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martes, 10 de octubre de 2017

RABÍ LACTOSUS


Lápida funeraria de rabí Lactosus - Lucena 

Por Elisa Simon 


La provincia de Córdoba ofrece un sinfín de localidades a cual más hermosa, donde la huella andalusí está presente. Es el caso de la bella Lucena, Eli Hossano o al-Yussana, llamada en tiempos andalusíes. Fue una ciudad judía, donde se estableció la Academia talmúdica, viviendo su esplendor entre los siglos X y XI, hasta la llegada de los Almohades. 

Pueden pinchar en este enlace para leer el artículo dedicado a Lucena. pinchar aquí  

El Museo Arqueológico y Etnográfico de Lucena, esta situado en el castillo del Moral, en cuya torre del Homenaje, dicen, estuvo encarcelado el rey Boabdil. Justamente en la torre, dispone una sala dedicada a la época judía de esta ciudad. Entre las piezas que se exponen, me llamó la atención ésta lápida del rabí Lactosus. 

¿Quién era? ¿Dónde nació? ¿Cómo fue su vida? 

Bien, hasta ahora no encontré respuesta, sin embargo, gracias a este hallazgo al menos sabemos que existió un rabino con este nombre y que falleció en Lucena hacia la primera mitad del siglo XI. 


En el año 2007 se realizaron excavaciones arqueológicas en la ronda Sur de Lucena, donde se estaba construyendo una rotonda de la circunvalación. Se halló un cementerio judío andalusí con una superficie total de 1.458,85m2, siendo la necrópolis judía más antigua e importante hasta ahora.  El yacimiento se extiende sobre una suave pendiente en la ladera del cerro Hacho y a unos 700m de la muralla medieval. 

Fueron encontradas un total de 346 tumbas, cada una adaptada a la topografía del terreno. Las excavaciones e informes fueron realizadas por el arqueólogo municipal de Lucena, Daniel Botella Ortega y Jose A. Riquelme Cantal. En el 2009 el doctor Jordi Casanovas  Miró y el arqueólogo Daniel Botella Ortega redactaron un trabajo detallado sobre esta necrópolis judía. 

El ritual de enterramiento era de inhumación en fosa. Las sepulturas estaban orientadas hacia el Este, con los cuerpos en posición decúbito supino, sin ajuar que acompañaba. Las fosas son muy profundas, buscando la tierra virgen, donde deben descansar los difuntos. 

En la tumba número 239 apareció la pequeña lápida del rabino Lactosus. Se trata de una piedra de arenisca local de forma rectangular y bastante gruesa. La superficie rugosa e irregular hizo que la inscripción en hebreo, en caracteres arcaicos, fuera desigual. Los expertos la han fechado hacia la primera mitad del siglo XI. Es decir, en tiempos de máximo apogeo de la ciudad medieval. 

Esta lápida tiene la característica, que está grabada por ambos lados, lo cual da a entender que fue reutilizada, según los expertos, no como lápida sino como elemento estructural de la fosa. La parte inferior, que iba hincada en la tierra ha desaparecido. No muestra decoración alguna. 

La inscripción, sin márgenes, se inicia en el extremo superior derecho con el nombre del difunto "rabí Lactosus" que ocupa casi la totalidad de la primera línea. 

traducción de la inscripción: 

" rabí Lactosus duerme en paz. 
Descanse en paz hasta que venga 
el Consolador (Mesías) 
que anuncie la paz 
en la puerta de la paz ... paz 
Decidle: descansa en paz. "







BIBLIOGRAFIA: 

- El cementerio judío de Lucena (Córdoba). Daniel Botella Ortega y Jordi Casanovas Miró. MEAH, sección Hebreo 58 (2009) 






viernes, 12 de agosto de 2016

RABI ISAAC BEN BARUCH ALBALIA


RABI ISAAC BEN BARUCH ALBALIA (1035 Córdoba – 1094 Granada)

Por Elisa Simon

“ formó parte del grupo de los cinco grandes talmudistas de nombre Isaac de la generación de ibn Gayyat” - Libro de la Tradición de ben David

La mayor parte de la información sobre la vida de Isaac ben Baruch Albalia, la proporciona Abraham ibn Daud en su Sefer ha-Qabbalah o el Libro de la Tradición. Isaac ben Baruch Albalia, procedía de una antigua familia aristocrática de Córdoba. Fue un gran maestro talmudista, astrónomo, matemático y nasí de los judíos de la taifa de Sevilla.

Dice la tradición, que un ancestro llamado Baruch, era un príncipe de Judea, compañero o discípulo del profeta Jeremiah. Pasadas unas generaciones, en el año 70d.C., un personaje llamado Baruch fue hecho prisionero bajo el general romano Tito, cuando éste sitió Jerusalén.
El romano envió un número de prisioneros, entre ellos Baruch, al exilio hacia la Península a la ciudad de Augusta Emerita (Mérida), donde desarrolló la industria de la seda.
 

Siglos más tarde, hacia el año 1000 la familia Baruch vivía en Córdoba y pertenecían a la aristocracia. En ese ambiente de lujo y prestigio nació Isaac, en el año 1035. Desde pequeño mostró aptitudes para los estudios. Sus padres confiaron sus primeros años de enseñanza al profesor procedente de Francia llamado R. Perigoras, según ibn Daud. Cuando tuvo la edad suficiente marchó a Lucena, donde prosiguió avanzando en sus conocimientos de las ciencias bajo la tutela de maestro Isaac ibn Gayyat.



En aquel tiempo, Samuel ibn Nagrella, visir de la Granada zirí, tuvo conocimiento del nivel intelectual de Isaac y se ocupó de facilitarle los libros y manuscritos de su propia biblioteca, para sus estudios. Isaac estableció una buena y sincera amistad con la familia Nagrella. A la muerte de Samuel en el año 1056, su hijo Joseph de la misma edad que Isaac, prosiguieron la amistad y el mecenazgo. En un momento dado de su vida y años de estudio, tuvo un enfrentamiento con el maestro y rabino Isaac ben Jacob el-Fezí, que acabó con la amistad entre ambos. A los 30 años comenzó a escribir su gran obra, inconclusa, QUPPAT HA-ROKHELIM, en la que comenta algunos de los pasajes más difíciles del Talmud.

Escribió otra obra sobre los principios del calendario judío, basado en sus conocimientos de matemática y astrología, llamada MAHBERET SOD HA-IBBUR, obra que dedicó a su buen amigo granadino Joseph ibn Nagrella. 
 


Isaac viajaba con frecuencia a Granada para visitar a Joseph y su familia, hospedándose en casa de éste. Estaba allí cuando en el año 1066 se produjo la matanza en la judería. Ellos fueron sorprendidos, presa del pánico huyeron por las callejas, siendo atrapado y matado Joseph. Isaac junto con la familia de Joseph lograron ponerse a salvo y en cuanto pudieron huyeron hacia Lucena, donde su esposa e hijo, Azariah, encontraron refugio.

Consternado y triste por la muerte trágica de su amigo, Isaac retornó primero a Córdoba antes de establecerse en Sevilla, donde gobernaban los banu Abbad. Una vez en la corte entabló amistad con el príncipe heredero, quien nada más subir al trono en el año 1069, el rey al-Mu'tamid le ofreció un lugar en la corte, como astrólogo, al tiempo que lo nombró rabino y nasí o príncipe de los judíos de la taifa de Sevilla.


Durante su período en la corte sevillana, gracias a su prestigio, hizo mucho por su comunidad. Como rabino y maestro atrajo a Sevilla a un número importante de estudiantes del Talmúd, convirtiendo a la ciudad en un centro para la enseñanza de la cultura y tradición judía peninsular bajo su patrocinio. Entre sus alumnos se hallaba su propio hijo Baruch, Joseph ibn Saddiq y Yosef ben Migash.
Empleó todo su esfuerzo y dinero en recuperar biblioteca de los Nagrella, cuyos ejemplares se habían desperdigado después de la matanza en la judería.
De esta manera y a lo largo de los años logró reunir en Sevilla una inmensa e inigualable biblioteca de temática judía.

En la corte sevillana coincidió con otros científicos, como el gran Azarquiel, astrónomo también y el agrónomo ibn Bassal ambos provenientes de Toledo. Disfrutó del talento de los grandes poetas, entre tertulias y fiestas. Los astrónomos andalusíes contaban con gran prestigio y eran tenidos muy en cuenta por los gobernantes para quienes levantaban horóscopos. Con su astrolabio leía las estrellas para presagiar el futuro o elegir el campo de batalla o la fecha idónea para la victoria. 

 
Cuando llegaron los almorávides hacia el 1090, el rey al-Mu'tamid fue enviado al exilio. Isaac se tuvo que ir de Sevilla y se estableció en Granada, que por aquel entonces ya se había recuperado la vida en la judería. Allí vivió sus últimos tres años. En su lecho de muerte, su hijo Baruch de 17 años le preguntó a su padre:

¿ con quién me vas a dejar?

Ve a ver a al-Fezí y dile en mi nombre que le perdono sus rudas palabras hacia mí persona y que él me perdone a mi también. Dile que le pido que cuide de mi único hijo y que sea un padre y maestro para ti.

Así fue, Baruch marchó a Lucena y el maestro el-Fezí, emocionado por las palabras de Isaac, lo acogió como un hijo y le enseñó todo lo que sabía, hasta que Baruch se convirtió en un gran maestro talmúdico.


BIBLIOGRAFÍA:

- “al-Mu'tamid y los Abadíes” de Pilar Lirola Delgado. Ed. Fundación Ibn Tufayl de Estudios Arabes
- “Literatura hebrea en la España medieval” de Ángel Sáenz-Badillos. Ed. Fundación Amigos de Sefarad
- “Sefer ha-Kabbalah” (el libro de la Tradición) de R. Abraham ha-Leví ben David. Ed. Granada 1922 
 
en internet:










miércoles, 18 de noviembre de 2015

SINAGOGA DE CÓRDOBA

SINAGOGA DE CORDOBA

Por Elisa Simon

Uno de los tesoros de la hermosa ciudad de Córdoba es su sinagoga, la única medieval existente en Andalucía y a nivel Peninsular, va de la mano de las dos de Toledo, El Tránsito y Santa María la Blanca. La sinagoga o keneset en hebreo significa lugar de reunión. Los sefardíes cordobeses del siglo XIV contaban con este pequeño templo de estilo mudéjar para reunirse en oración.




Breve introducción:

La comunidad sefardí o qahal contaba con su propia organización para regular tanto a nivel político, religioso y civil sus asuntos comunitarios. La judería estaba situada en la medina, junto a Bab al-Yahud (puerta de Almodóvar), abarcaba las actuales calle Judíos, Albucasis, Averroes, hasta las plazas de Judá Leví y Maimónides.




Durante el período andalusí, los sefardíes conformaban una pequeña comunidad, que sin embargo logró alcanzar un nivel cultural, científico y artístico sin igual. A lo largo del califato omeya vivieron en paz y tranquilidad, pudiendo desarrollar sus actividades sin impedimentos. Una de las figuras más relevantes que aportaron mucho a esta situación de buena convivencia fue Hasday ibn Shaprut. El médico tanto de abd ar-Rahman III como de su hijo al-Hakam II, quien lo  nombró nasí o jefe de las comunidades sefardíes de al-Andalus.
Una vez desintegrado el califato y bajo los reinos de taifas, los sefardíes continuaron gozando de paz, tranquilidad y siguieron desarrollando sus conocimientos. En esos momentos, la figura sobresaliente y protector de los sefardíes más allá de las fronteras del reino de Granada fue Samuel ibn Nagrella. En aquel tiempo la ciudad de Lucena brilló con luz propia gracias al prestigio de los sabios de la escuela talmúdica.


Cuando el período taifa llegó a su fin y bajo el imperio almorávide, los sefardíes prosiguieron con su vida tranquila a cambio de grandes sumas de dinero.
La situación cambió cuando los almohades vencieron a los almorávides. Los almohades, menos tolerantes con las minorías religiosas andalusíes, provocaron la emigración de muchos sefardíes cordobeses hacia otros lugares, como lo hizo la familia de Maimónides, que marcharon a Fez, mientras que otros eligieron los reinos del norte. La cuestión es que la judería de Córdoba ya no volvió a brillar como antaño.
Una vez que la ciudad fue conquistada por los castellanos a mediados del siglo XIII, los primeros reyes cristianos, permitieron que los sefardíes permanecieran en su barrio, el cual fue incluso ampliado. Pudieron reconstruir las sinagogas ya existentes, pero no se les permitía construir nuevas. En 1272 por orden del rey Alfonso X la judería cordobesa fue amurallada y contaba con dos puertas de acceso.
La sinagoga cordobesa esta datada en el siglo XIV bajo el reinado de Pedro I de Castilla, el cual fue bastante condescendiente con los sefardíes, no olvidemos que su ministro de finanzas y fiel consejero fue Samuel ha-Leví de Toledo. Durante su época de ministro financió la construcción de la sinagoga del Tránsito de Toledo, monumento que alberga hoy día el Museo Sefardí.


La sinagoga mudéjar:

Está situada a media altura de la calle Judíos, entre la puerta de Almodóvar y la estatua de Maimónides en plena medina. En el siglo XIV los sefardíes acudían a primera hora de la mañana y a la puesta del sol, además de en las fiestas religiosas. Para acceder a la sinagoga desde la calle atravesaban un pequeño patio, donde se debían dejar todos los pensamientos y preocupaciones del mundo exterior. 



A la derecha del patio se abría una puerta en cuya jamba se encontraba la mezuzah, que los fieles tocaban con los dedos para luego besarlos. Atravesando esta puerta accedían al zaguán o vestíbulo, donde a un lado se encontraba la escalera por la que las mujeres accedían a la galería superior para tomar parte en la oración.


Los hombres por su lado, accedían a la sala de oración cuya forma casi cuadrada, recordaba una qubba. En aquellos tiempos esta sala la cubría un bello artesonado de lacería. Debajo de éste, la luz entraba a través de 15 ventanas de medio punto. Tres de ellas fueros cegadas, posiblemente para seguir la tradición de que una sinagoga debe contar con 12 ventanas, una por cada tribu. Los rayos del sol iluminaban los muros de yeserías con motivos geométricos, atauriques y cenefas con inscripciones hebreas. 


En aquella  exuberante riqueza ornamental, se reunían los cordobeses sefardíes, en número mínimo de diez hombres mayores de 13 años para poder realizar la oración con las bendiciones y la lectura de las Escrituras en Shabbat.



Antes de comenzar la ceremonia, el personal de la sinagoga abría el armario o arca de la Torah, situada en el muro oriental de la sinagoga. El hombre encargado descorría una cortina, quizá de terciopelo, que tapaba el armario o arca, la abría y extraía los rollos de la Ley. Un hermoso gran panel de estuco decora esta zona sagrada de la sinagoga, con rombos rellenos de atauriques vegetales y una piña en el centro de cada uno. La parte superior del panel muestra un friso de 18 arquillos de cinco lóbulos, donde se puede leer “baraka li-llah”. El ayudante de la sinagoga, colocaba el Rollo de la Ley sobre el atril de la bimah, extendido por la parte correspondiente. El varón encargado de recitar, seguía la lectura con la ayuda de un puntero de plata, de tal manera que no se podía equivocar mientras seguía el Texto Sagrado.


Durante la ceremonia la voz grave del hazzan entonando las bendiciones, resonaba desde la bimah situada frente al arca de la Torah, en el muro occidental. Este estrado de madera, estaría situado en un pequeño nicho abierto en la zona central del muro, con un arco de siete lóbulos, enmarcado dentro de un alto alfiz a base de rombos y ataurique. 





A ambos lados extremos del arco por al parte interior aparecen inscripciones en árabe “al-mulk” y “baraka”. Finalmente un hombre sabio de la comunidad o bien un rabino, efectuaba una explicación o interpretación de los textos leídos.
En cuanto a las inscripciones en hebreo, se trata en general de fragmentos del libro de los Salmos.

En el muro oriental y a la derecha del arca de la Torah, hay una inscripción en hebreo que dice lo siguiente:




“ Santuario provisorio y morada del Testimonio,
que terminó Yishaq Moheb, hijo del señor Efraim
Wadawa, el año setenta y cinco. ¡Así que vuélvete,
Oh dios, y apresúrate a reconstruir Jerusalén.”

El apellido Moheb hace alusión al fundador de esta sinagoga, “este apellido Mohib, Moheb o Mohep aparece frecuentemente en Toledo ya desde la primera mitad del siglo XIII, estando también documentado en la época misma de nuestra inscripción cordobesa incluso el nombre de Yishaq Moheb “ (CB 23) La fecha del año 75, corresponde al 5075 del calendario judío, y equivale a que la construcción comenzó el 20 de septiembre de 1314 y terminó el 1 de septiembre de 1315. (fragmento del libro La Sinagoga de Jesús Peláez del Rosal, pág. 151)

NOTA:

Rollos de la Ley:

La Torah se conservaba en la forma que tenían los libros en la antigüedad. Se trataba de hojas de pergamino cosidas una tras otra, a ambos lados de los extremos del libro se fijaban unos cilindros en los que se enrolla la Torah. Estos cilindros se llaman hayyim, que significa árbol de la vida. La Torah esta formada por los cinco Libros de Moisés (Génesis, Éxodo, Levítico, Números, Deuteronomio) Cada semana se lee un fragmento, de tal forma que en un año litúrgico se leen los cinco libros completos y en continuado. Cuando se va a celebrar el servicio religioso, un funcionario de la sinagoga se dirige al armario o caja, lo abre y recoge con cuidado el rollo de la Ley que está protegido por un lienzo o dentro de un cilindro metálico.

La mezuzah:

 Es una cajita de metal o madera que contiene un pequeño pergamino en el que está escrito en 22 líneas el texto de Dt 6,4-9 y 11, 13-21.

La bimah:




la bimah o tribuna, que es un estrado de madera desde donde se recita la lectura de la Ley. Un puntero de plata muestra el lugar exacto por donde se debe seguir la lectura. El rabino o varón encargado de recitar se colocará sobre la bimah y con la ayuda del puntero seguirá el texto siguiendo una entonación y dicción, que se asemeja a un canto.

BIBLIOGRAFIA:

- “La Sinagoga” de Jesús Peláez del Rosal. Ediciones El Almendro, Córdoba

- “Judíos entre árabes y cristianos” de Ángel Sáenz-Badillos. Ediciones El Almendro, Córdoba






martes, 16 de diciembre de 2014

YISHAQ IBN GAYYAT

Yishaq Ibn Gayyat

El gran sabio y poeta de Lucena del siglo XI



Por Elisa Simon

Yishaq ibn Gayyat nació en Lucena, provincia de Córdoba, en el año 1038. En aquel tiempo, Lucena formaba parte de la taifa de Granada, gobernada por los ziríes. Ibn Gayyat vivió las luces y sombras del siglo XI andalusí. Por un lado el esplendor de la poesía y las artes y por otro lado hechos históricos dramáticos.

Su vida transcurrió en Lucena, la perla de Sefarad (artículo relacionado), donde adquirió una formación profunda en el Talmud, en la lingüística y el dominio del hebreo y el arameo. Si bien su lengua habitual era el árabe, idioma en el cual escribía.

Sala VI del Museo de Lucena dedicado a Sefarad

Siendo muy joven entabló una sincera amistad con el visir sefardí del rey de Granada, Samuel Ibn Nagrella (artículo relacionado). Ibn Nagrella había sido nombrado nagid de la comunidad granadina, protegió y se ocupó de los sefardíes, haciendo amistad con muchos de los poetas, rabinos e intelectuales de su tiempo. En el año 1055 Ibn Gayyat sintió profundamente la muerte de Ibn Nagrella para quien escribió una elegía en su honor y se la dedicó al hijo de éste, Yoseph. Este es un fragmento de dicha elegía:

…. Lamentaos, hombres inteligentes, expertos y sabios,
por ese prócer que convertía las noches en día,
que con justicia e integridad enderezaba mi camino.
Lamentaos con amargura, videntes amoraítas,
Y repetid la endecha con ellos, tannaítas,
Por el Nagid que era “el que llevaba y traía”. …


Ibn Gayyat fue maestro y director de la Academia Talmúdica de Lucena y tuvo entre sus discípulos a Moshe Ibn Ezra y Yosef Ibn Saddiq. Durante su período como responsable de la Academia vio cómo jóvenes ávidos de saber acudían a Lucena para estudiar, procedentes de los rincones más lejanos de al-Andalus e incluso de fuera de sus fronteras. Ibn Gayyat se convirtió en uno de los maestros más sobresalientes de la academia y fue una de las personalidades más influyentes de la comunidad en Lucena. Nada he podido averiguar de su vida privada, tan sólo que tuvo un hijo llamado Yehudah, que también era poeta y que se trasladó a Granada.

maqueta de Lucena, Museo de Lucena
En el año 1066 tuvo lugar un hecho trágico en Granada que fue la matanza en la judería y el linchamiento del hijo de Ibn Nagrella, Yoseph. Estos actos tuvieron sus consecuencias para la comunidad sefardí en la taifa de Granada. Ibn Gayyat fiel a su amistad con la familia de Ibn Nagrella acogió en Lucena a la viuda de Yoseph y a su hijo.

Su prestigio fue reconocido por su trabajo, como el Kitab as-Siray o Libro de la vela, que es un comentario al Talmud escrito en árabe. Además escribió varios halakot que son dictámenes jurídicos y también religiosos. Se ocupaba de redactar comentarios alusivos a temas de la Mishná y el Talmud. Ofreció así mismo, “respuestas” a otros eruditos sobre aplicación de Derecho.

Unos años antes de su muerte, tuvo lugar otro hecho histórico importante para Lucena. En el 1086 el rey Abd ´Allah quiso aplicar un aumento abusivo de los impuestos a los sefardíes. Lucena se alzó en rebeldía y le plantó cara al poderoso rey de Granada, que no tuvo más remedio que dar marcha atrás en sus intenciones de recaudar más dinero para las arcas del estado.

En el año 1089, justo cuando el Emir almorávide, Yusuf Ibn Tashufin, estaba planeando destituir al rey zirí, Abd ´Allah de Granada, y a la edad de 51 años falleció Ibn Gayyat dejando un legado poético importante además de un alto prestigio en la Academia Talmúdica de Lucena.

Su obra poética es de temática religiosa y tuvo gran difusión por su lenguaje claro y ameno. Se han podido reunir unos 400 poemas, que fueron recopilados por Y. David en “The poems of Rabbi Isaac ben Gayyat” en 1987.

En la liturgia andalusí era tradición cantar o recitar poemas, más o menos largos, según la hora de la oración entremezclados con los rezos de la liturgia. Estos poemas podían ser seculares o religiosos. Ibn Gayyat siempre compuso versos de temática espiritual, si bien los mezclaba con filosofía neoplatónica y las ciencias. Transmitía de esta manera una concepción filosófico- teológica sobre Dios, el Universo y el hombre. Su poesía se hizo muy popular en la comunidad sefardí en al-Andalus.
Estos son dos versos del poema  Petición de rocío:

                                      Te rogamos: envía pronto desde la altura
tu bendición sin medida sobre
los pastizales del desierto y las altas campiñas,
“un poco de rocío del cielo de lo alto”. (Ge 27,39)

Te rogamos: que levanten su voz con cánticos
los diseminados por Shin´ar y ´Elam,
                                                      cuando les des su cosecha,
y los pueblos eleven sus gritos. (cf.Nú 14,1)

El siguiente poema también fue escrito para ser recitado en la sinagoga, aquí tienen un fragmento. Se trata de una estructura estrófica con estribillo y doble rima, como la moaxaja:

Shadday, haz regresar a la enamorada
Que gime sin cesar por su desengaño
El día que se alejó su amado,
Su alma rehusó todo consuelo;
Puso su mano sobre su cabeza
     Y, en poder de tiranos, silenciosa moró.
                                                     Por su ausencia languidecieron mis ojos,
                                                             Y porque excavó su casa en rocas       perecederas.


Uno de sus discípulos, Moshe Ibn Ezra dejó escrito en su honor:

… su maestro, caudillo y pilar R. Yishaq ben Gayyat ¡ bendita sea tu memoria! De Lucena, ciudad de la poesía, donde la introdujo y de donde sacó un material de elocuencia y la base del buen decir; maestro de la correcta expresión hebrea y paladín en las lides de la lengua aramea, redactó en prosa con pulcritud y compuso versos con brillantez. Fue un apasionado de la loa de los sabios de su tiempo y las elegías a los próceres de su época. Escribió en borrador obras jurídicas y lingüísticas, no teniendo tiempo de pasar a limpio más que unas pocas. Sobrepasó a todos los que le precedieron en cuestiones de ascética, preces, elogios, endechas y elegías, pero era inferior en la poesía escandida por su pobreza de conocimiento en lengua árabe, usando abundantes vocablos pero escasos conceptos. Yo he estudiado con él; la insignificancia que tengo es una gota de sus mares y los pocos conocimientos que poseo son una chispa de su fuego. Murió en Córdoba en el año 849 de nuestro cómputo (1089) y fue enterrado en Lucena. “


BIBLIOGRAFIA:

- Poetas hebreos de al-Andalus, Antología. Ángel Sáenz-Badillos y Judit Targarona Borrás. Ediciones El Almendro, Córdoba
-  Literatura hebrea en la España Medieval. ´Angel Sáenz-Badillos. Fundación Amigos de Sefarad, Madrid 1991
- Judíos Españoles de la Edad de Oro. Antonio Antelo Iglesias. Fundación Amigos de Sefarad, Madrid 1991
- Diccionario de autores judíos (Sefarad. Siglos X _ XV) Ediciones El Almendro
- Lucena sefardita. Joaquín Pérez Azaústre. Ciudades Andaluzas en la Historia, 2005




domingo, 31 de agosto de 2014

LAPIDA FUNERARIA DE YEHUDAH BAR AKON - CÓRDOBA

LAPIDA FUNERARIA DE YEHUDAH BAR AKON

Por Elisa Simon

Esta lápida contiene el epitafio de Yehudah bar Akon, un personaje sefardí de cierta relevancia, que murió en Córdoba a mediados del siglo IX.



Esta lápida funeraria en hebreo, es el único resto material conocido hasta ahora que documenta la judería cordobesa en época emiral omeya y supone una de las más antiguas de la Península. Se encuentra expuesta en el Museo Arqueológica de Córdoba.   

La lápida hebrea fue traducida por el profesor José Ramón Ayaso Martínez y su texto dice:

“ Esta es la sepultura de Yehudah
hijo de Rabí Akon, de bendita memoria,
Su espíritu esté con los justos.
Murió el viernes tres de Kislev del año (4)606 (6 de noviembre de 845)
Descanse su alma en el haz de los vivientes”

Llama la atención el buen estado de conservación, ya que está completa con el texto hebreo en altorelieve en seis líneas. Realizada en mármol tiene 21cm de altura, 32 cm de ancho y 2,5 cm de espesor.

 Fue hallada en el año 2008 durante unas excavaciones al noreste de la ciudad en una zona conocida como Zumbacón, entre los restos de un horno alfarero, que debió ser usado como escombrera una vez hubo finalizado su actividad. Junto a éste se hallaron muchos más lo cual indicó que en un momento debió ser zona de hornos alfareros. Puede que la lápida fuera arrojada allí procedente del cementerio judío cercano. En esta zona del Zumbacón, se halla la puerta del Osario, que en época emiral y califal se llamaba Bab al-Yahud. Pudiera ser posible que por hallarse allí la pequeña aljama sefardí cordobesa, su cementerio se situara extramuros de esta puerta sobre una zona elevada y a cierta distancia de la ciudad. La hipótesis de los arqueólogos indican que pudiera haber habido allí un pequeño cementerio judío y que posteriormente, esa zona fuera utilizada para el emplazamiento del cementerio musulmán de Umm Salama y la zona industrial alfarera. 


BIBLIOGRAFIA:


 -  artículo de Isabel Larrea Castillo y Enrique Hiedra Rodríguez “la lápida hebrea de época emiral del Zumbacón. Apuntes sobre arqueología funeraria judía en Córdoba” publicado en la revista Anejos de anales de arqueología cordobesa, año 2009 – 2010. 


martes, 20 de mayo de 2014

HISTORIA DE LUCENA SEFARDÍ

Eli Hossana o al-Yussana
Historia de Lucena sefardí

Por Elisa Simon 

Lucena es una localidad de la provincia de Córdoba, situada entre las suaves colinas de la sierra Subbética y bañada por la cuenca del Genil. Lucena se muestra blanca entre los campos de viñas, olivos y trigo. Su importancia en la historia viene determinada por su situación geográfica, en un cruce de caminos y el centro neurálgico de Andalucía.

El geógrafo ceutí al-Idrissi la describió así cuando la visitó en 1154 “ … entre el sur y el oeste de Cabra está Lucena, la ciudad de los judíos. El arrabal esta habitado por musulmanes y por algunos judios; en él se encuentra la mezquita aljama pero no está rodeado de murallas. La villa, por el contrario, está ceñida de buenas murallas, rodeada por todas partes por un foso profundo y por canales cuyos excedentes de agua vierten en este foso. Los judíos viven en el interior de la villa y no dejan penetrar en ella a los musulmanes. Son allí los judíos más ricos que en algún país sometido a la dominación musulmana y están muy sobre aviso de las empresas de sus rivales. De Lucena a Córdoba se cuentan 20 millas”.

maqueta de Lucena en el siglo XII 
Se menciona al-Yussana por primera vez, hacia el siglo IX, en la crónica de Ajbar Maymu´a, donde hace referencia a una casa o palacio junto a la puerta del puente de Córdoba o puerta de Algeciras. Sería ésta la vivienda de un gobernante visigodo de nombre Yussuis, quizá el origen del nombre de la ciudad.
Ajbar Maymu´a escribió: 
“ era una casa magnífica con abundante agua, olivos y otros árboles frutales y se llamaba al-Yussana …”

Según se deduce de las crónicas, en el momento de la llegada del Islam a la Península, Lucena estaría habitada por algunos judíos, los cuales brindaron su ayuda y su apoyo a los nuevos gobernantes. Como “gente del Libro” los judíos de la Península quedarían sometidos al pago de los impuestos llamados yizya y jaray. Los sefardíes de al-Yussana, la llamaban Eli Hossana, que significa “Dios nos salve”. En lo referente a la historia de al-Andalus, Lucena cobra singular relevancia por haber sido la ciudad de los judíos que albergaba la Academia Talmúdica de Occidente. 
A lo largo del emirato perteneció a la cora de Cabra y la medina de al-Yussana estaba rodeada por una muralla  que resistió los ataques de ´Umar ibn Hasfún. Ibn Hayyan menciona:
“ … los castillos de la cora de Cabra y al-Yussana, cuyos habitantes eran judíos sometidos a clientela o pacto …”

Ibn Idari menciona Lucena en este contexto también, que hacia 891 la rebelión de ´Umar ibn Hafsun se había extendido y que él atacaba los castillos de la Cora de Cabra y la ciudad de al-Yussana, ciudad habitada por judíos dimmies.

calle principal de la antigua Juderia 
Bajo la bandera del Islam, los sefardíes de Lucena fueron cobrando importancia, se dedicaban a la agricultura, sobre todo el cultivo del vino y el olivo, además de la artesanía. En la vida diaria, los lucentinos seguían la Tradición o Ley Oral así como la Ley Escrita. En muchas ocasiones les sobrevenían dudas y preguntas, que eran respondidas por los sabios y los rabinos de las Academias Talmúdicas de Babilonia. 
Según documentación hallada en la Genizah del Cairo, los lucentinos mantuvieron constante correspondencia con las escuelas talmúdicas de Oriente. Natronai bar Hilai, gaon de Sura, redactó hacia mediados del siglo IX unas epístolas dirigidas a los lucentinos, en contestación a varias preguntas de tema religioso, morales y de comportamiento con los vecinos.

calle Santiago 
calle Zamora 

La academia de Sura fue con la que más comunicación mantuvieron.  Eleazar ibn Samuel Hurga, lucentino, no se contentó con epístolas, sino que viajó hasta Sura donde recibió clases magistrales de los mejores rabinos y sabios, se licenció, recibió el título de resh Kallah, título otorgado a los no-babilónicos y sería algo así como el diploma de jefe de estudio e integraba junto con otros miembros la junta de Gobierno de la academia talmúdica.

 En el siglo X, bajo los califas omeya, Abd ar-Rahman III y al Hakam II, los sefardíes de al-Andalus vieron florecer su cultura y Lucena en particular se desarrolló de manera espectacular. La figura de Hasday ibn Shaprut, nasí de la comunidad y hombre de confianza de ambos califas, ayudó y apoyó de todas las maneras a los sefardíes.
La ciudad de Eliossana comenzó a brillar con luz propia, gobernada por un dayyan o juez,  el rey Abd ´Allah en sus Memorias lo llama alamin,  sus habitantes vivieron tranquilos, aunque también se produjeron momentos y circunstancias muy tensas y con grandes desacuerdos.  Los lucentinos se dedicaban tanto a la ciencia y la sabiduría como al comercio. Eran propietarios de campos de cultivo, sobre todo de olivares. Se ocupaban de los negocios de importación y exportación de artículos de los países mediterráneos. La situación geográfica de Lucena, a medio camino entre la capital del califato y los puertos de Pechina y Málaga, propició dicho comercio. Los mismos dirigentes omeya delegaban en los sefardíes las actividades comerciales, así como la recaudación de los impuestos para las arcas del Estado andalusí. Otros preferían emplear sus conocimientos en las letras y en las ciencias, formando parte del aparato administrativo del califato, como secretarios, traductores, pero también como médicos y astrónomos. Algunos sefardíes fueron artistas  artesanos de la orfebrería, los textiles, sobre todo la seda y los trabajos en mimbre. 
Este desarrollo económico e intelectual, a lo largo del siglo X, llamó a un gran número de judíos de los países mediterráneos, que acudieron a Lucena en busca de progreso y bienestar.

Mientras al-Andalus vivía su época de esplendor, las Escuelas Talmúdicas de Oriente habían entrado en decadencia por falta de financiación. La grave situación provocó el cierre de estas Academias. Sus gaonim o directores decidieron embarcar en un navío para proseguir sus enseñanzas en Occidente. Estos hechos son narrados por Abraham ibn Daud de Toledo en su Sefer ha-Qabbalah (Libro de la Tradición) Se trata de la historia de los cuatro rabinos apresados por el corsario ibn Rumahis, quien los  vendió como esclavos en distintas ciudades, uno de estos rabinos se llamaba Moshe ben Hannoch y llegó como esclavo a la ciudad de Córdoba. Sus correligionarios lo compraron y le dieron de inmediato la libertad. Ben Hannoch, se quedó en Córdoba, se integró en la comunidad sefardí sin dar a conocer su identidad.  Asistía a diario a la sinagoga para escuchar las enseñanzas del Talmud. En una de las sesiones de preguntas, ben Hannoch intervino para completar una explicación y todos quedaron atónitos por la forma de expresarse y la manera de explicar. En ese momento se descubrió su identidad y fue enseguida nombrado gran rabino de Córdoba. La presencia de ben Hannoch propició el florecimiento de la enseñanza Talmúdica en al-Andalus. Un gran número de judíos de toda la zona mediterránea acudieron a la capital del califato para estudiar. 

A la caída del califato, Lucena pasó a formar parte del reino ziri de Granada y la Academia de Lucena comenzó a brillar con luz propia, bajo la protección de Samuel ibn Nagrella, visir y hombre de confianza de Habus y Badis (señores de Granada) que lo nombraron  nasí o príncipe de la comunidad en la taifa de Granada. Ibn Nagrella, que era poeta y erudito, mantuvo muy buenas relaciones con todos los rabinos y sabios de su tiempo. Los más grandes poetas, filólogos, filósofos, médicos fueron discípulos de algunos de los maestros de Lucena. Los tres rabinos más importantes de los siglos XI y XII fueron: Isaac ibn Gayyat,  Isaac al-Fezí y Josef ibn Megash, los cuales abarcan el período de los reinos de taifas y la dominación almorávide, ya que Yusuf ibn Tashfin y el za´im o jefe de Lucena sellaron un pacto en 1103, quedando al-Yussana integrada en el imperio almorávide.
 Ibn Gayyat, nacido en Lucena, fue un gran sabio en temas de la legislación judía. Su obra literaria giró en torno a la vida espiritual, sus escritos en prosa y poesía están relacionados con la vida en la sinagoga. Fue muy amigo de Samuel ibn Nagrella y su familia.
Isaac al-Fezí, (1013-1103) fue uno de los más famosos maestros talmudistas y el más importante de los cinco rabinos de igual nombre que menciona Abraham ibn Daud en su Sefer ha-Qabbalah. Nacido en Qal´at Hammad, estudió en Qairuan y vivió muchos años en Fez, de ahí su apelativo de al-fesi.  En el 1088 se trasladó a al-Andalus y se estableció en Lucena, donde se convirtió en el más grande director de la academia y allí murió a los 90 años.
 Yosef ibn Megash, fue su discípulo y sucesor en el cargo de director al frente de la escuela. Nació en Sevilla y con solo 12 años su maestro le recomendó a su familia que lo llevaran a Lucena ya que mostraba grandes aptitudes para el estudio. Allí se desarrolló como erudito hasta convertirse en rabino y finalmente la mayor autoridad talmudista de su generación. Ocupó el puesto de director durante casi 40 años y tuvo entre sus muchos discípulos al padre de Maimónides. 


Entre los discípulos que estudiaron en la Academia de Lucena, bajo estos tres rabinos, se encuentra Isaac ibn al-Baliah (1035-1094) que terminó estableciéndose en la taifa de Sevilla y fue nombrado astrólogo del rey al-Mu´tamid. Alumno sobresaliente fue Moshé ibn ´Ezra, uno de los mejores poetas del siglo XI, el lucentino Isaac ibn Mar Sha´ul,  fue un estudioso del Talmud e introdujo novedades en la poesía sefardí. Coincidieron estos alumnos con la estancia temporal en Lucena de Yehudáh ha-Leví. Yoseph ibn Saddiq (1075-1149) nacido en Córdoba y educado en Lucena, fue poeta y filósofo. Más tarde se trasladó a Córdoba donde ocupó el puesto de dayyan de la comunidad entre los años 1138 y 1149. Su obra más importante se llama “microcosmos” compuesto de cuatro libros. Otros grandes eruditos que estudiaron en Lucena fueron Yonah ibn Yanah de Córdoba, fue un filólogo que se trasladó a Zaragoza y fue maestro de ibn Gabirol, Moshe ibn Chiquitilla, lingüista que se estableció en Zaragoza y que fue muy amigo de Samuel ibn Nagrella.

La historia de Lucena sefardí y la academia acabó bruscamente en 1145 cuando llegaron los almohades a la Península y obligaron a los no musulmanes a la conversión o expulsión. La escuela talmúdica debió cerrar sus puertas, los rabinos y sabios se dispersaron por distintos puntos de la geografía. El último gaon de Lucena Meir ben Yusuf ibn Megash terminó sus días en Narbona, después de pasar un tiempo en Toledo. Los demás eruditos marcharon hacia Cataluña, Toledo, Portugal y Francia. En Eliossana las sinagogas se convirtieron en mezquitas, hasta la conquista cristiana.  

En la actualidad, el Museo arqueológico de Lucena, situado en el castillo del Moral, alberga en su sala 6 piezas de su pasado sefardí. 

lápida funeraria de rabí Amicos 



Así mismo en el 2007, durante unos trabajos en la carretera de la Ronda Sur, se halló una necrópolis judía, la más grande hasta ahora de la Península. Aquí tienen un video sobre los reenterramientos en el año 2011. 




BIBLIOGRAFIA:

-   Lucena sefardita de Joaquín Pérez Azaústre – ciudades andaluzas en la historia, Fundación Jose Manuel Lara 2005
-       Literatura hebrea en la España medieval de Ángel Sáenz-Badillos, Fundación Amigos de Sefarad, Madrid 1991
-    Judíos españoles de la Edad de Oro (siglos XI-XII) de Antonio Antelo Iglesias, Fundación Amigos de Sefarad, Madrid 1991
-       Siglo XI en primera persona, memorias del rey abd ´Allah, último rey taifa de Granada – E.Levi-Provençal y Emilio García Gómez – Alianza Tres
-       www.sefardies.es -  Información sobre la cultura y la historia sefardi

-       Sefer ha-Qabbalah – Libro de la Tradición de Abraham ibn Daud, traducido del hebreo por Jaime Bages Tarrida, Granada 1922