, la convivencia con entre las religiones se hizo difícil, debido a las férreas reglas impuestas. Sin embargo, fue en esta época cuando nacieron en Córdoba los más grandes sabios uno judío, Moshé ben Maimón y otro musulmán ibn Rushd. 

El califa almohade, enamorado de Sevilla, Abu Ya´qub Yusuf fue el que emprendió grandes obras en la ciudad y decidió desplazar el centro neurálgico desde la mezquita de Ibn Adabbas y el zoco hacia el sur. Allí se construyó la nueva y gran mezquita aljama y la nueva alcaicería. Ahmad b. Baso, jefe de los alarifes, puso todo su empeño, destreza y conocimientos para culminar su obra magna. Emocionada Isbiliya me decía:

”El alminar de la nueva mezquita por su altura, el cimiento de su base, la solidez de su obra de ladrillo, lo extraordinario de su arte y lo admirable de su vista, que se eleva en el aire y se alza en el cielo, pareciendo al que lo mira a varias jornadas de Sevilla, que está entre las estrellas del Zodíaco.”


    Un día, Isbiliya me presentó a su río grande, compañero en la historia. El “wadi al-kebir”, Guadalquivir.
Estaba encantada y elogié su larga e intensa historia, mientras él corría presuntuoso hacia el océano. No se puede hablar del uno sin mencionar al otro. Recordé a los fenicios, tartesos, cartagineses, romanos, vándalos, visigodos, beréberes, vikingos ... ¡Todos habían pasado por aquí!

Isbiliya y yo recorrimos los muros de al-Mubarak. Otros palacios ocupan hoy su lugar, queda la esencia del “palacio de la Bendición”. No se distingue a simple vista, más bien hay que intuirlo, está ahí. 



Sevilla me contó que a lo largo de su historia tuvo dos barrios sefardíes; uno de época andalusí, ubicado en lo que hoy sería la zona de la Iglesia de San Pedro y otro barrio de la primera época cristiana, que abarca el actual barrio de Santa Cruz y san Bartolomé. De aquellas bellas sinagogas no queda más que el recuerdo. La ignorancia de ocupó de ello. En tiempos andalusíes investigaban, estudiaban, se inspiraban muchos  personajes sefardíes, que han pasado a la historia. Yehuda ha-Leví, Abraham ibn Ezra sólo por nombrar a dos de sus poetas. Samuel Leví, llevó las cuentas del reino de Castilla bajo Pedro I.  

A modo de carta de presentación espero haya despertado el interés de al menos una persona, lo cual me dará ánimos para seguir adelante con este proyecto.



Un abrazo, 

Elisa Simon